Nuestra devoción al Sagrado Corazón


El alma devota del Sagrado Corazón de Jesús se ejercitará muy especialmente en actos de amor divino, puesto que este Corazón es ante todo el asiento y el símbolo de ese amor; y como el santísimo Sacramento es la prenda sensible y permanente del amor, en la Eucaristía el alma encontrará al Corazón de Jesús, y de este Corazón Eucarístico aprenderá a amar.

Nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del amor y de las gracias del Sagrado Corazón para con los hombres. ¿Por qué separar al Corazón de Jesús de su cuerpo y de su divinidad? ¿No es cierto que por su Corazón vive en el santísimo Sacramento y que por él se halla su cuerpo vivificado y animado? Jesús resucitado no muere ya. ¿Por qué separar ya su Corazón de su Persona y querer hacerle morir, por decirlo así, en nuestro espíritu? Este Corazón vive y palpita en la Eucaristía, no ya con la vida del Salvador pasible y mortal, capaz de tristeza, de agonía, de dolor, sino con una vida resucitada y consumada en la bienaventuranza.

Sepamos honrar al Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía y hagamos de manera que siempre anden unidas estas dos cosas en nuestras devociones, sin admitir nunca separación entre el Sacratísimo Corazón de Jesús y la Santísima Eucaristía.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (VI)


Hoy celebramos la Fiesta del Corazón Eucarístico de Jesús: jueves siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón

Dignidad de esta devoción

Es el símbolo de un amor eterno. Y "amor con amor se paga". El amor tiene sus manifestaciones externas. Las de Cristo están claras. ¿Las nuestras? El culto al Corazón Eucarístico de Jesús no es una devoción melosa y dulzona. Aunque a veces haya sido objeto de una imaginería artísticamente desdichada, y una literatura piadosa no más feliz. ¿Puede haber algo más digno y hermoso que glorificar al Señor que nos ha amado desde la eternidad?

Saludables efectos que de ella se siguen

Nos damos cuenta en seguida de las deformaciones que esta excelsa devoción ha llegado a padecer.

Pero nos cuesta mucho ver los bienes que de ella provienen:

-Sobre nosotros está el gesto benévolo de la divina misericordia.

-Nos sentimos justificados por ese amor divino purificador de los falsos amores.

-El amor misericordioso nos aplasta de vergüenza. A pesar de todas las miserias Dios nos ama con amor infinito.

Devoción santificadora y sublime

Porque el Corazón de Jesús es en la eucaristía "horno ardiente de caridad" que nos santifica.

Porque esta devoción une en sí lo más sublime del Amor:

-El Corazón de Jesús, y

-El misterio del amor: la eucaristía.

MODO DE PRACTICARLO

En cuanto al Corazón Eucarístico de Jesús, supone tres cosas:

Amor

Nos lo pide el mismo Cristo:

"Dame, hijo mío, tu corazón" (Prov. 23, 26).

"Permaneced en mi amor" (Jn. 15,9).

Reparar

Nuestros pecados, ingratitudes, tibiezas, negligencias...

Los sacrilegios, blasfemias, e irreverencias contra la eucaristía.

Los escándalos del mundo; las burlas de los impíos.

La frialdad de los malos cristianos.

Pedir

La conversión de los infieles y pecadores.

La santificación y perseverancia de los justos.

El triunfo y dilatación de la Iglesia católica.

La paz del mundo en el reino de Cristo.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (V)


"Si tuviera que adorar algo humano, no adoraría el polvo de la inteligencia del genio, sino las cenizas del corazón" (Lacordaire).

Vamos hoy a demostrar que la devoción y culto al Corazón Eucarístico de Jesús es de las más excelsas y convenientes:

-Por ser culto al Corazón de Cristo.

-Por ser culto a la eucaristía.

-Por ser estas dos devociones las más excelsas y convenientes.

AL CORAZÓN DE JESÚS

Qué significa el corazón

El corazón es la expresión del amor; en él se experimentan las afecciones del alma. El corazón sufre y el corazón se alegra. El corazón humano necesita amar. Jesús es tu amigo; tiene un corazón de carne como el tuyo. Lloró por Lázaro... Y tanto como a Lázaro te quiere a ti. La generosidad del corazón de carne no conoce edades: es siempre joven, siempre comienza. El amor es el que mueve a los hombres. Los latidos del corazón dan el impulso y marcan el ritmo de su vida.

El corazón divino de Jesús

Es la expresión del amor infinito de un Dios.

El centro de todas las humillaciones y sufrimientos que Cristo soportó por ti.

Obras son amores.

-Cristo se encarnó, "se hizo pecado", por ti y por mí (2 Cor. 5, 21). La encarnación es "la obra del amor" (Pío XI).

-Nos redimió hasta dar por nosotros la última gota de su sangre "consummatum est".

