Mensaje a las mujeres


Y ahora es a vosotras a las que nos dirigimos, mujeres de todas las condiciones, hijas, esposas, madres y viudas; a vosotras también, vírgenes consagradas y mujeres solas. Sois la mitad de la inmensa familia humana.

En este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga.

Vosotras, las mujeres, tenéis siempre como misión la guarda del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna. Estáis presentes en el misterio de la vida que comienza. Consoláis en la partida de la muerte. Nuestra técnica corre el riesgo de convertirse en inhumana. Reconciliad a los hombres con la vida. Y, sobre todo, velad, os lo suplicamos, por el porvenir de nuestra especie. Detened la mano del hombre que en un momento de locura intentase destruir la civilización humana.

Esposas, madres de familia, primeras educadores del género humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los preparáis para el porvenir insondable. Acordaos siempre de que una madre pertenece, por sus hijos, a ese porvenir que ella no verá probablemente.

Y vosotras también, mujeres solitarias, sabed que podéis cumplir toda vuestra vocación de entrega. La sociedad os llama por todas partes. Y las mismas familias no pueden vivir sin la ayuda de aquellas que no tienen familia.

Vosotras, sobre todo, vírgenes consagradas, en un mundo donde el egoísmo y la búsqueda de placeres quisieran hacer la ley, sed guardianes de la pureza, del desinterés, de la piedad. Jesús, que dio al amor conyugal toda su plenitud, exaltó también el renunciamiento a ese amor humano cuando se hace por el Amor infinito y por el servicio a todos.

Mujeres que sufrís, en fin, que os mantenéis firmes bajo la cruz a imagen de María; vosotras, que tan a menudo, en el curso de la historia, habéis dado a los hombres la fuerza para luchar hasta el fin, para dar testimonio hasta el martirio, ayudadlos una vez más a conservar la audacia de las grandes empresas, al mismo tiempo que la paciencia y el sentido de los comienzos humildes.

Mujeres del universo todo, a quienes os está confiada la vida en este momento tan grave de la historia, a vosotras toca también, velar por la paz del mundo.

Fuente: San Pablo VI, cf. Discurso del 8 de diciembre de 1965

Una mujer salvada por su materidad

“Las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los recién nacidos” (Ex. 1, 17)

Chiara se hace una revisión más a fondo. Esta ecografía es tridimensional y a color. La imagen de Maria Grazia Letizia se ve muy nítida. Se mueve, se chupa el dedo y da patadas. Y su problema se percibe perfectamente: la pequeña no tiene la caja craneal. El médico de turno le dice a Chiara que, si hubiera visto antes una ecografía, todavía se podría haber hecho algo. “¿Para prevenir la enfermedad?”. “No, para abortar”. Para ella, que acaba de ver a su hija moverse, es un golpe bajo. “Era claro y evidente que Maria no podría sobrevivir después de nacer. Pero era igual de evidente que estaba viva y estaba haciendo todo lo posible por crecer. Yo no me sentía inclinada a ir en contra de ella, sino a apoyarla como pudiera y no anteponerme a su vida”.

Ella y Enrico habían expresado el deseo de hacerse cargo de niños maltratados a los que nadie amaba, “y el Señor nos ha encomendado una criatura maravillosa, que muchos han desechado, odiado y arrojado al cubo de la basura de un hospital”, escribe Chiara.

Para muchos médicos, el aborto, en este caso, es una opción indiscutible. Hay quien duda que interrumpir este embarazo sea un aborto, como si la niña no existiera.

Una nueva vida no viene a robarnos nada, sino a enriquecernos con su presencia. Una mujer que aborta, es una mujer engañada. “Si te compras una casa con el dinero que has ahorrado matando a tu hijo, esa casa está maldita”.

“Si hubiera abortado, habría sido un momento que hubiera intentado olvidar. El día del nacimiento de María lo podré recordar, en cambio, como uno de los más bonitos de mi vida. Lo que quiero decir a las madres que han perdido a sus hijos es esto: hemos sido madres, hemos tenido este don. No importa el tiempo, lo que cuenta es que hemos recibido este don... y no es algo que se pueda olvidar”.

“Dios imprime la verdad dentro de cada uno de nosotros y no es posible malinterpretarla”. Abortar es rechazar un don. Los padres que acogen a un niño acogen a Dios.

Fuente: Cristiana Troisi, Nacemos para no morir nunca

De la Carta Apostólica Mulieris dignitatem (II)


En la maternidad de la mujer, unida a la paternidad del hombre, se refleja el eterno misterio del engendrar que existe en Dios mismo, uno y trino. El humano engendrar es común al hombre y a la mujer. Y si la mujer, guiada por el amor hacia su marido, dice: “te he dado un hijo”, sus palabras significan al mismo tiempo: “este es nuestro hijo”. Sin embargo, aunque los dos sean padres de su niño, la maternidad de la mujer constituye una “parte” especial de este ser padres en común, así como la parte más cualificada. Aunque el hecho de ser padres pertenece a los dos, es una realidad más profunda en la mujer, especialmente en el período prenatal. La mujer es “la que paga” directamente por este común engendrar, que absorbe literalmente las energías de su cuerpo y de su alma. Por consiguiente, es necesario que el hombre sea plenamente consciente de que en este ser padres en común, él contrae una deuda especial con la mujer. Ningún programa de “igualdad de derechos” del hombre y de la mujer es válido si no se tiene en cuenta esto de un modo totalmente esencial.

La maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer. La madre admira este misterio y con intuición singular “comprende” lo que lleva en su interior. A la luz del “principio” la madre acepta y ama al hijo que lleva en su seno como una persona. Este modo único de contacto con el nuevo hombre que se está formando crea a su vez una actitud hacia el hombre, no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general, que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer. Comúnmente se piensa que la mujer es más capaz que el hombre de dirigir su atención hacia la persona concreta y que la maternidad desarrolla todavía más esta disposición. El hombre, no obstante toda su participación en el ser padre, se encuentra siempre “fuera” del proceso de gestación y nacimiento del niño y debe, en tantos aspectos, conocer por la madre su propia “paternidad”. Podríamos decir que esto forma parte del normal mecanismo humano de ser padres, incluso cuando se trata de las etapas sucesivas al nacimiento del niño, especialmente al comienzo. La educación del hijo, entendida globalmente, debería abarcar en sí la doble aportación de los padres: la materna y la paterna. Sin embargo, la contribución materna es decisiva y básica para la nueva personalidad humana.

Fuente: San Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris dignitatem

De la Carta Apostólica Mulieris dignitatem (I)


La maternidad es fruto de la unión matrimonial de un hombre y de una mujer, es decir, de aquel “conocimiento” bíblico que corresponde a la “unión de los dos en una sola carne”; de este modo se realiza por parte de la mujer un “don de sí” especial, como expresión de aquel amor esponsal mediante el cual los esposos se unen íntimamente para ser una sola carne.

El don recíproco de la persona en el matrimonio se abre hacia el don de una nueva vida, es decir, de un nuevo hombre, que es también persona a semejanza de sus padres. La maternidad, ya desde el comienzo mismo, implica una apertura especial hacia la nueva persona; y éste es precisamente el “papel” de la mujer. En dicha apertura, esto es, en el concebir y dar a luz el hijo, la mujer “se realiza en plenitud a través del don sincero de sí”. El don de la disponibilidad interior para aceptar al hijo y traerle al mundo está vinculado a la unión matrimonial que, como se ha dicho, debería constituir un momento particular del don recíproco de sí por parte de la mujer y del hombre. La concepción y el nacimiento del nuevo hombre, según la Biblia, están acompañados por las palabras siguientes de la mujer-madre: “He adquirido un varón con el favor de Yahveh” (Gén 4, 1). La exclamación de Eva, “madre de todos los vivientes”, se repite cada vez que viene al mundo una nueva criatura y expresa el gozo y la convicción de la mujer de participar en el gran misterio del eterno engendrar. Los esposos, en efecto, participan del poder creador de Dios.

La maternidad está unida a la estructura personal del ser mujer y a la dimensión personal del don. El Creador concede a los padres el don de un hijo. Por parte de la mujer, este hecho está unido de modo especial a “un don sincero de sí”. Las palabras de María en la Anunciación “hágase en mí según tu palabra” significan la disponibilidad de la mujer al don de sí, y a la aceptación de la nueva vida.

Fuente: San Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris dignitatem

Exhortación a los esposos


Tengan en cuenta, queridos hermanos, que el Matrimonio es necesario para la conservación del género humano, y les es concedido a todos, si no tienen algún impedimento. Fue instituido por nuestro Dios en el Paraíso terrenal, y santificado con la real presencia de Jesucristo nuestro Redentor en las Bodas de Caná. Es uno de los siete Sacramentos de la Iglesia, grande por su significado, y no pequeño en la virtud y dignidad. Colma de gracia a los que lo contraen con puras conciencias, con la cual gracia soportan las dificultades y pesadumbres a las que están sujetos los casados por todo el tiempo de su vida, y para que cumplan con el oficio de casados cristianos, y satisfagan la obligación que han tomado a su cargo.

Deberán considerar diligentemente, queridos esposos, el fin a que deben encaminarse las obras de vuestra vida; porque, en primer lugar, este Sacramento fue instituido para que procuren dejar herederos, no tanto de los bienes materiales, cuanto de la fe, religión y virtud de ustedes. Además fue instituido para que se ayuden el uno al otro a llevar las incomodidades de la vida y las debilidades de la vejez. Ordenen vuestra vida de tal manera, que mutuamente se presten alivio y descanso, evitando siempre las ocasiones de disgusto y malestar.

Finalmente, recuerden que ningún matrimonio entre cristianos puede ser legítimo sin ser sacramento; y que una vez realizada la unión matrimonial, es indisoluble hasta la muerte de uno de los cónyuges, porque lo que Dios unió, ningún poder humano puede separar. La dignidad de este Sacramento, que significa la unión de Cristo con la Iglesia, pide que se amen el uno al otro como Cristo amó a la Iglesia.

A ti, Esposo, Dios te entrega esta compañera; tú, que eres varón, sé su generoso protector, y coloca el honor de tu fuerza en ser el amparo de su debilidad. Recuerda siempre que se ha dado compañera, y no sierva. Así Adán nuestro primer padre, a Eva formada de su costado, la llamó compañera.

