Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (I)

 

Izamiento en Moody Brook 01 01

Izamiento en Moody Brook

Hoy es el día de la Bandera y la Bandera es el símbolo de esa realidad que amamos y por la cual rogamos, que es la Patria. El símbolo es aquello que representa algo. Es algo que puede ser constituido por los hombres, pero sin embargo es una cosa muy seria. Nos basta pensar solamente que la cruz es el símbolo de nuestra Fe cristiana y católica, y nos hace referencia a la tragedia del pecado y al amor inmenso de Cristo que muere en la cruz para salvarnos. 
La cruz antes de Cristo era un símbolo de ignominia, era la peor condena que se podía dar a los delincuentes, pero cuando Cristo muere en la cruz cargando sobre sus espaldas nuestros pecados -Cristo muriendo en la cruz nos salva- la cruz se transforma en el símbolo de la salvación. Y cuando nosotros miramos una Cruz, a través de ella adoramos a Dios y nosotros hacemos sobre nosotros mismos la Señal de la Santa Cruz. La Cruz es un símbolo y es una cosa seria, es una cosa sagrada, representa a Cristo, la Fe de Cristo, nuestra condición de cristianos. La señal del cristiano es la Santa Cruz, aprendíamos en el Catecismo.

Y así como la Cruz es símbolo de la Fe de la Iglesia de Cristo, la Bandera es un símbolo de esa realidad humana que Dios quiso para nosotros que es la Patria. Es un símbolo, y un símbolo que está por encima de cualquier otro símbolo. Muchas veces hemos afirmado aquí que la Patria está por encima de las divisiones de clases y de las divisiones de partidos y de cualquier otra división. Porque el Bien Común de la Patria está por encima, tiene que estar por encima de todos los intereses particulares. 
Puede haber símbolos que enfrentan a los hombres, que los distinguen, que los dividen. Los hombres se dividen a veces por banderías políticas y tienen un símbolo que los distingue; a veces hasta en el deporte, los colores, el escudo, el distintivo, es un símbolo que está representando a ese club. Pero por encima de los distintos colores de boinas o de distintivos políticos, por encima de las diversas camisetas de los clubes, por encima de todos aquellos símbolos de realidades menores, está la Bandera que es el único símbolo que une a todos los argentinos en una empresa común, en la cual Dios nos quiere. Y esa empresa común es la Patria.

Decíamos que el símbolo es algo que hacen los hombres. Pero los hombres para hacerlo tienen algún motivo, y... ese símbolo que ha sido elegido pudo a lo mejor ser de otro color, de otra forma, pero ese símbolo que ha sido elegido se une a la historia de una Patria. Y van pasando los siglos, los años, va pasando el tiempo y ya no se puede decir de ese símbolo: “se puede cambiar”, “es sólo un pedazo de trapo”, “es algo que podría ser distinto”. No. ¿Por qué? Porque cuando ese símbolo ha pasado a ser el distintivo de una Nación y de una historia, ese símbolo de alguna manera va siendo consagrado por los hombres. Por los hombres en el cual mirándolo se reconocen, por los hombres que han derramado su sangre para defender ese símbolo sabiendo que defendían a la Patria, por los hombres que han prestado por generaciones y generaciones el juramento, por los que han sentido un día en su corazón la emoción al ver la Bandera que se iza en la mañana en el patio de la escuela, o en el mástil del cuartel. El símbolo que une a los argentinos por encima de cualquier otra cosa, el símbolo que, como decíamos, dependiendo de quienes han derramado su sangre, ya no es algo accidental, ya es algo importante, es algo que va unido de manera profunda a la historia de una Patria.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

 

Beato Francisco Castelló

 

