Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XIV)

Virgen de Fatima 13  42

Pozo de la casa de Lucía

Tercera aparición del Ángel (Segunda parte)

Buen día estimado amigo. Hoy vamos a concluir con el relato de la última aparición del Ángel a los pastorcitos.

Hemos dicho que los pequeños vieron al Ángel que se acercaba a ellos portando la Santa Eucaristía y que, postrándose en adoración, les enseñó un acto precioso de reparación, que puedes leer en la anterior entrega de esta serie. 
Luego de eso, nos comenta Sor Lucia que pasó lo siguiente: “Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: -Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. 
Y postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: Santísima Trinidad…etc. Y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa”. 
Hasta aquí el relato de Sor Lucia. En esta oportunidad nos podemos quedar considerando la última frase dicha por el Ángel: “Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”.

Nuevamente aparece el tema de la reparación, que es una constante en casi todas las apariciones en Fátima; es como si el Cielo mismo nos estuviera repitiendo una y otra vez, para que nuestros endurecidos corazones lo comprendan bien, que es necesaria y urgente una auténtica reparación de las ofensas que a diario y a cada instante se cometen contra el Sacratísimo Corazón de Jesús. Y, una vez más, te propongo que consideremos qué hacer, qué ofrecer como acto de reparación.

Pues, ante todo, inmolar la propia vida, con todo lo que ella trae consigo: dolores, alegrías, enfermedad, salud, prosperidad, pobreza, etc.; como así también las actividades diarias, el trabajo pesado, el compañero o el amigo fastidioso, los imprevistos que tanto molestan y, sobre todo, tratar de cumplir con la mayor perfección el deber de estado de cada uno: el esposo, la esposa, el religioso, el sacerdote; cumplir todo a la perfección por amor, ofreciéndolo como acto de reparación. Luego podemos ofrecer alguna otra pequeña mortificación, por ejemplo en la comida, con la intención de reparar el Amor Divino ofendido.

Ánimo, pues. Transformemos cada acto simple de la vida diaria en una ofrenda perfecta como reparación por nuestros pecados y por la conversión de los pecadores. Y recuerda durante el transcurso del día las palabras del Ángel, que también están dirigidas a ti y a mí: “Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XIII)

Apariciones del ángel (tercera parte)

Buen día estimado lector. Gracias nuevamente por tomarte la molestia de leer estos sencillos artículos sobre las apariciones en Fátima.

Hoy vamos a comenzar a contemplar a los niños en la última aparición del Ángel. Lo haremos en dos veces, pues el contenido del artículo puede ser más extenso de lo que es habitualmente.

En esta oportunidad sorprendemos a los pastorcitos en plena terea de pastoreo, en el maravilloso escenario de los valles y las sierras de Portugal. A quienes hemos estado de paseo por regiones serranas nos puede ayudar, para meditar, el recuerdo de esos maravillosos lugares: la majestuosidad de las altas sierras, su vegetación, la imagen de los animales pastando en las laderas, las aves volando tan alto como pueden, como queriendo desafiar las cumbres, el viento que por momentos se torna aguerrido, y también la buena gente que habita esos lugares, la candidez y sencillez de esas personas que te hacen enamorar de lo más simple de la vida.

 

En medio de esos lugares, en una gruta ubicada en la ladera del monte Cabezo, es en donde se produce la última aparición del Ángel a los pastorcitos. Allí los pequeños recitan la oración que les enseñó el Ángel en la primera aparición. Pero dejemos que Sor Lucía nos cuente lo que sucedió:

“…de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre sobre el Cáliz. El Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces: Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos lo Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los méritos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.”

 

Hasta aquí la primer parte del relato. En la próxima entrega consideraremos la segunda parte de la aparición. Pero hoy podemos concluir meditando sobre la necesidad de reparación pedida por el ángel. Para ello podemos proponernos repetir esta oración frecuentemente, principalmente delante de la Eucaristía, visitando el Sagrario de nuestras parroquias, donde habitualmente esta Nuestro Señor solo; podemos repetirla durante la jornada de trabajo, de estudio, en las fábricas, en los hospitales, allí donde Dios nos puso, en la realidad laboral y familiar de cada uno. Pero sobre todo, debemos ofrecer como reparación y pidiendo la conversión de los pecadores, todas las incomodidades, imprevistos, y dolores de cada día; como así también el peso del trabajo, la incomprensión de los que nos rodean, la enfermedad, la soledad, etc., etc. Todo lo común y cotidiano podemos transformarlo, si queremos, en un acto maravilloso de reparación.