El Corazón de Cristo, el órgano más noble de su humanidad, la sede y centro de todas sus fatigas.

Cristo es Dios y hombre verdadero. El Corazón de Jesús, unido hipostáticamente a la divinidad, es el objeto más digno de culto que se puede pensar.

A LA EUCARISTÍA

Milagro de amor...

Cristo se inmoló por nosotros; un hecho histórico, hace ya veinte siglos. Pero Cristo se sigue inmolando hoy, y mañana... y siempre. Cuando un amigo, un pariente próximo tiene que separarse de nosotros, le despedimos con tristeza, con lágrimas quizás. "¡No te olvides de escribir!", es la última recomendación. Jesús también tenía que marcharse, y se fue; pero se quedó, aumentó su presencia entre sus amigos. Hoy vive entre nosotros, no en un rincón de Palestina, sino a unos pasos de la casa en que habitas, tras la puerta ante la que pasas tantas veces. ¿Se podrá exagerar amando a Jesús eucarístico?

Que exige correspondencia

"El amor... ¡bien vale un amor!". Amamos cuando nos sentimos amados.

Y el que ama de verdad hace lo que agrada a su amigo.

-Donde hay amor de Jesús no puede darse indiferencia.

-El amor desordenado de sí mismo no puede compaginarse con la entrega del Maestro. "Y habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin" (Jn. 13, 1).

-La incredulidad y la discordia, el sensualismo y las aberraciones del amor no pueden convivir con esta devoción.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (IV)


El culto al Corazón Eucarístico de Jesús tiene un carácter propio, que lo distingue del culto al Sagrado Corazón y del culto a la eucaristía.

Esta distinción no se encuentra en la substancia, pues las tres devociones tienen como finalidad propia el amor de Cristo; pero sí en el modo o enfoque. Y así:

-En la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se adora el Corazón y se honra de manera especial el amor de Cristo.

-En la devoción a la eucaristía se adora a Cristo bajo la realidad de su cuerpo y sangre, oculta bajo los accidentes eucarísticos.

-En la devoción al Corazón Eucarístico se adora el amor de Cristo manifestado al instituir la eucaristía, para quedarse con nosotros y dársenos en alimento.

La devoción al Corazón Eucarístico de Jesús es:

-Signo de la caridad de Dios para con el hombre (1 Jn. 3,1)

-Vínculo que une al hombre con Dios (1 Jn. 4,16)

-Sello de la unidad de caridad en que se juntan Dios y los hombres (Col. 3, 11)

Los discípulos de Emaús reconocen al Señor resucitado “en la fracción del pan”.

En la Hostia Santa que divide el sacerdote y en la Hostia que comulgas reconoce al Corazón de Jesús y prepárate dignamente para recibirlo como premio.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (III)

La eucaristía contiene el Corazón de Jesús

En ella honramos el objeto de esta devoción, que es el corazón real, no las imágenes que le representan.

Si el corazón de Cristo, por una desoladora hipótesis, se encontrase solamente en cielo, la distancia no modificaría la legitimidad del culto.

Pero la fe nos dice que está oculto y velado en la eucaristía, realmente, amándonos y deseando ser amado.

Allí debemos buscar su Sacratísimo Corazón.

Quiso permanecer muy cerca de nosotros, y se hizo prisionero en los sagrarios.

Jesús desea que le amemos en la eucaristía

Quiere que en este divino sacramento le amemos, visitemos como amigo y experimentemos mejor los efectos de su amor.

Quiere desde el sagrario ayudarnos en nuestras necesidades.

En la eucaristía como sacrificio -la santa misa- nos proporciona el medio de ofrecer al Padre una reparación infinita por nuestros pecados.

Cómo debemos practicar esta devoción

Honrando al Corazón de Cristo en la eucaristía.

Asistiendo a la misa con agradecimiento, respeto y amor.

Ofreciendo la misa al Padre:

-En acción de gracias por habernos dado el Sagrado Corazón, tan bueno y amoroso para nosotros.

-Para que el Sagrado Corazón sea mejor conocido y amado de todo el mundo.

-En desagravio por las injurias de los hombres a este Corazón Eucarístico.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (II)


Modo de adoración

El modo de adoración que conviene a la humanidad de Jesucristo y a sus diversas partes no es el mismo que le conviene al Verbo de Dios:

-A la persona divina se le adora primariamente y por ella misma.

-A la naturaleza humana, secundariamente y a causa de la divina.

Nosotros adoramos con culto de latría las diversas partes del cuerpo de Cristo, pero secundariamente y por razón de la persona divina a quien están unidas.

De esta forma adoramos al Corazón de Jesús oculto en la eucaristía.

EUCARISTÍA Y SAGRADO CORAZÓN

Entrañable unión de ambas devociones

La devoción a la eucaristía ocupa un puesto preeminente dentro de la devoción al Sagrado Corazón.

