El episodio de Pentecostés (II)

 

Santisima Trinidad 03  24

«Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Nosotros vendremos a él y haremos en él nuestra morada.» Es decir, vendrán a él el Padre y el Hijo con el Espíritu Santo, con el Amor que une mutuamente al Padre con el Hijo. Dios no está lejos de nosotros, está en nosotros. Este es el gozoso mensaje que nos trae Pentecostés. ¡Dios en nosotros! El que conoce al Padre, posee la clave de todos los enigmas, de todos los torturantes problemas de la vida: el Padre me ama. No sólo por hoy y mañana, sino por toda una eternidad. ¡Dios en nosotros! Estamos llenos de luz y de calor. Dios es luz, es el Sol. ¡Deja que el Sol entre en tu corazón! ¡Déjale que haga en él su morada! ¡Dios en nosotros! Estamos llenos de fuerza y de fuego. De nosotros mismos somos como un terreno seco y sin agua, como un árbol muerto. En Pentecostés bebemos fuego. Un fuego que abrasa todo lo impuro, todo pecado. ¡El fuego del santo celo por Dios y por nuestro Salvador!

Pentecostés es la confirmación, el sello y la consumación del misterio de Pascua. Pascua es Bautismo, Pentecostés es Confirmación. Pascua es nuevo nacimiento, Pentecostés es madurez, completa sazón, pubertad, plenitud de fuerza en el Espíritu Santo. El Bautismo en el Espíritu nos llama al heroísmo cristiano, a la santificación de los pensamientos, de las aspiraciones, de los motivos. Podemos, debemos ser cristianos totales, santos, perfectos.

Oración. 
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, danos el gustar todo lo recto según el mismo Espíritu, y gozar siempre de su consuelo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Fuente: Benito Baur, o.s.b., ¡Sed Luz!, p. 462