Se ocuparán ambos en actividades y ejercicios honestos, para asentar vuestra casa y familia, tanto para conservar el patrimonio, como para huir de la ociosidad, que es la fuente y raíz de todos los males.

Tú, Esposa, deberás estar sujeta a tu marido en todo: despreciarás el demasiado y superfluo adorno del cuerpo, en comparación con la hermosura de las virtudes; y deberás cuidar con gran diligencia los intereses de la familia: Intentarás no salir de casa si la necesidad no te obliga, y siempre con la licencia de tu marido.

A nadie, después de Dios, ha de amar más, ni estimar más la mujer que a su marido, ni el marido más que a su mujer.

Procúrense agradar mutuamente en todas las cosas que no contradicen a la piedad cristiana.

La mujer obedezca a su marido; el varón, por conservar la paz, ceda con prudencia el derecho de su autoridad.

Sobre todo, piensen cómo deberán dar cuenta a Dios de vuestra vida, de la de vuestros hijos y de la de todos los miembros de la familia.

Tengan ambos cuidado de enseñar a todos los miembros de la familia, el temor de Dios. Sean santos, y todos los vuestros sean santos, porque es santo nuestro Dios y Señor. Que Él los acreciente con numerosa sucesión, y después del curso de esta vida les conceda la felicidad eterna que es a la que deben aspirar para cantar sus glorias por los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Exhortación a los esposos del Ritual Toledano

El amor conyugal en palabras de la emperatriz Zita


Los aniversarios del fallecimiento del emperador solían ser dolorosos para ella, ya que reavivaban los recuerdos y la hacían sentir de nuevo y con mayor intensidad la pérdida.

El 21 de marzo de 1924 escribía:

...Revivo ahora los crueles días de hace dos años y mi corazón se duele en lo más hondo. El corazón humano es así; ni siquiera la perfecta dicha de que goza en el cielo y la alegría que experimentó por él son capaces de llenar el terrible vacío que se hizo en mí hace dos años. Me dirá usted: ¡es Dios quien debe ocupar ese lugar! Lo sé, todo el mundo me lo dice y yo me lo digo a mí misma. Pero esto no pasa tan rápido, por bueno que sea el consejo. Por otra parte, el mismo Señor, que era Dios, ¿no buscó en el Huerto de los Olivos en tres ocasiones el consuelo de sus discípulos? Y sus discípulos no le entendían ¡e incluso ignoraban en parte quién era Él! En mi caso, se trata de un corazón meramente humano, y lo que Dios se ha llevado es ese otro corazón que Él me había entregado y con el que yo compartía todos los sentimientos, todos los pensamientos, todas las alegrías, todas las penas. Por eso comprenderá usted que esto no pase pronto ni fácilmente.

¡Qué bello testimonio de amor conyugal! Al otro se le considera un don de Dios, un corazón que Dios entrega para compartir. Y un corazón que Él retoma para darle la felicidad. Sin embargo, esta certeza de la fe y el abandono en la Divina Providencia no restan nada al dolor de la soledad: ahora es viuda y debe enfrentarse ella sola a la educación de sus hijos. Ya no tiene a ese otro yo que es el buen amigo en quien volcar todos los sentimientos, los de felicidad y los de pesar. En pocas palabras, le falta ese corazón sobre el que reclinar la cabeza, como hizo san Juan sobre el pecho del Señor. Y, sin embargo, quería amar a Dios, quien debía llenar ese lugar, pero por el momento solo era capaz de unirse al Mesías en la soledad de su agonía en Getsemaní.

Fuente: Cyrille Debris, Zita, Retrato íntimo de una emperatriz

Difundiendo un mensaje a favor de la vida

La película “Inesperado” y el libro “Sin planificar” sobre Abby Johnson; católica, esposa y madre de ocho hijos

La película Inesperado (2019); se suma a otras con temática similar como Bella (2006), Bebé de octubre (2011), Gosnell (2018)

Inesperado, narra la historia real de Abby Johnson, quien decidió unirse como voluntaria de Planned Parenthood cuando estudiaba en la universidad. Ella, una jovencita llena de sueños por ayudar a los demás, se dejó atrapar por los argumentos que le ofrecieron con sus aparentes bondades. La narrativa, que va al pasado y regresa al futuro, destaca elementos como las emociones que experimenta esta mujer durante momentos muy fuertes de su vida, la lucha que tiene en varias ocasiones contra su conciencia, que parece reclamarle la gravedad de sus actos. Quizás porque sus padres tenían clara la postura de la defensa del niño por nacer y ella lo sabía. Esta producción destaca también la perseverancia de los activistas de “40 días por la vida”, quienes oraban por el alma de los bebés abortados y buscaban convencer a las mujeres que ingresaban a Planned Parenthood de continuar con su embarazo.

De voluntaria, Abby pasó a ser contratada y finalmente ascendida, convirtiéndose así en la directora de la clínica en Bryan, Texas, y en ser la más joven de toda la historia de Planned Parenthood en ocupar este cargo. Abby acogía a las mujeres que llegaban a practicarse un aborto, las aconsejaba, les decía que el feto que llevaban en su vientre no era todavía una vida humana, que era muy pequeño y no iba a sentir nada. Las alentaba a no tener miedo porque nada les iba a pasar, aunque esto no siempre fue cierto. Abby estuvo ocho años vinculada a esta entidad y a lo largo de ese tiempo colaboró en la práctica de 22.000 abortos.

