Jesús, nuestra víctima pascual (II)

Vision de Juan 01 01

Visión de San Juan Evangelista

2. 
Mors et vita duello conflixere mirando, 
Dux vitae mortuus regnat vivus. 
La muerte y la vida se trabaron en imponente duelo, y el Príncipe de la vida que estaba muerto reina vivo.

Es el combate en que se dirimía el destino de la historia y de la humanidad. El averno y el cielo disputándose el reinado de las almas. Uno para nuestro bien, otro para nuestro mal. 
Cristo se ha encarnado para este combate final. La primera batalla la libró Miguel y los ángeles fieles, y tuvo por campo las celestes alturas. La santidad de los patriarcas y las oraciones y persecuciones de los justos del Antiguo Testamento fueron las sucesivas escaramuzas de Dios contra Satán. Pero el duelo final, lo reservaba para un solo hombre. Un hombre más que hombre; el Hijo del hombre; el Hombre-Dios.

La primera parte de la lucha pareció ganarla el diablo: Esta es vuestra hora y del poder de las tinieblas, dijo el mismo Señor. Cristo es sometido a la libre injuria de los demonios; a la tortura y la blasfemia; a la cruz y la traición; a la burla y al escarnio; y finalmente, a la agonía y a la muerte. Cristo muerto y sepultado, parecía la victoria de Satán. Pero el Señor sufrió la muerte para bajar al Reino de los muertos, para asestar allí el último golpe al Emperador del doloroso reino, como lo llamó Dante. 
Y aquél que Satanás vio desnudo y escupido, aquél sobre el que cantó victoria cuando lo contempló ultrajado y destrozado; aquél sobre el que gozó viéndolo presa de la muerte, a Ése, pocas horas más tarde, lo vio como lo vería San Juan en Patmos: Y vi en medio de los siete candelabros de oro, uno como hijo de hombre, vestido de túnica, ceñido a los pechos con cinto de oro; la cabeza y los cabellos blancos, como lana blanca igual que la nieve; y los ojos de Él como llama de fuego; los pies eran semejantes a azófar fundido en el crisol, y una voz como ruido de riada. Y lleva en la diestra mano siete estrellas, y de su boca irrumpía una espada bifilada, y el rostro como el sol en su cenit. Y en cuanto lo hube visto caí a sus pies como muerto (Ap 1, 9 ss).

También el demonio cae hoy muerto a los pies del esplendor de Cristo. Muerto de terror y espanto. San Jerónimo escribía hace ya muchos siglos, desde su gruta de Belén: “Cristo marchando contra los crueles ministros del castigo, castiga con fuerza divina sus escuadrones implacables. Rugen los verdugos sin entrañas, rechinando rabiosos sus dientes, y, al entrar el Fortísimo en los fuertes calabozos, son cerrados con cadenas férreas por el que es más fuerte que todos ellos”.

Dux vitae mortuus regnat vivus. El caudillo de la vida, que había muerto, reina vivo. No temas-dice Cristo a Juan en el Apocalipsis- Yo soy el primero y el último, y muerto fui, y heme aquí viviente por los siglos de los siglos (Ap 1, 18). Alfa y Omega, Principio y Fin. 
Había muerto, pero reina vivo. ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? La muerte ha sido sumida en la victoria (1 Cor 15, 55).

Fuente: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E., I.N.R.I.