Beato Francisco de Paula Castello 01  01b

Beato Francisco de Paula Castelló

Francisco nace en Alicante, el 19 de abril de 1914. Tenía sólo dos meses cuando murió su padre. Su madre, maestra, cristiana ejemplar y excelente educadora, se hizo cargo de la familia. Ella le impartió la enseñanza primaria en los diversos pueblos de su carrera de maestra nacional y murió cuando Francisco, el pequeño de sus tres hijos, había cumplido 15 años. A partir de entonces, una tía, hermana de su padre, hará de madre solícita de Francisco y sus hermanas Teresa y María. 
A los 12 años comenzó el bachillerato como alumno interno en los Maristas. En el Instituto Químico de Sarriá, dirigido por padres Jesuitas, obtuvo su licenciatura en Ciencias Químicas. En 1935 está ya en la ciudad de Lérida, trabajando como ingeniero químico en la fábrica Cros, S.A.

Contribuyó a perfeccionar su formación su asidua asistencia y participación activa en los actos de la Congregación Mariana de Lérida y de Barcelona, y en los de la Federación de Jóvenes Cristianos de España, que acabó siendo su asociación predilecta. También se ocupó del Movimiento Scout. 
En 1936, se comprometió con María Pelegrí Esquerda, Mariona, a quien amó profundamente. En este mismo año ingresó en el ejército de la República como soldado de complemento. Fue un buen soldado y no escondió su condición de cristiano. La guerra civil le sorprendió mientras realizaba el servicio militar. Consciente de la gravedad del momento, no quiso esconderse, sino ofrecer su juventud en sacrificio de amor a Dios y a los hermanos, dejándonos tres cartas, ejemplo de fortaleza, generosidad, serenidad y alegría, escritas antes de morir a sus hermanas, a su director espiritual y a su novia: “No puedo sentir pena alguna por mi suerte. Una alegría extraña, interna, intensa, fuerte, me invade. Quisiera hacerte una carta triste de despedida pero no puedo. Estoy todo envuelto en ideas alegres, como de un presentimiento de la gloria”.

En el momento del Alzamiento, fue arrestado por ser cristiano, pero se le ofreció la libertad si escondía su fe. Pasó en prisión dos veces; siempre estaba alegre, a pesar de los insultos de sus guardianes. En el juicio, como no lo pudieron acusar de nada político, le acusaron de ser católico y le condenaron a muerte. El presidente del tribunal dijo que podía defenderse y él respondió: “No hace falta. ¿Para qué? Si el ser católico es un delito, acepto muy a gusto ser delincuente, ya que la mayor felicidad que puede encontrar una persona en este mundo es morir por Cristo. Y si mil vidas tuviera las daría sin dudar un momento por El...” 
Antes de morir en el cementerio de Lérida dijo: “Os perdono a todos. Hasta la eternidad.” Luego, él y sus compañeros gritaron: “Viva Cristo Rey”. 
Fue fusilado y murió mártir de la fe católica el día 29 de septiembre de 1936, cuando contaba con 22 años.

Fuente: cf. santopedia.com

 

Beato Franz Jägerstätter

 

Beato Franz Jagerstatter 01  01

Beato Franz Jägerstätter

Franz Jägerstätter nació el 20 de mayo de 1907 en la aldea de St. Radegung, Austria, a pocos kilómetros de la frontera con Baviera. Durante su adolescencia y su juventud se distinguió por su alegría y vitalidad. A pesar de las tentaciones propias de su edad, permaneció siempre firmemente arraigado en los principios de la fe. Rezaba todos los días y recibía con frecuencia los sacramentos. En 1931 su padre, propietario de una granja, enfermó gravemente, y Franz se vio obligado a ocuparse de ella para mantener a la familia. En 1936 contrajo matrimonio con Franziska Schwaniger. Tuvieron tres hijas: Rosalía, María y Luisa. Los esposos eran católicos practicantes, profundamente devotos y recibían diariamente la sagrada Comunión.

