Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (VIIb) - Siervo de Dios Mateo Crawley II

Mateo Crawley 02 02

El P. Mateo continuaba predicando en parroquias, colegios, conventos, etc. Fundó la revista El Primer Viernes y escribía artículos en otras revistas y periódicos. Dejando Chile, se fue a Perú, Uruguay y Argentina. En 1914 viajó a Europa, llegando a París en el momento en el que las tropas alemanas se disponían a invadir la capital. De Francia se trasladó a España, donde fundó treinta y ocho centros de entronización. Logró entusiasmar al Nuncio, al Primado de Toledo y al Cardenal Arzobispo de Sevilla. Regresó a Francia, pasó después a Suiza, Austria, Holanda e Italia.

En 1919 vuelve a España. Con emoción asistió en el Cerro de los Ángeles a la dedicación del monumento y la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en España, hecha personalmente por el rey Alfonso XIII el 30 de mayo de aquel año.
Desde 1913 hasta 1960 predicó en veintiocho países, llegando hasta China, Japón, India, Indochina, Ceilán, Corea, Filipinas, Manchuria, Hong-Kong, etc. En 1931 dirigió un retiro al episcopado portugués. El Patriarca de Lisboa manifestaba su admiración: La predicación de este religioso es el más bello comentario al libro de 'Los Hechos de los Apóstoles', que se sepa.

Pío XI le concedió cinco audiencias y le envió otra carta autógrafa, como lo hiciera antes su predecesor Benedicto XV. En una de las audiencias el P. Mateo regaló al Papa un medallón con la imagen del Sagrado Corazón. Pío XI le comentó: La pondré en mi despacho y cuantas veces la mire te enviaré mi bendición. Y aún más patente queda la gran estima que tenía el Papa al Apóstol del Corazón de Jesús cuando el gobierno de Perú solicitó al Sucesor de Pedro el nombramiento del P. Mateo para Arzobispo de Lima: ¿Qué quiere el Señor Presidente de la República, -contestó el Papa- que haga yo del Padre Mateo un coronel-comandante en plaza o que le deje ser bombardero del Corazón de Jesús en todo el mundo?
Es imposible enumerar las tandas de ejercicios que dedicó a los sacerdotes. Desde Chicago escribía en 1944: No puedo dar abasto al trabajo que aquí me piden. En varias semanas he predicado a cerca de mil sacerdotes durante cinco horas diarias, aparte de las confesiones que me ocupaban el resto del día. En Canadá llegó a dirigir treinta y seis tandas de ejercicios al clero.

El Jueves Santo de 1949 sufrió el primero de los muchos ataques de corazón que habían de sucederse en los once años que aún le quedaban de vida. A su enfermedad se añadió una úlcera en su pierna derecha. En 1959 ingresó en la clínica de Valparaíso donde un cáncer en la sangre le impidió celebrar la Santa Misa, que constituía el centro de su vida.
Los médicos le amputaron la pierna herida por aparecer la gangrena. La amputación se practicó el 14 de enero de 1960, pero la herida no se cerró y la gangrena apareció pronto en la otra pierna. El propio enfermo escribía: ¡El cielo se aproxima... y así yo cantaré las misericordias del Señor eternamente!
El Apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús, según la denominación de Pío XI, murió a los 84 años de edad.

Fuente: peru-cristiano.blogspot.com

San Pedro y San Pablo, Apóstoles (I)

San Pedro 07 14

Pedro, fundamento de la Iglesia.
Tras la resurrección, hallándose Jesús en medio de sus discípulos, le dice a Pedro: «¿Me amas?» A lo que responde el Apóstol: «Señor, ya sabes que te amo». Le dice Nuestro Señor: «Apacienta mis corderos». Vuelve a repetirle la misma pregunta por tres veces, y tras de cada respuesta de amor de parte de Pedro, lo nombra a él y a sus sucesores, jefe visible de todo su rebaño, corderos y ovejas. Esta investidura tiene lugar tras haber borrado Pedro su triple negación con un triple acto de amor.
Cristo, pues, reclamaba de su Apóstol un testimonio de su divinidad antes de realizar la promesa que había hecho de fundar sobre él su Iglesia.

Esta sociedad, establecida por Cristo sobre Pedro y los Apóstoles, para mantener la vida sobrenatural en nuestras almas, se ha organizado, desarrollado y extendido por todo el mundo.
Lo que nosotros por nuestra parte hemos de retener es que en este mundo es ella la continuadora de la misión de Jesús, por su doctrina, por su jurisdicción, por sus sacramentos, por su culto.

Por su doctrina, que conserva intacta e íntegra en una tradición viva e ininterrumpida; por su jurisdicción, en virtud de la cual tiene autoridad para dirigirnos en nombre de Cristo; por los sacramentos, por medio de los cuales nos hace beber de las fuentes de la gracia que ha creado su divino fundador; por su culto que organiza ella para tributar todo honor y toda gloria a Cristo Jesús y a su Padre.

La Iglesia es el camino seguro para ir a Dios, ya que «Nuestro Señor está con sus Apóstoles hasta la consumación de los siglos», y ha «rogado por Pedro, y por sus sucesores, a fin de que no desfallezca su fe».

Fuente: Dom Columba Marmion, Palabras de Vida, Ed. Desclée de Brouwer, 1956, p. 322

Acto de confianza de San Claudio de la Colombière (segunda parte)

Ninos Rezando 02 02

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su esperanza.
Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! es de quien lo espero. En Ti esperé, Señor, y jamás seré confundido.
Bien conozco ¡ah! demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.
En fin. Estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! para el tiempo y la eternidad. Así sea.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (VIIa) - Siervo de Dios Mateo Crawley I

Mateo Crawley 01 01

Mateo Crawley nació el 18 de noviembre de 1875 en Tingo, cerca de Arequipa (Perú). Su padre era inglés y su madre peruana. Por el sacramento del bautismo recibió el nombre de Eduardo Máximo. Cuando Mateo contaba dos años de edad su familia se trasladó a Inglaterra, donde permaneció hasta que el niño cumplió los ocho años. Regresaron a Arequipa y luego tomaron rumbo hacia la ciudad chilena de Valparaíso. Se educó en el colegio de los religiosos franceses de la Congregación de los Sagrados Corazones. Contaba quince años de edad cuando pide permiso a sus padres para iniciar la vida religiosa.
Inició su noviciado el 2 de febrero de 1891. El P. General planeaba enviar a Mateo a realizar los estudios eclesiásticos en la Universidad de Lovaina, pero su Provincial logró retenerlo en Chile. En una carta al Superior General expresa que quiere ser un santo y verdadero religioso.

