La vida de los santos

Sagrado Corazon 26 44

A la lectura de los libros de doctrina espiritual hay que añadir la de las vidas de los santos, que encierran ejemplos que arrastran, siempre admirables, imitables muchas veces. Ellas nos narran lo que han realizado, al encontrarse en circunstancias a veces bien difíciles, unos hombres y mujeres que tenían la misma naturaleza que nosotros, que al principio no se vieron libres de debilidades y pecados, pero que con la gracia y la caridad supieron dominar la naturaleza, sanándola, elevándola y dándole vida.
En sus vidas se llega a comprender el verdadero sentido y el alcance del principio: "La gracia no destruye la naturaleza (en lo que tiene de bueno), sino que la perfecciona." En ellos se echa de ver, sobre todo, al fin de las vías purgativa e iluminativa, lo que supone en la vida de unión la verdadera armonía de la naturaleza y de la gracia, normal preludio de la eterna beatitud.
En estas Vidas, se ha de buscar sobre todo, aquello que hay de imitable; y en las cosas extraordinarias hemos de admirar una señal divina que se nos ofrece para sacarnos de nuestra somnolencia, y darnos a entender lo que hay de más profundo y elevado en una vida cristiana ordinaria, cuando el alma es verdaderamente dócil al Espíritu Santo.

Los dolores de los estigmatizados nos han de recordar lo que ha de ser para nosotros la Pasión del Salvador, y cómo deberíamos rezar con mayor fervor cada día, al fin de las estaciones del Vía Crucis, aquella oración: "Sancta Mater, istud agas, Crucifixi fige plagas cordi meo valide.Santa Madre de Dios, imprime fuertemente en mi corazón las llagas de tu Hijo crucificado."
La gracia extraordinaria que permitió a muchos santos, como a Santa Catalina de Siena, beber hasta saciarse en la llaga del Corazón de Jesús, nos ha de recordar lo que para nosotros debería ser la Comunión ferviente, y cómo cada una de ellas habría de ser más amorosa que la anterior, en un continuo acercamiento al Señor. Los ejemplos de los santos, su humildad, paciencia, confianza y caridad desbordante tienen más eficacia para movernos a la virtud que cualquier doctrina abstracta.

Fuente: P. Réginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior

Jóvenes ¡hacia lo alto!

Beato Pier Giorgio Frassati 04 04 Beato Pier Giorgio Frassati

En nuestro siglo, Pier Giorgio Frassati, al que hoy tengo el gozo de proclamar beato en nombre de la Iglesia, el poder del Espíritu de Verdad, unido a Cristo, lo hizo moderno testigo de la esperanza que surge del Evangelio y de la gracia de salvación que obra en el corazón del hombre. Así se convirtió en el testigo vivo y el defensor valiente de esta esperanza en nombre de los jóvenes cristianos del siglo veinte.

La fe y la caridad, verdaderas fuerzas motrices de su vida, lo hicieron activo trabajador en el ambiente en que vivió, en la familia y en la escuela, en la universidad y en la sociedad; lo transformaron en alegre y entusiasta apóstol de Cristo, en apasionado seguidor de su mensaje y su caridad.
El secreto de su celo apostólico y de su santidad hay que buscarlo en el itinerario ascético y espiritual que recorrió; en la oración, en la perseverante adoración -incluso nocturna- del Santísimo Sacramento, en su sed de la palabra de Dios escrutada en los textos bíblicos, en la serena aceptación de las dificultades de la vida, incluida la familiar, en la castidad vivida como disciplina alegre y firme; en la predilección diaria del silencio y la “normalidad de la vida”. Precisamente en estos factores nos ha hecho descubrir la fuente de su vitalidad espiritual.

En el joven Pier Giorgio la fe y los sucesos cotidianos se funden armónicamente hasta el punto que la adhesión al Evangelio se traduce en atención amorosa a los pobres y a los necesitados, creciendo continuamente hasta los últimos días de la enfermedad. El gusto por la belleza y el arte, la pasión por el deporte y por la montaña, la atención a los problemas de la sociedad no le impiden la relación constante con el Absoluto.
¡Totalmente inmerso en el misterio de Dios y totalmente dedicado al constante servicio al prójimo: así podemos resumir su vida terrena!
Su vocación de laico cristiano se realizaba en múltiples compromisos asociativos y políticos en una sociedad en fermento, indiferente y tal vez hostil a la Iglesia. En la Acción Católica vivió la vocación cristiana con alegría y orgullo. Murió joven, al final de una vida breve, pero extraordinaria de frutos espirituales, dirigiéndose “a la verdadera patria a cantar alabanzas a Dios”.