Llamado a cumplir el servicio militar en 1943, en pleno conflicto mundial, declaró que como cristiano no podía servir a la ideología nazi y combatir una guerra injusta. Su vida y su elección reflejaban su radicalismo evangélico, que no admitía réplicas, sino que provocaba e interpelaba. El padre José Karobath, su párroco, tras una conversación con él pocos días antes de que lo reclutaran, escribió: “Me ha dejado sin palabras, porque tenía las argumentaciones mejores, se imponía siempre citando las Escrituras”. 
En el siervo de Dios se reflejaba su serenidad sufrida y su adhesión al significado pleno del mensaje evangélico: en él la coherencia era una señal distintiva, no por prejuicios ideológicos o por un pacifismo abstracto, sino porque manifestaba con sencillez y firmeza su fidelidad a los valores en los que creía. Ante el terror nazi, ante la oscuridad de las conciencias y el consiguiente olvido de Dios, Franz elevó su voz sin alardes, pero con gran valor, para defender a la Iglesia de la furia anticlerical y para anunciar con su ejemplo el amor al prójimo, hermano en Cristo y no un enemigo contra el cual combatir. 
A este propósito, son clarificadoras las palabras del cardenal Christoph Schönborn, o.p., arzobispo de Viena: “Considerar el martirio como una participación en el combate escatológico contra las fuerzas del poder no era simplemente una fantasía delirante de la Iglesia de los orígenes. Una figura tan límpida como la del mártir Franz Jagerstatter, campesino de Austria, nos permite comprender cuán actual es esta concepción. Su testimonio franco, que lo llevó a rechazar el servicio militar en el ejército del Reich de Hitler, desvela las fuerzas que aquí luchan entre sí”.

Franz fue procesado por insumisión por un tribunal militar reunido en Berlín, que el 6 de julio de 1943 lo condenó a muerte. Permaneció detenido desde marzo hasta mayo de 1943 en la prisión militar de Linz; desde allí fue trasladado a una cárcel en Brandeburgo, en espera de la ejecución de la sentencia. Quienes compartieron con él aquellos meses testimoniaron que soportó las pruebas con infinita paciencia, en particular el profundo dolor de la despedida de su esposa y de sus hijas. A su esposa envió una serie de cartas, en las que destaca continuamente su entrañable e inquebrantable amor a la familia, a la Iglesia y a Dios, así como su petición de perdón por todos los sufrimientos que podía haber ocasionado con su decisión de oponerse a la guerra. 
El 9 de agosto de 1943, poco antes de ser guillotinado, el P. Jochmann le administró los últimos sacramentos. Sus últimas palabras fueron: “Estoy completamente unido en unión interior con el Señor”. Fue beatificado el 26 de octubre de 2007; a la ceremonia asistieron su esposa de 94 años, sus hijas, nietos y bisnietos.

Fuente: vatican.va

Beato Luis Grozde

 

Beato Luis Grozde 01  01b

Beato Luis Grozde

Luis Grozde nació en la localidad eslovena de Gorenje Vodale en 1923. Era hijo de una madre soltera quien, cuando el niño tenía cuatro años de edad, se casó con un hombre, que fue un mal padrastro para el pequeño, por lo que tuvo que dejarlo al cuidado de una tía, trasladándose ella a otra localidad. Gracias a los sacrificios y cuidados de su tía, el pequeño Luis pudo recibir una buena educación en su pueblo natal y más tarde, en Lubiana, donde su propia tía se mudó a fin de seguir atendiéndolo y manteniéndolo con su trabajo. Se convirtió en un excelente estudiante apasionado por la lectura y con dotes para la poesía. 
En 1935 asistió a las celebraciones del Congreso Eucarístico y luego, llevado por unos amigos, ingresó en la Acción Católica. Se estableció un programa de oración, aceptó responsabilidades y utilizó los estudios como instrumento de apostolado. Cada día reza y comulga, participa en retiros y en diversas actividades. Enemigo de la mediocridad, su deseo es radical: ¡santo o nada!

