Primer viernes: Amor, reparación y desagravio

Sagrados Corazones 02 02

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús y al Purísimo Corazón de María

Oh Corazón amantísimo de mi Salvador, penetrado del más vivo dolor a vista de las ofensas que habéis recibido y recibís aun todos los días en el Sacramento del altar, me postro en tu presencia para desagraviaros de ellas.
¡Ojalá pudiera yo, con mi veneración y mi respeto, reparar cumplidamente vuestro honor menospreciado!
¡Ojalá me fuese dado borrar con mis lágrimas, y hasta con mi sangre, tantas irreverencias, tantas profanaciones, tantos sacrilegios como se cometen contra Vos!
¡Ojalá pudiera suplir con llamas de encendido amor la frialdad y criminal indiferencia de tantos malos cristianos!
¡Cuán bien empleada estaría mi vida si lograse darla por tan digno motivo!

Otórganos, oh Dios mío, el perdón que imploro de Vos para tantos impíos que contra Vos blasfeman;
para tantos infieles que os desconocen;
para tantos herejes y cismáticos que os deshonran;
para tantos católicos ingratos que profanan el misterio de vuestro amor,
y, finalmente, para mí que con tanta frecuencia os he injuriado.
Trocad mi corazón delincuente y dadme otro conforme al Vuestro.

Dadme un corazón contrito y humillado, un corazón puro y sin mancha, un corazón del todo consagrado a vuestra gloria y víctima de vuestro amor, a fin de que pueda consolar a vuestro Corazón entristecido por nuestras ingratitudes.
Sí, os lo prometo, Corazón adorable, repararé en lo sucesivo tantas irreverencias y sacrilegios
con mi modestia en el templo,
con mi solicitud en visitaros,
con mi devoción y fervor en recibiros.

Y Vos, oh Corazón inmaculado de María, unido con el Corazón de Jesús en el amor que profesa a los hombres, y víctima como el suyo de la ingratitud y malicia del hombre, dignaos aceptar en desagravio de los muchos ultrajes que os han inferido, la ofrenda que os hacemos de nuestro dolor y de nuestro amor.
Si mis culpas son las que han afligido vuestro purísimo Corazón, me hallo en la obligación de desagraviarle, y quiero para ello estar animado de los sentimientos de respeto, amor y reconocimiento que os son debidos.
Os ofrezco mis alabanzas, mi dolor y mis pesares.
¡Ah! ¡Por qué no me es dado reparar con los más puros afectos de mi corazón el olvido, la ingratitud, el desprecio, y el odio de que ha sido y es todavía objeto vuestro amabilísimo Corazón!
¡Oh divinos Corazones de Jesús y de María! si mis sentimientos no bastan, los Vuestros son superabundantes. Os ofrezco, pues, esos admirables sentimientos que recíprocamente os animan, en desagravio de todo lo que os han hecho sufrir nuestras ingratitudes.
¡Oh divinos Corazones, recibid la ofrenda que os hacemos, perdonad a vuestros hijos ingratos y bendecidlos en el tiempo y en la eternidad!
Amén.

Fuente: del Oficio Parvo, 1905

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