Se ordenó sacerdote el 17 de diciembre de 1898. Su dedicación a los más necesitados, a causa del terremoto que destruyó casi por completo Valparaíso el 16 de agosto de 1906, le condujo a un estado de total agotamiento. Los médicos aconsejaron al Provincial que hiciera viajar al enfermo durante un largo tiempo. Estas prolongadas vacaciones darán un nuevo rumbo a su vida. Llegó al monasterio de Paray-le-Monial donde santa Margarita María de Alacoque recibió las revelaciones del Corazón de Jesús. Aquí fue donde el P. Mateo descubrió su misión en la Iglesia: la entronización del Corazón de Jesús en los hogares, en los pueblos, en las ciudades y países. Y juntamente con esto la Hora Santa, la consagración de las familias al Sagrado Corazón. Antes de dejar Paray-le-Monial se consagró totalmente al Corazón de Cristo: Sagrado Corazón de Jesús, supremo amor de mi vida, yo me consagro a Ti en un espíritu de perfecto abandono a tu divino amor. En tu gran misericordia dígnate aceptarme a mí como una oblación de amor a fin de encender en todos los sacerdotes el fuego de tu amor y el celo por tu divino Corazón...

De regreso a Chile, comienza a publicar innumerables folletos y libros, entre los que destacamos a lo largo de su trayectoria: Jesús, Rey de Amor; Hora Santa y Adoración Nocturna. Funda un secretariado y sale por las casas para entronizar al Corazón de Jesús en los hogares. Hacia el año 1912 eran ya ciento veinte mil las familias en las que había hecho la entronización. Esta entronización de la imagen del Corazón de Jesús había de ser el comienzo de una vida familiar profundamente transformada por el amor de Jesús. De ahí pasó a la entronización en las escuelas, colegios, fábricas, hospitales, oficinas públicas y privadas, incluso en las imprentas. Los obispos de Chile publicaron en abril de 1913 una carta pastoral colectiva recomendando la entronización y pedían al Papa Pío X que enriqueciera con indulgencias especiales dicha práctica. El Papa concedió gustoso lo que pedían los obispos chilenos y su sucesor, Benedicto XV, extendió las indulgencias al mundo entero.

Fuente: peru-cristiano.blogspot.com

Acto de confianza de San Claudio de la Colombière (primera parte)

Meditar 06 06

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡oh señor! y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.
Que otros esperen su felicidad en su riqueza o en sus talentos; que se apoyen en la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
(Continuará)

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (VIb) - Beata María de Jesús Deluil Martiny II

Beata Maria de Jesus Deluil Martiny 02 02

Se hace aún más estrecha la colaboración entre la Hna. María del Sagrado Corazón y María Deluil Martiny: la composición del Manual de la Guardia de Honor acapara sus energías. Mutuamente se animan a sufrir con amor, por el Corazón de Jesús, las mil dificultades y contradicciones que encuentran. ¡La cruz es la señal de todas las obras de Dios!

Poco a poco, se va delineando mejor el plan para el que el Señor ha escogido a María, aunque ella no imagina que está llamada a ser la piedra fundamental de una nueva orden religiosa. La Hna. María del Sagrado Corazón, a la que la joven llama “la madre de mi alma”, la anima. Sabe que va a perder a su primera celadora, pero no se entristece, pues las Hijas del Corazón de Jesús (así se llamarán las futuras religiosas) dedicadas a la reparación de los sacrilegios, mediante la adoración y la oblación en y con Jesús-Hostia, vivirán en plenitud los fines de la Guardia de Honor.

Cuando su director espiritual, el P. Calage, S.I. le descubre que la fundadora de la nueva obra será ella misma, María está a punto de retroceder, pero en seguida, aunque sintiendo su incapacidad, se somete a la voluntad divina y se abandona a ella. Las circunstancias la llevan a fundar el primer monasterio en Bélgica, bajo la tutela del Cardenal Dechamps, el 20 de junio, fiesta del Corazón de Jesús. La que en adelante se llamará M. María de Jesús recoge los deseos del Sagrado Corazón expresados a santa Margarita María de Alacoque y los introduce en la Regla de su Instituto, que es la de San Ignacio, adaptada a la vida contemplativa de clausura.
Desde este momento, sin olvidar a la Guardia de Honor -de la que sus monasterios serán siempre ardientes propagadores- y manteniendo sus relaciones con la Visitación y con la Hna. María del Sagrado Corazón, a la que pide consejo en numerosas ocasiones, la M. María de Jesús se entrega incansablemente a la formación de sus nuevas hijas. Cuando se trata de la gloria del Corazón de Jesús nada la detiene.

La Obra atrae a numerosas jóvenes: en 1877 se abre una nueva casa en Aix-en-Provenza, y en 1879 otra en la Servianne, propiedad de la familia Deluil Martiny a las afueras de Marsella.
Aquí será donde la M. María de Jesús verá cumplidos sus deseos de unir incluso materialmente su sangre al Sacrificio de Cristo. En efecto, el 27 de febrero de 1884, miércoles de ceniza, la fundadora, que no ha cumplido aún los 43 años, cae abatida por las balas de un joven anarquista al que había acogido con bondad, ofreciéndole trabajo. Asesinada por odio a la fe en el jardín de su propio convento, las últimas palabras de esta mártir del Sagrado Corazón fueron: “¡Yo le perdono! ¡Por la Obra!”
Fue beatificada el 22 de octubre de 1989 por el Papa Juan Pablo II. El calendario litúrgico conmemora su memoria el 27 de febrero.

Fuente: cf. es.catholic.net

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (VIa) - Beata María de Jesús Deluil Martiny I


Beata Maria de Jesus Deluil Martiny 01 01

María Deluil Martiny nace en Marsella el 28 de mayo de 1841. Su padre es un brillante abogado y un cristiano comprometido. Su madre, digna sobrina biznieta de la venerable Ana Magdalena Remuzat, la visitandina que, durante la peste de 1720, había conseguido que Marsella se consagrara al Corazón de Jesús. María recibe la primera educación en el pensionado que en aquella época existía en la Visitación. Las Hermanas cuentan un día sus travesuras a Mons. de Mazenod, fundador de los Oblatos de María Inmaculada (canonizado en 1995), que les responde: “No se inquieten, son cosas de niña; ya verán cómo un día será la santa María de Marsella”.
A los 16 años, prosigue su formación en Lyon con las religiosas del Sagrado Corazón fundadas por la Madre Barat. Al final de sus estudios hace un retiro en el que decide entregarse sin reservas al Corazón de Jesús. En el camino de regreso a su casa, pasa por Ars para pedir consejo al santo Cura que le deja entrever que pasará mucho tiempo antes de que pueda realizar su vocación.
Seguirá un largo período de espera, en el que la joven conocerá toda una serie de pruebas: familiares, con la muerte de sus cuatro hermanos (ella es la mayor), crisis espiritual, situación difícil de la Iglesia, guerra en Francia.