Entre tanto la situación política de Yugoslavia se altera. Tras el conflicto de la Segunda Guerra Mundial viene el surgimiento del comunismo promovido por Tito y la posterior persecución a la fe católica. Los líderes de la Acción Católica y los sacerdotes son asesinados sólo porque se atrevieron a denunciar el peligro del marxismo. Luis es consciente de que es un blanco fácil para la persecución. Confía en el sacrificio de su vida a Cristo: “No quiero ser un hombre mediocre. Una tarea tan bella y sublime como la que propone la Acción Católica, vale la pena que sea vivida a cualquier precio”. 
El 1 de enero de 1943, al regresar de la Misa es detenido y acusado de propaganda contra el comunismo. Le hallaron un librito de la misa en latín, la Imitación de Cristo y un libro de la Virgen de Fátima. A lo largo de la noche fue torturado hasta la muerte. Su fama de su santidad ha crecido desde entonces. 
La causa de su beatificación fue introducida en 1992, y en 2010, S.S. Benedicto XVI procedió a la beatificación.

Fuente: santoral.es

Venerable Montserrat Grases

 

Montserrat Grases 01  01

Venerable Montserrat Grases

María Montserrat Grases García —Montse— nació en Barcelona, el 10 de julio de 1941. Fue la segunda de los nueve hijos de Manuel Grases y Manolita García. Después de cursar el bachillerato, que alternó con los estudios de piano, ingresó en la Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona. Le gustaban los deportes, la música, las danzas populares de su tierra —como las sardanas— y también disfrutaba actuando en obras de teatro. Tenía muchos amigos. 
Sus padres le enseñaron a tratar a Dios con confianza. En el hogar de los Grases, asimiló algunos de los rasgos distintivos de su carácter: la alegría, la sencillez, el olvido de sí y la preocupación por el bien material y espiritual de los demás. Con unas cuantas compañeras de su escuela, visitaba zonas pobres de la ciudad de Barcelona y daba catequesis a niños, a los que en ocasiones llevaba juguetes o caramelos. Tenía un temperamento vivaz, espontáneo, y sus reacciones a veces eran un poco bruscas, aunque sus familiares y profesores recuerdan que luchaba por dominarse y ser amable y jovial con todos. Sus padres la ayudaron a consolidar su vida espiritual y a luchar por vivir mejor las virtudes cristianas.

En 1954 Manolita animó a su hija Montse a frecuentar un centro del Opus Dei, Llar, que ofrecía formación cristiana y humana a chicas jóvenes. Poco a poco, se dio cuenta de que Dios la llamaba a este camino de la Iglesia y, el 24 de diciembre de 1957 —tras meditar, orar y pedir consejo—, solicitó ser admitida. A partir de entonces, se esforzó con mayor decisión y constancia en buscar la santidad en su vida cotidiana; en su lucha ascética puso en primer plano la contemplación de la vida de Jesús, la piedad eucarística, la devoción a la Virgen, una profunda humildad y el empeño por servir a los demás. También los partidos de baloncesto o de tenis eran para ella una ocasión de dedicarse al prójimo. Montse se esforzó por descubrir la voluntad divina en el cumplimiento de sus deberes y en el cuidado, por amor, de los pequeños detalles, y logró transmitir a muchos de sus parientes y amigos la paz que da vivir cerca de Dios.

Pronto empezó a sentir molestias en la pierna izquierda. Seis meses más tarde se descubrió que la causa era un cáncer (sarcoma de Ewing) en el fémur. Esta enfermedad le ocasionó dolores muy intensos, que aceptó con serenidad y con fortaleza. Mientras estuvo enferma, manifestó siempre una alegría contagiosa y una capacidad de hacer amigos que tenía origen en su amor por las almas. Acercó a Dios a muchas de sus amigas y compañeras de clase que iban a visitarla. Encontró a Jesús y a la Virgen en el dolor. Los que estuvieron cerca de ella fueron testigos de su progresiva unión con Dios y del modo en que Montse transformaba el sufrimiento en oración y en apostolado: en santidad. Una de sus amigas afirma que, cuando la veía rezar, palpaba su proximidad con Cristo. 
Murió el 26 de marzo de 1959, Jueves Santo, poco antes de cumplir los 18 años. Fue sepultada en el cementerio del Sudoeste de Barcelona. Numerosas personas manifestaron que su vida había sido heroica y ejemplar. Desde entonces, esta fama de santidad ha ido aumentando progresivamente, no solo en España sino en los cinco continentes. Fue declarada venerable el 26 de abril de 2016.