 

Hasta la próxima entrega. Que Dios te bendiga. Y no olvides de rezar diariamente el Santo Rosario y difundirlo entre tus conocidos y vecinos.

Inmaculado Corazón de María

Recurso y devoción a la Santísima Virgen.

La Madre de Cristo tiene como misión propia el introducirnos en las profundidades de los misterios de su divino Hijo. En unión con Ella contemplamos a Jesús. ¿No posee por ventura una madre la llave del corazón de su hijo?

 

Pidamos a la Virgen que de la humanidad de su Hijo, que posee la plenitud de la gracia, fluya ésta en abundancia sobre nosotros, a fin de que por el amor, nos vayamos conformando cada vez más a ese Hijo amadísimo del Padre que es también su Hijo.

Ésta es la mejor petición que podemos dirigirle.

Decía Nuestro Señor a sus Apóstoles en la última Cena: «Mi Padre os ama, porque vosotros me habéis amado, y porque habéis creído que yo he nacido de Él». Lo mismo podría decirnos de María: «Mi Madre os ama, porque me amáis, y porque creéis que he nacido de su seno». Nada puede ser tan grato a María como el oír proclamar que Jesús es su Hijo, como el verle amado por todas las criaturas.

 

El Evangelio nos narra las palabras que dirigió María a los servidores en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga»: Quodcumque dixerit vobis, facite.

Palabras estas que son como el eco de la palabra del Padre eterno: «Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias, escuchadle»: Ipsum audite.

 

Podemos nosotros aplicarnos las palabras de María: «Haced cuanto os diga mi Hijo». Y ésta será la mejor forma de devoción que podamos nosotros tener con la Madre de Jesús.

No tiene María deseo mayor que el de ver a su Hijo obedecido, amado, glorificado, exaltado: lo mismo que para el Padre eterno, Jesús es el objeto de todas sus complacencias.

Fuente: Dom Columba Marmion, Palabras de Vida

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XII)

Fiestas Patrias en Luján (capítulo extraordinario)

Buen día querido amigo lector. Feliz día de la Patria.

En este día de fiesta y también de descanso te propongo elevar por un instante el pensamiento hacia el querido Santuario de Luján, y hacia la tan amada Imagencita de la Santísima Virgen, que hace 386 años se quiso quedar en esos pagos benditos.

Nuestra Señora de Luján fue testigo del nacimiento y desarrollo de nuestra Patria. Podemos leer en las crónicas del año 1810, unos días después del histórico 25 de mayo: “el 2 de junio el Cabildo de Luján recibe una nota oficial de la creación de la nueva Junta Gubernativa de Buenos Aires, acatándola por unanimidad. Y determina: celebrar una Misa cantada con Te Deum, costeada por el peculio de Su Señoría, para que concurriendo el vecindario rueguen a Dios por el éxito de Nuestra Madre Patria”.

 

Y así, cada año, fueron encargándosele al Santuario de Luján, para el 25 de Mayo, que se realicen Misas y Te Deum en acción de gracias y pidiendo por nuestra Patria. Y en 1910, en el centenario de la Primera Junta de Gobierno, se realizaron en este Santuario varios actos de culto y peregrinaciones que estaban incluidas en los actos oficiales de los festejos. Ese año, como parte de ellos, se realizó la bendición de la actual Basílica, como así también la visita de la Infanta Isabel de Borbón, quien hizo entrega en este Santuario de una bandera española como obsequio a nuestra Patria.

 

Así la santísima Virgen fue tomando un papel Protagonista en nuestra nación: nuestros próceres le tuvieron gran devoción y, confiados, le encomendaban cada acción y cada campaña que realizaban, se postraban a sus pies pidiendo que los protegiera ante los enemigos y librara a nuestra Patria de sucumbir ente el poder del enemigo. Y Ella, la Santísima Virgen, en su tierna imagen de Luján, tan pequeña y aparentemente tan indefensa, hecha toda de barro cocido, aparece toda fuerte y poderosa en el momento de defender a Nuestra Patria. Podemos citar a grandes héroes y próceres como San Martín y Belgrano, que toda su vida se presentaron como devotos de tan excelsa Señora y le encomendaron todas sus actividades y empresas patrióticas. También esta Imagen fue testigo de hechos dolorosos, ya que delante de ella se realizaron las exequias del general Manuel Dorrego, quien en vida se mostró también devoto amante de esta Virgencita al mandar decir Misas delante de su imagen y asistir él mismo en cuanto sus ocupaciones se lo permitían.

