Imitar la vida de Cristo (IV)

 

Cristo Coronado de espinas 02  05b

Extractos del libro La imitación de Cristo.

Vano es el que pone su esperanza en los hombres o en las criaturas. No te avergüences de servir a otros por amor de Jesucristo y parecer pobre en este mundo. No te confíes de ti mismo, mas pon tu parte y Dios favorecerá tu buena voluntad. No confíes en tu ciencia, ni en la astucia de ningún viviente, sino en la Gracia de Dios, que ayuda a los humildes y abate a los presuntuosos.

Si tienes riquezas no te gloríes en ellas, ni en los amigos, aunque sean poderosos; sino en Dios que todo lo da, y sobretodo desea darse a sí mismo. No te alucines por la lozanía y buena disposición de tu cuerpo, que con una pequeña enfermedad se destruye y afea. No tomes contentamiento de tu habilidad o ingenio, porque no desagrades a Dios, de quien proviene todo bien natural que poseyeres.

No te estimes por mejor que los demás, porque no seas quizá tenido por peor delante de Dios, que sabe lo que hay en el hombre. No te ensoberbezcas de tus buenas obras, porque son muy distintos los juicios de Dios del de los hombres, al cual muchas veces desagrada lo que a ellos contenta. Si algo bueno hay en ti piensa que son mejores los otros, pues así conservarás la humildad. No te daña si te pospones a los demás, pero es muy dañoso si te antepones a solo uno. Continua paz tiene el humilde; mas en el corazón del soberbio hay emulación y saña muchas veces.

Fuente: Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, L. I, c. VII, ed. Lumen.

Imitar la vida de Cristo (II)

 

San Luis Gonzaga 03  05

San Luis Gonzaga

Extractos del libro La imitación de Cristo.

Todos los hombres naturalmente desean saber, ¿más qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios? Por cierto, mejor es el rústico humilde que le sirve, que el soberbio filósofo que dejando de conocerse, considera el curso de los astros. El que bien se conoce tiénese por vil y no se deleita en loores humanos. Si yo supiese cuánto hay que saber en el mundo, y no tuviese caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzga según mis obras?

Cuanto más y mejor entiendas, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente. Por esto no te envanezcas si posees alguna de las artes o ciencias; sino que debes temer del conocimiento que de ella se te ha dado. Si te parece que sabes mucho y bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. No quieras con presunción saber cosas altas; sino confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios que tú en la ley? Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.

El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo, es altísima y doctísima lección. Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada. Si vieres a alguno pecar públicamente, o comentar culpas graves, no te debes juzgar por mejor que él, porque no sabes hasta cuando podrás perseverar en el bien. Todos somos frágiles, mas a nadie tengas por más frágil que tú.

Fuente: Tomás de Kempis, La imitación de Cristo

Triple confesión de amor

Acabada la frugal comida que el mismo Señor había preparado a los Apóstoles después de la pesca milagrosa, se puso a pasear con ellos junto a la ribera del lago de Tiberíades, y deteniéndose de pronto, se vuelve a Pedro y le dice: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Le respondió Pedro: Sí, Señor, Tú sabes que te amo. Le dice Jesús: apacienta mis corderos. Le dice por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Responde Pedro: Señor, Tú sabes que te amo. Le dice Jesús: Apacienta mis corderos. Le dice por tercera vez: ¿Me amas? Pedro se entristeció porque le preguntara por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas. (Ju 21, 15).

 

Considera atentamente estas palabras del Evangelio. Quería el Señor constituir a Pedro jefe supremo de su naciente Iglesia. ¿Y qué hace? Con una delicadeza verdaderamente divina le examina acerca del amor que le profesa. Ya en otra ocasión, en premio de la hermosa confesión que hizo Pedro de la divinidad de Cristo, le había dicho Jesús: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. La fe le hizo entonces roca inconmovible de la Iglesia; la caridad debe hacerle ahora Pastor supremo de la misma. Por eso le pregunta Jesucristo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?

 

Y no se contenta Jesús con preguntárselo una vez; hasta tres veces le hace la misma pregunta. ¿Qué pretendía el Señor con esto? Que Pedro reparase con las tres confesiones de amor las tres negaciones que había hecho. Y como éstas nacieron de soberbia y presunción, anteponiéndose a los demás, así las tres confesiones de amor fueron acompañadas de gran humildad, no atreviéndose a decir que le amaba más que los otros, sino solamente que le amaba, y aun con eso mismo estaba temeroso y no se fiaba de lo que él creía, sino que lo remitió a la ciencia de Cristo, diciendo: Tú sabes que te amo. Y la tercera vez se entristeció con humildad, temiendo que supiese el Señor algo en contra de lo que él sentía, y así dijo: Señor, Tú sabes todas las cosas y si es verdad lo que digo.

¡Qué distinto es este Pedro del de la noche de la Pasión!... Sus debilidades y faltas pasadas le han hecho humilde y desconfiado de sí mismo. Y tan pesaroso está del escándalo que dio a sus hermanos, que aprovecha gustoso la ocasión de repararlo con esta triple confesión de amor.

 

¿Has imitado a Pedro en su presunción y soberbia, negando con tus obras a Cristo, sobreponiéndote a los demás y desedificándolos con tus tibiezas e infidelidades?... Imítale también en su humildad y en su amor a Cristo, desconfiando siempre de ti mismo, reconociendo a los demás como superiores y reparando con tu fiel observancia el escándalo y desedificación que les hayas dado.

Fuente: P. Saturnino Osés, S. J., Horas de Luz