Comienzos de 1864. María tiene 22 años. Providencialmente cae en sus manos un sencillo folleto procedente de la Visitación de Bourg-en-Bresse, titulado: Guardia de honor del Sagrado Corazón: fin de la obra. La joven lee y relee esas líneas que parecen dirigidas a su alma de fuego. El 7 de febrero escribe al Monasterio de Bourg solicitando ser inscrita en el Cuadrante y ofreciéndose llena de entusiasmo para trabajar por la obra.

Comienza entonces una activa correspondencia entre la Hna. María del Sagrado Corazón y la “pequeña María”, como la llama cariñosamente la fundadora. María consigue su primer éxito haciendo llegar la Guardia de Honor hasta la misma santa Sofía Barat, que se inscribe con todas sus religiosas. Pero aún es mayor el que obtiene en junio de ese mismo año 1864. El día 5, el Cardenal de Villecourt consagra solemnemente la nueva iglesia de nuestra Sra. de la Guardia, en Marsella. Es una ceremonia impresionante a la que asiste también el Cardenal Pitra y gran número de obispos franceses. María sueña: ¡si pudiera hablarles de su Obra querida! Y su sueño se hace realidad: los dos cardenales y 20 obispos se inscriben en la Guardia de Honor y le dan su apoyo. Este resultado no hace más que redoblar el ardor de la joven marsellesa que se encarga de imprimir los “billetes celadores” destinados a los seglares y compuestos por la Hna. María del Sagrado Corazón, y de hacer las medallas de la Asociación, contando siempre y en todo con la aprobación de la Visitación, donde consulta hasta los menores detalles.

Fuente: cf. es.catholic.net

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (V)

Malvinas 04 05b Jura de la Bandera en Malvinas

Por eso, tenemos motivos para rezar al Señor por esta Patria y en este día de la Bandera. Pero la oración tiene que darnos fuerza para cumplir con nuestro deber en la familia, en la escuela, en el testimonio, cualquiera que sea el lugar donde Dios nos pide que demos testimonio. Digámoslo con las palabras del mismo General Belgrano: «La Patria está en peligro inminente de sucumbir. Vamos pues soldados a salvarla. Veis en mi mano la Bandera Nacional que os distingue de las demás naciones del globo. No olvidéis jamás que vuestra obra es de Dios, que Él os ha concedido esta Bandera y que nos manda que la sostengamos con el honor que le corresponde. Jurad no abandonarla. Jurad sostenerla para arrollar a nuestros enemigos. Nuestra sangre derramaremos por esta Bandera».

Y, para terminar expresando este espíritu poéticamente, digamos:
«La Bandera es ese paño que simboliza la Patria, y es el manto de la Virgen, Patrona de toda hazaña, que por eso fue creada de color azul y blanca, cuando hizo falta una enseña, justo previo a la batalla.
La que resistió al demonio en las selvas tucumanas, la que envolvió al camarada en ese último viaje, hacia las mismas entrañas de la tierra americana.
La que ha tremolado al viento sobre tantas mentes claras, defendiendo la Nación de invasores de otras playas. La que llena de crespones, mordiendo penas y lágrimas, cada 2 de Abril recuerda su gesta contemporánea.
Cuando jures la Bandera y te acerques a besarla, piensa que pones los labios en el rostro de la Patria. Será el gesto más puro, la caricia más honrada, porque al besar la Bandera, besas la Argentina amada.
Entre sus pliegues de seda se quedarán tus palabras, para que el Señor te premie si las cumples y las guardas.
Y si al fin mueres por ella, ella será tu mortaja, tu cuerpo descansará en los brazos de la Patria, porque te juro hijo mío, Argentina está completa en la enseña azul y blanca».

Como en la familia podemos decir que el hombre no separe lo que Dios ha unido, podemos decirlo también de nuestra Patria. Que nadie se atreva a separar a aquellos que están unidos desde el principio de nuestra historia: el amor de Patria en la Bandera y el amor de Dios en los colores del manto de nuestra Virgen Inmaculada.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (I)


Santo Tomas Moro 04 04 Encuentro de Santo Tomás Moro con su hija luego de la sentencia de muerte

“De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos (...).
Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido, hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana…

Son muchas las razones a favor de la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.

En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro, que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir, no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.”

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

Oración a San Luis Gonzaga

San Luis Gonzaga 05 11

Angélico joven San Luis Gonzaga, tan abrasado

en el Corazón de Jesús,

que os derretíais con este fuego divino
y llegasteis a ser mártir de la caridad: os suplico
me alcancéis del amorosísimo Corazón de Jesús
un profundo conocimiento
de su inmensa bondad para con los hombres,
un gran dolor de mis ingratitudes a tanto amor,
y más que todo,
un altísimo aprecio y gusto de la vida interior.
Haced, oh Serafín humano,
que, a imitación vuestra,
sea mi corazón semejante al Corazón de Jesús:
puro con su pureza,
manso con su mansedumbre,
humilde con su humildad,
obediente con su obediencia,
fervoroso con su caridad,
y copia viva de este Modelo perfecto
de todas las virtudes. Amén.

San Luis Gonzaga fue avisado en sueños que moriría el viernes de la semana siguiente al Corpus, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, lo que ocurrió el 21 de junio de 1591. Después de muerto se apareció al novicio jesuita Luis Nicolás Celestini que estaba enfermo, lo curó y le recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Fuente: cf. Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (IV)

Malvinas 03 04

¿Qué podemos pensar de aquellos que rechazan la vida? Dios perdona siempre, los hombres algunas veces perdonamos, pero la naturaleza no perdona nunca. Y cuando el egoísmo en una familia sin arraigo rechaza la vida, esa vida de alguna manera se venga. Y es lo que vemos en nuestros tiempos: los padres que no quieren hijos, o que no quieren hacerse responsables de sus hijos, y que después se encuentran en la vejez con que los hijos rechazan a sus padres. Y por eso nuestro tiempo, es el tiempo de las clínicas aborteras y es el tiempo de los asilos para ancianos. La vida, la naturaleza, se venga. El que ha sido egoísta con la vida que nace, se va a encontrar después con el egoísmo que rechaza a la vida que declina. Y en lugar del respeto por los ancianos, el olvido, el abandono y el desprecio.