Sin embargo, todo termina (y así inicia la película) cuando ella ingresa a una de las salas de abortos para asistir, por primera vez, a una de las mujeres y ve en la ecografía a un bebé de 13 semanas luchando por no morir, imagen que obviamente no se le permite ver a la paciente por abortar.

Inesperado muestra, el drama del aborto, la soledad de muchas mujeres que llegan engañadas y presas del miedo a terminar con su embarazo, sin el conocimiento claro de que se trata de una vida humana. Evidencia la manera como la industria del aborto quiere ocultar o reducir las tremendas consecuencias que esta práctica deja para la salud y el bienestar psicológico y espiritual de la mujer.

Una historia bien contada, donde Abby vive una serie de situaciones y está rodeada de personas que la aman y que respetan su libertad pero que no por ello dejan de decirle la verdad hasta que ella logra recapacitar y convertirse de una profesional de la industria del aborto, a una convencida defensora de la vida del niño por nacer.

Dios nos está brindando una gran oportunidad y herramientas como esta, para vencer a la bárbara institución del asesinato infantil a escala industrial.

Fuente: Cf. Revista Nueva lectura Nº 225


El testimonio de una madre


Me llamo Rosa Pich. Nací en Barcelona hace algo más de 50 años y soy la octava de 16 hermanos. Me casé en el 89 con quien ha sido mi más fiel acompañante, José María Postigo. Él era el séptimo de 14 hermanos.

Mi marido y yo teníamos la ilusión de formar una familia numerosa. Nos casamos jóvenes: él con 28 y yo con 23 años. Ambos proveníamos de familias numerosas. Al año de casarnos tuvimos la ilusión de ver llegar a nuestra primera hija, pero a las pocas horas de nacer tuvieron que llevársela de nuestro lado pues había nacido con una cardiopatía muy severa y debían trasladarla a un hospital con más medios técnicos. Esos primeros días, los médicos nos avisaron de que no viviría más de tres años; pero gracias a Dios, con operaciones y marcapasos, vivió hasta los 22. Nuestro segundo hijo, Javi, murió al año y medio, también a causa de un problema de corazón. Nuestra tercera hija, Montsita, murió a los 10 días, pues había nacido sin aorta. En menos de cuatro meses tuvimos que enterrar a dos de nuestros hijos y con la incertidumbre de que la mayor pudiera sobrevivir: fueron tiempos difíciles.

Los médicos nos aconsejaron que no tuviéramos más hijos pues, si hasta ese momento todos habían nacido enfermos, los siguientes también nacerían con problemas. “No tengáis más hijos” fue el mensaje claro y directo. Pero nacieron 15 más. La decisión de papá y mamá de engendrar una nueva vida es una decisión de los dos, y solo nosotros decidimos sobre estos aspectos.

Mi marido se falleció el 6 de marzo de 2017 debido a un cáncer de hígado. Ahora nos cuida desde Arriba. Es muy duro, pero gracias a la fe en Dios Padre, estar delante del Santísimo, rezar el Rosario todos los días en familia, la Misa diaria, gracias a que me siento querida y arropada por 15 hijos es posible tomar la Cruz y seguir adelante.

Fuente: Cf. comoserfelizconunodostreshijos.com

A la hora de elegir una película


Es necesario tener presente que a través de la televisión se llevan a cabo procesos de reeducación que entran de lleno en el mundo de los valores que se pretenden vivir en la familia. Claro que vivimos en una sociedad donde los medios son fundamentales e irrenunciables pero no por ello debemos conformarnos con “tragarnos” todo lo que emiten y mucho menos con dejar a nuestros hijos en manos de extraños, aunque se llamen Disney.

Las series, las películas, los concursos están diseñados de tal modo que “enganchen” y junto a los contenidos concretos, el modelo contribuye a generar una ciudadanía a la que se le menoscaba la capacidad crítica, se la sumerge poco a poco en el pensamiento único y se la incorpora al mundo del consumo. Las familias, y en concreto los padres, deben ser conscientes de esta situación de menoscabo de su soberanía familiar y de penetración en su relación familiar de pautas dañinas. Es necesario apelar a la vigilancia y al sentido común con el fin de preservar el don incondicional como necesidad y regla básica del quehacer familiar. (Javier Ros, infofamilialibre.com)

Uno puede ser imprudente con las cosas que no apuntan directamente a la emoción sexual sino a la emocional (como es el caso de muchas películas que sin ser eróticas ni pornográficas, producen cierta tristeza del bien o cierta empatía con el mal, presentados no ya de modo abstracto sino encarnados en personajes que producen una honda “resonancia” afectiva). Señalo esto porque, a veces, no nos damos cuenta del daño que hace a nuestros principios el permitir que se nos inculquen principios falsos endulzados con sentimientos seductores. Ésa es la manteca que nos hace pasar por la garganta seca el pedazo de pan duro de las falsas doctrinas. (P. Miguel Ángel Fuentes, Educar los afectos)

A la hora de ver una película en familia, o de recomendarla, antes hay que asegurarse de su contenido. Respecto a los estrenos de cine o alquiler en DVD o series de TV, pueden encontrar información acerca de la calificación moral, tipo de escenas o diálogos; en esta página católica: almudi.org /listado-películas. O también en imdb.com buscando un título, y luego ir a Parents Guide: View content advisory (Guía para padres: asesoramiento del contenido)

Un padre de familia camino a la beatificación

El Siervo de Dios Enrique Shaw

Casarse es no pertenecer más a sí mismo. ¿Cómo puede secarse el amor de los esposos, si han sido creados y unidos para darse a Dios uno a otro? La vida convivida por dos florece, se hace infinita. El crecimiento del amor no es automático. Hay que recrearlo. Un matrimonio es feliz cuando uno de los cónyuges se propone no ser feliz él, sino hacer feliz al otro.