Fuente: opusdei.org

Venerable Isidoro Zorzano

 

Vble. Isidoro Zorzano Ledesma 01  01

Venerable Isidoro Zorzano

Isidoro Zorzano nació en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902. A los tres años se trasladó a Logroño (España). Durante su adolescencia conoció a S. Josemaría Escrivá en el instituto, quien también vivía en Logroño con su familia. En 1927 terminó sus estudios de Ingeniería Industrial y trabajó en un astillero de Cádiz y posteriormente en otros proyectos en Málaga (España). Fue entonces cuando comenzó a sentir una profunda inquietud espiritual.

Durante la Guerra Civil española asistió a muchas personas, proporcionándoles provisiones, alimentos y ayuda espiritual. Puso de manifiesto su amor a la Eucaristía: a pesar de las restricciones, proporcionaba a San Josemaría y a otros sacerdotes el pan y el vino para que pudieran celebrar la Misa en la clandestinidad, guardaba las sagradas formas para que comulgaran los refugiados y facilitaba a los conocidos la asistencia a la celebración eucarística. Para ayudar a todas esas personas, se amparaba en su condición de extranjero, precariamente documentada con su partida de nacimiento en Buenos Aires, pese al peligro que eso suponía porque podía ser arrestado y ejecutado en cualquier momento. Terminada la guerra, Isidoro trabajó en la Compañía Nacional de Ferrocarriles del Oeste. Además, San Josemaría lo nombró administrador de las obras de apostolado del Opus Dei. Desempeñó ese encargo con disponibilidad, humildad y sin perder la paz ante las dificultades económicas.

Isidoro meditaba detenidamente la vida de Cristo, acudía a la santísima Virgen con afecto filial, manifestaba su amor a Dios en el servicio a los demás y en el cuidado de las cosas pequeñas. 
A comienzos de 1943 le diagnosticaron una linfogranulomatosis maligna. Sobrellevó la dolorosa enfermedad con fortaleza y abandono en la voluntad de Dios. 
Una de las enfermeras que le asistió declaró: «Nunca necesitaba nada; para él todo estaba bien; nunca se quejó». Falleció con fama de santidad el 15 de julio de ese mismo año, a la edad de cuarenta años, y fue enterrado en el cementerio de La Almudena. «Era frecuente entre nosotros -relata uno de sus compañeros en los Ferrocarriles del Oeste- cuando hablábamos de unos y otros jefes el decir: “Don Isidoro es un santo”». Fue declarado venerable el 21 de diciembre de 2016.

Fuente: cfr. aciprensa.com

La violeta del huerto

 

Beata Maria Crescencia Perez 16  17

Beata María Crescencia Pérez

El 20 de mayo se celebra la memoria de la Beata María Crescencia Pérez, religiosa de la Congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto 
Nació en el partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires, el año 1897. Hija de trabajadores y buenos cristianos padres, desde niña manifestó un carácter totalmente dulce y servicial, que fue desarrollándose en su niñez, adolescencia y juventud, hasta alcanzar su plenitud en su vida con las demás religiosas de su Congregación, tanto que todos la llamaban Sor Dulzura. Pero esta personalidad dulce, caritativa y servicial no fue resultado de esfuerzos humanos, ni de estériles apariencias, sino fruto de una vida de oración seria y de un trato íntimo con Cristo, abandonándose a su Voluntad por entero y poniendo toda su confianza en el Amor de un Dios que es Padre; como así también en la imitación y en trato filial con la Santísima Virgen, de quien era apasionada devota.

