Nuestra vocación patriótica

 

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No hemos nacido aquí por casualidad. Si Dios quiso, para Dios es su Plan infinito; todo es Providencia y todo está previsto, si Dios quiso que yo naciera en este lugar del mundo, en este rincón del mundo, en este rincón del hemisferio sur; si Dios quiso que yo naciera en este tiempo y no en otro tiempo, o en este siglo y no en otro siglo, o en esta parte del siglo y no en la otra, todo ello no es casualidad. Dios, que se preocupa hasta de los mínimos detalles de mi existencia, no me arrojó al mundo como quien tira por casualidad una pelota para ver adónde va a caer, sino que en la Providencia de Dios estuvo el que yo naciera y que yo me hiciera presente en el mundo en medio de estas determinadas coordenadas espacio-temporales que me ubican en este siglo, que me ubican en este lugar del mundo que se llama República Argentina.

Eso también está dentro del Plan de Dios y al estar dentro del Plan de Dios, eso también marca mi vocación, esto también marca mi misión, eso también marca aquello que la Providencia de Dios tiene pensado sobre mí, no es indiferente el que Dios me haya puesto en un lugar o en otro, porque eso de alguna manera me condiciona, de alguna manera me forma. Los que hablan de universalismo, dice por ahí el Padre Castellani, dicen: «Mi Patria es el mundo», pero si uno los trasladara a la China o al Congo, que también son parte del mundo, al poco tiempo llorarían de emoción si sienten hablar a alguien castellano o cuando sienten que alguien toca, qué sé yo, un tango, una zamba, o pongámosle, una chamarrita. Mi Patria es el mundo, pero en la otra punta del mundo extrañarían ciertamente este pedazo, este terruño, aquello donde han nacido. 
Porque uno, aun cuando racionalmente quisiera renegar de su Patria, no puede renegar de su herencia, no puede renegar de su sangre, de su lengua, de la tierra en que ha nacido, no puede renegar de sus padres, no puede renegar de aquello que lo constituye física y espiritualmente y que le penetra hasta por el aire que respira. Es amarla entonces, sí, con un amor cristiano, que no supone exclusiones, que no supone un amor cerrado, que no niega sino que al contrario, es mediador, único mediador terreno para ese amor universal.

Y ese amor, como alguna vez lo hemos señalado, tiene también dos aspectos: por una parte, ese amor es amor de complacencia; y el amor de complacencia es el amor más sensible de la Patria y el que mira sobre todo a su pasado. La emoción que uno puede sentir en el folklore, en la historia, en las tradiciones de la Patria, en aquello que es típico o propio de nuestro terruño o de nuestro pueblo; la emoción que uno puede sentir cuando contempla un paisaje, sobre todo cuando contempla un paisaje que le es querido por muchos motivos. Y todo aquello que hace para nosotros el contorno físico o el contorno humano sensible de nuestra Patria. Todo esto es el amor sensible. 
Pero luego hay otro amor, y es ese amor que mira hacia el futuro. Existe ese amor que mira a la Patria no solamente como la tierra sino como la comunidad de hombres que viven en esta tierra y que teniendo una herencia común en el pasado, en la historia, en la religión, en la cultura, en la raza, tiene un destino común de Patria.

Y este amor, que mira a la Patria en su presente o en su futuro, no es tanto un amor sensible como aquél que se complace en el folklore o en el terruño, sino que es un amor crítico. Es un amor a veces dolorido. Lo expresa este dolor el Padre Castellani cuando dice: «De las ruinas de este país que llevo edificado sobre mis espaldas, cada minuto me cae un ladrillo al corazón. Y ¡ay de mí! Dios me ha hecho el órgano sensible de todas las vergüenzas de mi Patria y en particular de cada alma que se desmorona». Esto nos muestra hasta qué punto ese amor, sin dejar de ser sensible, puede ser un amor crítico. 
O sea, amar la Patria no es solamente complacerse sino condolerse en esta realidad de la Patria, donde hay tanta miseria, donde hay tanta corrupción, tanta cobardía, donde hay tanta estupidez, tanta traición, tanta injusticia. 
Es un amor crítico. Es como el amor del que ama al enfermo para llevarlo a curar, o el amor del que ama al pecador para enderezarlo en el camino.