En la familia sean todos verdaderamente adoradores de Dios sobre la tierra, para luego serlo también en el cielo. Si nosotros somos santos, lo serán también nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. A nuestros hijos hay que hablarles mucho del “plan de Dios”. Es el fundamento más profundo y más claro para preservar la pureza; porque en general todo conspira en su contra, sobre todo a una determinada edad.

Bello país el de aquí abajo donde a cada minuto puedo hacerme más santo. Para convertir al mundo no hay sino una manera: “ser santo”. La forma de mejorar la Iglesia es la santidad. Nuestro deber consiste en obrar con inteligencia y santidad. Quiero amar la voluntad de Dios, con alegría, sin desviaciones por debilidad.

Debo hacer que Cristo reine en mí: en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en las empresas donde trabajo, en la Patria, en la Iglesia. Quiero ser más regular en confesarme, diciendo con humildad: “Padre, bendíceme porque he pecado”; y luego, ser agradecido por la infinita misericordia de Dios.

El apóstol debe saber lo que piensa Cristo y vivir esa caridad en su trabajo, en el hogar, en el lugar donde lo colocó la Providencia. Debe entregarse sin reservas.

Fuente: Enrique Shaw, Notas y apuntes personales

Reina de la familia


Como en el belén, la mirada de fe nos permite abrazar al mismo tiempo al Niño divino y a las personas que están con él: su Madre santísima, y José, su padre putativo. ¡Qué luz irradia este icono de grupo de la santa Navidad! Luz de misericordia y salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre, para la familia humana y para cada familia. ¡Cuán hermoso es para los esposos reflejarse en la Virgen María y en su esposo José! ¡Cómo consuela a los padres, especialmente si tienen un hijo pequeño! ¡Cómo ilumina a los novios, que piensan en sus proyectos de vida!

El mensaje que viene de la Sagrada Familia es, ante todo, un mensaje de fe: la casa de Nazaret es una casa en la que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. Para María y José esta opción de fe se concreta en el servicio al Hijo de Dios que se le confió, pero se expresa también en su amor recíproco, rico en ternura espiritual y fidelidad.

María y José enseñan con su vida que el matrimonio es una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia. La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia.

Encomiendo a María, Reina de la familia, a todas las familias del mundo, especialmente a las que atraviesan grandes dificultades, e invoco sobre ellas su protección materna.

Fuente: San Juan Pablo II, Ángelus del 29 de diciembre de 1996

¡Que reine Cristo Rey, que triunfe por su Sagrado Corazón!


La Entronización es un apostolado social, organizado con el fin de realizar en la familia, y por ésta en la sociedad, esa palabra soberana... La Entronización trabaja para que esa afirmación inefable, “Reinaré por mi Corazón”, sea un hecho consumado y una dichosa realidad, hoy en el hogar, y mañana en la sociedad y en la nación.

El título, pues, de “Entronización”, o sea colocar al Rey sobre su trono, no es un mero título cualquiera y arbitrario; fue éste elegido y fue mantenido como una bandera contra mil críticas y oposiciones... El título es ya en sí todo un programa de apostolado. Sí, Cristo no es, no debe ser, un Rey de sacristía; es un Soberano y, como tal, quiere reinar en la sociedad.

Doctrinalmente podríamos, definir la Entronización: el homenaje social de adoración, de reparación y de amor que la familia, en su calidad de célula social, rinde al Corazón de Jesús, reconociéndole Señor y Soberano de la sociedad. En este sentido, eminentemente teológico y doctrinal, la Entronización no es, pues, una mera bellísima Consagración de la familia; es nada menos que un homenaje de “latría” en espíritu de amor y de desagravio por la horrenda apostasía de la sociedad moderna... La Entronización, pues, en un pobre tugurio o en un palacio, es el “Ave Rex” de la familia; ésta le dice y le canta: “¡Tus amigos queremos, Jesús, que Tú reines! Te lo pide este hogar, la patria pequeñita, en nombre de la gran Patria”.

Fuente: P. Mateo Crawley, Jesús Rey de Amor

La Eucaristía y la familia


La Imitación de Cristo dice: “Cuando Jesús está presente, todo es bueno y nada se hace difícil; mas cuando está ausente, todo es duro”.

Contemplemos una familia agrupada, reunida en torno de su cariñoso padre: es una familia feliz. Mas si se le arrebata el jefe, las lágrimas ocupan el lugar de la alegría y de la felicidad; faltando el padre, ya no hay familia.

Ahora bien, Jesús vino al mundo para fundar una familia: “Los hijos estarán contentos -dice el Profeta- alrededor de su mesa como nuevos retoños de olivo”. Que desaparezca nuestro Jefe y la familia se habrá dispersado.

