5 consejos prácticos para padres, de los santos Luis y Celia Martin

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1. Consagrad cada niño a Dios desde el nacimiento

Celia tenía la costumbre de consagrar a sus hijos a Dios inmediatamente después de dar a luz, usando la siguiente oración: "Señor, concédeme la gracia de que este niño Te sea consagrado y que nada venga a empañar la pureza de su alma". Quería que todos sus hijos fueran santos, y decía que "ahora" es el mejor momento para empezar.

2. Amad a vuestros hijos con inmenso afecto
Luis y Celia amaban a sus hijas con un gran cariño, se aseguraban de que todas supieran el grandísimo amor que sus padres sentían por ellas. Celina Martin escribió sobre su padre: "Aunque duro consigo mismo, siempre era cariñoso con nosotras. Se desvivía por nosotras. Ningún corazón de madre podía sobrepasar el suyo".

3. No os rindáis si vuestro hijo es difícil
Celia tranquilizaba a su hermano en una carta: "No te intranquilice si descubres que tu pequeña Jeanne manifiesta mal genio. Eso no evitará que madure hasta ser una excelente muchacha más adelante, y que incluso sea tu consuelo. Recuerdo que Paulina, hasta los dos años, era igual, y yo estaba angustiadísima con ella... y ahora es la mejor de todas. Pero debo decirte que tampoco la consentí. Por pequeña que fuera, nunca permití que se saliera con la suya".
Paulina no fue la única en la familia Martin que generó estrés parental. Tanto Teresa como su hermana Leonia mortificaron a su madre. Sin embargo, Celia y Luis no se rindieron y continuaron esforzándose aunque su trabajo pareciera infructífero al principio.

4. Sed un ejemplo de caridad para vuestros hijos
Nuestros hijos imitan todos nuestros actos, para bien y para mal. Luis y Celia hicieron lo posible para servir de modelo a sus hijas con el buen trato. Celina escribió: "En una ocasión acompañé a papá a cobrar la renta de la casa de una inquilina; era en la calle principal de Lisieux. La mujer se negó a pagar y corrió tras él profiriendo insultos. Yo estaba horrorizada, pero él permaneció tranquilo y no pronunció réplica alguna, tampoco se quejó de ella después".
¿Cómo podemos esperar que nuestros hijos sean pacientes y amables con otras personas si primero nosotros mismos no somos ejemplos de ello?

5. Jugad con vuestros hijos
Hoy en día nos tienta la facilidad con la que podemos dejar a los niños delante de una pantalla y a duras penas dedicar tiempo a jugar con ellos. Sin embargo, a veces nuestros hijos necesitan nuestra atención, incluso en el reino de los juegos.
Celina escribió que su madre incluso jugaba con ellas de buena gana, a riesgo de que sus propias labores diarias se alargaran luego hasta medianoche o más. Luis se unía también a los juegos y a menudo elaboraba pequeños juguetes para sus hijas, inventaba juegos y les cantaba canciones.

Fuente: cf. es.aleteia.org

El hogar, fuente de personalidad y virtudes


Es en el hogar donde los hijos tienen la primera experiencia de la existencia, que será la base de todas las experiencias ulteriores en la vida. Gracias a la seguridad del hogar se forma en ellos la seguridad personal, que sostendrá su actividad en el seno de la sociedad. Por consiguiente, la división y la inseguridad del hogar pueden tener para ellos graves repercusiones e impedirles adquirir la valentía de ser, necesaria para la formación de la personalidad.
El hogar procura a los hijos la experiencia primitiva del amor y de la felicidad con sus variantes en el afecto hacia el padre, la madre, los hermanos y las hermanas. Es el lugar principal de la educación. En el seno de la familia es donde el niño aprenderá a discernir lo que es bueno o malo y adquirirá su primera formación moral y religiosa. Pero en el hogar encontrará asimismo el sufrimiento, los disentimientos y la maldad de un modo particularmente íntimo.
En la familia, el niño adquirirá, en una edad en la que es particularmente receptivo, sus primeros conocimientos: la lengua materna, el saber de las cosas concretas, las verdades de la religión, las primeras ideas y el arte de servirse de ellas. De sus padres recibirá la primera enseñanza, especialmente moral, la formación en las virtudes, necesaria para el desarrollo de la libertad de calidad.

Por ello las deficiencias de la educación familiar podrán ser particularmente perjudiciales. Es evidentemente en la familia donde el niño tendrá la experiencia original de las relaciones sociales y aprenderá su diversidad en sus relaciones con sus padres y los otros miembros de la familia. Transportará con él estas relaciones primarias, tanto en el marco de la sociedad civil como en el seno de la Iglesia. Repercutirán incluso en sus relaciones con Dios, por ejemplo, la relación con el padre. Es también en el hogar donde el niño conocerá la autoridad y deberá aprender a situarse ante ella en una obediencia personal.

Fuente: Cf. Servais (Th.) Pinckaers, Las fuentes de la moral cristiana

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