El Cura Brochero y el Catecismo

 

Cura Brochero 02  13

San José Gabriel del Rosario Brochero

Este día, 16 de marzo, nos gozamos en la celebración litúrgica de San José Gabriel del Rosario Brochero, insigne ejemplo de sacerdote fiel a Dios y a sus enseñanzas, y celoso apóstol que, comprendiendo que el mayor bien de las almas es el conocimiento de Dios y el amor y servicio a Él, no dejó de poner todos los medios para que sus feligreses se alimentaran de lo único y verdaderamente importante. Transcribimos parte de una carta que él escribe como respuesta a un cuestionario que se envió a los párrocos pidiéndoles una evaluación de la situación doctrinal de sus feligreses. 
"Vean: Ustedes me preguntan cómo anda por acá eso de la Doctrina Cristiana, qué es lo que se ha hecho y qué es lo que podría hacerse para mejorar y más difundir su enseñanza entre los feligreses de mi parroquia. Seguro de no mentir puedo decirles que aquí en el Tránsito, en Villa Dolores y en todos los Departamentos serranos, no hay nada que hacer, como no sea seguir haciendo lo mismo que se hace y conservar lo ya hecho. Que aquí todo el mundo sabe el catecismo, y, éste más, aquél menos, todos lo practican y algunos de lo lindo; que aquí no hay niño ni chinita de doce años para arriba que no sea medio teóloga, siendo muchas las que saben de memoria a San Alfonso de Ligorio; que los niños, aún los de pecho, lo saben porque se les enseña cotidianamente y porque sus padres también lo saben. 
Si no lo quieren creer, pregúntenselo al Padre Villarrubia, jesuita misionero que, habiendo venido una vez para dar Ejercicios, pudo comprobarlo. Encontró al Padre en la calle un anciano barbudo y venerable que llevaba en sus brazos un niño de pocos meses. Atraído por el aspecto de aquel anciano que le saludaba con veneración, como deben hacerlo con el sacerdote todos los cristianos, el Padre se acercó y se puso a acariciar al niño. Entonces el buen hombre dijo: «Pregúntele, Padre, al chiquito, en dónde está Dios». El Padre, sonriendo como los que no saben o no quieren creer, le hizo al niño la pregunta, a la que, no sabiendo todavía hablar, el niño respondió alzando su manecita y señalando hacia arriba, hacia abajo y alrededor, así como sabemos hacerlo nosotros cuando les enseñamos a los chicos el catecismo, diciendo: «En el cielo, en la tierra y en todo lugar». Esto me lo contó el mismo Padre Villarrubia. 
Ya ven ustedes, pero lo que ustedes no ven es cómo he llegado a conseguir esto en mi parroquia y en todos estos Departamentos. Sencillamente: enseñando el catecismo y dando Ejercicios, lo uno a los niños y lo otro a los padres de los niños. Pueden hacer la prueba."

Fuente: Conf. Episcopal Argentina, El Cura Brochero. Escritos y sermones, 1ª Edición, 2013, pp. 825-826

Evangelización: comenzar por uno mismo

Aposstolado 01  01

Si queremos que [la doctrina social de la Iglesia] aparezca con todo su atractivo, debemos mostrar qué realizaciones concretas permite. 
Para ello, debemos conocer la doctrina y ser competentes en nuestra, vida profesional. 
Además, hay que aplicar la doctrina. Juan XXIII lo pidió en la Mater et Magistra: 
"En el ejercicio de una función tan noble (la de «nuestros hijos del laicado que en virtud de su estado de vida se hallan habitualmente ocupados en el desenvolvimiento de actividades y en la creación de instituciones de contenido y finalidad temporales») no sólo sean profesionalmente competentes y ejerzan sus actividades temporales según las leyes naturales que conducen con eficacia al fin, sino que también es indispensable que, en el ejercicio de dichas actividades, se muevan en el ámbito de los principios y directrices de la doctrina social cristiana...". 
Dicho de otro modo, debemos ser capaces de traducir la doctrina a términos concretos, de saber colocar la doctrina sobre el raíl.

