El Buen Pastor (IV)

 

El buen Pastor 08  23

«Tengo también otras ovejas... las cuales debo Yo recoger.» Dulce y consoladora promesa, que se ha realizado ya en ti, alma amiga, y continuará realizándose en tantísimos descarriados, mientras duren los siglos, ya que Jesús no deja nunca de ejercer su oficio de Buen Pastor. Ruega por ellos y alégrate por tu suerte. Repleta de ese gozo en el Espíritu Santo, canta con la Iglesia: «Toda la tierra está llena de la misericordia del Señor. ¡Aleluya! Regocijaos, pues, justos en el Señor.»

Esa alegría santa pedirás también como fruto particular de esta meditación. Ruega al Señor con la Iglesia: «Oh, Dios, que con la humillación de tu Hijo elevaste al mundo abatido; concede a tus fieles una perpetua alegría, para que hagas gozar de una felicidad sin fin a los que libraste de los peligros de la muerte eterna.»

Pensamiento para la Comunión 
Conozco a mis ovejas. «El término cognoscere significa algo más que tener conocimiento.Confiar, comprender, amar, vivir por el otro, ser uno con él: todos estos conceptos encierra aquella palabra. Cristo quiere decir: Yo estoy íntimamente unido con los míos, soy uno con ellos. La unidad en la Trinidad es el modelo de esta unión. ¿En dónde, entonces, llega a ser esa unión más íntima y profunda que en el partir el pan de la Eucaristía?». (Parsch, Pius.)

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

El Buen Pastor (II)

 

El buen Pastor 06  21

«Conozco mis ovejas.» No tenemos un Dios a lo pagano que se desentienda de los mortales. Nuestro Dios nos conoce a cada uno por su nombre, vela con providencia amorosa sobre todos y nos atiende con un corazón como el que se dignó tomar de las purísimas entrañas de María. Tenemos un Jesús, cuyos ojos están puestos en cada uno de nosotros con un cariño indecible, todo comprensión con nuestras flaquezas, condescendiente con nuestras miserias, y compasivo en extremo cuando la desgracia se ceba en nosotros. Esto y mucho más es Jesús. ¡Que dicha la nuestra!

«Y las mías Me conocen.» Conoce a Cristo quien comprende su espíritu, y lo capta, y lo hace propio, dándose a Él y sintiéndose uno con Él. ¿Eres tú de esas ovejas auténticas? ¿Te mueves en torno de este Pastor divino? ¿Prefieres sus gustos e intereses a los tuyos?

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

Siervo de Dios Carlo Acutis

 

Siervo de Dios Carlo Acutis 01  01

Siervo de Dios Carlo Acutis

Carlo Acutis, nace en Londres el 3 de mayo de 1991, hijo de padres italianos que se encontraban allí trabajando, pero que luego se trasladaron a Milán. Fue bautizado a los quince días de nacido. 

Desde que recibió la Primera Comunión, a los 7 años de edad, nunca faltó a la cita cotidiana con Jesús en la Santa Misa. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del Sagrario para adorar al Santísimo Sacramento. 
La Santísima Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el Santo Rosario; adicionalmente, tenía como modelos de santidad a los pastorcitos de Fátima, advocación por la que sentía un afecto especial.

La infancia de Carlo transcurre como la de cualquier otro niño, disfrutando de sus amigos y de los juegos. Era hijo único y siempre trataba de compartir con sus compañeros de la escuela sus tiempos de diversión. 
Su adolescencia fue signada por su fe y devoción. La innovación y la actualidad de Carlo se manifestaban en su pasión por las computadoras, la programación de ordenadores, pasando por el montaje de películas y la creación de sitios web; también leía textos de ingeniería informática, comprendiéndolos de tal manera que dejaba a todos estupefactos. 
Este don lo ponía al servicio del apostolado. Conjugaba perfectamente su afición por la tecnología, con su profunda vida eucarística y devoción mariana, lo que contribuyó a que muchos sintiesen gran admiración y cariño por él. Había entendido el verdadero valor de la vida como Don de Dios, y como respuesta dada a Jesús nuestro Señor día a día en simplicidad.