Sin Nuestro Señor Jesucristo, nosotros nos hallaríamos como los apóstoles durante la Pasión, errantes y sin saber qué iba a ser de ellos, y eso que estaban cerca de Jesucristo, y de Él lo habían recibido todo; habían visto sus milagros, acababan de ser testigos de su vida, pero les faltaba el padre y ellos no constituían ya una familia, ni eran entre sí hermanos, sino que cada uno andaba por su lado.

¿Qué sociedad puede subsistir sin jefe? La Eucaristía es, por consiguiente, el lazo de unión de la familia cristiana.

Ved la gran familia cristiana, la Iglesia: celebra muchas fiestas, y es fácil comprenderlo; fiestas en honor del Padre de familia, en honor de la Madre y de los santos, que son nuestros hermanos; y así todas estas fiestas tienen su razón de ser. ¡Bien sabía Jesucristo que mientras durase la familia cristiana, Él había de ser su padre, su centro, su alegría y su felicidad! Por eso, cuando nos encontramos unos con otros, podemos saludarnos con el título de hermanos, pues acabamos de levantarnos de la misma Mesa; así los apóstoles llamaban instintivamente hermanos suyos a los primeros cristianos.

¡Ah! El demonio sabe también perfectamente que, alejando las almas de la Eucaristía, destruye la familia cristiana.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

La maternidad en la sociedad y en la familia

La emperatriz y reina Zita, con el archiduque Félix

La maternidad es un don de Dios. “He adquirido un varón con el favor del Señor” (Gn 4, 1) exclama Eva después de haber dado a luz a su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y alegría que brotan de la bondad del Creador.

Debemos rodear de atención particular la maternidad y el gran acontecimiento asociado a ésta, o sea, la concepción y el nacimiento del hombre, que se sitúan siempre en la base de la educación humana. La educación se apoya en la confianza en aquella que ha dado la vida. Esta confianza no puede exponerse a peligros.

La maternidad es la vocación de la mujer. Es una vocación eterna y, a la vez, contemporánea. Es necesario hacer lo imposible para que la dignidad de esta vocación espléndida no se destroce en la vida interior de las nuevas generaciones; para que no disminuya la autoridad de la mujer-madre en la vida familiar, social y pública, y en toda nuestra civilización: en toda nuestra legislación contemporánea, en la organización del trabajo, en las publicaciones, en la cultura de la vida diaria, en la educación y en el estudio. En todos los campos de la vida.

Fuente: Cf. San Juan Pablo II, Audiencia general del 10 de enero de 1979

Meditando en el Vía Crucis (VIII)


Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Jesús, al contemplar los niños en los brazos de sus madres, olvida un momento sus dolores; tanto era su cariño por aquellos inocentes pequeñuelos. Las madres miran compasivas las heridas, la sangre, la corona de espinas de Cristo. Pero él les insinúa las heridas de sus almas y los peligros espirituales que amenazan a sus hijos, por quienes padece y va a morir.

Amado Salvador mío: al ver a los niños y a sus madres, piensas en la familia cristiana, la gran preocupación de tu Corazón. Por eso elevaste la unión de los casados a la dignidad de alianza consagrada por las gracias sacramentales del matrimonio.

Con qué pesar ves la profanación de este sacramento, consecuencia detestable del amor egoísta que rehúye todo sacrificio. Danos la gracia de respetar y santificar lo que fue santificado con la Sangre de tu Corazón.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Tres Beatos padres de familia

Los Beatos José Tovini, Ladislao Batthyány Strattmann y José Toniolo

El 20 de septiembre de 1998, en la homilía de la beatificación de José Tovini, Juan Pablo II dijo: Un gran testigo del Evangelio encarnado en las vicisitudes sociales y económicas de la Italia del siglo pasado es, ciertamente, el beato Giuseppe Tovini. Brilla por su profunda espiritualidad familiar y laical, así como por el empeño con que se prodigó para mejorar la sociedad. Tovini, ferviente, leal y activo en la vida social y política, proclamó con su vida el mensaje cristiano, siempre fiel a las indicaciones del Magisterio de la Iglesia. La defensa de la fe fue su constante preocupación, pues, como afirmó en un congreso, estaba convencido de que “nuestros hijos sin la fe no serán jamás ricos; con la fe no serán jamás pobres”. Gracias a la competencia jurídica y al rigor profesional que lo distinguían, promovió y guió numerosas organizaciones sociales, con el deseo de dar a conocer la doctrina y la moral cristiana. Consideró el esfuerzo por la educación como una prioridad. La honradez y la coherencia de Tovini tenían sus raíces en su relación profunda y vital con Dios, que alimentaba constantemente con la Eucaristía, la meditación y la devoción a la Virgen. De la escucha de Dios en la oración constante obtenía la luz y la fortaleza para las grandes batallas sociales y políticas que debió sostener a fin de tutelar los valores cristianos.