Por eso en las naciones donde ya se ha aprobado la ley del aborto, se empieza a discutir una ley de eutanasia, para la desaparición, para la eliminación. Si miramos con un criterio materialista, con un criterio que no sea un criterio de Fe, ni siquiera un criterio íntegramente humano, sino un criterio puramente económico, por cierto hay que eliminar a los niños y a los viejos, porque ninguno de los dos produce. Esa es la mentalidad egoísta.
Pero donde se toca a la familia se crea una situación de desarraigo. Aquí desde este Altar hemos señalado también el año pasado cómo el Papa Juan Pablo II nos da un ejemplo de amor profundo a su Patria polaca, y él decía en el mensaje a los jóvenes en el Año de la Juventudcómo del amor a la familia, del arraigo de la familia, nace también el amor y nace el arraigo de la Patria. Cómo la Patria es como una prolongación de la familia, es como una familia grande, porque la Patria es mi familia y son también todas aquellas otras familias que están ligadas a la mía por lazos de historia común, de tradición, de cultura, de lengua, de Fe. Entonces cuando se afecta a la familia, cuando se hiere a la familia, se está hiriendo a la Patria en sus mismas raíces, en sus células fundamentales.

¿Qué podemos pensar de aquél que se avergüenza de sus padres, de una familia que rechaza la vida? Es negro el futuro de esa familia. Y lo mismo podemos decir: ¿qué podemos pensar de una Patria que quiere renegar de sus orígenes?
¡Pero no podrán hacerlo! Porque esto que leímos, esta referencia que hacíamos al espíritu, al alma de los próceres que hicieron la Patria, de San Martín, de Belgrano, ¡ésa es la realidad de nuestra Argentina! y estos ideólogos extranjerizantes, estos ideólogos sin patria que quieren desarraigar esto del alma de los argentinos, no podrán conseguirlo. Nuestra Patria está hecha así, nuestra Patria nació así. Esa es la realidad de nuestra Patria.

Los señores laicistas que quieren arrojar a Dios de las escuelas, desde hace más de cien años trabajan para eso, los que quieren arrancar el Crucifijo de las escuelas, tendrán también que arrancar los retratos de San Martín y los retratos de Belgrano, que son los primeros que tenían el Crucifijo y la enseñanza de la fe en las escuelas. Los que no quieren que en las escuelas se enseñe a conocer a Dios, se enseñe el Catecismo, tendrían que prohibir que en las escuelas se enseñe el Martín Fierro, la obra grande de nuestra literatura, porque en el Martín Fierro se refleja la Fe de nuestros criollos, se refleja la Fe de nuestros gauchos. Los que quieren arrancar en la reforma constitucional los tímidos rasgos o afirmaciones de catolicismo que tiene nuestra Constitución Argentina, tendrían que cambiar también los colores de nuestra Bandera, porque son los colores del manto de la Virgen, por la voluntad de su creador, el General Belgrano.

Pero si una familia que olvida sus raíces, sus orígenes, si un hijo que reniega de sus padres y de lo que ha recibido de sus padres, un hijo que se avergüenza de sus padres, tiene un negro futuro, también es negro el futuro de una nación que reniega de los orígenes y del espíritu de aquellos que la fundaron, y del espíritu con el cual la quisieron y con el cual la fundaron.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (V-b) Sierva de Dios María del Sagrado Corazón Bernaud II

Sagrado Corazon 25 43

En aquella época se estaba preparando la beatificación de la venerable Margarita María Alacoque. Ese acontecimiento impacta en la fervorosa alma de sor María del Sagrado Corazón. El 7 de junio de 1862, la Comunidad se consagra solemnemente al Sagrado Corazón. Buena parte de sus religiosas firman un acto de abandono al Corazón de Jesús en la Epifanía de 1863.
Algunas semanas después, sor María del Sagrado Corazón percibe en la meditación una esfera de reloj con las diferentes horas del día y de la noche. Tras dibujar una reproducción, inscribe a su alrededor las palabras «gloria, amor, reparación»; además, observa que hay que añadir la mención «Guardia de honor del Sagrado Corazón». A continuación, coloca en el centro de la esfera la imagen del Sagrado Corazón. El 13 de marzo, tercer viernes de cuaresma, festividad de las Cinco llagas de Nuestro Señor, muestra esa primera esfera de la Guardia de honor a su superiora, quien la bendice y acepta de buen grado que se inscriban en ella los nombres de todas las hermanas de la comunidad.
Las personas que quieran asociarse a la obra de reparación así inaugurada podrán consagrar cada día una hora para realizar la “guardia de honor”; su nombre se inscribirá en una esfera de reloj en el sitio que corresponda a la hora elegida. Durante esa hora, sin cambiar en nada sus ocupaciones, se unirán en pensamiento al sacrificio de Cristo en la Cruz, Ofreciendo a Jesús lo que están haciendo: en la escuela, en el trabajo, mientras lean, preparen una comida, vayan de compras, viajen, estudien, ayuden a alguien, recen... La Guardia de honor tiene precisamente como objetivo principal consolar y reparar el Corazón de Jesús.

La tarde del Miércoles Santo, sor María del Sagrado Corazón sufre un ataque de hemoptisis (expectoración de sangre); a ella, que tanto le gusta cantar, se le prohíbe durante varios meses asistir al coro. Ofrece ese sacrificio «para que tenga éxito la Guardia de honor». Muy pronto, se invita a otros monasterios a unirse a esa corriente espiritual, de tal manera que, de boca en boca, la devoción se propaga a los fieles que se sienten atraídos por ese programa espiritual. El 9 de marzo de 1864, el Beato Papa Pío IX aprueba la Guardia de honor, que es erigida en Cofradía. El pontífice solicitará su afiliación a la Guardia de honor el 25 de marzo de 1872, y, el 21 de julio de 1875, en el transcurso de una audiencia concedida a una importante delegación de la Archicofradía, recordará, como una de sus más estimables glorias, su título de “primer Guardián de honor del Sagrado Corazón de Jesús”. Entre los millones de personas que se comprometieron en la obra se encuentran, León XIII, san Pío X, Benedicto XV, Pío XII, san Juan Bosco, santa Magdalena Sofía Barat, etc. Sor María del Sagrado Corazón falleció santamente el 3 de agosto de 1903.

Fuente: clairval.com

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (V-a) Sierva de Dios María del Sagrado Corazón Bernaud I

Maria del Sagrado Corazon Bernaud 01 01

Constanza Bernaud ve la luz en el seno de una familia profundamente cristiana el 28 de octubre de 1825, en Besançon, Francia. Desde pequeña, Constanza es consagrada numerosas veces al Sagrado Corazón de Jesús por una tía que profesa un amoroso culto a ese Corazón, devoción todavía poco extendida en la época. Hacia la edad de cuatro años, una enfermedad de los ojos, que la hará sufrir durante varios años, la aleja de los juegos de sus hermanos y hermanas, pero la lleva a desarrollar una verdadera vida interior. A los cinco años, al enterarse de la muerte de una de sus tías, religiosa de la Caridad de Besançon, exclama: «¡Yo también seré religiosa!».