Su gran generosidad lo hacía interesarse siempre por el prójimo, ayudando y colaborando con cualquiera que pudiera estar necesitando su servicio. "Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito -solía decir- el Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera”. Suya es también aquella conocida frase: "Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias". Para dirigirse hacia la meta celestial y no "morir como fotocopia", Carlo situaba en el centro de su vida a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía que llamaba "mi autopista hacia el Cielo". Dedicaba buen tiempo a la oración frente al Sagrario, sin que ello le implicase cansancio o aburrimiento; al contrario, el Señor le educó allí, fortaleciendo su alma para vivir con paz y fe firmísima los momentos de dolor que le sobrevendrían más adelante.

A sus 15 años de edad se le diagnostica leucemia fulminante. Ofreció los sufrimientos de su enfermedad por la Iglesia y el Papa, y cuando el médico le preguntaba por sus dolores, el virtuoso joven respondía: "¡Hay gente que sufre mucho más que yo!" 
Así, falleció el 12 de octubre de 2006; a su favor se apuntaba un testimonio de vida auténticamente cristiana. Sus restos reposan en el cementerio de Asís. Reconocidas sus virtudes heroicas, Carlo ha recibido el título de "Siervo de Dios" y se espera la comprobación de milagros atribuidos a su intercesión, para ser canonizado por la Santa Sede.

Fuente: Peregrinando, Calendario mensual - Peregrinos de la Eucaristía

Santo Toribio, el apóstol de Sudamérica

 

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Milagro de Santo Toribio de Mogrovejo

Celebramos en este día la festividad de Santo Toribio de Mogrovejo, insigne Patrono del Episcopado Latinoamericano. 
La vida de santo Toribio es una vida apasionante, llena de aventuras. Era un padre para todos, especialmente para los indios y negros, a quienes acogía con cariño y les ayudaba en todas sus dificultades. Su celo por la salvación de las almas lo llevó a los lugares más remotos de su extensa arquidiócesis, que abarcaba desde Nicaragua hasta Chile y Argentina. 
A continuación, una de sus tantísimas anécdotas misionales: uno de sus servidores, Gaspar Lorenzo, declaró que, saliendo el dicho siervo de Dios de la provincia de Chinchaicocha para la de Huánuco, con ánimo y disposición de entrar tierra dentro a los indios de guerra, sobre los que se hablaba vivamente, sin que el siervo de Dios atendiese a los imposibles que le proponían de malos caminos que era preciso pasar a pie, por montañas aspérrimas, ríos profundos y caudalosos, y recibimiento que le habían de hacer con dardos y flechas herboladas y atosigadas con veneno, este declarante [Gaspar Lorenzo], temeroso de la muerte que veía a los ojos, se despidió y apartó de la compañía y servicio del dicho siervo de Dios, y se retiró a su casa, donde después oyó decir cómo dicho arzobispo don Toribio, atropellando y posponiendo dificultades e imposibles, entró la montaña adentro, donde estuvo muchos días, procurando reducir aquella gente indómita y feroz, que por las faldas de los montes en emboscadas y en riberas de los ríos aparecían ejércitos de indios armados, y en saliendo el dicho siervo de Dios a la campaña con su cruz por delante, luego que le vieron, sin disparar flecha alguna ni formar acometimientos, temerosos y fugitivos desaparecían.

Y que las personas que iban sirviendo y acompañando al dicho siervo de Dios, viéndole en aquellos riesgos, postrados de rodillas, le suplicaban y pedían se retirase, porque, de no hacerlo así, habían de morir todos en aquella montaña a manos de aquellos bárbaros. Y habiéndolos oído el siervo de Dios, encendido su rostro con el fuego del amor de Dios y llevado de la caridad evangélica, proseguía en su demanda diciendo que “no podía haber guerra donde estaba la paz de Dios”. Y prosiguiendo con su determinación, se daba prisa hasta que, alcanzando algunos indios de los emboscados en la ribera, los regaló [=los trató amablemente] y echándoles su bendición los despachó a que llamasen a los demás. Y pospuesto el temor y aficionados a los rayos de luz que vieron salir de su rostro, vinieron muchos de ellos, a los cuales dispuso y catequizó, para que recibiesen el sacramento del bautismo, en lo cual se ocupó mucho tiempo. 
Y, dejándolos reducidos, salió de aquella montaña y prosiguió su visita por otras provincias, hasta que llegó al valle de Nazca, donde este declarante volvió a servir al dicho siervo de Dios. Y este testigo oyó a los demás compañeros lo referido y lo mucho que había obrado el siervo de Dios, haciendo muchos milagros y prodigios en la montaña y fuera de ella.