Murió de tuberculosis en Chile, el 20 de mayo de 1932 cuando contaba sólo con 35 años. De ella podemos imitar en nuestra vida lo siguiente: 
-Su vida de oración: el trato diario y frecuente con Cristo, especialmente en la Eucaristía, dedicando un tiempo cada día para entrar en relación personal con quien nos ama inmensamente. 
-Su devoción a la Santísima Virgen: rezando diariamente el santo rosario, poniendo toda nuestra vida en sus manos, consagrándole todo lo que somos y tenemos. Imitando sus virtudes, especialmente la modestia, la pureza y su abandono a la voluntad de Dios. 
-Su actitud de servicio: primero con nuestros prójimos más prójimos, que son los que conviven con nosotros, y también siendo caritativos con nuestros compañeros de trabajo, estudio o amigos. Viendo realmente, como ella lo vio, a Cristo que está presente en el prójimo; y sembrando la paz y la concordia en todos los ambientes donde nos encontremos.

Quien desee profundizar más sobre la vida de la Beata María Crescencia Pérez puede remitirse a los siguientes artículos publicados en este blog:

Artículo 1Artículo 2Artículo 3Artículo 4Artículo 5Artículo 6Artículo 7Artículo 8Artículo 9Artículo 10Artículo 11Artículo 12Artículo 13Artículo 14Artículo 15Artículo 16Artículo 17.

Beata Eurosia Fabris

 

Beata Eurosia Fabris 01  01b

Beata Eurosia Fabris

Eurosia Fabris nació en Quinto Vicentino, pequeña localidad situada cerca de la ciudad de Vicenza (Italia), el 27 de septiembre de 1866; sus padres eran campesinos. En 1870 la familia se trasladó a Marola, otro pueblo de la provincia de Vicenza, donde Eurosia pasó toda su vida.
Sólo pudo ir dos años a la escuela, entre 1872 y 1874, pues tuvo que ayudar a su padre en los trabajos del campo y a su madre en los quehaceres domésticos. En la escuela aprendió al menos a leer y escribir. Eso le permitió leer la sagrada Escritura y algunos textos de contenido religioso, como el Catecismo y la historia sagrada. 
Ayudaba a su madre en el oficio de costurera, en el que llegó a ser experta. Dotada de grandes cualidades humanas y religiosas, siempre estuvo atenta a las exigencias de su familia.

A los doce años recibió la primera Comunión. Desde ese día comulgaba en todas las fiestas religiosas, pues en ese tiempo no estaba permitida la Comunión diaria. Se inscribió en la asociación de Hijas de María, en la parroquia de Marola. Asistía con asiduidad a las reuniones periódicas del grupo y cumplía sus estatutos con diligencia. Cultivó una ferviente devoción al Espíritu Santo, a Cristo crucificado, a la Virgen María y a las almas del Purgatorio. Fue apóstol en su familia, entre sus amigas y en la parroquia; enseñaba el catecismo a las niñas y a las adolescentes que acudían a su casa para aprender el arte del corte y confección. A los dieciocho años era una joven responsable, piadosa y laboriosa. Estas virtudes y su belleza no pasaron desapercibidas, y recibió varias propuestas de matrimonio, que no tomó en consideración.

En 1885, una vecina, joven esposa, murió dejando tres hijas muy pequeñas, la primera de las cuales murió poco después; la segunda tenía veinte meses y, la tercera, cuatro. Con Carlos, el padre de las dos huérfanas, vivían un tío y el abuelo: tres hombres de carácter diverso y a menudo en conflicto entre sí. Durante seis meses, Eurosia acudía todas las mañanas para cuidar de las niñas y arreglar la casa. Luego, siguiendo el consejo de los parientes y del párroco, después de orar intensamente, aceptó casarse con Carlos, aunque era consciente de los sacrificios que debería afrontar. Consideró ese matrimonio como voluntad de Dios, que la llamaba a una nueva misión. 
El matrimonio se celebró el 5 de mayo de 1886 y se vio coronado con nueve hijos. Cumplió con la máxima fidelidad sus deberes de esposa y madre: profunda comunión con su marido, del que se hizo consejera y consoladora; tierno amor a todos sus hijos; laboriosidad incansable; intensa vida de oración, amor a Dios y devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. 
Convirtió su familia en una auténtica iglesia doméstica, donde supo educar a sus hijos en la oración, la obediencia, el temor de Dios, el sacrificio, la laboriosidad y las demás virtudes cristianas. Así se sacrificó y consumó, día a día, como una lámpara en el altar de la caridad. Murió el 8 de enero de 1932. Fue beatificada el 6 de noviembre de 2005.