-Por la eucaristía se comprenden mejor las profundidades del Sagrado Corazón.

-Sin amor a la eucaristía no se ama al Sagrado Corazón.

Si la eucaristía es el sacramento del amor, el corazón es el órgano en que más claramente repercute el amor.

El Sagrado Corazón es el símbolo viviente del amor que llevó a Cristo a instituir la eucaristía.

Fuente: Antonio Royo Marín,El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (I)


Hace más de un siglo -en 1854- nació en Francia la devoción al Corazón Eucarístico de Jesús. A partir de entonces los Pontífices desde Pío IX a Juan Pablo II la han apoyado, concediéndoles abundantes indulgencias.

Su objeto es honrar en la eucaristía el Corazón de Cristo, que, aun cuando velado, se halla realmente presente, ardiendo con el mismo amor que le llevó a instituir este sacramento.

FUNDAMENTOS DOGMÁTICOS

Esta devoción no es un mero sentimentalismo, sino una “estimadísima práctica religiosa” (León XIII, Encíclica Annum Sacrum), con sólido fundamento dogmático.

El culto de latría

Es el honor que rendimos a Dios y que sólo a El corresponde. Pero Jesucristo es una persona divina (la segunda de la Trinidad) y por tanto a El le corresponde propiamente este culto.

Y adoramos por este culto a Jesucristo todo entero, es decir, como Dios y como hombre, ya que por la unión hipostática, estas dos naturalezas se encuentran unidas en una sola personalidad divina.

La unión hipostática exige que en Jesucristo se adore todo lo que está unido a la divinidad: el cuerpo, el alma, cada uno de los miembros del cuerpo y, por lo mismo, su propio corazón de carne.

La devoción al Corazón Eucarístico es esta misma adoración tributada al Corazón de Jesús en la eucaristía.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El Corazón de Jesús está resucitando almas

Es un oficio muy suyo, resucitar Él y resucitar a los demás. Tan suyo, tan exclusivamente suyo, que ante la muerte el único que se ha atrevido a hablar y a mandar es Jesucristo.

El talento del médico podrá conservar a un hombre sano, curarlo algunas veces, si está enfermo, prevenirlo para que no caiga; pero dar la vida, cuando la vida se acabó, eso no lo hacen, no lo pueden hacer los médicos. Pero el Cristo de mi Sagrario puede resucitar, ¡vaya si puede!

El Evangelio me dice que resucitó a una niña recién muerta, a un mozo a quien llevaban a enterrar y a un hombre maduro enterrado hacía cuatro días. Y desde entonces acá, ¡cuántos muertos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres de poco y de mucho tiempo, resucitados en el Sagrario!

Yo soy sacerdote del Señor y como tal custodio de un Sagrario y, si como sacerdote que veo las almas por dentro, puedo certificar de muchas defunciones espirituales, como custodio del Sagrario he de certificar también de muchas, muchas resurrecciones.

Yo he visto pasar por delante de mi Sagrario muchos muertos llevados a enterrar por sus propios vicios y pecados que oficiaron de verdugos y asesinos. Se han postrado de rodillas delante del Sagrario y se han puesto a llorar... ¡Dios mío, Dios mío, y qué milagros hacen esas lágrimas ante los Sagrarios, por las almas muertas! ¡Cómo se repiten el “levántate y anda” arrancado al Corazón de Jesús, por aquellas lágrimas!

¡Llorad en el Sagrario!, ¡llorad junto al Corazón que vive allí!, ¡lloradle mucho, que el que es inflexible y duro para resistir a los soberbios, no sabrá, ni querrá resistir a las lágrimas de la humilde y porfiada confianza!

Señor, grande y magnífico eres sacando de la nada los mundos por un acto de tu omnipotencia y de tu voluntad soberanas, y grande y magnífico eres también tornando los muertos a la vida por la sola influencia de unas lágrimas humanas.

Fuente: San Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario

El Corazón de Jesús en busca de discípulos

Vocacion de Pedro y Andres 01 01

Para eso pasaba Jesús por la orilla del Jordán; buscando de entre los grupos de penitentes o sencillos discípulos del Bautista, quien quisiera dejarse atraer por la humildad de su porte y el amor de su mirada...

¡Lo mismo que en el Sagrario! ¡Días y días, años y años en soledad casi absoluta esperando quien quiera dejarse atraer! ¡Qué traza de conquistador, tan distinta y tan opuesta a la usada por los hombres!
Y al segundo día se deciden dos a seguirle, Andrés y otro discípulo del Bautista, muy probablemente Juan. Jesús ha sentido sus pasos, ha vuelto el rostro atrás, los ha mirado y les ha preguntado: “¿Qué buscáis?”. “Maestro ¿dónde vives?” (Jn 1, 38).
¿No sentís palpitar en esta pregunta la emoción de una adhesión cariñosa?
Entre los hombres primero es conocerse y después amarse. Con Jesús buscado con corazón sencillo, ocurre al revés. ¡Cuántas veces se le ama primero y se le conoce después!