Cultivemos nuestras facultades superiores con la ascesis, la oración, los ejercicios espirituales. Pidamos a Dios los siete dones del Espíritu Santo y supliquémosle que se digne hacer crecer en nosotros la fe, la esperanza y la caridad. 
Hoy no tendríamos excusa de no sentir esa necesidad, incluso en el plano temporal. 
Cultivemos, también en nosotros, las virtudes de la fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia. Un buen catecismo nos mostrará lo que estas virtudes implican. Algunos descubrirán, quizás, que la prudencia, por ejemplo, es la virtud por la cual buscamos los medios convenientes para que la acción resulte bien hecha de todas las maneras.

Para ejercitar estas virtudes en todos los planos de nuestra vida profesional, familiar, social, cívica, las reforzaremos en nosotros mismos. Así nos ayudarán a merecer la confianza de aquellos a quienes hablemos, de aquellos en quienes queremos influir.

Fuente: André Frament, Actuar en la esperanza

Santo Tomás Moro y la educación de sus hijos

Transcribimos parte de una carta de Santo Tomás Moro a Gunnel, uno de los preceptores de sus hijos.

 

« [...] Lo que más me encanta es la seriedad de que ha dado pruebas mi pequeña Elizabeth en la ausencia de su madre, seriedad que no siempre se encuentra en niñas de su edad. Hacedla entender que esta conducta de su parte me es aún más agradable que la mayor instrucción que podría haber adquirido, porque si la ciencia unida a la virtud es preferible a todos los tesoros de la tierra, los bienes que la ciencia nos procura, si son ajenos a la inocencia de costumbres, no son más que falsos e imaginarios.

 

«Sea lo que fuere, si una de mis hijas llega a juntar a la modestia y a la piedad una sólida instrucción, la consideraría como más favorecida por el Cielo que si reuniese a la belleza de Helena las riquezas de Creso. No porque la sabiduría deba ser para ella una ocasión de gloria sino porque, acompañada de la virtud, es un don precioso que no nos puede ser quitado como nos son quitadas las riquezas y la belleza. No debemos pues buscar solamente la gloria de las letras, sino el saber, que da la felicidad. [...] He aquí, pues, mi querido Gunnel, los motivos que tengo para no buscar para mis hijos el renombre literario sin la virtud. [...] Además, como siempre he pensado que era de suma importancia el no salirme del camino que me he trazado para asegurar la felicidad de mis hijos, os recomiendo a vos, mi querido Gunnel, así también como a mis mejores amigos, que les enseñéis a evitar los tropiezos del lujo y del orgullo; como a permanecer fieles a los preceptos de la modestia; a no dejarse encandilar por la vista del oro; a no buscar su propia estimación ni la de los otros en suntuosos vestidos; a no degradar por una negligencia culpable los dones que hayan recibido de la naturaleza; y, en fin, a ser ávidos por adquirir los tesoros de la ciencia para hacerlos servir únicamente en defensa de la verdad y para gloria del Todopoderoso. Es así como merecerán obtener un día la recompensa de una vida ejemplar. Afirmados en esa consoladora esperanza, no temerán jamás la muerte, que no será a sus ojos más que el término de las pruebas que acá abajo habrán tenido que sufrir. He aquí, a mi juicio, los frutos que uno debe retirar del estudio de las ciencias humanas. Confieso que esos frutos no siempre los consiguen aquellos que parecen pretenderlos, pero sostengo que los hombres que buscan este único fin llegarán a él después de algunos esfuerzos, y se convertirán no sólo en eruditos sino en buenos cristianos y en hombres de bien. [...]».