El 23 de marzo de 2003, en la beatificación del Venerable Ladislao, el mismo Papa dijo: “Lo débil de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres” (1 Co 1, 25). Estas palabras del apóstol san Pablo reflejan la devoción y el estilo de vida del beato Ladislao Batthyány Strattmann, que fue padre de familia y médico. Utilizó la rica herencia de sus nobles antepasados para curar gratuitamente a los pobres y construir dos hospitales. Su mayor interés no eran los bienes materiales; en su vida no buscó el éxito y la carrera. Eso fue lo que enseñó y vivió en su familia, convirtiéndose así en el mejor testigo de la fe para sus hijos. Sacando su fuerza espiritual de la Eucaristía, mostró a cuantos la divina Providencia ponía en su camino la fuente de su vida y de su misión. El beato Ladislao jamás antepuso las riquezas de la tierra al verdadero bien, que está en los cielos. Que su ejemplo de vida familiar y de generosa solidaridad cristiana anime a todos a seguir fielmente el Evangelio.

El 29 de abril de 2012, el Cardenal Salvatore De Giorgi, en la homilía de la beatificación de José Toniolo, dijo: El profesor Giuseppe Toniolo fue un ejemplo de padre de familia, como sabio educador de los jóvenes en la búsqueda de la verdad, como laico en la Acción Católica, testigo del Reino de Dios en el mundo de la cultura, la economía y la política. De ahí su firme decisión: “Quiero ser santo”. En su vida espiritual y profesional, valoró los medios siempre presentes del ascetismo cristiano: oración, meditación, misa diaria y comunión, confesión frecuente, examen de conciencia, dirección espiritual, retiros mensuales y ejercicios espirituales anuales. Un verdadero contemplativo de la acción. Casado y padre de siete hijos, consideraba a la familia el lugar principal de su santificación y misión.

Santos Patronos de las embarazadas

San Ramón Nonato, San Gerardo Mayela y Santo Domingo Savio

Oh excelso patrono, San Ramón, a vos, glorioso protector acudo para que bendigáis al hijo que llevo en mi seno. Protegedme a mí y al hijo de mis entrañas ahora y durante el parto. Os prometo educarlo según las leyes y mandamientos de Dios. Escuchad mis oraciones, bendito protector mío, San Ramón, y hacedme madre feliz de este hijo que espero dar a luz por medio de vuestra poderosa intercesión. Amén.

A ti te invocamos, Dios y Padre nuestro, Señor de toda vida, que concediste a San Gerardo, a lo largo de su corta existencia, un especial cuidado por la vida naciente y las mujeres embarazadas. Bendice, por intercesión de san Gerardo, a todas las mujeres que esperan un nuevo nacimiento y a los hijos que llevan en sus entrañas, para que ambos lleguen sanos a un feliz alumbramiento. Y a toda tu Iglesia dale el don de amar, anunciar, defender y ofrecer la vida, como hizo nuestro Redentor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Señor Jesús, por intercesión de Santo Domingo Savio, patrono de las mujeres embarazadas y de los matrimonios que tienen problemas para concebir, te ruego por esta dulce criatura que llevo en mi seno. Tú me has concedido el inmenso don de esta pequeña vida que crece dentro de mí. Humildemente te doy gracias por haberme escogido como instrumento de tu amor. En esta dulce espera, ayúdame a vivir en continuo abandono a tu divina voluntad. Concédeme el corazón de una madre pura, valiente y generosa. Te ofrezco todas mis preocupaciones, miedos y necesidades en favor de este bebé que está por venir. Haz durante la gestación no sufra ningún mal, que se forme en mi interior con toda normalidad, que el parto sea sin problemas y que este bebé pueda nacer sano. Aparta de él todo mal físico y todo peligro para su alma. Y a ti, oh María, que gozaste de las inefables alegrías de una maternidad santa, dame un corazón capaz de transmitir una fe viva y ardiente. Santifica y bendice mi dulce espera, y por medio de tu ayuda y la de tu Divino Hijo, concédeme, por intercesión de Santo Domingo Savio, que en el fruto de mi vientre pueda florecer una vida de virtud y santidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Fuente: Cf. devocionario.com

El confesor y guía espiritual de santa Faustina Kowalska


Treinta y tres años después de su muerte, el Padre Miguel Sopocko (1888-1975), gran promotor del mensaje de la Divina Misericordia y confesor de Santa María Faustina Kowalska, fue beatificado en Polonia el 28 de septiembre de 2008. El Cardenal Estanislao Dziwisz, entonces Arzobispo de Cracovia, en su homilía dijo que “la Divina Providencia usó este sacerdote para que la invariable verdad de la Divina Misericordia pudiera alcanzar un camino especial hacia la mente y los corazones de la gente del siglo XX. Ese siglo se ha caracterizado de cierta manera por sus crueles sistemas totalitarios los cuales trataron de remover por la fuerza la esperanza de la vida de las personas, donde se trató de arrancar su dignidad, condenándolos a un sentimiento de desesperación. Entre los momentos de oscuridad de la vida, la lucha diaria con la maldad y las experiencias difíciles asociadas con la vida, había la necesidad de un rayo de luz y esperanza. Ese rayo fue un poderoso recordatorio de la verdad de nuestro destino el cual está en las manos de Dios misericordioso. El Beato Sopocko proclamó la misericordia de Dios no sólo a través de su participación directa en esta labor, la cual fue iniciada por la Hermana Faustina. El mismo fue un hombre de infinita confianza en la misericordia de Dios. Esa fue su actitud espiritual, una característica especial de su identidad cristiana”.