El Corazón de Jesús ha debido estremecerse de gozo al oírse por fin llamar Maestro, y encontrar los dos primeros discípulos.
No se les señala día ni hora para recibirlos. Los recibe al punto. ¡Tenía tanta hambre de enseñar! ¿En dónde? Ni les da las señas de su casa, ¡su casa!, la primera cabaña o cueva abandonada que encontrara, ¡un mesón!, ¡si los hubiere en aquellos parajes medio desiertos!
- “Venid y ved” (Jn 1, 38).

Y se estuvieron con Él toda aquella noche, porque eran ya las cuatro de la tarde cuando esta invitación se hacía.
Misterio de aquella noche entera de magisterio de Jesús con dos rudos pescadores, ¡cómo nos haces sentir las palpitaciones de un Corazón dispuesto a hacer locuras por iluminar a las almas y cómo haces presentir el misterio dulce, suave e iluminador de tantas noches y de tantos días de Sagrario!
¿Qué ha estado diciendo Jesús aquella noche a Andrés y a Juan?
No lo dice el Evangelio.
Lo que sabemos es que han salido conociendo quién es Jesús y amándolo con la efusión del celo más activo por buscarle conocedores y amadores.
Andrés busca y trae a Jesús a su hermano Simón, el que debía ser cimiento de su Iglesia. Probablemente Juan trae a su hermano Santiago. Después, de estos cuatro discípulos, sacará Jesús cuatro grandes Apóstoles.

Y sabemos también que con ese conocimiento y amor del Maestro, debieron sacar un amor fraterno, tan efusivo, tan palpitante, tan nuevo, que más tarde, en los últimos encargos, cuando tenía que separarse de ellos, para ir al Padre, les ha podido dejar esta consigna: “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros” (Jn 13, 35).

Fuente: San Manuel González, Así ama el corazón de Jesús en la Eucaristía. Versión digital de alexandriae.org

El Corazón Amante del Hijo de María

Virgen Maria 10 22b

“La Eucaristía sabe a vida eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María” (Sierva de Dios Teresa María de Jesús Ortega).

La devoción a la Eucaristía y la devoción al Corazón de Jesús no son solamente devociones gemelas, en realidad son una sola y misma devoción. Se completan y desarrollan una a otra; tan perfectamente se confunden juntas que una no podría ir sin la otra, y que su unión es absoluta. No sólo no puede una de estas devociones perjudicar a la otra, sino -porque se complementan y perfeccionan- se aumentan recíprocamente.
Si tenemos devoción al Sagrado Corazón, querremos hallarlo para adorarlo, amarlo, ofrecerle nuestras reparaciones y nuestras alabanzas, ¿y dónde habríamos de buscarlo si no es en la Eucaristía donde se halla eternamente vivo?

Si amamos a este Corazón adorable, querremos unirnos a Él, pues el amor busca la unión; querremos inflamar nuestro corazón con los ardores de este divino foco, pero para alcanzar este Corazón Sagrado, para asirle, para ponerle en contacto con el nuestro, ¿qué habremos de hacer? ¿Escalaremos el cielo para arrebatar el Corazón de Jesús triunfante en la gloria? Sin duda que no. Iremos a la Eucaristía, iremos al sagrario, recibiremos en la Misa la blanca Hostia, y, cuando la hayamos encerrado en nuestro pecho, percibiremos al Corazón Eucarístico latir verdaderamente dentro de nuestro corazón.
La devoción al Sagrado Corazón infaliblemente conduce a las almas a la Eucaristía, y la fe, la devoción a la Eucaristía necesariamente descubre a las almas los misterios del Amor Infinito, cuyo órgano y símbolo es el Corazón de Jesús.

Si creemos en la Eucaristía, creemos en el Amor. Pero el Amor en Sí mismo es inmaterial; para fijar nuestros espíritus buscamos el Corazón de Dios. El Sagrado Corazón, la Eucaristía, el Amor: ¡son una misma cosa! En el tabernáculo, hallamos la Hostia; en la Hostia, a Jesús; en Jesús, su Corazón; en su Corazón, el Amor, la Caridad divina, Dios, principio de vida, vivo y vivificante. ¿Y de qué especial ternura no habrá hecho objeto Dios Hijo, de antemano, a la que El mismo debía crear para nacer de Ella un día?
Y más aún. El milagro inefable de la Eucaristía no puede explicarse sino por el Amor de Jesús, Dios y Hombre. Mas, el Amor de Jesús es su Corazón, en resumen; la Eucaristía no se explica sino por el Sagrado Corazón. (Nota: es de destacar que en muchos milagros eucarísticos, al ser analizados, se comprobó que se trataba de tejido cardíaco de una persona viva)
La Eucaristía aumenta nuestro amor por el Corazón de Jesús. Y, porque sabemos que hallaremos a este Corazón Sagrado sólo en la Eucaristía, vamos a ella, nos arrodillamos ante el Santísimo Sacramento -ante el Corazón Sacramentado-, adoramos la Hostia radiante en la custodia.