Narra el padre Alonso de Arenas que el santo arzobispo, yendo en compañía de unos criados suyos por un camino derrumbado entre Moyobamba y Chachapoyas, como en un paraje que está muy abajo del dicho camino estaban unos indios; imposibilitado de poderlos visitar y confirmar en aquel mismo sitio, se vistió el dicho siervo de Dios de pontifical y mandó que con unas sogas lo descolgasen, como de hecho lo hicieron por el dicho derrumbadero, con mucho trabajo y peligro de la vida. 
Y, habiendo llegado donde estaban los dichos indios, los confirmó; y, acabado de hacer el dicho ministerio, lo volvieron a subir arriba, retirándolo con las dichas sogas, en que mostró el ardiente celo que tenía de la salud de las almas.

Fuente: cfr. P. Ángel Peña, OAR, Santo Toribio de Mogrovejo, apóstol de los indios

Imitar la vida de Cristo (VII)

 

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Santo Tomás Moro con su hija

Extractos del libro La imitación de Cristo.

-Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero. Yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre y sientes como te enseña el afecto humano.

-Señor, verdad es lo que dices, mayor es el cuidado que Tú tienes sobre mí, que todo el cuidado que yo puedo poner en mirar por mí. Muy a peligro de caer está el que no pone todo su cuidado en Ti, y haz de mí lo que quisieres, que no puede ser sino bueno todo lo que Tú hicieres de mí. 
Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y si quieres que esté en luz, también seas bendito. Si te dignas consolarme, bendito seas; y si me quieres atribular, también seas bendito para siempre.

-Hijo, así debes hacer si quieres andar conmigo; tan pronto debes estar para padecer como para gozar. Tan de grado debes ser mendigo y pobre, como abundante y rico.

-Señor, de muy buena gana padeceré por Ti todo lo que quisieres que venga sobre mí. Sin diferencia quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste, y te daré gracias por todo lo que me sucediere. Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno. Con que no me apartes de Ti para siempre, ni me borres del Libro de la Vida, no me dañará cualquier tribulación que viniere sobre mí.

Fuente: Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, L. III, c. XVII, ed. Lumen.

Bondad extraordinaria de San Marcos

 

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San Marcos, Evangelista

Cuando San Marcos trabajaba en Roma y en Aquilea, se pudo apreciar en él el gran afán que tenía de ayudar a los fieles, enseñándoles los rudimentos de la fe y darse en todo y a todos para llevar al prójimo hacia Dios y salvar las almas. San Pablo, que le conocía, hace ver en una de sus Epístolas cuánto le estimaba, y no duda en llamarle junto a sí para aprovecharse de sus buenos servicios (IITim 4, 11). Porque la abnegación y la bondad del corazón son las mejores recomendaciones para ejercer el apostolado y practicar la verdadera caridad cristiana.

Enviado por orden de San Pablo a Egipto para que evangelizase este pueblo y las provincias limítrofes, convirtió a muchísimos idólatras, ganados a Cristo por su dulzura extraordinaria y grandes milagros. Y los que antes fueron idólatras fanáticos, destruyeron templos e ídolos y se convirtieron en fervorosos cristianos. Sabemos que la Iglesia de Alejandría, fundada por San Marcos, brilló por su santidad, pues en ella floreció tanto la piedad, que, según Eusebio, parecía como si todos los fieles fuesen religiosos. Estos felices resultados se debieron al celo y a la caridad de San Marcos, quien por estas dos virtudes recibió en premio la corona del martirio.

San Marcos recibió esta hermosa recompensa después de haber pasado la vida derramando beneficios, a imitación de su divino Maestro; ¿qué premio pudo ambicionar mejor que la palma del martirio? Porque en esta tierra no existe galardón que pueda pagar el bien que hace un corazón bondadoso. Ya que aquí todas las coronas se marchitan, él recibió en la gloria una corona inmortal.

Después de haber considerado todo esto, examinémonos y veamos: 1º, si somos demasiado sensibles y nos dolemos cuando no saben apreciar nuestros trabajos, fatigas, abnegación, o cuando no se agradecen los favores que prestamos; 2º, si hacemos a veces el bien llevados por otro fin que no sea Dios, ni su gracia, ni su honor, ni su divino beneplácito. Reputemos como indigno todo salario que no sea la recompensa eterna.