El 20 de abril de 1836, recibe con fervor el Cuerpo de Cristo. Esa misma noche, Constanza dice a su hermano: «¡Arrodillémonos para pedir a Dios la gracia de no hacer nunca malas comuniones!». Constanza estudia en un internado de Besançon. El “Mes del Sagrado Corazón” la inicia a la devoción hacia el Corazón de Jesús.

El 14 de octubre de 1841, poco antes de cumplir dieciséis años, sus padres casan a Constanza con un negociante de veintiocho años de apellido Thieulin. Por respeto a ellos, acepta la unión que han arreglado. Pero su marido, celoso de la rica personalidad de su joven esposa, no la hace feliz. Ella se refugia en el silencio y en la oración. A fuerza de perseverancia y de buen ejemplo, consigue que él se convierta, reanudando una práctica religiosa regular. Sin embargo, el 26 de julio de 1846, antes de que Constanza cumpla los veintiún años, él muere, dejándola viuda y sin hijos.

Conocedora como es de las aspiraciones de Constanza por la vida religiosa, la señora Morel, prima suya, la invita a Belley y la pone en contacto con la madre Marie-Aimée Morel, superiora de la Visitación de Bourg-en-Bresse, quien le propone seguir el retiro preparatorio de la festividad del Sagrado Corazón (15 de junio de 1849). Confía sus dudas a monseñor Devie, obispo de Belley, amigo del santo Cura de Ars, quien le aconseja ingresar en la Visitación. El 25 de noviembre, toma el hábito religioso y el nombre de sor María del Sagrado Corazón. El primer viernes de abril de 1851, formaliza su profesión religiosa. Al respecto, escribirá: «Sentía intensamente que mi Esposo quería que ese día fuese una víctima de amor (es decir, entregada por completo a su Amor) para resarcir su divino Corazón».

Fuente: clairval.com

Un nuevo «Tarcisio»

János BrennerJános Brenner

János Brenner nació el 27 de diciembre de 1931 en Szombathely (Hungría), en una familia profundamente religiosa. Tanto él como sus dos hermanos se hicieron sacerdotes.
Asistió a la Escuela Primaria Episcopal, luego a la escuela primaria de los monjes cistercienses en Pécs, y por último a la escuela primaria de los canónigos premonstratenses regulares en Szombathely.
Tras la nacionalización de las escuelas, pasa los exámenes de egreso en Zirc como oblato cisterciense, y después es admitido en el noviciado, donde recibe el nombre de Anasztáz.
Después de la disolución de las órdenes religiosas, estudió durante un año en la Academia Teológica de Budapest como laico, y luego lo hizo en el seminario de Szombathely como seminarista de la diócesis. Cuando el seminario fue cerrado, continuó sus estudios teológicos en Györ.
Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1955.

El joven sacerdote comenzó su ministerio como capellán en Rábakethely. Llevó a cabo una actividad pastoral dinámica, especialmente entre los jóvenes. Las autoridades, que perseguían a la Iglesia, desaprobaron su actividad, sobre todo por medio de las represalias que siguieron a la revolución de 1956.
Durante la noche del 15 de diciembre de 1957, cuando preparaba su homilía dominical para el día siguiente, el Padre János recibió una llamada para que visitara un enfermo; la llamada era falsa. Tomó su portaviático -donde llevaba el Santísimo Sacramento- que usaba para visitar a los enfermos, y se fue a la aldea de Zsida por el camino que cruza las colinas. Fue atacado y brutalmente apuñalado 32 veces. La gente que vivía cerca llamó al médico, pero ya era demasiado tarde: el joven capellán había fallecido. Incluso mientras sufría las puñaladas, defendió con su mano izquierda la Eucaristía.
Fue enterrado el 18 de diciembre en la cripta familiar de la iglesia salesiana de San Quirinus en Szombathely. Su lema sacerdotal estaba inscrito en su tumba: “Todas las cosas obran juntas para el bien de los que aman a Dios”.
Fue beatificado el 1 de mayo de 2018.

Fuente: cf. es.catholic.net

Siervos de Dios Ulises Amendolagine y Lelia Cossidente

Ulises Amendolagine y Lelia CossidenteUlises Amendolagine y Lelia Cossidente

Lelia Cossidente (Potenza, 4 de mayo de 1893) y Ulises Amendolagine (Salerno, 14 de mayo de 1893), han vivido el amor en una relación conyugal arropada por la experiencia carmelitana de la Parroquia de Santa Teresa, en Roma, encomendada a los Carmelitas Descalzos, en donde contraen matrimonio el 29 de septiembre de 1930. Ulises pertenece al Carmelo Seglar, mientras que Lelia se encamina a la Cofradía de la Virgen del Carmen. De su amor nacieron cinco hijos. Los días de la familia estaban llenos de referencias a Dios, de oración personal de los cónyuges, de lecturas, de meditaciones, que Ulises organizada para los niños, de altares preparados por Lelia durante las distintas fiestas religiosas, de bendiciones todos los días, de visitas al Santísimo en las Iglesias como algo natural que se hacía en familia.

Nada excluye, sin embargo, la experiencia de las dificultades, vividas también en familia, como las ocasionadas por la segunda guerra mundial, los momentos de dificultad económica, y el gozoso dolor de la separación cuando dos de sus hijos abrazan la vida religiosa (uno con los Hermanos de La Salle y otro con los Carmelitas Descalzos)…

Lelia fallecerá de un cáncer el 3 de julio de 1951. Ulises vivirá unos años más, falleciendo el 30 de mayo de 1969.
Lelia y Ulises son testigos de la santidad conyugal vivida en el hogar espiritual del Carmelo Teresiano. Ellos convirtieron la vida matrimonial en el lugar de la presencia continua del amor de Dios que se da a través de la concreción de obras en la vida cotidiana y se convierte en experiencia de atención y afecto de los lazos familiares. En el hogar, Lelia y Ulises viven con la conciencia de su dependencia de Dios en una relación de comunión donde cada uno encuentra su edificación personal.

Fuente: cuando-los-santos-son-amigos.blogspot.com.ar

Amar la Eucaristía desde la infancia

Venerable Silvio Dissegna en el día de su Primera Comunión

Venerable Silvio Dissegna en el día de su Primera Comunión

La Primera Comunión es sin duda alguna un encuentro inolvidable con Jesús, un día que se recuerda siempre como uno de los más hermosos de la vida. La Eucaristía, instituida por Cristo la víspera de su pasión durante la Última Cena, es un sacramento de la Nueva Alianza, más aún, el más importante de los sacramentos. En ella el Señor se hace alimento de las almas bajo las especies del pan y del vino. Los niños la reciben solemnemente la primera vez ―en la Primera Comunión― y se les invita a recibirla después cuantas más veces mejor para seguir en amistad íntima con Jesús.