 

Estimado lector, vemos que desde el origen mismo de nuestra Nación la Santísima Madre de Dios toma un papel relevante en los destinos de nuestra gran República Argentina, nacida bajo la sombra y el cobijo de su manto, puesto que el milagro de Luján se realizó 180 años antes de aquel 25 de mayo de 1810; es como si la Virgen viniera a estas tierras en aquella época para preparar el nacimiento de nuestra Patria.

A Ella, pues, los argentinos nos seguimos encomendando con confianza de hijos, seguros de su amor y protección hacia nuestra patria, como lo viene haciendo desde hace 386 años. Nuestra Madre del Cielo no nos va a abandonar ni un instante, siempre estamos bajo su Manto Milagroso, aunque las circunstancias históricas muchas veces nos hagan perder el equilibrio.

 

Para despedirnos podemos citar a Don José Manuel de Estrada quien dijo: “La Basílica será la expresión de nuestra confianza en el Divino Auxilio y prenda de victoria en la restauración del Reino social de Jesucristo”. Y recordemos que la santísima Virgen dijo a tres  pequeños en la lejana  Fátima estas palabras que podemos  aplicar a nuestra Nación: “POR FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ”

 

Hasta la próxima entrega. Y no olvides rezar diariamente el Santo Rosario y difundirlo entre tus conocidos.

Aniversario de las apariciones en Fátima

Hoy, 13 de mayo, se cumplen 99 años de la primera aparición de la Virgen Santísima en Fátima. Reflexionaremos sobre la importancia capital de su mensaje con este texto tomado de una homilía de S. Juan Pablo II:

 

«A partir de aquel momento en que Jesús, al morir en la Cruz, dijo a Juan: "He aquí a tu Madre", y a partir del momento en que el discípulo "la recibió en su casa", el misterio de la maternidad espiritual de María tuvo su realización en la historia con una amplitud sin límites. Maternidad quiere decir solicitud por la vida del hijo.

A la luz del misterio de la maternidad espiritual de María, busquemos entender el extraordinario mensaje que, desde aquí, de Fátima, comenzó a resonar por todo el mundo desde el día 13 de Mayo de 1917.

Si la Iglesia aceptó el mensaje de Fátima, es sobre todo porque contiene una verdad y un llamado que, en su contenido fundamental, son la verdad y el llamado del propio Evangelio. "Convertíos (haced penitencia), y creed en la Buena Nueva” (Mc. 1-15): son estas las primeras palabras del Mesías dirigidas a la humanidad. Y el mensaje de Fátima, en su núcleo fundamental, es el llamado a la conversión y a la penitencia, como en el Evangelio. Este llamado fue hecho en los inicios del siglo veinte y, por lo tanto, fue dirigido, de un modo particular a este mismo siglo.

 

El llamado a la penitencia es un llamado maternal; y, al mismo tiempo, es enérgico y hecho con decisión. La caridad que "se congratula con la verdad" (1Cor 13- 6) sabe ser clara y firme. El llamado a la penitencia, como siempre, va unido al llamado a la oración. En conformidad con la tradición de muchos siglos, la Señora del mensaje de Fátima indica el Rosario, que bien se puede definir "la oración de María": la oración en la cual Ella se siente particularmente unida con nosotros. Ella misma reza con nosotros. Con esta oración del rosario se abarcan los problemas de la Iglesia, de la Sede de Pedro, los problemas del mundo entero. Además de esto, se recuerdan a los pecadores, para que se conviertan y se salven, y las almas del Purgatorio.

 

La solicitud de la Madre del Salvador, se identifica con la solicitud por la obra de la salvación: la obra de Su Hijo. Es solicitud por la salvación, por la eterna salvación de todos los hombres.