Fuente: Venerable Luisa Margarita Claret de la Touche, Al servicio de Dios-Amor

Venga tu Reino Eucarístico

Sagrado Corazon 44 77

“Venga a nosotros tu reino eucarístico. Reina tú solo para siempre sobre nosotros con el imperio de tu amor, por el triunfo de tus virtudes, por la gracia de la vocación eucarística, para tu mayor gloria”. San Pedro Julián Eymard

“Es necesario que tanto en la predicación como en las confesiones, en casa como fuera, en la medida de lo posible, se hable de la devoción al Corazón Eucarístico de Jesús”. P. Matthias Raus

“Nuestro Señor, Hombre-Dios, me ha hecho ver su Corazón en la sagrada Hostia; me cautivaban su Corazón y la Hostia. Los dos estaban perfectamente unidos, de tal manera el uno en la otra, que no puedo explicar cómo me fue posible distinguirlos. De la Hostia se difundían innumerables rayos de luz; de su Corazón salía una inmensidad de llamas que corrían como torrentes impetuosos. La Santísima Virgen estaba allí, tan cerca del Señor que parecía estar como absorbida por Él. Todos los rayos luminosos de la Hostia y todas las llamas del Corazón de Jesús pasaban a través del Corazón Inmaculado de María”. Beata Dina Bélanger

“Ninguna invocación responde mejor que ésta al inmenso deseo de mi Corazón Eucarístico de reinar en las almas: Corazón Eucarístico de Jesús, venga Vuestro reino, por el Inmaculado Corazón de María. Y a mi infinito deseo de comunicar mis gracias a las almas, ninguna invocación responde mejor que esta: Corazón Eucarístico de Jesús, abrazado de amor por nosotros, abrazad nuestros corazones de amor a Vos”. Nuestro Señor a la Beata Dina Bélanger

El Obispo que permanece a los pies del Sagrario

San Manuel Gonzalez Garcia 01 01

San Manuel González, español (1877-1940) está enterrado en la catedral de Palencia, donde podemos leer el epitafio que él mismo escribió: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!»

Podemos encontrarnos con Cristo resucitado: en la Eucaristía, donde Jesús está realmente presente bajo las especies de pan y de vino.
Sería triste que esa presencia amorosa del Salvador, después de tanto tiempo, fuera aún desconocida por la humanidad. Esa fue la gran pasión de Manuel González García, conocido como "el obispo de los Sagrarios abandonados", obispo de Málaga y después de Palencia. La experiencia vivida en Palomares del Río ante un sagrario abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía. Manuel González es un modelo de fe eucarística, cuyo ejemplo sigue hablando a la Iglesia de hoy.
Su vida fue la de un pastor entregado totalmente a su ministerio, utilizando todos los medios a su alcance: la predicación, la publicación de escritos, la promoción de instituciones para el fomento de la vida cristiana y, sobre todo, el testimonio de una vida ejemplar, cuyo mensaje sigue siendo profundamente actual. En efecto, nuestra existencia carecería de algo esencial si nosotros no fuéramos los primeros contempladores del rostro de Cristo.
¿Qué mejor contemplación del Señor que adorarlo y amarlo en el sacramento de su presencia real por excelencia? El culto eucarístico es el centro que fortalece toda vida cristiana pues los fieles, respondiendo a la petición del Señor: "Quedaos y velad conmigo" (Mt 26, 38), encuentran en él la fuerza, el consuelo, la firme esperanza y la ardiente caridad que vienen de la presencia misteriosa y oculta, pero real, del Señor.

Oración
Corazón de Jesús Sacramentado, que te dignaste elegir a San Manuel para ser el apóstol de tus Sagrarios abandonados, consagrando su vida entera a reparar esos abandonos, dándote y buscándote amorosa, fiel y reparadora compañía en el Santísimo Sacramento; por aquella fidelidad y celo con que te sirvió durante toda su vida, mediante la educación cristiana de los niños, la formación de sacerdotes santos y la aproximación de todos a Ti en la sagrada Eucaristía, te rogamos humilde y fervorosamente que, por sus méritos y virtudes, te dignes concedernos por su intercesión las gracias que te pedimos si ha de ser para mayor gloria de Dios, advenimiento de tu reino eucarístico, honor de tu Madre Inmaculada y provecho de nuestras almas. Amén.

Fuente: cf. S.S. Juan Pablo II, Homilía del 29 de abril de 2001 en la beatificación de Monseñor Manuel González

El Corazón de Jesús está en el Sagrario y te llama

Sagrado Corazon 32 64

Llamo tu atención, toda tu atención, lector, quienquiera que seas, sobre la ocupación primera que he descubierto del Corazón de Jesús. Así, estar, y no añado ningún verbo que exprese un fin, una manera, un tiempo, una acción de ese estar. No te fijes ahora en que está allí consolando, iluminando, curando, alimentando..., sino sólo en esto, en que está.

Pero ¿eso es una ocupación?, me argüirá alguno. ¡Si parece que estar es lo opuesto a hacer! Y, sin embargo, te aseguro, después de haber meditado en ese verbo aplicado al Corazón de Jesús en su vida de Sagrario, que pocos, si hay alguno, expresarán más actividad, más laboriosidad, más amor en incendio que ese verbo estar. ¿Vamos a verlo?

Estar en el Sagrario significa venir del cielo todo un Dios, hacer el milagro más estupendo de sabiduría, poder y amor para poder llegar hasta la ruindad del hombre, quedarse quieto, callado y hasta gustoso, lo traten bien o lo traten mal, lo pongan en casa rica o miserable, lo busquen o lo desprecien, lo alaben o lo maldigan, lo adoren como a Dios o lo desechen como mueble viejo... y repetir eso mañana y pasado mañana, y el mes que viene, y un año, y un siglo, y hasta el fin de los siglos... y repetirlo en este Sagrario y en el del templo vecino y en el de todos los pueblos... y repetir eso entre almas buenas, finas y agradecidas, y entre almas tibias, olvidadizas, inconstantes y entre almas frías, duras, pérfidas, sacrílegas... Eso es estarel Corazón de Jesús en el Sagrario, poner en actividad infinita un amor, una paciencia, una condescendencia tan grandes por lo menos como el poder que se necesita para amarrar a todo un Dios al carro de tantas humillaciones.
¡Está aquí! ¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra que dice a mi fe más que todas las maravillas de la tierra y todos los milagros del Evangelio, que da a mi esperanza la posesión anticipada de todas las promesas y que pone estremecimientos de placer divino en el amor de mi alma!
Está aquí. Sabedlo, demonios que queréis perderme, que tratáis de sonsacarme, enfermedades que ponéis tristeza en mi vida, contrariedades, desengaños, que arrancáis lágrimas a mis ojos y gotas de sangre a mi corazón, pecados que me atormentáis con vuestros remordimientos, cosas malas que me asediáis, sabedlo, que el Fuerte, el Grande, el Magnífico, el Suave, el Vencedor, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí en el Sagrario mío!

Padre eterno, ¡bendita sea la hora en que los labios de vuestro Hijo unigénito se abrieron en la tierra para dejar salir estas palabras: «Sabed que yo estoy todos los días con vosotros hasta la consumación de los siglos»!
Padre, Hijo y Espíritu Santo, benditos seáis por cada uno de los segundos que está con nosotros el Corazón de Jesús en cada uno de los Sagrarios de la tierra. ¡Bendito, bendito Emmanuel, Dios con nosotros!

Fuente: San Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario

El Corazón de Jesús en el Sagrario

Sagrado Corazon 31 63

He aquí una pregunta que a no pocos cristianos y, diré más, piadosos, dejará perplejos: ¿Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús? ¡No habían parado mientes en que en el Sagrario hay quien pueda hablar y hable!, ¡quien pueda obrar en el Sagrario virtud! ¿Verdad que para muchos cristianos la idea del Sagrario es esto: Un lugar de mucho respeto, porque en él habita un Señor muy alto, muy grande, muy poderoso, todo majestad, pero muy callado y muy quieto?

Y no es que no crean que Jesucristo en el Sagrario esté todo entero como en el Cielo. Creen ciertamente que está allí con divinidad y alma y cuerpo y por consiguiente con ojos que ven, con oídos que oyen, con manos que se pueden mover, con boca que puede hablar... Sí, la fe de todo esto la tienen, pero es una fe que se quedó sólo en la cabeza y no bajó al corazón y mucho menos a la sensibilidad. Es una fe que, por quedarse allí estancada, apenas se ha convertido en luz de aquella vida, en criterio, en calor, en amor, en persuasión íntima, en entusiasmo, en impulsor de acción y de acción decidida.

Le pasa a esa fe lo que a las semillas de plantas grandes sembradas en macetas pequeñas. Por muy fecunda que sea la semilla, por mucha agua y luz con que la regaléis, si no dais a sus raíces tierra y lugar para su expansión, no conseguiréis sino una planta raquítica y encogida. Y hay cristianos que hacen eso mismo con su fe, de tal modo la ahogan en su rutinario modo de ver y entender que, sin que se pueda negar que tienen fe, ésta apenas si da señales de vida y de influencia.
Me he convencido hace tiempo de que el mal de muchísima gente no es no saber cosas buenas, sino no darse cuenta de las cosas buenas que saben. Mucha ignorancia hay, y de cosas religiosas es una ignorancia que espanta; pero con ser tan grande, es mucho más la que yo llamaría falta de darse cuenta. Y prácticamente, creo, que es causa más frecuente de la indiferencia religiosa y de tanta clase de pecados públicos y privados, como hoy lamentamos, la falta de darse cuenta, que la falta de saber.
La mayor parte de los cristianos que viven sin cumplir con ninguno de los preceptos que su religión les impone, saben que tienen obligación de oír Misa los domingos y fiestas, de confesar y comulgar una vez al año, etcétera; todos esos tienen fe en la Misa, en la Confesión, en la Comunión, en la autoridad docente de la Iglesia, y, sin embargo, no practican, ni se inquietan por no practicar. Yo creo que su mal está en que han metido su fe en la maceta de sus rutinas, de sus comodismos, de sus idiosincrasias, de su egoísmo, ya dije la palabra, de su egoísmo, porque éste es el único interesado en tener encerrada y ahogada la fe en el alma.
Así como la humildad y la caridad, si no son la sabiduría, son los elementos que mejor preparan para recibirla y fomentarla, la soberbia y el amor propio, que son los componentes del egoísmo, entorpecen, inutilizan y paralizan la ciencia adquirida.
El remedio, por consiguiente, estará en tratar de hacer añicos esa maceta para que la fe, como las raíces de la planta cautiva, se extienda libre por toda su alma, y se convierta en amor, y en obras y en hábitos de vida recta cristiana.

Y en nada se echa de ver tanto esa falta de darse cuenta, como en la conducta de los cristianos con respecto a la santa Eucaristía. Todos saben lo que allí hay, pero ¡qué pocos se dan por enterados! ¡Qué feliz sería yo si consiguiera con mis escritos despertar en algunos cristianos el sentido de darse cuenta de la Eucaristía! ¡Qué feliz si por resultado de estas lecturas algunos cristianos se levantaran decididos a ir al Sagrario para ver lo que allí se HACE y para oír lo que allí se DICE por el más bueno y más constante de nuestros amadores! Porque sabedlo, cristianos, el Corazón de Jesús no está en el Sagrario ni callado ni ocioso.

Fuente: San Manuel González, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario

Corazón Santo, tú reinarás

Sagrado Corazon 29 57

Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María. Este Corazón es nuestra Alianza.
Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana.
Este Corazón es la maravillosa “Condescendencia” de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano.

En la Santísima Eucaristía descubrimos con el “sentido de la fe” el mismo Corazón, el Corazón de Majestad infinita, que continúa latiendo con el amor humano de Cristo, Dios-Hombre.
¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X! ¡Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión, para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres “Casa de Dios y Puerta del Cielo”!
“Casa”: mediante la comunión eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.

“Puerta” , porque en cada uno de estos corazones humanos Él abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.

En este mundo Cristo es Rey de los corazones. Nunca quiso ser soberano temporal, ni siquiera sobre el trono de David.
Sólo deseó ese reino que no es de este mundo y que, al mismo tiempo, en este mundo se arraiga por medio de la verdad en los corazones humanos: en el hombre interior.
Por este Reino anunció el Evangelio e hizo grandes signos. Por este reino, el reino de los hijos adoptivos de Dios, dio Su vida en la Cruz.
Y confirmó de nuevo este Reino con su Resurrección, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles y a los hombres en la Iglesia.

De este modo Jesucristo es el Rey y centro de todos los corazones. Reunidos en Él por medio de la verdad, nos acercamos a la unión del reino, donde Dios “enjugará toda lágrima” (Ap 7, 17), porque será “todo en todos” (I Co 15, 28).

Fuente: San Juan Pablo II, Angelus del 16 de junio y 25 de agosto de 1985

Es nuestro deber y salvación darte gracias

Corazon Eucaristico de Jesus 06 08

No pocas almas interiores nos han expresado el dolor y pena que sienten ante el hecho de que, en algunos lugares, la mayor parte de los fieles se van de la iglesia inmediatamente después de la misa en que han comulgado. Aún más, tal costumbre tiende a hacerse general, aun en muchos pensionados y colegios católicos, en los que antes los alumnos que habían comulgado continuaban en la capilla como unos diez minutos después de la misa, dando gracias; costumbre que muchos han conservado toda la vida.

En ese tiempo, para hacer comprender la necesidad de la acción de gracias, se contaba, y con mucho fruto, lo que una vez hizo San Felipe de Neri, quien mandó en cierta ocasión que dos monaguillos, con cirios encendidos, acompañasen un buen trecho a una dama que solía salir de la iglesia inmediatamente después de la misa de comunión.

Mas hoy van introduciéndose por todas partes ciertos modales de irrespetuosidad hacia todo el mundo, hacia los superiores como hacia los iguales e inferiores, y aun hacia Nuestro Señor. De continuar así, habrá pronto muchos que comulgan y muy pocos que comulgan bien. Si las almas celosas no se esfuerzan por contrarrestar esta corriente de despreocupación, en vez de disminuir irá en aumento, destruyendo poco a poco el espíritu de mortificación y de verdadera y sólida piedad.
Mas lo cierto es que Nuestro Señor permanece siempre el mismo, y nuestros deberes hacia él son también los mismos de antes. La acción de gracias es un deber siempre que hayamos recibido un beneficio, y tanto mayor cuanto el favor es más notable.
Cuando obsequiamos con un objeto de algún valor a una persona amiga, nos causa no poca pena el ver que, a veces, ni siquiera se toma la molestia de pronunciar una sola palabra de agradecimiento. Cosa que sucede con más frecuencia de lo que sería de desear. Y si tal despreocupación, que es ingratitud, nos molesta, ¿qué no podremos decir de las ingratitudes sin cuento para con Nuestro Señor cuyos beneficios son inmensos e infinitos?

El mismo Jesús dio con frecuencia gracias a su eterno Padre por todos sus beneficios. La acción de gracias es uno de los cuatro fines del sacrificio, junto con la adoración, la súplica y la reparación. Y aun después del fin del mundo, una vez que la última misa esté ya celebrada, y cuando no habrá ya sacrificio propiamente dicho, sino sólo su consumación; cuando la impetración y reparación se hubieren terminado, el culto de adoración y de acción de gracias durará eternamente, y su expresión será el Sanctus, que será el eterno cántico de los elegidos.
Los fieles que se alejan de la iglesia casi al momento de haber comulgado, diríase que se olvidan de que la presencia real de Jesús subsiste en ellos, como las especies sacramentales, un cuarto de hora más o menos después de la comunión, ¿y no serán capaces de hacer compañía a este divino Huésped durante esos pocos minutos? ¿Cómo no caen en la cuenta de su irreverencia? (Nota: No nos referimos aquí a las personas verdaderamente piadosas que, por obligación o alguna necesidad, se ven en la precisión de abandonar la iglesia luego de la comunión.)

Pidamos a María medianera que venga en nuestro auxilio y nos haga tomar parte en la acción de gracias que ella ofreció al Señor después del sacrificio de la Cruz, después del Consummatum est, y después de las misas del apóstol San Juan. Tanta negligencia en la acción de gracias por la santa comunión proviene de que no conocemos como debiéramos el Don de Dios: Si conocieras el don de Dios (Jn 4, 10) Pidamos al Señor, humilde pero ardientemente, la gracia de un vivísimo espíritu de fe, que nos permita comprender mejor cada día el valor de la Eucaristía. Esa finalidad tiene precisamente la devoción al Corazón Eucarístico de Jesús.

Fuente: P. Réginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior

La Comunión nos une al Corazón del Salvador

Sagrado Corazon 27 45

Si alguna vez sentimos que nuestro cuerpo se debilita, sin dilación le proporcionamos manjares sustanciosos que lo reconfortan. El manjar por excelencia que restituye las fuerzas espirituales es la Eucaristía.
Nuestra sensibilidad, tan inclinada a la sensualidad y a la pereza, tiene gran necesidad de ser vivificada por el contacto del cuerpo virginal de Cristo, que por amor nuestro sufrió los más terribles tormentos. Nuestro espíritu siempre inclinado a la soberbia, a la inconsideración, al olvido de las verdades fundamentales, a la idiotez espiritual, tiene gran necesidad de ser esclarecido por el contacto de la inteligencia soberanamente luminosa del Salvador, que es “el camino, la verdad y la vida”.

También nuestra voluntad tiene sus fallas; está falta de energías y está helada porque no tiene amor. Y ése es el principio de todas sus debilidades. ¿Quién será capaz de devolverle ese ardor, esa llama esencial para que siempre vaya hacia arriba en lugar de descender? El contacto con el Corazón Eucarístico de Jesús, ardiente horno de caridad, y con su voluntad, inconmoviblemente fija en el bien, y fuente de mérito de infinito valor. De su plenitud hemos de recibir todos, gracia tras gracia. Tal es la necesidad en que nos encontramos de esta unión con el Salvador, que es el principal efecto de la comunión.

Si viviéramos firmemente persuadidos de que la Eucaristía es el alimento esencial y siempre necesario de nuestras almas, ni un solo momento dejaríamos de sentir esa hambre espiritual,que se echa de ver en todos los santos.
Para comulgar con buenas disposiciones, pidamos a María nos haga participar del amor con que de las manos de San Juan recibía la santa comunión.

Fuente: P. Réginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior

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