La celebración de hoy nos invita a todos a acoger el mensaje que Pier Giorgio Frassati transmitió a los hombres de nuestro tiempo, sobre todo a vosotros, jóvenes, deseosos de ofrecer una contribución concreta de renovación espiritual al mundo nuestro, que tal vez parece alejarse y languidecer por falta de ideales. Él proclama, con su ejemplo, que es “dichosa” la vida llevada en el Espíritu de Cristo, Espíritu de las Bienaventuranzas, y que sólo el que se hace “hombre de las Bienaventuranzas” consigue comunicar a los hermanos el amor y la paz. Afirma, asimismo, que vale la pena sacrificarlo todo por servir al Señor.
Él se marchó joven de este mundo, pero dejó una huella en todo el siglo, y no sólo en nuestro siglo. Se marchó de este mundo, pero en la fuerza pascual de su bautismo puede decir a todos, en particular a las jóvenes generaciones de hoy y de mañana: “Vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo vivo” (Jn 14, 19).
Estas palabras las pronunció Jesucristo al despedirse de los Apóstoles, antes de afrontar la Pasión. Me complace recogerlas de la misma boca del nuevo beato, como una invitación persuasiva para vivir de Cristo, en Cristo. Y es una invitación válida todavía, válida incluso hoy, especialmente para los jóvenes de hoy. Válida para todos nosotros. Invitación que Pier Giorgio Frassati nos ha dejado.

Fuente: cf. S.S.Juan Pablo II, Homilía en la Misa de Beatificación del 20 de mayo de 1990

Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (II)

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“Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación apostólica postsinodal «Christifideles laici» escribí que «la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres» (n. 17).
Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran estadista inglés. Él vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre «buen humor», incluso ante la muerte.

Éste es el horizonte a donde le llevó su pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, «el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios» (Discurso 7.4.1998, 3).
Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es «testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma» (Enc. «Veritatis splendor», 58) (...)
La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.
Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad… Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a santo Tomás Moro…Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.”

Pidamos especialmente a S. Tomás Moro, en estos tiempos tan complicados, por nuestros gobernantes, políticos y profesionales, que sean “modelos que muestren el camino de la verdad”; que sus oficios sean “antes que nada, ejercicio de virtudes”. El verdadero bien está en vivir conforme a la Verdad que Dios nos ha mostrado. Que este gran santo nos contagie “su pasión por la verdad” y seamos fiel reflejo de ella haciendo siempre el bien, acomodando todo nuestro modo de obrar de acuerdo a lo que Dios nos ha mandado, obrando conforme a Su querer, considerando“las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres”. De ese modo nos haremos merecedores -porque Dios, infinitamente misericordioso, así lo dispone- de las gracias y beneficios que él tiene dispuesto derramar sobre nosotros en esta vida, y de la eterna y completa Felicidad en el Cielo.

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

San Pedro y San Pablo, Apóstoles (I)

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Pedro, fundamento de la Iglesia.
Tras la resurrección, hallándose Jesús en medio de sus discípulos, le dice a Pedro: «¿Me amas?» A lo que responde el Apóstol: «Señor, ya sabes que te amo». Le dice Nuestro Señor: «Apacienta mis corderos». Vuelve a repetirle la misma pregunta por tres veces, y tras de cada respuesta de amor de parte de Pedro, lo nombra a él y a sus sucesores, jefe visible de todo su rebaño, corderos y ovejas. Esta investidura tiene lugar tras haber borrado Pedro su triple negación con un triple acto de amor.
Cristo, pues, reclamaba de su Apóstol un testimonio de su divinidad antes de realizar la promesa que había hecho de fundar sobre él su Iglesia.

Esta sociedad, establecida por Cristo sobre Pedro y los Apóstoles, para mantener la vida sobrenatural en nuestras almas, se ha organizado, desarrollado y extendido por todo el mundo.
Lo que nosotros por nuestra parte hemos de retener es que en este mundo es ella la continuadora de la misión de Jesús, por su doctrina, por su jurisdicción, por sus sacramentos, por su culto.

Por su doctrina, que conserva intacta e íntegra en una tradición viva e ininterrumpida; por su jurisdicción, en virtud de la cual tiene autoridad para dirigirnos en nombre de Cristo; por los sacramentos, por medio de los cuales nos hace beber de las fuentes de la gracia que ha creado su divino fundador; por su culto que organiza ella para tributar todo honor y toda gloria a Cristo Jesús y a su Padre.

La Iglesia es el camino seguro para ir a Dios, ya que «Nuestro Señor está con sus Apóstoles hasta la consumación de los siglos», y ha «rogado por Pedro, y por sus sucesores, a fin de que no desfallezca su fe».

Fuente: Dom Columba Marmion, Palabras de Vida, Ed. Desclée de Brouwer, 1956, p. 322

Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (I)


Santo Tomas Moro 04 04 Encuentro de Santo Tomás Moro con su hija luego de la sentencia de muerte

“De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos (...).
Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido, hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana…

Son muchas las razones a favor de la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.

En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro, que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir, no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.”

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

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