Aquello que se opone más directamente al caminar del hombre en dirección a Dios es el pecado, el perseverar en el pecado, en fin, la negación de Dios. El apartar el nombre de Dios del mundo y del pensamiento humano. La separación de Él de toda la actividad terrenal del hombre. El rechazo de Dios por parte del hombre.

En verdad, la salvación eterna del hombre solamente en Dios se encuentra. El rechazo de Dios por parte del hombre puede tornarse definitivo, lógicamente conduce al rechazo del hombre por parte de Dios (Cfr. Mat. 7- 23; 10- 33), a la condenación.

 

¿Podrá la Madre, que desea la salvación de todos los hombres, con toda la fuerza de su amor que alimenta en el Espíritu Santo, podrá Ella quedarse callada acerca de aquello que mina las propias bases de esta salvación? ¡No, no puede!

Por eso, el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, tan maternal, se presenta al mismo tiempo tan fuerte y decidido. Hasta parece severo. Es como si hablase Juan Bautista en las márgenes del río Jordán. Exhorta a la penitencia. Advierte. Llama a la oración. Recomienda el Rosario.»

Fuente: S. Juan Pablo II, Homilía pronunciada en Fátima el 13 de mayo de 1982.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XI)

APARICIONES DEL ÁNGEL (Segunda parte)

Buen día estimado amigo lector. Nuevamente quiero agradecerte el tiempo que te tomas para leer estos pobres escritos sobre las apariciones de la Virgen  y del Ángel en Fátima.

 

Hoy vamos a ubicarnos en la huerta de la familia de Lucía, en el famoso pozo del que ya hemos hablado en otras entregas. Es un día de verano, el calor aprieta en la hora de la siesta en los valles de Aljustrel. Los pastorcitos elijen refugiarse a la sombra de los árboles del huerto, y allí dar rienda suelta a su energía infantil, jugando y brincando en sus juegos favoritos. Cuando de pronto una voz celestial les llama la atención y los reprende dulcemente: “¿Qué hacéis?”, es la voz del ángel que los despierta y despabila pues estaban muy entretenidos con sus diversiones, y juegos, y los insta a volver a lo esencial: “Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios”. Y la pequeña Lucía, que todavía no sale de su asombro al ver la belleza del Ángel, le pregunta: “¿Cómo nos hemos de sacrificar?” El ángel le responde: “En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe.”

 

Esta fue la segunda aparición del Ángel a los tres niños pastorcitos; y en esta manifestación del cielo, nos podemos detener en la propuesta que les hace el Ángel a los niños, de atraer sobre su Patria la paz mediante la reparación y la oración por la conversión de los pecadores; esto te propongo que empecemos a practicar: oración y sacrificio por nuestra amada paria Argentina. ¿De qué modo? Pues primero ofreciendo todo nuestro día como un acto de reparación por las ofensas a los Sagrados Corazones de Jesús y María, ofrecer ese trabajo que no me gusta realizar, esta persona que no tolero, ese contratiempo o imprevisto con el que no contaba, etc., etc.; pero ofrecerlo de corazón y en silencio, sin que nadie lo note, solo Dios y tú. Y segundo rezar, rezar siempre, puede ser una jaculatoria, un rosario, una pequeña visita al Santísimo Sacramento; también puede suceder que no tengamos la constancia de participar de la Misa diaria, entonces es un buen momento para proponerte asistir todos los días a la Santa Misa y comulgar para reparar las ofensas de nuestra Patria al Sagrado Corazón, etc., etc.

 

Querido amigo, seamos generosos en el sacrificio y en la oración; ofrezcamos a Dios por nuestra Patria actos heroicos, mortifiquemos lo que más nos duele, nuestro amor propio, nuestro yo, nuestro egoísmo, nuestros pareceres y opiniones. Y supliquemos a nuestra Madre Bendita, la Santísima Virgen que reina en su trono de Luján, que vuelva sus benignos ojos hacia esta amada Argentina, y nos dé la Paz, nos bendiga, e interceda ante Su Hijo para que en nuestro suelo vuelva a florecer la Fe perdida.

Santa María junto a la Cruz

No hay espectáculo más conmovedor que la virtud afligida y serena, ni encontraremos jamás ambas condiciones tan unidas como en la Santísima Virgen. Observad las heridas de su Corazón y la serenidad de su rostro. Los rayos del sol multiplican su fulgor al reflejarse; y los dolores del hijo reflejados en el Corazón de la Madre, deben tener más fuerza para conmover el rostro.

Es Voluntad del Padre que María esté no solamente sujeta a la Cruz por los mismos clavos que el Salvador, sino asociada al misterio que se cumple con su muerte.

 

Tres elementos concurren en el sacrificio del Señor: Los sufrimientos de la víctima, la resignación con que se ofrece como sacerdote y la fecundidad con que nos engendra en la Gracia. Los sufrimientos miran a su humanidad, que quiso cargarse de crímenes; la sumisión mira al Padre, a quién, obediente, quiere resarcir de la desobediencia que lo irrita; la fecundidad nos mira a nosotros, puesto que los dolores de un inocente nos devolverán la vida.

 

Ánimo, Señora; ánimo, Virgen incomparable; tomad parte en estos misterios; y vosotros, hermanos, ¿no veis cómo se coloca cerca de la Cruz y con qué ojos mira a su Hijo? Esa mirada le da la muerte, y si se acerca al altar es porque quiere ser también inmolada. Cerca está de su Hijo, no con la proximidad del cuerpo, sino con la comunidad de dolores. Allí la tenéis, junto a la Cruz. Esta es la primera semejanza con el Señor, pero ¿desfallece? No. Estaba en pie, porque acepta los dolores y los ofrece. ¿Qué le falta sino que su hijo le comunique su propia fecundidad? Pues oídlo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. ¡Oh, mujer, que sufres conmigo! Sé tan fecunda como yo; sé la madre de mis hijos, te los entrego sin reserva en la persona de mi discípulo. Yo los engendré con dolores como tú con amargura.

Fuente: Bossuet, Sermones sobre la Pasión del Señor, Colección Verbum Vitae, Tomo IX, editorial B. A. C.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (VIII)

CONCLUSIÓN DE LA PRIMERA PARTE.

Estimado amigo lector: Hemos llegado al final de la primera parte de esta serie de publicaciones.

A lo largo de estas ocho entregas fuimos conociendo el lugar de las apariciones, la vida de los pequeños pastorcitos protagonistas de estos hechos, nos hemos maravillado con la belleza del relato que Sor Lucía hace de su familia, de las ansias por recibir por primera vez a Jesús en la Eucaristía; igualmente hemos recorrido la vida y familia de los Beatos Jacinta y Francisco, hemos visto llorar a Jacinta ante el relato de la Pasión del Señor, y la hemos escuchado prometerle no ofenderle jamás con el pecado, con Francisco, viendo su inocencia, su candor y hemos elevado al cielo súplicas para que el Buen Dios nos conceda la gracia de recuperar la inocencia de vida perdida, de volver a la sencillez y a la verdadera alegría.

 

Con el meditar de estos temas, hemos podido sentir como una suave brisa fresca, como cuando uno camina por la mañana por el parque y siente el aire fresco acariciando el rostro. Es que nosotros, tan acostumbrados al encierro, a estar muy vueltos hacia nosotros mismos, con la mirada puesta en lo puramente material, cuando salimos y levantamos nuestra mirada, y nos dejamos asombrar por lo pequeño de cada día, el alma parece que respirara aire puro.

 

Querido lector, a partir del día 1 de abril, comenzaremos a meditar sobre las tres apariciones del Ángel, y las seis de la Santísima Virgen.

Sólo resta para despedirnos recordarte, como venimos haciendo, que reces el Santo Rosario todos los días, que lo reces, si es posible, en familia, que lo propagues entre tus conocidos y vecinos. Si miras a tu alrededor, verás que muchas personas sufren, que hay mucho desconcierto, mucha inseguridad, que el mundo gira locamente sin sentido. Para todo esto la Virgen Santa nos ha dado el rosario, como remedio de tantas necesidades, y salvación de nuestras almas. Sobre todo rézalo por la Santa Iglesia, pero especialísimamente por el Santo Padre, el Papa Francisco, para que la Virgen lo sostenga, proteja e ilumine en su ministerio.