Fuente: P. Alberto Ezcurra. Sermón pronunciado en el Seminario de Paraná, Entre Ríos, el 25 de mayo de 1981. Cf. Ezcurra Alberto, Sermones Patrióticos, Cruz y Fierro Editores.

En la resurrección nos veremos

 

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Sargento Cisneros

Al cumplirse mañana 25 años del inicio de la gesta de Malvinas, queremos ofrecer una muestra del verdadero espíritu que animó a nuestro soldados, espíritu tantas veces negado o deformado. Recordar y meditar los elevados ideales que los impulsaron es lo que hará dar frutos permanentes a su abnegado sacrificio. 
Presentamos a continuación un extracto del relato del My (R) Jorge Manuel Vizoso Posse, en el que describe sus últimos diálogos con el Sargento Mario Antonio “El Perro” Cisneros, caído en combate el 10 de junio de aquel 1982.

Las horas pasaban con lentitud insoportable. Le revelé al Sargento a la luz de la luna, que tenía un pedazo de chocolate, al que trocé con sentido equitativo por la mitad, y le extendí una parte:

- Gracias, mi Teniente Primero -me agradeció con voz ronca por el prolongado silencio, y continuó- le agradezco mucho, con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece muy admirable que comparta usted conmigo.
- Los comandos debemos ser como los mosqueteros, “uno para todos y todos para uno”, compartirlo con usted, me permite comer a mí también -le confesé, sonriendo y quitándole importancia al hecho.
- Aunque a Usted le parezca mentira, le tengo mucho aprecio. Mi familia conoce la suya, son de buena semilla. Se lo digo de todo corazón, en estas circunstancias no caben las obsecuencias -dijo el Sargento en tanto saboreaba goloso el chocolate.
- Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos nuestros sentimientos respecto de su familia. Sabemos que son hombres de palabra -comenté con complacencia.
- Nosotros al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tenga la ametralladora, no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por su generosidad- agregó el suboficial.
- Nosotros somos personas simples, estamos en peligro de muerte, aquí las cosas que tienen valor son las espirituales. No quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis mezquindades -contesté.
- Tiene razón, yo pienso de igual manera, lo único que me interesa es mantener aun a costa de mi vida, mis ideales de Dios, Patria y Familia. (Yo entonces, no sabía que el Sargento había escrito a su familia una última carta que confirma sus ideales y que los mantuvo hasta su muerte).
- Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad y la justicia, aun a costa del sufrimiento y sacrificio de nuestras vidas, porque la mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el suelo; pero cuando uno se encuentra en un lugar olvidado de Dios con un hombre que sé lo quilates que pesa, le llenan de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien. A pesar de ello, estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste -respondí con firmeza.
- Mi Teniente Primero, esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en mi última carta -me interrumpió.
- Usted es famoso por su perseverancia y fidelidad a sus principios, por eso le dicen “El Perro”. Sé que esta noche no será fácil para nosotros... pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no creemos en la resurrección, donde los que compartimos nuestros ideales cristianos nos volveremos a ver. Allí, separados de nuestras imperfecciones y corrupciones, harán que las cruces y pesares de esta vida, valgan la pena soportarlos -le declaré con convicción.
- ¡En la resurrección nos veremos, mi Teniente Primero! -respondió él con convicción y confianza.

-¡En el encuentro con la Divinidad!

El deber cristiano de amar la Patria

Casa de Tucuman 01  01

Rezar por la Patria es un deber nuestro, como argentinos y también como católicos. Y es necesario señalarlo, porque a veces en algunos ambientes católicos encontramos quien piensa que el patriotismo, el amor a la Patria ferviente, el amor por las cosas de la Patria, el luchar por la Patria, el jugarse por la Patria, es algo... bueno... como una idea fija de algunos, es el entusiasmo de algunos, es como si fuera la opción por un equipo de fútbol, o por un partido político, o todas esas cosas combinadas. No. Para nosotros como cristianos, como católicos, el amor a la Patria es un deber; es parte del mandamiento del Señor que nos manda amar a nuestros prójimos.

Y entre el prójimo tenemos que amar con mayor predilección a aquellos que están unidos a nosotros por lazos de sangre, de lengua, de religión, de cultura, de tradición, de historia. Y es un deber también como hijos: el mismo cuarto Mandamiento que nos manda amar a nuestros padres, nos manda también amar a nuestra Patria porque de los padres y de la Patria nosotros recibimos la vida. Y como estamos obligados a amar a nuestros padres, tenemos que amar también a nuestra Patria.

Se podría decir que un buen católico, que uno que cumpliera con todos los deberes de piedad pero que no amara a su familia, que no cumpliera sus obligaciones para con su familia, ciertamente que no sería un buen católico. Exactamente lo mismo podríamos decir de aquél que se llama católico y que a lo mejor se vuelca en manifestaciones exteriores de su Fe, pero no es capaz de amar a esta tierra en la cual Dios lo hizo nacer. A este rincón del mundo que se llama la República Argentina. Porque no nacimos aquí por casualidad, sino que fue la Providencia de Dios que quiso que viniéramos al mundo en este rincón del mundo y en este tiempo de la historia.

El Papa León XIII, el gran Papa de la Rerum Novarum, el que manifestó su preocupación por los trabajadores, amaba también a la Patria y nos enseña a amarla. Y dice la Encíclica que «el amor sobrenatural de la Iglesia y el amor natural a la Patria, son dos amores que proceden de un mismo principio eterno, porque la Causa y el Autor de la Iglesia y de la Patria es el mismo Dios. De lo cual se sigue que no puede darse contradicción entre estas dos obligaciones». 
Y el Papa San Pío X decía a un grupo de peregrinos en Roma: «Sí, es digna no sólo de amor sino de predilección la Patria, cuyo nombre sagrado despierta en nuestro espíritu los más queridos recuerdos y hace estremecerse todas las fibras de vuestra alma. Esta tierra común que habéis tenido por cuna, a la que os vinculan los lazos de la sangre, y esa otra comunidad aún más noble de los afectos y las tradiciones. Si el catolicismo fuera enemigo de la Patria, no sería una religión divina». Palabras del Papa San Pío X.

El gran Pontífice Pio XII escribía: «Existe un orden establecido por Dios, según el cual se debe amar más intensamente y se debe ayudar preferentemente a aquellos que están unidos a nosotros por especiales vínculos. El Divino Maestro en persona dio ejemplo de esta manera de obrar, amando con especial amor a su tierra y llorando tristemente a causa de la inminente ruina de la ciudad santa».

Y el Papa Juan Pablo II, que nos visitara hace cinco años, en los momentos difíciles de la Patria, dice en una alocución a los Obispos argentinos: «La universalidad, dimensión esencial en el pueblo de Dios, no se opone al patriotismo ni entra en conflicto con él. Al contrario, lo integra, reforzando en el mismo los valores que tiene, sobre todo el amor a la propia Patria, llevado si es necesario hasta el sacrificio».

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón pronunciado en San Rafael, Mza., el 2 de Abril de 1987. Cf. Ezcurra Alberto, Sermones Patrióticos, Cruz y Fierro Editores.

Los colores de la bandera Argentina

Mucho se ha dicho sobre el origen de los colores de la bandera Argentina. Se dice que su creador, General Manuel Belgrano, se inspiró en los colores del cielo para imprimir el azul/celeste y blanco que la caracteriza.

 

Sin embargo, otra es la verdad: los colores de la bandera Argentina fueron tomados de los colores de la Virgen María, de Luján. Lo confirman muchos testimonios escritos, como por ejemplo los textos del historiador Aníbal Rottjer: "El sargento mayor Carlos Belgrano, que desde 1812 era comandante y presidente de su Cabildo, dijo: 'Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la Inmaculada de quien era ferviente devoto'. Y en este sentido se han pronunciado también sus coetáneos, según afamados historiadores". El mismo autor dice: "Después de implorar el auxilio de la Virgen, y usar de reconocimiento los colores de su imagen, por medio de dos cintas anudadas al cuello, una azul y otra blanca, y las llaman de la medida de la Virgen, porque cada una de ella media 40 cm., que era la altura de la imagen de Lujan". O también "al fundarse el Consulado en 1794, quiso Manuel Belgrano que su patrona fuera la Concepción y que, por esta causa, la bandera de dicha institución constaba de los colores azul y blanco. Belgrano en 1812 para el pabellón nacional ¿escogería los colores azul y blanco por otras razones distintas de las dichas en 1794?".

 

El Padre Jorge Salvaire no conocía estos detalles y sin embargo afirma que "con razón cuentan, no pocos ancianos, que al dar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria los colores blanco y azul había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María (como) ardiente devoto".

 

Manuel Belgrano, que había concurrido a Luján en 1812 con su ejército a visitar a María y rezar el Rosario con los soldados, ofrece a la Virgen en 1813 dos banderas tomadas al enemigo en la batalla de Salta. El 27… (se lee) en la sesión del Cabildo de Luján el siguiente oficio: "Remito a Usía dos banderas de división, que el … de febrero se arrancaron de las manos de los enemigos, a fin de que se sirva presentarlas a la Señora, a nombre del Ejército de mi mando, en el Templo de ésa, para que se haga notorio el reconocimiento que mis hermanos de armas y yo estamos a los beneficios que el Todopoderoso nos ha dispensado por ella y exciten con su vista la devoción de los fieles para que siga concediéndonos sus gracias. Dios guarde años. Jujuy, 3 de mayo de 1813. Manuel Belgrano. Al Sr. Presidente, Justicia y Regimiento del Muy … la Villa de Luján". Cumplidos todos los trámites oficiales y notificaciones debidas, las banderas fueron colocadas ante la Santísima Virgen de Luján el sábado 1 de julio de 1813.

 

Luego de conocer estos hechos históricos que nos revelan que la bandera Argentina procede del Manto de la Madre de Dios, debemos comprender que Dios no se aparta de la historia. Somos los hombres los que nos apartamos de Dios, pese a Su insistencia en ayudarnos en la intercesión de Su amorosa Madre.

Fuente: P. Gabino Tabossi, Art. "Luján: origen indudable de la bandera Argentina", Sitio: paramayorgloriadedios.blogspot.com.ar

Santa Juana de Arco, la heroína de Dios

Relato del confesor de S. Juana de Arco sobre la liberación de Orleans

El padre Juan Pasquerel, agustino, declaró sobre el sitio de Orleans: Juana me dijo que exhortara públicamente a todos los soldados a confesarse y dar gracias a Dios por la victoria. Y manifestó también en víspera de la Ascensión que, en cinco días, el asedio de Orleans sería levantado y no quedaría ningún inglés en la ciudad; lo que sucedió como ella dijo.

 

Volviendo a su alojamiento me dijo que al otro día era fiesta de la Ascensión y no haría la guerra por respeto a la fiesta; y que ese día quería confesarse y recibir la Eucaristía, lo que hizo. Y ordenó  que en ese día nadie se atreviera a salir de la ciudad y hacer ningún ataque, si no se había antes confesado, y que tuvieran cuidado con las mujeres de mala vida para que no siguieran al ejército, porque era por los pecados que Dios permitía que se pierda la guerra.

Ese mismo día de la Ascensión escribió una carta a los ingleses de las fortalezas en la que les decía: “Vosotros no tenéis ningún derecho sobre el reino de Francia, el rey de los cielos os ordena y manda por mí, Juana la Doncella, que dejéis las fortalezas y retornéis a vuestro país, porque si no los hacéis, tendréis una derrota de la que habrá perpetua memoria. Os escribo por tercera y última vez. Firmado Jesús, María, Juana la Doncella…”

Después ella tomó una flecha, ató [la carta] con un hilo al extremo de la flecha y ordenó a un arquero lanzarla a los ingleses, gritando: “Leed, ahí van noticias”. Los ingleses recibieron la flecha con la carta y la leyeron. Después de leerla, comenzaron a dar gritos: “Son las nuevas de la ramera de los Armañacs”. A estas palabras ella comenzó a suspirar y a llorar con abundantes lágrimas, invocando al rey del cielo en su ayuda. Y enseguida fue consolada, porque había tenido noticias de su Señor...

