No olvides la Gran Promesa de los primeros viernes

Sagrado Corazon 20 33

Sagrado Corazón de Jesús y Santa Margarita

Ahora que has decidido asegurar, a toda costa, la salvación eterna de tu alma, con la práctica de las nueve Comuniones en nueve primeros viernes de mes consecutivos, el demonio lleno de furor y rabia, al ver que llegarás tú un día a ser eternamente feliz, te espera en acecho con una infinidad de dificultades, para impedir la realización de tus propósitos. 
Te presentará la dificultad de la confesión y comunión por el horario de la Misa o tu trabajo. Todo está en que tú, bien convencido del gran beneficio que estás persiguiendo, sepas imponerte algún sacrificio. 
Otra dificultad que suele ocurrir es la de hallar sin demora un confesor para reconciliarte con Dios. Pero fácilmente podrás solucionar avisando con anticipación al sacerdote, o para mayor seguridad, confesándote el día anterior. 
También el clima podrá poner dificultades. Pues bien, tendrás entonces oportunidad para demostrar que estás realmente animado de espíritu de fe, si dijeres: vale la pena un sacrificio para ganarme el Cielo. Jesucristo, para salvar mi alma, ha muerto por mí en la Cruz y yo ¿no sabré aguantar un poco de agua, frío o de calor, por amor suyo, procurando así mi eterna felicidad?

El demonio puede hacernos una mala jugada haciéndonos olvidar un viernes, pero habrá que tener paciencia y volver a empezar, así habrá mayor mérito delante de Dios. En cuanto al peligro de olvidarse, cosa que tan fácilmente puede ocurrir, será muy oportuno entenderse entre tres o cuatro personas, para recordarse recíprocamente el empeño tomado.

¿No es verdad ¡oh cristiano que lees estas líneas!, que te propones practicar esta gran devoción? Pero no basta que atiendas solamente a tu interés; es preciso que procures comunicarla a los demás, y verás qué gracias tan abundantes atraerás sobre tu alma. 
Los hombres se distinguen entre sí, unos por su fortuna, otros por su nobleza, otros por su ciencia; pero tú, que lees esto, procura distinguirte, de hoy en adelante, por tu celo en propagar la práctica de los nueve primeros viernes de mes. La riqueza, el talento, la ciencia y la nobleza, todo desaparecerá algún día; pero, si eres Apóstol de esta santa práctica, tu nombre será escrito en el divino Corazón con letras indelebles, para nunca jamás ser borrado de él. 
Algún fruto producirá, y felices vosotros, si hay almas que Dios las salve con vuestra ayuda. 
Así pues, oh cristiano a quien me dirijo, de cualquier estado o condición que seas, yo te invito a que no desoigas este deseo del sagrado Corazón de Jesús.

Fuente: del libro La Gran Promesa