Fuente: Cfr. Lucrecia Sáenz Quesada de Sáenz, Sir Thomas More, humanista y mártir, Buenos Aires 1934, pp. 106-109

Consejos para educar a los adolescentes (II)

El psico-pedagogo Dr. Bernabé Tierno da estos consejos para educar adolescentes:

1) Respétalo como persona. Trátalo como si ya tuviera las cualidades que desearías de él.

2) Sé tú ejemplo de las virtudes que deseas en él.

3) Admite tus errores y él aprenderá a admitir los suyos.

4) Ejercita tu autocontrol. No pierdas tus nervios, aunque él se salga de tono.

5) Valora sus virtudes, sus esfuerzos, su progreso.

6) Razona tus órdenes. El «ordeno y mando» pone a la defensiva.

7) Ponte en su piel. Trátale como te gustaría ser tratado, si tú fueras él.

8) Fomenta su autodisciplina: no hacer lo que apetece sino lo que es conveniente.

9) Ayúdale a madurar. Las dificultades no son para abatirse sino para afrontarlas.

10) Hazle ver que puede y debe ser feliz. La felicidad está dentro de uno mismo. No depende de las circunstancias exteriores.

 

Pasos para ser eficaz:

1) Tener claro qué es lo que quiero conseguir.

2) Que este objetivo esté a mi alcance. No empeñarse en coger la luna con la mano.

3) Escoger los medios adecuados al fin que se pretende.

4) No darse pronto por vencido. Tener tesón y constancia para seguir luchando.

5) Corregir los errores cometidos, y no echar la culpa a los demás o a las circunstancias.

6) Atender a todos los detalles, y no esperar que los demás, o la suerte, solucionen las cosas.

7) No menospreciar a nadie. La persona menospreciada puede sernos decisiva mañana.

8) Orar para que Dios nos ayude en todos los anteriores puntos.

Fuente: P. Loring, Para Salvarte

Consejos para educar a los adolescentes (I)

Para educar a los adolescentes, pueden ayudar a los padres estos diez consejos:

1) Escucharle más que hablarle.

2) Exigirle sólo cosas importantes.

3) Razonar las órdenes.

4) No le pongas etiquetas peyorativas: más que decirle «eres un mentiroso», dile: «has dicho una mentira».

5) Hazle razonar sus ideas.

6) No te rías de sus ideas. Muéstrale sus equivocaciones.

7) Tus órdenes claras, concretas. Exigiendo su cumplimiento.

8) No amenaces inútilmente. Exige los castigos impuestos. No lo levantes a no ser por causa razonable.

9) Que los castigos sean proporcionados a la falta.

10) No permitas que te falte al respeto, pero tú tampoco le grites. Háblale con calma.

 

Quince consejos de un adolescente a sus padres

1. Trátame con la misma cordialidad con la que tratas a tus amigos. Que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

2. No me des siempre órdenes. Si me pidieras las cosas, en vez de ordenármelas, yo las haría antes y de buena gana.

3. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Mantén tu decisión.

4. No me des todo lo que te pida. A veces pido para saber hasta dónde puedes llegar.

5. Cumple las promesas, tanto si son buenas como si son malas. Si me prometes un permiso, dámelo. Si es un castigo, también.

6. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanas o hermanos. Si me ensalzas, el otro va a sufrir. Si me haces de menos, quien sufre soy yo.

7. No me corrijas en público. No es necesario que todo el mundo se entere.

8. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces.

9. Déjame valerme por mí. Si tú lo haces todo, nunca aprenderé.

10. No mientas delante de mí. Tampoco pidas que yo mienta por ti, para sacarte de un apuro.

11. Cuando haga algo malo, no me exijas que te explique por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé.

12. Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá mi estima por ti, y yo aprenderé a admitir mis equivocaciones.

13. No me pidas que haga una cosa que tú no haces. Aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas.

14. Cuando te cuento un problema no me digas “ahora no tengo tiempo para tus tonterías” o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.

15. Quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir, aunque tú no lo creas necesario. Me agrada mucho.

Fuente: P. Loring, Para Salvarte