 

Al día siguiente de la Ascensión, me levanté temprano, la oí en confesión y canté la misa ante ella y las gentes de Orleans, pues ellos irían al asalto que duró desde la mañana hasta la noche. Ese día fue tomada la fortaleza des Augustins y Juana, que tenía costumbre de ayunar los viernes, no pudo ayunar ese día, porque estaba demasiado fatigada, y cenó. Después de cenar, vino un caballero diciendo que los capitanes habían tenido consejo y, viendo que eran poco numerosos en relación a los ingleses y dado que la ciudad tenía víveres, podrían esperar hasta que el rey les enviara ayuda y no salir a la mañana al ataque.

Ella respondió: “Vosotros tenéis vuestro consejo y yo el mío. El consejo de mi Señor es el bueno y será cumplido y vuestro consejo quedará en nada”. Y dirigiéndose a mí que estaba detrás de ella, me dijo: “Levántese mañana temprano, antes que lo ha hecho hoy. Esté siempre detrás de mí. Porque mañana tendré mucho que hacer y más que nunca. Mañana la sangre me saldrá del cuerpo por encima del seno”.

 

Al día siguiente, sábado, me levanté temprano y celebré la misa y Juana fue al asalto contra la fortaleza del Puente (du Pont), donde estaba el inglés Glansdale. El asalto duró desde la mañana hasta el ocaso del sol sin parar. En este asalto, después de desayunar, Juana, como había predicho, fue herida de flecha sobre su seno, y, cuando ella se sintió herida, tuvo miedo y lloró. Algunos soldados, viéndola herida, quisieron aplicarle un encantamiento, pero ella no quiso, diciendo: “Prefiero morir que hacer una cosa que sepa es pecado o contra la voluntad de Dios”. Se puso sobre su herida aceite de oliva y un poco de tocino. Después se confesó conmigo llorando, y después volvió al asalto gritando: “Glansdale, Glansdale, ríndete, ríndete al rey del cielo. Tú me llamas ramera; pero yo tengo piedad de tu alma y de las de los tuyos”.

Entonces Glansdale, armado de pies a cabeza, cayó en el río Loira y se ahogó. Juana, movida de piedad, comenzó a llorar mucho por el alma de Glansdale y de los otros que estaban ahogados en gran número. Y ese día los ingleses que estaban más allá del puente fueron tomados prisioneros o muertos.

 

Al día siguiente, domingo, antes de salir el sol, todos los ingleses que habían quedado se reunieron y se fueron a la villa de Meung-sur-Loire. Ese domingo hubo en Orleans una procesión solemne con sermón.

Fuente: P. Ángel Peña O.A.R., Santa Juana de Arco, la  heroína de Dios

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XII)

Fiestas Patrias en Luján (capítulo extraordinario)

Buen día querido amigo lector. Feliz día de la Patria.

En este día de fiesta y también de descanso te propongo elevar por un instante el pensamiento hacia el querido Santuario de Luján, y hacia la tan amada Imagencita de la Santísima Virgen, que hace 386 años se quiso quedar en esos pagos benditos.

Nuestra Señora de Luján fue testigo del nacimiento y desarrollo de nuestra Patria. Podemos leer en las crónicas del año 1810, unos días después del histórico 25 de mayo: “el 2 de junio el Cabildo de Luján recibe una nota oficial de la creación de la nueva Junta Gubernativa de Buenos Aires, acatándola por unanimidad. Y determina: celebrar una Misa cantada con Te Deum, costeada por el peculio de Su Señoría, para que concurriendo el vecindario rueguen a Dios por el éxito de Nuestra Madre Patria”.

 

Y así, cada año, fueron encargándosele al Santuario de Luján, para el 25 de Mayo, que se realicen Misas y Te Deum en acción de gracias y pidiendo por nuestra Patria. Y en 1910, en el centenario de la Primera Junta de Gobierno, se realizaron en este Santuario varios actos de culto y peregrinaciones que estaban incluidas en los actos oficiales de los festejos. Ese año, como parte de ellos, se realizó la bendición de la actual Basílica, como así también la visita de la Infanta Isabel de Borbón, quien hizo entrega en este Santuario de una bandera española como obsequio a nuestra Patria.