¡Oh preciosas llamas de amor, en que ardieron siempre las vidas de Jesús y de María!, consumid en mí los afectos terrenales, para que mis pensamientos, palabras, deseos y acciones sólo busquen la gloria de Dios y la salvación del prójimo; así seguiré yo el ejemplo de los apóstoles y de sus verdaderos discípulos.

Fuente: Manual de Meditaciones, pp. 1639s

La realidad de los santos

 

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Todos los Santos

El santo sufre las mismas tentaciones que los demás hombres, y a veces mayores, porque se le prueba como en el crisol, porque debe hacerse rico en méritos, porque le espera una brillante corona en el cielo. En cualquier caso, tiene tentaciones, y difiere de los otros no en verse eximido de ellas, sino en estar preparado contra ellas. 
La gracia supera la naturaleza. La supera desde luego en todos los que se salvan, pues nadie contemplará después el rostro de Dios si ahora no renuncia al pecado. Pero los santos vencen con una determinación, un vigor y una prontitud particulares. Leéis así en sus vidas narraciones admirables de conflictos y victorias sobre el enemigo. Son como héroes de romance, llenos de nobleza, gracia y buen estilo. Sus acciones, hermosas como la ficción, son sin embargo tan reales como cualquier otro hecho real. Son actos que ensanchan la mente de todo ser humano con ideas que antes no apreciaba y que manifiestan al mundo entero lo que Dios puede hacer y lo que puede llegar a ser el hombre.

Los santos son muy diversos, y esta diversidad es una señal de la riqueza de Dios. Pero a pesar de sus diferencias y de la línea específica de su actividad, se han conducido siempre con heroísmo. Han logrado tal autodominio, han crucificado la carne y renunciado al mundo de tal modo, han sido tan humildes, compasivos, alegres, devotos, laboriosos y perdonadores de injurias, han soportado tantos dolores y perseverado en trabajos tan grandes, que nos ofrecen un paradigma incuestionable de magnanimidad, verdad y amor.

Fuente: John H. Newman, Discursos sobre la fe.

Imitar la vida de Cristo (V)

 

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Caída de las hojas en Otoño - Stefan Ivanov

Extractos del libro La imitación de Cristo.

Pon los ojos en ti mismo y guárdate de juzgar las acciones ajenas. En juzgar a otro se ocupa uno en vano, yerra muchas veces, y peca fácilmente; mas juzgándose y examinándose a sí mismo, se emplea siempre con fruto. Muchas veces sentimos de las cosas según nuestro juicio, y fácilmente perdemos el verdadero juicio de ellas por el amor propio. Si fuese Dios siempre el fin puramente de nuestro deseo, no nos turbaría tan presto la contradicción de la sensualidad.

Muchos buscan secretamente su propia comodidad en las obras que hacen, y no lo entienden. También les parece estar en paz cuando se hacen las cosas a su voluntad y gusto; mas si de otra manera suceden, presto se alteran y entristecen. Por la diversidad de los pareceres muchas veces se levantan discordias entre los amigos y convecinos, entre los religiosos y devotos. 
La costumbre antigua con dificultad se quita, y ninguno deja de buena gana su propio parecer. Si en tu razón e industria estribas más que en la virtud de la sujeción de Jesucristo, rara vez y tarde serás iluminado; porque quiere Dios que nos sujetemos a Él perfectamente, y que trascendamos toda razón inflamados de Su Amor.

Fuente: Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, L. I, c. XIV, ed. Lumen.

La Pasión, punto culminante de la vida de Jesús

 

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La Pasión señala el punto culminante de la obra que vino a realizar Cristo en este mundo. Para Él es la hora en la que consuma su sacrificio, aquel sacrificio que había de dar una gloria infinita a su Padre, que había de rescatar a la humanidad, y abrir de nuevo a los hombres las fuentes de la vida eterna.

Por eso Nuestro Señor, que desde el primer momento de su Encarnación se ha entregado por completo al beneplácito de su Padre, desea ardientemente que llegue lo que llama Él «su» hora, la hora por excelencia. Baptismo habeo baptizari, quomodo coarctor usque dum perficiatur!: «Es preciso que sea bautizado en un bautismo -en el de su sangre- y ¡qué ansia siente mi corazón porque se realice!» Se le hace larga a Jesús la hora en la que podrá sumergirse en el sufrimiento y arrostrar la muerte para darnos la vida.