Fuente: vatican.va

Beato Iván Merz

 

Beato Ivan Merz 01  01b

Beato Iván Merz

Iván Merz nació en Banja Luka el 16 de diciembre de 1896, en la Bosnia ocupada por el imperio austro-húngaro, en una familia liberal; fue bautizado el 2 de febrero de 1897. En el ambiente multi-étnico y multi-religioso de su ciudad natal realizó sus estudios de primaria y secundaria, que terminó cuando en Sarajevo era asesinado el príncipe heredero Francisco Fernando (28 de junio de 1914). 
Por voluntad de sus padres, y no suya, entró en la Academia militar de Wiener Noustadt, que abandonó después de tres meses, molesto por la corrupción del ambiente. En 1915 inició los estudios en la universidad de Viena, aspirando a ser profesor, para poder dedicarse a la instrucción y educación de los jóvenes en Bosnia, siguiendo el ejemplo de su profesor Ljubomir Marakovic, hacia el que sentía una profunda gratitud por haberle ayudado a descubrir las riquezas del catolicismo.

En marzo de 1916 tuvo que enrolarse en el ejército. Fue enviado al frente italiano, donde pasó la mayor parte de los años 1917 y 1918. Al concluir la primera guerra mundial se encontraba en Banja Luka, donde vivió el cambio político y el nacimiento del nuevo Estado yugoslavo. La experiencia de la guerra le hizo madurar espiritualmente, pues, impresionado por los horrores de los que fue testigo, poniéndose en las manos de Dios, se propuso tender con todas sus fuerzas a la perfección cristiana. El 5 de febrero de 1918, estando en el frente de batalla, escribió en su diario: “Nunca olvidarse de Dios. Desear siempre unirse a él. Cada día, preferentemente al alba, dedicarse a la meditación, a la oración, tal vez cerca de la Eucaristía o durante la santa misa. En esos momentos se han de hacer los proyectos para la jornada que comienza, se examinan los propios defectos, y se pide la gracia para superar todas las debilidades. Sería terrible que esta guerra no me produjera ningún efecto positivo... Debo comenzar una vida regenerada con el espíritu del nuevo conocimiento del catolicismo. Confío sólo en la ayuda del Señor, porque el hombre no puede hacer nada por sí mismo".

Después de la primera guerra mundial prosiguió sus estudios de filosofía en Viena (1919-1920); luego se trasladó a París, donde estudió en la Sorbona y el Instituto Católico (1920-1922). Con su tesis sobre "la influencia de la liturgia en los escritores franceses desde Chateaubriand hasta nuestros días", obtuvo el doctorado en filosofía en la universidad de Zagreb (1923). Durante el resto de su breve vida fue profesor de lengua y literatura francesa y alemana en el Instituto arzobispal de Zagreb, realizando con entrega ejemplar sus deberes de estado. 
Colaboró como apóstol de los jóvenes, primero en la Liga de los jóvenes católicos croatas, y luego en la Liga croata de las Águilas, que impulsó y con la que inauguró en Croacia la Acción Católica promovida por el Papa Pío XI. Según él, la Organización debía contribuir ante todo a formar una élite de apóstoles de la santidad. En su trabajo no le faltaron incomprensiones y dificultades de diversos tipos, que afrontaba con una serenidad admirable, fruto de su continua unión con Dios en la oración. En opinión de quienes lo conocían bien, con su mente y su corazón se hallaba inmerso en lo sobrenatural.