 

Así la santísima Virgen fue tomando un papel Protagonista en nuestra nación: nuestros próceres le tuvieron gran devoción y, confiados, le encomendaban cada acción y cada campaña que realizaban, se postraban a sus pies pidiendo que los protegiera ante los enemigos y librara a nuestra Patria de sucumbir ente el poder del enemigo. Y Ella, la Santísima Virgen, en su tierna imagen de Luján, tan pequeña y aparentemente tan indefensa, hecha toda de barro cocido, aparece toda fuerte y poderosa en el momento de defender a Nuestra Patria. Podemos citar a grandes héroes y próceres como San Martín y Belgrano, que toda su vida se presentaron como devotos de tan excelsa Señora y le encomendaron todas sus actividades y empresas patrióticas. También esta Imagen fue testigo de hechos dolorosos, ya que delante de ella se realizaron las exequias del general Manuel Dorrego, quien en vida se mostró también devoto amante de esta Virgencita al mandar decir Misas delante de su imagen y asistir él mismo en cuanto sus ocupaciones se lo permitían.

 

Estimado lector, vemos que desde el origen mismo de nuestra Nación la Santísima Madre de Dios toma un papel relevante en los destinos de nuestra gran República Argentina, nacida bajo la sombra y el cobijo de su manto, puesto que el milagro de Luján se realizó 180 años antes de aquel 25 de mayo de 1810; es como si la Virgen viniera a estas tierras en aquella época para preparar el nacimiento de nuestra Patria.

A Ella, pues, los argentinos nos seguimos encomendando con confianza de hijos, seguros de su amor y protección hacia nuestra patria, como lo viene haciendo desde hace 386 años. Nuestra Madre del Cielo no nos va a abandonar ni un instante, siempre estamos bajo su Manto Milagroso, aunque las circunstancias históricas muchas veces nos hagan perder el equilibrio.

 

Para despedirnos podemos citar a Don José Manuel de Estrada quien dijo: “La Basílica será la expresión de nuestra confianza en el Divino Auxilio y prenda de victoria en la restauración del Reino social de Jesucristo”. Y recordemos que la santísima Virgen dijo a tres  pequeños en la lejana  Fátima estas palabras que podemos  aplicar a nuestra Nación: “POR FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ”

 

Hasta la próxima entrega. Y no olvides rezar diariamente el Santo Rosario y difundirlo entre tus conocidos.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XI)

APARICIONES DEL ÁNGEL (Segunda parte)

Buen día estimado amigo lector. Nuevamente quiero agradecerte el tiempo que te tomas para leer estos pobres escritos sobre las apariciones de la Virgen  y del Ángel en Fátima.

 

Hoy vamos a ubicarnos en la huerta de la familia de Lucía, en el famoso pozo del que ya hemos hablado en otras entregas. Es un día de verano, el calor aprieta en la hora de la siesta en los valles de Aljustrel. Los pastorcitos elijen refugiarse a la sombra de los árboles del huerto, y allí dar rienda suelta a su energía infantil, jugando y brincando en sus juegos favoritos. Cuando de pronto una voz celestial les llama la atención y los reprende dulcemente: “¿Qué hacéis?”, es la voz del ángel que los despierta y despabila pues estaban muy entretenidos con sus diversiones, y juegos, y los insta a volver a lo esencial: “Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios”. Y la pequeña Lucía, que todavía no sale de su asombro al ver la belleza del Ángel, le pregunta: “¿Cómo nos hemos de sacrificar?” El ángel le responde: “En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe.”