Para acercarse a la Sagrada Comunión, como sabéis, se debe haber recibido el Bautismo: este es el primer sacramento y el más necesario para la salvación. ¡Es un gran acontecimiento el Bautismo! En los primeros siglos de la Iglesia, cuando los que recibían el Bautismo eran sobre todo los adultos, el rito se concluía con la participación en la Eucaristía, y tenía la misma solemnidad que hoy acompaña a la Primera Comunión. Más adelante, al empezar a administrar el Bautismo principalmente a los recién nacidos la fiesta más solemne se trasladó al momento de la Primera Comunión.

El día de la Primera Comunión es además una gran fiesta en la parroquia. Recuerdo como si fuese hoy mismo cuando, junto con otros muchachos de mi edad, recibí por primera vez la Eucaristía en la Iglesia parroquial de mi pueblo. Es costumbre hacer fotos familiares de este acontecimiento para así no olvidarlo. Por lo general, las personas conservan estas fotografías durante toda su vida. Con el paso de los años, al hojearlas, se revive la atmósfera de aquellos momentos; se vuelve a la pureza y a la alegría experimentadas en el encuentro con Jesús, que se hizo, por amor, Redentor del hombre.

¡Cuántos niños en la historia de la Iglesia han encontrado en la Eucaristía una fuente de fuerza espiritual, a veces incluso heroica! ¿Cómo no recordar, por ejemplo, los niños y niñas santos, que vivieron en los primeros siglos y que aún hoy son conocidos y venerados en toda la Iglesia? Santa Inés, que vivió en Roma; santa Águeda, martirizada en Sicilia; san Tarsicio, un muchacho llamado con razón el mártir de la Eucaristía, porque prefirió morir antes que entregar a Jesús sacramentado, a quien llevaba consigo.

Un testimonio conmovedor de amor pastoral por los niños la dio mi predecesor san Pío X con su decisión sobre la Primera Comunión. No solamente redujo la edad necesaria para acercarse a la Mesa del Señor, sino que dio la posibilidad de recibir la comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño muestra tener suficiente discernimiento. La Sagrada Comunión anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado entre los niños. Y así, a lo largo de los siglos hasta nuestros días, no han faltado niños y muchachos entre los santos y beatos de la Iglesia. Al igual que Jesús muestra en el Evangelio una confianza particular en los niños, así María, la Madre de Jesús, ha dirigido siempre, en el curso de la historia, su atención maternal a los pequeños. Pensad en santa Bernardita de Lourdes, en los niños de La Salette y, ya en este siglo, en Lucía, Francisco y Jacinta de Fátima.

Fuente: cf. Carta de Juan Pablo II a los niños del 13 de diciembre de 1994

El Corazón Eucarístico de Jesús

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Fiesta litúrgica del Corazón Eucarístico de Jesús: jueves siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón.

“¿Queréis conocer la vida del Corazón de Jesús? Está distribuida entre su Padre y nosotros. El Corazón de Jesús nos guarda: mientras el Salvador, encerrado en una débil Hostia parece dormir el sueño de la impotencia, su Corazón vela.
Vela, tanto si pensamos como si no pensamos en El; no reposa: continuamente está pidiendo perdón por nuestros pecados a su Padre. Jesús nos escucha con su Corazón en la Eucaristía; como en la cruz, está su Corazón abierto, dejando caer sobre nuestras cabezas torrentes de gracias y de amor.
Está también allí este Corazón para defendernos de nuestros enemigos, como la madre que para librar a su hijo de un peligro lo estrecha contra su corazón, con el fin de que no se hiera al hijo sin alcanzar también a la madre. Y Jesús nos dice: "Aun cuando una madre pudiera olvidar a su hijo, Yo no os olvidaré jamás".

La segunda mirada del Corazón de Jesús es para su Padre. Lo adora con sus inefables humillaciones, con su adoración de anonadamiento lo alaba y le da gracias por los beneficios que concede a los hombres sus hermanos; se ofrece como víctima a la justicia de su Padre, y no cesa su oración en favor de la Iglesia, de los pecadores y de todas las almas por Él rescatadas.
¡Oh Padre eterno! Mirad con complacencia el Corazón de vuestro hijo Jesús. Contemplad su amor, oíd propicio sus peticiones y que el Corazón Eucarístico de Jesús sea nuestra salvación.

Las razones por las cuales fue instituida la fiesta del Sagrado Corazón y la manera que ha tenido Jesús de manifestar su Corazón nos enseñan, además, que en la Eucaristía debemos honrarlo y que allí lo encontraremos con todo su amor.
Delante del Santísimo Sacramento expuesto recibió Santa Margarita María la revelación del Sagrado Corazón; en la Hostia consagrada se manifestó a ella el Señor con su Corazón entre las manos y dirigiéndole aquellas adorables palabras, que son el comentario más elocuente de su presencia en el Santísimo Sacramento: "¡He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres!"

Para penetraros del espíritu de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús debéis honrar los sufrimientos que padeció el Salvador y reparar las ingratitudes de que es objeto todos los días en la Eucaristía. ¡Y el Corazón que los sufrió con tanto amor está ahí... no muerto, sino vivo y activo; no insensible, sino más amante todavía!
Mas, ¡ay!, aunque Jesús no pueda ya sufrir, los hombres muestran con Él una ingratitud monstruosa. ¡Esa ingratitud al Dios presente, que vive con nosotros para conseguir nuestro amor, es el tormento supremo del Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento!
¡Hoy más que nunca, es necesaria la satisfacción, hace falta la reparación de honor para ofrecerla al Corazón adorable de Jesucristo! Rodeemos la Eucaristía de adoraciones y de actos de amor.
Al Corazón de Jesús, vivo en el Santísimo Sacramento, ¡honor, alabanza, adoración y dignidad regia por los siglos de los siglos! Ofreced vuestra persona a Cristo, vuestras acciones, vuestra vida. Adorad al Padre por medio del Corazón Eucarístico de Jesús. Él es Dios y hombre, vuestro Salvador, vuestro hermano, todo junto. Adorad al Padre Celestial por su Hijo, objeto de todas sus complacencias, y vuestra adoración tendrá el valor de la de Jesús: será la suya”.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

San Antonio de Padua por Benedicto XVI (IV)

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Por una parte, la Natividad, un punto central del amor de Cristo por la humanidad, pero también la visión del Crucificado le inspira [a San Antonio] pensamientos de reconocimiento hacia Dios y de estima por la dignidad de la persona humana, para que todos, creyentes y no creyentes, puedan encontrar en el Crucificado y en su imagen un significado que enriquezca la vida. Escribe san Antonio: "Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú mires en la cruz como en un espejo. Allí podrás conocer cuán mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habría podido curar, a no ser la de la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad humana y tu valor... En ningún otro lugar el hombre puede comprender mejor lo que vale que mirándose en el espejo de la cruz".

