Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe

Alegoria de la fe 01 01

Alegoría de la fe

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Hay hombres que sólo se dejan conducir y arrastrar por los sentidos, y hay hombres que en todo se rigen solamente por su propia razón. Ni unos ni otros podrán conocer nunca la excelsitud e interna riqueza de la vida cristiana. Sólo lo saben aquellos que creen con viva fe en Jesús, en el Hijo de Dios.

Gracias a esta fe, estos tales no tienen otras ambiciones que las de Jesús. No conocen más ideal ni más altas aspiraciones que las de marchar tras las huellas de Jesús y las de seguir al que es la verdad, el camino y la vida, y en el cual “están encerrados todos los tesoros de ciencia y sabiduría” (Col 2, 3). Aman lo que ama Jesús, eligen lo que elige Jesús: la pobreza voluntaria, los dolores, la cruz, el ser nada delante del mundo, las privaciones. Jesús es para ellos el Hijo de Dios, la verdad infalible, la sabiduría del Padre, su todo. Este es el fruto de la profunda y viva fe en Jesús, el Hijo de Dios.

Cuanto más honda y viva sea esa fe, tanto más perfectamente se elevará el alma por encima del mundo y de todo lo transitorio. “El justo vive de la fe” (Rom 1, 17). “Mi vida presente es una vida de fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20).

Fuente: Benito Baur, o.s.b., ¡Sed Luz!, p. 298s