 

Esta fue la segunda aparición del Ángel a los tres niños pastorcitos; y en esta manifestación del cielo, nos podemos detener en la propuesta que les hace el Ángel a los niños, de atraer sobre su Patria la paz mediante la reparación y la oración por la conversión de los pecadores; esto te propongo que empecemos a practicar: oración y sacrificio por nuestra amada paria Argentina. ¿De qué modo? Pues primero ofreciendo todo nuestro día como un acto de reparación por las ofensas a los Sagrados Corazones de Jesús y María, ofrecer ese trabajo que no me gusta realizar, esta persona que no tolero, ese contratiempo o imprevisto con el que no contaba, etc., etc.; pero ofrecerlo de corazón y en silencio, sin que nadie lo note, solo Dios y tú. Y segundo rezar, rezar siempre, puede ser una jaculatoria, un rosario, una pequeña visita al Santísimo Sacramento; también puede suceder que no tengamos la constancia de participar de la Misa diaria, entonces es un buen momento para proponerte asistir todos los días a la Santa Misa y comulgar para reparar las ofensas de nuestra Patria al Sagrado Corazón, etc., etc.

 

Querido amigo, seamos generosos en el sacrificio y en la oración; ofrezcamos a Dios por nuestra Patria actos heroicos, mortifiquemos lo que más nos duele, nuestro amor propio, nuestro yo, nuestro egoísmo, nuestros pareceres y opiniones. Y supliquemos a nuestra Madre Bendita, la Santísima Virgen que reina en su trono de Luján, que vuelva sus benignos ojos hacia esta amada Argentina, y nos dé la Paz, nos bendiga, e interceda ante Su Hijo para que en nuestro suelo vuelva a florecer la Fe perdida.

La gesta de Malvinas

Dice el P. Castellani:

“Amar la Patria es el amor primero

Y es el postrero amor después de Dios

Y si es crucificado y verdadero

Ya son un solo amor, ya no son dos.”

 

Y San Agustín:

“Ama siempre a tus prójimos,

Y más que a tus prójimos, a tus padres,

Y más que a tus padres, a tu Patria,

Y más que a tu Patria, ama a Dios.”

 

Hoy conmemoramos un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, cuando todo el país se unió y saltó de gozo por saber que después de tantos años volvía a flamear en las Islas nuestra querida bandera azul y blanca. Como tantas veces en nuestra historia, también esta empresa fue puesta bajo el manto de la Santísima Virgen, llamándose “operación Rosario”.

Vemos con dolor como el enemigo nos ataca ahora no con las armas, sino destruyendo nuestra cultura. Y con respecto a Malvinas, difundiendo una idea falsa de lo que realmente ocurrió, para que nos avergoncemos de la guerra y ni se nos ocurra volver a intentarlo.

Es nuestro deber conocer lo que realmente ocurrió. El profundo amor a Dios y a la Patria de nuestros soldados, el heroísmo y generosidad con que entregaron sus vidas, combatiendo hasta el límite de sus fuerzas, sin replegarse aunque debieran dejar sus cuerpos en esa querida tierra. No podremos menos que sentirnos orgullosos de ser argentinos.

 

Puede vislumbrarse algo de este temple en esta carta del Mayor José R. Falconier a sus hijos:

“A Ñequi y Mononi:

   Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás. Por ustedes y vuestros hijos... y los que hereden mi PATRIA.

   Les va a faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a DIOS; aférrense a ÉL.

   Sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente, que es la única forma de vivir la "buena vida".

   Y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de ÉL, para no aflojar, yo estaré junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor.

   Sean una "familia", respetando y amando a mamá aunque le vieran errores, sean siempre solo "uno", siempre unidos.

   Les dejo el apellido: Falconier para que lo lleven con orgullo y dignifiquen. No con dinero ni bienes materiales, sino con cultura. Con amor, con belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombre y menos "animal" y por sobre todo enfrentando a la vida con la "verdad", asumiendo responsabilidades aunque les "cueste" sufrir  sinsabores, o la vida misma.

   Les dejo: Muy poco en el orden material. Un apellido: "Falconier". A Dios (ante quien todo lo demás no importa).  Papá”

 

Es nuestro deber rezar por ellos y luchar cada uno para no deshonrar la herencia que hemos recibido, para que nuestra Argentina sea la Patria que ellos soñaron y por la cual entregaron su vida, donde Dios sea el centro, bajo el manto de la Santísima Virgen.