Meditando estas palabras podemos comprender mejor la importancia de la imagen del Crucifijo para nuestra cultura, para nuestro humanismo nacido de la fe cristiana. Precisamente contemplando el Crucifijo vemos, como dice san Antonio, cuán grande es la dignidad humana y el valor del hombre. En ningún otro punto se puede comprender cuánto vale el hombre, precisamente porque Dios nos hace tan importantes, nos ve así tan importantes, que para él somos dignos de su sufrimiento; así toda la dignidad humana aparece en el espejo del Crucifijo y contemplarlo es siempre fuente del reconocimiento de la dignidad humana.

Queridos amigos, que Antonio de Padua, tan venerado por los fieles, interceda por toda la Iglesia, y de modo especial por quienes se dedican a la predicación; pidamos al Señor que nos ayude a aprender un poco de este arte de san Antonio. Que los predicadores, inspirándose en su ejemplo, traten de unir una sólida y sana doctrina, una piedad sincera y fervorosa, y la eficacia en la comunicación. Pidamos para que los sacerdotes y los diáconos desempeñen con solicitud este ministerio de anuncio y actualización de la Palabra de Dios a los fieles, sobre todo mediante las homilías litúrgicas. Que estas sean una presentación eficaz de la eterna belleza de Cristo, precisamente como san Antonio recomendaba: "Si predicas a Jesús, él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente".

Benedicto XVI, Audiencia general del miércoles 10 de febrero de 2010

Los buscadores del Corazón de Jesús

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¡Encuentro en el Evangelio tantos modos de buscar al Corazón de Jesús y tan distintos fines en los que lo buscan!
La primera clasificación que salta a la vista es la de los buenos y malos buscadores de Jesús.
Son buenos buscadores, los que buscan a Jesús para darle algo que le guste a Él u obtener de Él algo de provecho propio. Esto es, lo buscan bien los que lo buscan para bien.
Son malos buscadores los que buscan a Jesús para hacerle daño y, si posible fuera, para perderlo. Esto es, los que le buscan para mal.
De éstos ¡cuántos descubre el Evangelio! Con cuánta tristeza intercala en la vida de Jesús, desde su infancia, frases como éstas: buscaban (los emisarios de Herodes) la vida del Niño(Mt 2,20). Buscándolo (los fariseos o sus secuaces) para cogerlo en su palabra, para prenderlo... para perderlo... para matarlo... ¡Qué misterio de iniquidad y de incomprensión! ¡Cuánto buscar a Jesús, al siempre buenísimo Jesús, para quitarlo de en medio!

¡Con cuánta pena ha tenido que decir a sus malos buscadores: me buscaréis y no me hallaréis!(Jn 7,34-36)
Cuánto harían sufrir y estarán haciendo sufrir al Corazón de Jesús, esos malos buscadores aferrados con obstinado y diabólico empeño en buscar sus manos para traspasarlas con clavos. Su boca para amargarla con hieles. Su cabeza para coronarla burlescamente con espinas. Su palabra para cogerlo en embustes. Su cara para abofetearla. Su Corazón para atravesarlo. Su nombre para raerlo de sobre la faz de la tierra.
¡Él, todo amor, odiado a muerte, a exterminio! Y no una vez en su vida mortal, sino muchas, ¡constantemente en su vida mortal y en la eucarística! ¡Qué misterio de dolor para Él y de dureza de corazón y ceguera de cabeza de los hombres!

Pero aun entre los mismos buenos buscadores, ¡qué pocos del todo buenos y rectos buscadores! Es decir, ¡qué pocos buscadores de sólo su Corazón!
Me explicaré.
Veo en el Evangelio a unos buscar la “mano” de Jesús, como los que le pedían que la posara sobre sus cabezas o sus ojos o sus dolencias para que los curara. Veo a otros buscar el “prestigio” de Jesús, como sus paisanos de Nazaret pidiéndole prodigios para no ser menos que los de Cafarnaúm. Veo a éstos buscar el “poder” de Jesús para recrearse en el espectáculo de grandes milagros, como los curiosos que se le acercaban diciéndole: “queremos verte hacer un milagro” (Mt 12,38). Veo a aquéllos buscar los “dineros” de Jesús para robárselos como Judas. Pero ¡a qué pocos veo buscando su Corazón! ¡Sólo su Corazón!

Fuente: San Manuel González, Así ama el corazón de Jesús en la Eucaristía. Versión digital tomada de alexandriae.org

El trato íntimo con Dios (II)

Lunes 11 de junio de 2018, 07:30

Publicado por: Laudem Gloriae

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San Bernardo de Claraval

No se debe creer que para tratar íntimamente con Dios y manifestarle nuestro amor sea necesario valerse siempre de la palabra; al contrario, con el progresar de la vida espiritual, el alma, por una reacción espontánea, prefiere muchas veces callar y fijar dulcemente su mirada en el Señor para escucharle a Él, que es el Maestro interior, y amarle en silencio. La manifestación de su amor se hace menos impetuosa y vivaz, pero gana en profundidad lo que pierde en emoción y en exterioridad. El alma expresa su amor más serena y tranquilamente, pero el movimiento de su voluntad hacia Dios es mucho más decidido y firme.
Dejando aparte los discursos y las palabras, se concentra del todo en una mirada sintética y amorosa al Señor, esa mirada sencilla que, con más eficacia y más directamente que los discursos y coloquios animados, la introduce y abisma en las profundidades de los misterios divinos.

Antes de llegar a este punto ha tenido que leer, meditar y analizar; pero ahora, gozando y saboreando ya en parte el fruto de sus esfuerzos, se detiene a contemplar a Dios en silencio y en amor. Su coloquio se hace de esta manera un coloquio silencioso, contemplativo, en conformidad con la noción tradicional de la contemplación, entendida como un «simplex intuitus veritatis», como una mirada sencilla que penetra la verdad. Pero, digámoslo una vez más, no es una mirada especulativa; es una mirada amorosa que conserva al alma en íntimo contacto con Dios, en verdadero trato de amistad con El.

Cuanto más contempla el alma a Dios, más se enamora de Él y más siente la necesidad de concentrar su amor en una generosidad total y absoluta para con El; por otra parte, el Señor sale al encuentro de los suspiros y del amor del alma y se deja encontrar de ella, iluminándola con su luz y atrayéndola más fuertemente a sí con su gracia.
Pero no siempre le será fácil al alma perseverar largo tiempo en esta mirada contemplativa, en este coloquio silencioso; de vez en cuando tendrá que volver al discurso y sentirá necesidad de expresar verbalmente sus afectos. Es más, será conveniente que lo haga con cierta frecuencia, especialmente cuando aún no está habituada a esta forma de oración, para no caer en la vacuidad y en las distracciones. Sin embargo, tenga siempre presente que gana más en este estarse silenciosa a los pies del Señor que en pasarse la oración discurriendo y razonando.