Verdad es que no le es dado adelantar esa hora; Jesús está plenamente sometido a la voluntad del Padre. 
Pero cuando suene, se entregará con el mayor ardor, aun cuando conoce perfectamente todos los sufrimientos a que se ha de ver sometido lo mismo su cuerpo que su alma. Desiderio desideravi hoc Pascha manducare vobiscum: «Con vivo deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de que se consume mi Pasión».

Este misterio de la Pasión es inefable; todo es en él grande, hasta los menores detalles, lo mismo por otra parte que todas las cosas de la vida del Hombre-Dios. Aquí, principalmente, nos hallamos en las puertas de un santuario en el que no nos es dado entrar más que con una fe viva y una reverencia profunda. 
Christus pro nobis passus est. Venite adoremus. «Cristo ha padecido por nosotros; venid, adorémosle.»

Fuente: Dom Columba Marmion, Palabras de Vida

Prueba de amor (II)

 

Santa Teresita 16  21b

Santa Teresita enferma

El mérito de la mortificación voluntaria consiste más en la buena voluntad con que se ejecuta, que en la intensidad del sufrimiento que uno se impone; aunque siempre puede contribuir a su aumento, en cuanto que una mortificación mayor exige también mayor dosis de buena voluntad. 
Mientras la medida del sufrimiento debe ser proporcionada a las fuerzas físicas de cada uno, no hay que poner límites al amor y al espíritu de generosidad con que se lo practica. Bajo este aspecto vale mucho más una mortificación leve ejecutada con todo el amor de que un alma es capaz, que una penitencia gravosa practicada materialmente, pero sin espíritu interior. Por lo tanto, antes de hacer algún acto de mortificación, especialmente cuando se trata de ciertas prácticas habituales, como las que se usan en los Institutos religiosos, es necesario despertar la buena voluntad y el deseo sincero de sufrir con gusto alguna cosa por amor de Dios, evitando de esta manera que nuestros actos de mortificación se reduzcan a ejercicios más o menos mecánicos y, en consecuencia, de poco o de ningún valor.

La contemplación amorosa del Crucifijo era el alma de todas las austeridades de Santa Teresa Margarita: «Este Dios humillado y lleno de sufrimientos, que ocupaba continuamente su pensamiento, era quien le daba la fuerza interior para vencer todas las dificultades y quien la movía a abrazar con avidez mil sacrificios y obras de caridad y mortificación, haciéndola insaciable en el padecer»
Mirando al Crucifijo, el alma comprende que, por más que se mortifique por amor suyo, son nada sus sacrificios y sus renuncias, y, más bien que vanagloria por las mortificaciones practicadas, experimenta la necesidad de humillarse y de realizar siempre cosas más perfectas. «Ame mucho los trabajos -exhorta al alma espiritual San Juan de la Cruz- y téngalos en poco por caer en gracia al Esposo, que por ella no dudó morir».

“¡Oh Señor! Dispón de mí como más te agrade. Que de todo estoy contenta con tal de poder seguirte por el camino del Calvario: y cuanto más llena de espinas encuentre yo esa senda y más pesada se me haga la cruz, más consolada me sentiré, porque deseo amarte con amor paciente, con amor muerto, es decir, del todo abandonado en ti, con amor operativo... ¡Señor mío, Tú en cruz por mí y yo en cruz por ti! ¡Oh, si pudiese llegar a comprender finalmente cuán dulce y precioso es el padecer: padecer y callar por ti, Jesús! ¡Oh querido padecer, oh buen Jesús!” (S. Teresa Margarita del Corazón de Jesús). 
Sí, padecer querido, porque me permites dar a mi Dios pruebas de amor, porque en medio de la oscuridad de la fe, en que debo vivir aquí en la tierra, me das la seguridad del amar no sólo con palabras, sino con amor recio y efectivo. ¡Oh Jesús! Ahora comprendo por qué Santa Teresa de Jesús no te pedía más que una cosa: “O padecer o morir”. 
¡Ojalá pudiera yo tener un amor tan fuerte y tan verdadero! Concédemelo Tú, Señor, pues todo lo puedes y nada te cuesta transformar en un instante en horno de caridad este corazón mío tan frío y tan árido.

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina