Necesidad del examen de conciencia

 

San Bruno 01  39

San Bruno rezando

"Todas las noches, antes de entregarte al sueño, llama a juicio a tu conciencia, pídele cuentas muy exigentes de las decisiones malas que hayas tomado durante el día..., arráncalas, destrózalas, y castígate por ellas" (S. Juan Crisóstomo). La conveniencia de este ejercicio y el provecho que lleva consigo para la virtud cristiana, lo prueban los maestros más autorizados de la vida espiritual con admirables advertencias y consideraciones. Citaremos a este propósito unas instrucciones de San Bernardo: "Como investigador diligente de tu pureza de alma, pídete cuenta de tu vida en un examen de cada día, averigua con cuidado en qué has ganado y en qué has perdido... Procura conocerte a ti mismo. Pon todas tus faltas delante de tus ojos, ponte frente a ti mismo como delante de otro; y luego duélete, de ti mismo".

Consecuencias de no hacer examen. 
Sería una vergüenza que en esto se cumplieran las palabras de Jesús: Los hijos de este siglo son más avisados que los hijos de la luz. Salta a la vista con qué cuidado administran sus negocios, la frecuencia con que revisan sus gastos y sus ingresos, la atención y el rigor con que llevan sus cuentas, cómo les duelen sus pérdidas y el enorme empeño que ponen en recuperarlas. Y nosotros quizá no pensamos más que en buscar honores, aumentar nuestro patrimonio, hacernos un nombre famoso por medio de la ciencia, descuidando con enorme negligencia el negocio más importante y más difícil: el de nuestra propia santificación. Apenas si de tarde en tarde nos recogemos en nuestro interior para examinar nuestra alma y, así, se va llenando de hierbajos como la viña del perezoso de la Escritura: He pasado por las tierras del perezoso y por la viña del necio, y he visto que las espinas las habían invadido y su cerca de piedras estaba destruida.

Y el peligro es tanto mayor cuanto que los malos ejemplos, perjudiciales para la virtud del mismo sacerdote, se multiplican a su alrededor, por lo cual es necesario vivir cada día más vigilantes y resistir con mayor esfuerzo. La experiencia demuestra que quien hace con frecuencia examen de sus pensamientos, de sus palabras y de sus obras, tiene más fortaleza para odiar el mal y huir de él, y también más ardor y celo para el bien. También la experiencia demuestra a cuántos inconvenientes y peligros está expuesto el que se niega a acudir a este tribunal, en el que la justicia se sienta para juzgar y al que la conciencia acude como reo y como acusador. Sería inútil buscar en él esa mesura que tanto necesita el cristiano y que lleva a evitar hasta los más leves pecados, esa firmeza de alma, tan propia de un sacerdote y que le hace sentir horror hasta por la más pequeña ofensa a Dios. Es más, esta dejadez y este abandono llegan a veces hasta el punto de descuidar incluso el Sacramento de la penitencia, el mejor medio que Jesucristo Nuestro Señor, en su infinita misericordia, ha puesto al alcance de la debilidad humana.

Fuente: S. Pío X, Haerent Animo, Constitución Apostólica del Papa San Pío X sobre la santidad del clero

El Buen Pastor (IV)

 

El buen Pastor 08  23

«Tengo también otras ovejas... las cuales debo Yo recoger.» Dulce y consoladora promesa, que se ha realizado ya en ti, alma amiga, y continuará realizándose en tantísimos descarriados, mientras duren los siglos, ya que Jesús no deja nunca de ejercer su oficio de Buen Pastor. Ruega por ellos y alégrate por tu suerte. Repleta de ese gozo en el Espíritu Santo, canta con la Iglesia: «Toda la tierra está llena de la misericordia del Señor. ¡Aleluya! Regocijaos, pues, justos en el Señor.»

Esa alegría santa pedirás también como fruto particular de esta meditación. Ruega al Señor con la Iglesia: «Oh, Dios, que con la humillación de tu Hijo elevaste al mundo abatido; concede a tus fieles una perpetua alegría, para que hagas gozar de una felicidad sin fin a los que libraste de los peligros de la muerte eterna.»

Pensamiento para la Comunión 
Conozco a mis ovejas. «El término cognoscere significa algo más que tener conocimiento.Confiar, comprender, amar, vivir por el otro, ser uno con él: todos estos conceptos encierra aquella palabra. Cristo quiere decir: Yo estoy íntimamente unido con los míos, soy uno con ellos. La unidad en la Trinidad es el modelo de esta unión. ¿En dónde, entonces, llega a ser esa unión más íntima y profunda que en el partir el pan de la Eucaristía?». (Parsch, Pius.)

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

El Buen Pastor (III)

 

El buen Pastor 07  22

«Doy mi vida por mis ovejas.» El Divino Pastor confirma con su sangre el amor que profesa a su grey. «El linaje humano había equivocado su camino y caído en las zarzas y espinas del pecado; y Cristo, revestido del ropaje de nuestra naturaleza, anduvo en su busca. Las espinas las recogió y colocó en sus sienes, y con el cayado de la cruz en su mano dirigiose hacia la oveja perdida en el desierto, tomándola y poniéndola amorosamente sobre sus hombros. Expuso su vida por ella; y esto no sólo en el momento de su muerte; toda su vida estuvo dedicada y lo está aún ahora a devolver al aprisco a la oveja extraviada.» (Parsch, Pius)

¿Qué más pudo hacer el Buen Pastor que no lo hiciera? Con su muerte en la Cruz ha dado el último toque a mi corazón. Mi amor ya no puede pertenecer a otro que a Él. Todos cuantos fuera de Jesús exigen mi afecto, mercenarios son, a quienes no interesa mi bien, sino su provecho y egoísmo; pobres mendigos como yo, que en la hora del sacrificio tal vez me dejen en mi soledad, como huyendo del lobo; y si no me abandonan, si son fieles hasta en el día del dolor, estarán allí como los amigos de Job, en silencio, sin poder dar alivio alguno a mis penas. ¿Por qué, pues, busco afectos fuera de Aquel que murió por mí? ¿Por qué no acabaré de renunciar a toda amistad que no sea conforme con el querer de Jesús?

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

Siervo de Dios Carlo Acutis

 

Siervo de Dios Carlo Acutis 01  01

Siervo de Dios Carlo Acutis

Carlo Acutis, nace en Londres el 3 de mayo de 1991, hijo de padres italianos que se encontraban allí trabajando, pero que luego se trasladaron a Milán. Fue bautizado a los quince días de nacido. 

Desde que recibió la Primera Comunión, a los 7 años de edad, nunca faltó a la cita cotidiana con Jesús en la Santa Misa. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del Sagrario para adorar al Santísimo Sacramento. 
La Santísima Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el Santo Rosario; adicionalmente, tenía como modelos de santidad a los pastorcitos de Fátima, advocación por la que sentía un afecto especial.

La infancia de Carlo transcurre como la de cualquier otro niño, disfrutando de sus amigos y de los juegos. Era hijo único y siempre trataba de compartir con sus compañeros de la escuela sus tiempos de diversión. 
Su adolescencia fue signada por su fe y devoción. La innovación y la actualidad de Carlo se manifestaban en su pasión por las computadoras, la programación de ordenadores, pasando por el montaje de películas y la creación de sitios web; también leía textos de ingeniería informática, comprendiéndolos de tal manera que dejaba a todos estupefactos. 
Este don lo ponía al servicio del apostolado. Conjugaba perfectamente su afición por la tecnología, con su profunda vida eucarística y devoción mariana, lo que contribuyó a que muchos sintiesen gran admiración y cariño por él. Había entendido el verdadero valor de la vida como Don de Dios, y como respuesta dada a Jesús nuestro Señor día a día en simplicidad.

Su gran generosidad lo hacía interesarse siempre por el prójimo, ayudando y colaborando con cualquiera que pudiera estar necesitando su servicio. "Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito -solía decir- el Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera”. Suya es también aquella conocida frase: "Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias". Para dirigirse hacia la meta celestial y no "morir como fotocopia", Carlo situaba en el centro de su vida a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía que llamaba "mi autopista hacia el Cielo". Dedicaba buen tiempo a la oración frente al Sagrario, sin que ello le implicase cansancio o aburrimiento; al contrario, el Señor le educó allí, fortaleciendo su alma para vivir con paz y fe firmísima los momentos de dolor que le sobrevendrían más adelante.

A sus 15 años de edad se le diagnostica leucemia fulminante. Ofreció los sufrimientos de su enfermedad por la Iglesia y el Papa, y cuando el médico le preguntaba por sus dolores, el virtuoso joven respondía: "¡Hay gente que sufre mucho más que yo!" 
Así, falleció el 12 de octubre de 2006; a su favor se apuntaba un testimonio de vida auténticamente cristiana. Sus restos reposan en el cementerio de Asís. Reconocidas sus virtudes heroicas, Carlo ha recibido el título de "Siervo de Dios" y se espera la comprobación de milagros atribuidos a su intercesión, para ser canonizado por la Santa Sede.

Fuente: Peregrinando, Calendario mensual - Peregrinos de la Eucaristía

Beata Chiara Badano

 

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Beata Chiara Badano

«¡Jóvenes, no tengáis miedo a ser santos! ¡Volad a gran altura!». Este llamamiento que lanzó el Papa Juan Pablo II en agosto de 1989, durante las Jornadas Mundiales de la Juventud de Santiago de Compostela, resonaba en el corazón de Chiara, una joven italiana de dieciocho años. Desde su habitación de enferma seguía el acontecimiento por televisión y ofrecía sus sufrimientos por los jóvenes. Veintiún años después, el 3 de octubre de 2010, desde Sicilia, el Papa Benedicto XVI la presentaba como ejemplo: «El sábado pasado, en Roma, fue beatificada Chiara Badano… que falleció en 1990 a causa de una enfermedad incurable. Diecinueve años llenos de vida, de amor y de fe. Dos años, los últimos, llenos también de dolor, pero siempre en el amor y en la luz, una luz que irradiaba a su alrededor y que brotaba de dentro: de su corazón lleno de Dios».

El 29 de octubre de 1971, tras once años de matrimonio, Ruggero y María Teresa Badano ven por fin cómo se cumple su deseo más íntimo, con la llegada de su primer y único hijo: Chiara, nacida en Sassello, pueblecito de Liguria, más arriba del golfo de Génova. «Cuando llegó –dirá su padre–, nos pareció enseguida un don. Se lo había pedido a la Virgen en un santuario de nuestra diócesis. Esa hija completaba nuestra unión». Su madre añadirá: «Crecía bien y sana, y nos daba mucha alegría. Pero sentíamos que no era solamente nuestra hija. Era ante todo hija de Dios, y debíamos educarla así, respetando su libertad». Mientras Ruggero surca Italia al volante de su camión, María Teresa deja su empleo para dedicarse a la educación de su hija: «Comprendí –dirá– lo importante que era permanecer constantemente junto a los hijos, no en el sentido estricto de la palabra, sino siendo madre, es decir, amando, y enseñándoles a amar».

Chiara es una niña normal, alegre y sociable, pero dotada de un fuerte carácter. Sus padres promueven el diálogo y el afecto, pero también saben pedir algunas renuncias, por miedo a que la pequeña se haga caprichosa: «Éramos conscientes del riesgo –dirá su madre–, por eso quisimos dejar las cosas claras desde los primeros años. No perdíamos ocasión alguna de recordarle que tenía en el Cielo a un Papá más grande que nosotros dos». 
Participa en la Misa casi todos los días, medita, reza el Rosario y pone a Dios en primer lugar. A los doce años, escribe a la fundadora de los focolares: «He descubierto que Jesús abandonado es la clave de la unión con Dios…”. Chiara ofrece sus pequeñas cruces diarias en unión a la de Jesús, y se compadece activamente de las de sus allegados. Así, toma la iniciativa de pasar mucho tiempo con una vecina mayor y sola, o de velar toda una noche a sus abuelos enfermos. 
La joven posee una hermosa voz, ama la música, la danza y el deporte. No le gusta hablar de ella. Tiene una mirada pura y limpia, una sonrisa abierta y sincera. Sin embargo, no se enorgullece de su belleza física. Siente más bien apuro cuando la adulan o le hacen halagos. Lo que para ella cuenta es ser ordenada y limpia, «hermosa por dentro». El muchacho que un día, en un autobús, osa realizar un gesto inapropiado, recibe una bofetada magistral. Está educada en familia por el respeto del pudor y delicadeza de conciencia en materia de castidad.

Hacia finales del verano de 1988, Chiara está aquejada de un osteosarcoma, modalidad especialmente dolorosa de cáncer de huesos, pero siempre conserva su maravillosa sonrisa y su atención por los demás. Repite constantemente su “sí” a Jesús abandonado, cuya imagen guarda cerca de la cama: «Si tú lo quieres, Jesús, ¡yo también lo quiero!»... A veces reconoce: «Resulta difícil vivir el cristianismo hasta el final… pero es la única manera… no hay que desperdiciar el dolor, pues tiene sentido si se da como ofrenda a Jesús». 
Se apaga apaciblemente el 7 de octubre de 1990, rodeada de sus padres. Todavía no ha cumplido diecinueve años. Sus últimas palabras son para su madre: «Ciao (“adiós”), sé feliz, porque yo lo soy», y después estrecha la mano de su padre. Entonces, los padres se arrodillan, rezan el Credo y añaden: «Dios nos la ha dado y Dios nos la ha quitado, ¡bendito sea su santo nombre!».

Fuente: Dom Antoine Marie, Cartas Espirituales, Abadía San José de Clairval.

Santa Gianna Beretta Molla

 

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Santa Gianna Beretta Molla

Hoy celebramos la memoria de S. Gianna Beretta Molla, cirujana y pediatra que entregó libremente su vida por salvar a su hija, al optar por no someterse a un tratamiento de cáncer que hubiera matado a la criatura. 
Nació en Magenta (provincia de Milán) el 4 de octubre de 1922, en una familia católica, con 13 hermanos. Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, realiza un generoso apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Habiendo recibido el título en Medicina y Cirugía en 1949, abre en 1950 un ambulatorio de consulta. En 1952 se especializa en Pediatría. 
En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres. Su trabajo profesional, que considera como una misión (decía: “Como el sacerdote toca a Jesús, así nosotros los médicos tocamos a Jesús en los cuerpos de nuestros pacientes”), no le impide dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas. Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para recrearse ante el encanto de la creación. También le gusta tocar el piano y escuchar conciertos.

Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones para conocer la voluntad de Dios. Ve que Dios la llama al matrimonio y, llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana. Conoce al ingeniero Pietro Molla, y el 24 de septiembre de 1955 contraen matrimonio. 
En noviembre de 1956, Gianna da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En 1957 a Mariolina, y en 1959 a Laura. Gianna armoniza con simplicidad y equilibrio sus deberes de madre, de esposa y de médico. 
En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo de su cuarto hijo, tiene grandes dolores. Le diagnostican un cáncer en el útero. Es necesario operarla. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias a Dios y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo, y con plena dedicación a sus deberes de madre y médico; orando y aceptando lo que el Señor quisiera de ella. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

Antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar a la criatura: “Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid la suya. Salvadlo. Lo exijo.” La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. Decía: “¡Si supieras qué diferente se juzgan las cosas a la hora de la muerte!... Qué vanas parecen ciertas cosas a las que dábamos tanta importancia en el mundo”. 
Pasó una semana de indecibles dolores y murió santamente el 28 de ese mes de abril, repitiendo la jaculatoria “Jesús, te amo; Jesús, te amo”. Tenía 39 años. 
Se le había recomendado el aborto. Al negarse, murió al desarrollarse una peritonitis séptica muy dolorosa. Como médico, sabía muy bien la realidad, pero prefirió morir por salvar a su hija. 
S. Juan Pablo II la beatificó el 24 de abril de 1994, dentro del año internacional de la familia. El milagro que dio paso a su canonización fue el concedido a Elisabete Arcolino Comparini. Con tres meses de embarazo, perdió todo el líquido amniótico. Ella y su esposo le pidieron a la B. Gianna y la niña nació bien en mayo de 2000; la llamaron Gianna María. El nacimiento es científicamente inexplicable. La canonizó S. Juan Pablo II el 16 de mayo de 2004. Es patrona de las mujeres embarazadas y de los movimientos pro-vida.

Fuente: Cfr. “Los días con Dios”, revista del Centro de difusión de la Buena prensa.

Lecciones de la resurrección del Señor

 

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Santo Tomás nos señala cuatro lecciones que debemos tomar de la resurrección del Señor:

«En primer lugar, que hemos de aplicarnos a resucitar espiritualmente de la muerte del alma, en la que incurrimos por el pecado, a la vida de justicia, que se adquiere por la penitencia. Dice el Apóstol en Ef 5, 14: "Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará". Y esta es la primera resurrección. Apoc 20, 6: "Bienaventurado el que tiene parte en la primera resurrección".

En segundo lugar, que no hemos de diferir para la hora de la muerte el resucitar (del pecado), sino rápidamente, porque Cristo resucitó al tercer día. Eccli 5, 8: "No te tardes en convertirte al Señor, y no lo difieras de un día para otro", porque agobiado por la debilidad no podrás pensar en las cosas que pertenecen a la salvación, y también porque pierdes parte de todos los bienes que se hacen en la Iglesia, e incurres en muchos males por la perseverancia en el pecado. Además, el diablo, dice San Beda, cuanto por más tiempo posee, tanto más difícilmente deja.

En tercer lugar, que hemos de resucitar a una vida incorruptible, de tal suerte que no volvamos a morir, o sea, con tal propósito, que no pequemos más. Rom 6, 9: "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte no tiene ya señorío sobre él". Y más abajo (11-13): "Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus concupiscencias. Ni ofrezcáis vuestros miembros como armas de iniquidad al pecado, sino más bien ofreceos a Dios como quienes, muertos, han vuelto a la vida".

En cuarto lugar, que hemos de resucitar a una vida nueva y gloriosa, de tal suerte que desde luego evitemos todo aquello que antes haya sido ocasión y causa de muerte y de pecado. Rom 6, 4: "Así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva". Y esta vida nueva es la vida de justicia, que renueva el alma y la conduce a la vida de la gloria. Así sea.»

Fuente: Santo Tomás de Aquino, Comentario al Credo

Vivid la vida del cielo

 

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Tesoro en el campo

Puesto que hemos resucitado con Cristo, debemos buscar y saborear las cosas que son del cielo. Éramos hijos de los hombres y somos ahora hijos de Dios; no seamos, pues, insensatos amando la vanidad y buscando la mentira, porque muchos buscamos la mentira, ¿sabéis cómo? Buscando la felicidad donde no se puede encontrar. No hay quien no quiera ser feliz. Si alguien te viese cavar buscando el oro en un sitio donde no pudiera encontrarse, lo lógico es que te dijera: Cava en otra parte, que es donde está. Eso es lo que yo te digo: Buscas la felicidad, pues mira a Cristo, que ha venido a nuestra miseria, a tener hambre y sed y padecer mil tormentos; pero mírale y observa cómo al tercer día ha resucitado, porque terminó su trabajo y murió la muerte.

Eso es lo que debes buscar si quieres ser feliz, porque en esta vida no podrás serlo nunca del todo, pero en aquella región te espera lo que buscas. Por tanto, mientras languidecemos en esta carne corruptible, muramos con Cristo cambiando nuestras costumbres, y vivamos con Cristo en el amor de la justicia, esperando recibir la gloria de aquel que ha muerto por nosotros.

Fuente: San Agustín. Extraído de La Palabra de Cristo, colección Verbum Vitae, B.A.C.

La realidad de los santos

 

Todos los Santos 09  14

Todos los Santos

El santo sufre las mismas tentaciones que los demás hombres, y a veces mayores, porque se le prueba como en el crisol, porque debe hacerse rico en méritos, porque le espera una brillante corona en el cielo. En cualquier caso, tiene tentaciones, y difiere de los otros no en verse eximido de ellas, sino en estar preparado contra ellas. 
La gracia supera la naturaleza. La supera desde luego en todos los que se salvan, pues nadie contemplará después el rostro de Dios si ahora no renuncia al pecado. Pero los santos vencen con una determinación, un vigor y una prontitud particulares. Leéis así en sus vidas narraciones admirables de conflictos y victorias sobre el enemigo. Son como héroes de romance, llenos de nobleza, gracia y buen estilo. Sus acciones, hermosas como la ficción, son sin embargo tan reales como cualquier otro hecho real. Son actos que ensanchan la mente de todo ser humano con ideas que antes no apreciaba y que manifiestan al mundo entero lo que Dios puede hacer y lo que puede llegar a ser el hombre.

Los santos son muy diversos, y esta diversidad es una señal de la riqueza de Dios. Pero a pesar de sus diferencias y de la línea específica de su actividad, se han conducido siempre con heroísmo. Han logrado tal autodominio, han crucificado la carne y renunciado al mundo de tal modo, han sido tan humildes, compasivos, alegres, devotos, laboriosos y perdonadores de injurias, han soportado tantos dolores y perseverado en trabajos tan grandes, que nos ofrecen un paradigma incuestionable de magnanimidad, verdad y amor.

Fuente: John H. Newman, Discursos sobre la fe.

En la resurrección nos veremos

 

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Sargento Cisneros

Al cumplirse mañana 25 años del inicio de la gesta de Malvinas, queremos ofrecer una muestra del verdadero espíritu que animó a nuestro soldados, espíritu tantas veces negado o deformado. Recordar y meditar los elevados ideales que los impulsaron es lo que hará dar frutos permanentes a su abnegado sacrificio. 
Presentamos a continuación un extracto del relato del My (R) Jorge Manuel Vizoso Posse, en el que describe sus últimos diálogos con el Sargento Mario Antonio “El Perro” Cisneros, caído en combate el 10 de junio de aquel 1982.

Las horas pasaban con lentitud insoportable. Le revelé al Sargento a la luz de la luna, que tenía un pedazo de chocolate, al que trocé con sentido equitativo por la mitad, y le extendí una parte:

- Gracias, mi Teniente Primero -me agradeció con voz ronca por el prolongado silencio, y continuó- le agradezco mucho, con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece muy admirable que comparta usted conmigo.
- Los comandos debemos ser como los mosqueteros, “uno para todos y todos para uno”, compartirlo con usted, me permite comer a mí también -le confesé, sonriendo y quitándole importancia al hecho.
- Aunque a Usted le parezca mentira, le tengo mucho aprecio. Mi familia conoce la suya, son de buena semilla. Se lo digo de todo corazón, en estas circunstancias no caben las obsecuencias -dijo el Sargento en tanto saboreaba goloso el chocolate.
- Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos nuestros sentimientos respecto de su familia. Sabemos que son hombres de palabra -comenté con complacencia.
- Nosotros al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad. Usted me permitió que tenga la ametralladora, no se arrepentirá de habérmela dejado. Estoy muy contento por su generosidad- agregó el suboficial.
- Nosotros somos personas simples, estamos en peligro de muerte, aquí las cosas que tienen valor son las espirituales. No quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis mezquindades -contesté.
- Tiene razón, yo pienso de igual manera, lo único que me interesa es mantener aun a costa de mi vida, mis ideales de Dios, Patria y Familia. (Yo entonces, no sabía que el Sargento había escrito a su familia una última carta que confirma sus ideales y que los mantuvo hasta su muerte).
- Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad y la justicia, aun a costa del sufrimiento y sacrificio de nuestras vidas, porque la mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el suelo; pero cuando uno se encuentra en un lugar olvidado de Dios con un hombre que sé lo quilates que pesa, le llenan de fuerza para continuar la lucha. Ambos sabemos que las cosas no están bien. A pesar de ello, estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste -respondí con firmeza.
- Mi Teniente Primero, esas últimas palabras me resultan familiares. Se las puse a mi familia en mi última carta -me interrumpió.
- Usted es famoso por su perseverancia y fidelidad a sus principios, por eso le dicen “El Perro”. Sé que esta noche no será fácil para nosotros... pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no creemos en la resurrección, donde los que compartimos nuestros ideales cristianos nos volveremos a ver. Allí, separados de nuestras imperfecciones y corrupciones, harán que las cruces y pesares de esta vida, valgan la pena soportarlos -le declaré con convicción.
- ¡En la resurrección nos veremos, mi Teniente Primero! -respondió él con convicción y confianza.

-¡En el encuentro con la Divinidad!