 

Pero antes de concluir me gustaría transcribirte una pequeña anécdota que recuerda Sor Lucía de la pequeña Jacinta; ojalá sirva de pequeño estímulo para incentivar en tu alma la devoción al Inmaculado Corazón de María: “También anteriormente apunté, cómo Jacinta, entre las muchas jaculatorias que el Padre Cruz nos sugirió, escogió la de: ¡Dulce Corazón de María, sé la salvación mía! A veces, después de decirla, añadía con aquella sencillez que le era propia: -¡Me agrada tanto el Inmaculado Corazón de María! ¡Es el Corazón de nuestra Madrecita del Cielo! ¿A ti no te gusta decir muchas veces: Dulce Corazón de María, Inmaculado Corazón de María? ¡Me agrada tanto, tanto!...

A veces cuando recogía flores del campo, cantaba en ese momento con una música inventada por ella: ¡Dulce corazón de María, sé la salvación mía! ¡Inmaculado Corazón de María, convierte a los pecadores, libra a las almas del infierno!” 

Hasta el mes que viene.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (VI)

ORACIÓN Y SACRIFICIO EN CUARESMA. (Segunda parte)

Estimado amigo lector, buen día. Vamos a completar las reflexiones iniciadas en la entrega anterior.

-SACRIFICIO: Para lo que hoy te propongo meditar es necesario que recordemos brevemente la primera aparición de la Virgen (en otras entregas hablaremos con más detalle).

Esta mañana nos encontramos en un campo, en las afueras de Aljustrel, llamado Cova de Iria, propiedad de los padres de Lucía; allí vemos a los tres niños pastorcitos, de rodillas frente a la famosa Encina de las apariciones; escuchamos pronunciar a Lucía unas pocas palabras, son las siguientes: "Sí, queremos"; pero… ¿a qué se refiere? Si leemos el Diario de la Hermana Lucía podremos esclarecer lo sucedido.

 

La frase de Lucía es la respuesta libre y generosa que la pequeña hizo en nombre de los tres niños a una pregunta formulada por la Santísima Virgen. El diálogo fue el siguiente: pregunta la Virgen:

- ¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de suplica por la conversión de los pecadores?

Y Lucía responde:

- Sí, queremos.

 

De este simple, pero a la vez sublime y trascendente acto, podemos sacar una buena enseñanza. Primeramente consideremos la pregunta formulada por la Virgen, que también se dirige a nosotros: "¿queréis ofreceros  a Dios, para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros…?"

Puede ser que tú digas libremente NO, no quiero. Pero déjame seguir con lo que quiero expresar. Estamos en el santo tiempo de la Cuaresma, en el que habitualmente se sugieren ciertas prácticas de sacrificios y mortificación para expiar los pecados cometidos por nosotros mismos, por el mundo entero, como así también para reparar las ofensas cometidas contra la bondad Divina; en vistas a prepararse adecuadamente para la celebración de la Pascua.

Los que abrazan tales prácticas, suelen proponerse, durante el día, algunas mortificaciones: dormir sin almohada, tomar café o té sin azúcar, ayunar varios días, usar cilicio, etc, etc. Todas son prácticas muy loables, y están permitidas por la Iglesia, si se realizan con las debidas moderaciones.

Pero volvamos a la pregunta de la Virgen, específicamente cuando dice: "...soportar los sufrimientos que Él quiera enviaros…", querido amigo, es aquí donde quiero que nos detengamos. Aquí Nuestra Señora habla de aceptar los sufrimientos que Dios quiera enviarnos, según su Voluntad y siempre para nuestro bien.

Las penitencias que citamos anteriormente, como el ayuno, son puestas y programadas por nosotros mismos, según nuestro parecer, y según nuestras posibilidades. Pero la Virgen hace mención de lo que Dios mismo quiera enviarnos, por ejemplo: cuando estamos abocados a una buena lectura y sucede que alguien cercano necesita de nuestra ayuda; o cuando has decidido pasar la tarde del sábado lavando muy bien el coche y resulta que tu hijo quiere que lo ayudes con su tarea: realmente no quieres, quieres lavar el auto porque te gusta; también puede suceder que quieres este fin de semana salir con tu esposa o tu esposo a tomar un café y te dicen que mejor tomar un helado, y te molesta mucho que te contradiga y quieres sí o sí tomar ese café; en alguna oportunidad puede suceder que tienes un día espléndido, todo te sale como has planeado, pero de pronto un accidente te desconcierta, transforma en un segundo toda tu vida, etc., etc. Son éstas preciosas ocasiones, con una riqueza única, pues en estos casos hacemos una buena penitencia venciéndonos a nosotros mismos, muriendo a nuestro gusto, renunciando a nuestro plan, para abrazar este pequeño o gran sacrificio, ya no según mi plan, parecer o conveniencia, sino el sacrificio inesperado que Dios me envía.