“¡Oh Señor! Tú nada ganas en estar con nosotros; y sin embargo, nos amas tanto, que dijiste que tus delicias eran estar con nosotros. ¡Oh, cuánto nos amas Dios mío, pues eres más feliz en darte a ti mismo que en darnos las cosas que te pedimos! Ya no quiero poseer nada, porque, si yo quiero y te lo pido, puedo poseerte a ti, Dios mío, y tratar tan íntimamente contigo.
Me adornaré con las joyas de las virtudes y te invitaré a que entres en el tálamo de mi corazón para descansar contigo en íntima unión. Sé que Tú no pides ni quieres otra cosa sino visitar mi alma y entrar en ella.
Y ¡qué triste es, Señor, me hayas estado llamando tanto tiempo y no te haya abierto y me haya privado de tan grande felicidad! Me acercaré a ti en el secreto de mi corazón y te diré: Sé que Tú me amas mucho más de lo que yo me amo, por eso ya no me preocuparé más de mí; me acercaré a ti, pondré mi vida en tus manos y Tú cuidarás de mí. Yo no puedo atender y preocuparme de mí y de ti; por eso viviremos en un intercambio mutuo de pensamientos y de afectos: Tú pensarás en mí y en mi debilidad para socorrerme, y yo pensaré en tu bondad para deleitarme en ella. Y aunque en este cambio el que gana soy yo, porque Tú nada puedes recibir de mí, sé que Tú te complaces más en permanecer conmigo y en ayudarme que yo en estar gozando de tu bondad.
¿Cuál es la causa de esto? La causa soy yo, porque yo me quiero mal y Tú me quieres bien, como Dios que eres. Si quisiera, ¡oh Señor!, recordar todas las pruebas que me has dado de tu amor, no sería capaz de hacerlo; aunque tuviera las lenguas de todos los hombres y de todos los ángeles, no llegaría a expresar y cantar dignamente los bienes de naturaleza, de gracia y de gloria que de ti proceden.
¿Es posible, Señor, que yo pueda pensar y meditar en otra cosa que no sea tu amor? ¿Por qué deseo y ansío otras cosas que no sean tu amor? ¿Por qué no me siento atado, preso de tu amor? Tu amor me rodea por todas partes y yo aún no lo comprendo, aún no sé lo que es tu amor” (San Buenaventura).

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina

Perenne actualidad del Evangelio

El Evangelio es el relato de una vida y de una doctrina, no sólo de un Jesús que pasó, que hizo, que dijo..., sino de un Jesús que está viviendo en el cielo y en los Sagrarios de la tierra, en su Cuerpo místico, la Iglesia, y en el alma de los justos.

Es cierto que las personas y los acontecimientos, que se mueven en torno del gran Protagonista del Evangelio, pasaron. Pero los tipos por aquellas personas representados y las acciones iguales o parecidas a las que aquellas realizaban, perduran en renovada sucesión que constantemente se va reproduciendo en torno del Jesús del Sagrario, de la Iglesia y de las almas. Las mismas escenas del Jesús de Palestina, con sus llamamientos y seguimientos de apóstoles. Sus abandonos, cobardías y traiciones de amigos, conspiraciones de enemigos, sus aclamaciones y sus _“crucifícalo”_ de turbas. Sus atracciones de niños, de enfermos, de pecadores. Sus intimidades y confidencias de almas selectas. Sus deferencias y blanduras con su Madre y con las madres intercesoras.

Ese libro, en suma, escrito ayer, cuenta con palabra infalible lo que Jesús hizo y dijo ayer, amándome y entregándose por mí. Lo que hace y dice hoy. Y lo que hará y dirá mañana y eternamente, conjugando los mismos verbos: **amar y entregarse.**

Este aspecto del Evangelio me regala con esta gratísima noticia: Por él yo puedo sentir las palpitaciones del Corazón de Jesús, no ya durante un período de su acción o de su vida, sino de todos los períodos y de toda su vida mortal, celestial, eucarística, mística y eterna.

¡Qué dulce alegría penetra e invade a mi alma al descubrir este mágico secreto que la pone en disposición para conocer en cada momento qué siente y cómo palpita el Corazón de Jesús en la intimidad con sus almas fieles; en sus días y noches sin fin de Sagrarios abandonados; en las Misas de sus sacerdotes, de los buenos y de los que no lo son; en las persecuciones y exaltaciones de su Iglesia; en su glorificación eterna del cielo!

Grande, interesante, revelador es siempre el Evangelio como doctrina y como historia. Pero cuando con ojos de fe viva, miro sus páginas y las veo moverse, subir y bajar suavemente, como suavemente baja y sube el pecho a impulso del corazón que guarda adentro; cuando siento que aquel subir y bajar son la sístole y la diástole del Corazón más grande, más generoso, más incansable, más inverosímilmente amante y dadivoso, el libro ya no es libro, sino un pecho vivo. La palabra una palabra hablada. El ayer es hoy. El mañana la eternidad. El milagro contado es milagro repetido. El misterio de la doctrina no es misterio, sino claridad de mediodía. La fe y la esperanza casi, casi, se van eclipsando, porque por entre letra y letra, renglón y renglón, van saliendo rayos de un sol, el sol del Amor...

¡Jesús descubriendo su Corazón y repitiendo: _“Yo soy”_ con palabra de luz y de fuego!

La letra dirá: mano que bendice, mano agujereada, ojos que miran, que lloran, que se velan; cabeza herida por espinas; pies cansados de caminar; boca abierta para enseñar, seca de sed, ardiente de fiebre... pero la luz y el fuego que debajo de las letras salen, van diciendo: ¡El Corazón de Jesús amando y entregándose!

¡Con qué razón y justicia el Evangelio de Jesús puede llamarse el Evangelio del Corazón de Jesús!

¿Que en aquellas páginas no se nombra ni una sola vez?

Es cierto. Pero también es cierto que así como por la lanzada del soldado quedó _“abierto el costado”_ de Jesús y por esa abertura podía verse y tocarse su Corazón de carne, por el espíritu de fe y mejor, por don del Espíritu Santo, a través de cada palabra del Evangelio de Jesús, puede verse y sentirse su Corazón, y por tanto, que no hay que escribir un libro sobre lo que es Él, sino dedicarse a **buscarlo** en el gran libro, en el libro eterno de su Evangelio.

Ésa, ésa quisiera yo que fuera la ocupación de los ojos y de las inteligencias de los cristianos: leer y contemplar el Evangelio, **buscando** el Corazón de Jesús sin parar hasta encontrarlo.

Fuente: San Manuel González, _Así ama el corazón de Jesús en la Eucaristía._ Versión digital tomada de alexandriae.org

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