Convencido de que el medio más eficaz para la salvación de las almas es el sufrimiento ofrecido al Señor, ofrecía sus penas físicas y morales para obtener la bendición de sus actividades apostólicas, y, ya cerca de su muerte, ofreció también su joven vida por sus Águilas. Murió en Zagreb el 10 de mayo de 1928, a los 32 años de edad, con fama de santidad. Fue beatificado el 22 de junio de 2003.

Fuente: vatican.va

Venerable Silvio Dissegna

 

Silvio Dissegna 01  01

Venerable Silvio Dissegna

Silvio Dissegna nació el 1 de julio de 1967 en Moncalieri (Italia). Recibe la primera Comunión con mucha devoción a los ocho años. Tenía grandes proyectos; quería ser maestro. 
Vivió una infancia normal durante los primeros diez años de su vida, antes de que presentara dolores en las piernas, síntoma de un cáncer en los huesos. Tiene que recibir quimioterapia. Con apenas once años de edad, el pequeño se aferró al Santo Rosario y no dejaba de portarlo día y noche. "Tengo muchas cosas que decir a Jesús y la Virgen María", afirmaba, y ofrecía sus padecimientos por la conversión de los pecadores y el éxito del apostolado de sacerdotes y misioneros.

En medio de su tratamiento se esforzaba por vivir decididamente su testimonio cristiano, como lo hizo durante su estancia en un hospital en París, donde se propuso rezar para reparar por cada una de las malas palabras que decía uno de los pacientes en el lugar. Preocupado por este pecado le confió a su padre: "Papá, no voy a ser capaz de reparar aquí en París con el mismo número de Avemarías todas las maldiciones que este hombre dice contra el Señor y la Señora: Tendré que decir más cuando vuelva a Italia". 
La conversión de los demás fue su mayor preocupación, superando la de sus propias y notables dolencias. Ofrece sus dolores por el Papa, la Iglesia y los sacerdotes. 
Un día vio a Jesús en sus sueños con tal realismo que nunca dudará del amor de Jesús y, por eso, quería siempre recibirlo en la Comunión para amarlo más y unirse más a Él, y porque decía que los dolores que sufría sólo podría soportarlos con Jesús.

Por su ya evidente testimonio de santidad, un allegado quiso grabar un mensaje suyo que pudiera ser reproducido en la radio para beneficio espiritual de las personas, pero el niño se opuso. "Yo no tengo nada que decir, por favor", respondió. "Y además la emisión del mensaje sirve sólo a Italia, pero si digo un Ave María en mi habitación se utiliza en todo el mundo". 
Esta inusual claridad de pensamiento se mostró en conmovedoras expresiones en las que se evidencia la forma como vivió su padecimiento con un sentido sobrenatural. "Mamá, estoy en el camino al calvario", afirmó al acercarse la etapa terminal de su enfermedad, "pero después de eso, aún queda la Crucifixión. Mamá, prepárate". 
En el ápice de su sufrimiento, cuando el cáncer, que había roto su pierna izquierda, le causó heridas en todo el cuerpo y perdió el sentido de la vista y parte del oído, aún persistía sin quejarse, manteniendo una única exigencia: "Quiero recibir la Sagrada Comunión todos los días. Necesito a Jesús todos los días, lo que presenta una gran cantidad de fuerza para mí y para ti, mamá y papá".

El Venerable Silvio murió el 24 de septiembre de 1979, tras haber recibido por tercera vez la Unción de los Enfermos, de forma apacible al caer la noche. Decenas de sacerdotes y numerosos fieles acudieron a su funeral, dando testimonio de una ya fuerte fama de santidad. La ejemplar entrega del niño en medio de su dura enfermedad y su extraordinaria devoción, particularmente expresada en el rezo del Santo Rosario, son el principal sustento de su fama de santidad. Fue declarado Venerable en noviembre de 2014.

Recomendamos ver esta amena biografía de Silvio, con numerosas fotos suyas: https://sway.com/F9Zzx3DQ0eTeFmCI

Fuente: cf. gaudiumpress.org