 

Nos despedimos hasta la próxima publicación. Y recuerda rezar diariamente el Santo Rosario, e invitar a otros a rezarlo.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (V)

ORACIÓN Y SACRIFICIO EN CUARESMA.

Estimado lector, buen día. Antes de empezar con el tema de hoy quiero agradecerte por dedicar un poco de tu precioso tiempo para leer estas humildes reflexiones: muchas gracias y que Dios te bendiga y la Santísima Virgen, a quien tenemos el honor de dedicar estos capítulos, te ampare.

En este día vamos a hacer un paréntesis en el relato que venimos haciendo, y tocaremos dos puntos que son importantes para vivir en este tiempo de Cuaresma que estamos transitando. Y ya que hoy comienza la semana quinta de este tiempo, también llamada de pasión, no queremos dejar pasar más tiempo para considerar, a los ojos de Fátima, estos dos aspectos: la oración, y el sacrificio.

 

-I- ORACIÓN: para meditar en este punto te invito a que demos un paseo por las calles de Aljustrel. Como es un pueblo muy pequeño, pronto llegamos a la casa de Lucía. Como hemos hecho otras veces, llamemos a la puerta para ver si alguno abre. Doña María Rosa, la mamá, nos hace pasar; encontramos a los pastorcitos en el fondo del patio, en el pozo que tiene la familia. Están postrados por tierra, rezando con tal devoción que parecen ángeles; ¿qué ha pasado? Si leemos el hermoso libro de las memorias de la Hermana Lucía podremos esclarecer nuestras dudas. Dice Lucía: “…en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta, a la que llamábamos Arneiro… De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel (se trata de la segunda aparición del ángel en 1916, de la que hablaremos con más detalle más adelante), como me parece que era, y dijo: -¿Que hacéis? rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios”. Inmediatamente dejaron sus juegos y comenzaron a orar con gran devoción.

 

Aquí podemos sacar la primera enseñanza: los pequeños estaban jugando, se divertían con juegos simples e inocentes; no hay nada de malo que se diviertan de esa manera, pero de pronto una voz del cielo los interpela: “¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho.” Y esta misma pregunta nos la hace nuestro Ángel de la Guarda a cada uno de nosotros, “¿Qué hacéis?”, cuando pasamos horas en conversaciones inútiles, cuando perdemos el tiempo cuidando excesivamente nuestro cuerpo, no por salud sino por vanidad; “¿qué hacéis?”, cuando malgastamos el tiempo frecuentando ambientes o personas que son potencialmente malas para la vida del alma, cuando nos pasamos innecesariamente horas frente al televisor o la computadora, conectados a sitios o páginas que, en muchos casos, no tienen nada de cristiano; “¿Qué hacéis?”; etc., etc., y podríamos seguir poniendo ejemplos. ¿Qué hacemos cuando hacemos esto?: perdemos el tiempo, lo malgastamos, y lo que es peor, le quitamos tiempo a la oración. Recordemos cómo el Ángel terminó la frase con estas palabras: “Rezad, rezad mucho”.

Podemos ver hoy que la humanidad está hambrienta, está sedienta de oración; hay mucho sufrimiento, mucho dolor, mucho rechazo a Dios, y lo que es más grave: muchas almas se condenan; y nosotros… ¿seguiremos perdiendo el tiempo?

 

Querido amigo, recemos, recemos mucho, especialmente el Santo Rosario, hagamos un buen examen de conciencia en esta cuaresma, y erradiquemos de nuestras vidas tantas horas muertas en frivolidades y démosle vida con la oración.

Querido lector, dejaremos para la próxima entrega, que será el día martes 15, la reflexión sobre el sacrificio.

Hasta la próxima, gracias por tu atención, y encomendémonos a los Tres Niños Pastorcitos para que nos enseñen hacer verdadera oración.