Habrá niños santos - Venerable Faustino Pérez

Faustino Perez-Manglano 01

Faustino nació en Valencia el 4 de agosto 1946, siendo el mayor de cuatro hermanos. Recibió de sus padres, Faustino y Encarnación, una cuidada educación cristiana. En 1952 ingresa en el colegio marianista Nuestra Señora del Pilar.

En 1954 recibe la primera comunión y el año siguiente, la confirmación. Su vida se desarrollaba como un chico corriente: le encanta el deporte, el fútbol, natación, montaña.

A los trece años hizo su primer retiro espiritual. Tiene ahí momentos de silencio, de oración, y conferencias. Durante este retiro, Faustino comunica a su capellán, P. José María Salaverri, la promesa que ha hecho: "Le prometí a la Virgen María rezar el Rosario todos los días, sobre todo cuando voy al colegio solo".
Escribió más tarde: "El mayor esfuerzo de mi vida, lo hice en el retiro, cuando traté de cambiar mi vida por completo". A partir de esa fecha, su amistad con el Señor crece día a día. "Me doy cuenta de que debo llegar a ser santo. No se puede ser cristiano mediocre. Que los que me ven, puedan ver a Cristo en mí" (20/1/63).

El 29 de noviembre 1960 cae enfermo. Después de los análisis médicos, finalmente le diagnosticaron la enfermedad de Hodgkin. El 11 de febrero 1963 escribe: "Anteayer sábado, fue un día muy feliz para mí, porque recibí el sacramento de los enfermos... Ayúdame, Madre, a ofrecer estas pequeñas molestias para el bien del mundo".
Faustino muestra un gran dominio de sí. No se le oía ni una palabra de queja. El 3 de marzo 1963 por la tarde, su capellán, el padre José María Salaverri, viene a ver a Faustino que parece sufrir mucho. Esa misma noche, tarde, llama a su madre. Al enderezar el cuerpo dolorido, cae de repente, sin un gesto, en silencio, con suavidad, y ya permanece inconsciente en los brazos de su madre. Así pasó a los brazos de Dios nuestro Padre.
El 14 de enero de 2011 el Papa Benedicto XVI aprobó las virtudes heroicas de Faustino declarándolo Venerable.

Fuente: cf. espiritualidad.marianistas.org

Jóvenes ejemplares (VI)

Antonio Rivera 01 01b Siervo de Dios Antonio Rivera, "el ángel del Alcázar"

Antonio Rivera nació el 27 de febrero de 1916 en Riaguas de San Bartolomé (España) y fue el segundo de cuatro hermanos.

En el año 1932, al establecer el prelado de Toledo la Juventud de Acción Católica en la ciudad, Antonio colaboró con los primeros jóvenes como directivo. A fines de 1933 se constituye en Toledo la Unión Diocesana de Jóvenes de A.C. y Antonio es nombrado Presidente. Contaba con 17 años. Con este motivo comienza la época de su plenitud apostólica al servicio de la A.C. y se consagra por completo al apostolado de los jóvenes. De 1933 a 1936, a pesar del ambiente sumamente hostil de la II República, fundó 30 centros de jóvenes de A.C. con más de 3.000 socios en toda la Diócesis. La fuerza que transmitía Antonio con sus intervenciones, fruto de su amor por Cristo y la Iglesia, prendaba a quienes lo escuchaban y les transmitía ardor apostólico.

En marzo de 1936 Antonio hace sus últimos Ejercicios Espirituales. En ellos se consolida, se fortalece interiormente y encuentra la principal fuerza para afrontar la última y definitiva etapa de su vida. En el mes de julio marcha al Alcázar de Toledo, bastión patriota y católico, que pronto quedó cercado por las tropas comunistas. Una vez allí, desde los primeros momentos vivió su nueva realidad como una misión apostólica con todos, a quienes exhortaba a tener las cuentas arregladas con Dios ante la muerte, ofreciéndose para realizar los servicios más difíciles y arriesgados. Con los Jóvenes de A.C. (más de treinta estaban con él en el Alcázar) formó un "Centro de Vanguardia", celebrando reuniones, círculos y actos de piedad en común. Se llegó a tener meditación colectiva diaria, además de otros actos generales como el rosario o la Salve cantada en la Capilla del Alcázar.
Continuamente se le veía rezar y ayudar a los presentes a encontrarse con Dios, lo cual le valió el apodo de "el ángel del Alcázar". El 11 de septiembre pudo comulgar en la única Misa que se celebró durante el asedio; Antonio había entrado en plena etapa de purificación.
Por las reflexiones que dejó escritas en esos días, se aprecia toda la intensidad de su agotamiento físico y de su dolor moral ante la dura prueba que tiene que soportar. Pero se sobrepone a todo con espíritu sobrenatural, claramente heroico: "Los santos pasaron por trances durísimos y te vas a desanimar tú ya... ¡todo lo puedo en aquel que me conforta!".

El 18 de septiembre, después de haber hecho explosión la más potente mina, que hiciera volar buena parte del Alcázar, una granada de mano arrojada desde el piso superior le desgajó el brazo izquierdo. Sin desvanecerse fue llevado a la enfermería, donde pidió que atendieran a otros antes que a él. Fue necesario amputarle el brazo izquierdo. Conservando admirablemente la calma y el buen humor, dice al médico: "No se preocupe usted; corte tranquilo, ¡si hasta es el izquierdo! ¡Yo no quiero nada con las izquierdas!"

Al liberarse el Alcázar pudo volver a su casa en estado gravísimo. Decía: "Estoy muy contento. Ahora puedo decir como Jesucristo: no hay parte de mi cuerpo que no me duela".
Recibe la comunión a diario y le repite al Señor "yo no puedo, pero Tú sí puedes". El 20 de noviembre de 1936 entregó su alma a Dios. A partir de su muerte los reconocimientos a su obra fueron constantes; además de numerosos homenajes, de la publicación de varias biografías y de la dedicatoria de diversas instituciones con su nombre, su estatua figura entre los representantes de la España cristiana que se encuentran a los pies de la imagen del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles.

Fuente: cf. accioncatolicatoledo.es

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