El Cardenal Ángelo Amato invitó a todos a seguir las enseñanzas del Beato Miguel Sopocko, especialmente en las relaciones familiares. Él dijo: “En las familias, hay una necesidad de misericordia cada día, cada día la esposa debe ser compasiva con su esposo y vise-versa, continuamente reconfirmando su fidelidad recíproca. Cada día los padres deben ser magnánimos al perdonar a sus hijos, al experimentar sus errores. Pero los hijos, también deben ser pacientes con sus padres. Todos en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en todas partes, deben ejercer la misericordia”.

El Papa Benedicto XVI, después de su mensaje del Ángelus en Roma, dijo: “Saludo con afecto a los fieles reunidos para la beatificación del siervo de Dios Miguel Sopocko, confesor y guía espiritual de santa Faustina Kowalska. Por su sugerencia, la santa describió sus experiencias místicas y las apariciones de Jesús misericordioso. También gracias a sus esfuerzos se pintó y transmitió al mundo la imagen con la inscripción Jesús, en ti confío. Este siervo de Dios se dio a conocer como celoso sacerdote, educador y propagador del culto de la Misericordia divina”.

Fuente: marian.org

Meditando en el Vía Crucis (IV)


Cuarta estación: Jesús encuentra a su Santísima Madre

Jesús sigue adelante con paso tembloroso. ¿No habrá nadie que comprenda su dolor y lo compadezca? De pronto sus manos se sienten oprimidas con cálida emoción. Demasiado conoce Él la ternura de aquellas manos que lo estrechan. Su Corazón se estremece de dolor y consuelo. Vuelve sus ojos y se encuentra con su desolada Madre. ¡Qué encuentro! La amargura paraliza sus lenguas, las miradas se confunden, las almas se compenetran. Ahora el mejor de los hijos y la mejor de las madres seguirán paso a paso el mismo camino, llevando a cuestas la misma Cruz.

Salvador mío, ¡cuánta ternura humana alberga tu Corazón en su grandeza divina! Tu pueblo y tu suelo patrio te son caros; no quieres pasar por este mundo como hombre extraño a tus familiares; amas a tu madre con profundo amor filial. Durante toda tu vida te esforzaste para librar a la familia del pecado y transformarla en la sociedad feliz de los hijos de Dios. Por eso observaste el cuarto mandamiento, desde la infancia hasta la muerte. Pero cuánto sufriste en este encuentro con tu madre al pensar que en los tiempos actuales los lazos de la familia serían desechos y profanados. Te prometemos soportar las dificultades de la vida de familia con el mismo espíritu de caridad que anima a tu Corazón en esta estación. La autoridad será ayuda servicial y la obediencia se cumplirá con alegría por amor a ti y a tu Madre santísima.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Ejemplo y legado

A la izquierda un bisnieto del Beato Carlos de Austria junto a su familia, y a la derecha una histórica foto

La pareja que aparece a la derecha de esta foto, eran el emperador Carlos y la emperatriz Zita de Habsburgo. Su biznieto el archiduque Imre de Habsburgo-Lorena, descifra esta histórica fotografía: “Esta foto siempre me ha conmovido muchísimo. Muestra a mis bisabuelos, el beato Carlos de Austria y la Sierva de Dios Zita, de rodillas junto a un tren detenido, en una misa al aire libre.

Fue tomada en octubre de 1921 durante el segundo intento de restauración en Hungría. En efecto, Carlos, rey legítimo de Hungría, había sido coronado y consagrado rey en 1916 y, para él, esta coronación representaba prácticamente un sacramento. Dios le había confiado Hungría y Carlos quería honrar su compromiso hasta su término. La misa a la que asistía la pareja tenía lugar justamente antes de un momento trágico. El almirante Horthy, en el poder en Hungría, estaba decidido a no dejar a Carlos subir de nuevo al trono, él que sin embargo había jurado fidelidad a mi bisabuelo unos años antes. Poco tiempo después, Carlos y Zita fueron apresados y finalmente embarcados en un barco que debía conducirles al exilio en Portugal.

Esta foto dice mucho de la manera como Carlos y Zita vivían su fe. Ambos asistían a misa cada día. Dios era claramente el centro de sus vidas, tanto en las alegrías como en las penas. Durante el reinado de Carlos, la pareja vivió momentos muy difíciles. Desde su ascenso al trono, el emperador no dejó de promover la paz en una Europa que se rasgaba. Había sido además el único monarca que aceptó la propuesta de paz de Benedicto XV. Pero conoció la traición, a veces incluso de sus mismos familiares, y la humillación de ver el imperio disolverse después de más de 600 años de vínculo entre una familia, los Habsburgo, y sus pueblos. A pesar de los momentos difíciles y la pobreza, el emperador nunca cultivó el rencor. A sus hijos les repetía que tenían que estar agradecidos por lo que tenían. Mi abuelo (hijo de Carlos y Zita) nos repetía a menudo que su madre había seguido este ejemplo. Para ella, la voluntad de Dios era perfecta, había un plan. Por tanto intentaba acoger cada uno de los episodios de su vida como los frutos de la voluntad divina.

Esta foto ilustra también la humildad. Ante Dios, Carlos y Zita tenían conciencia de no ser más que pequeños instrumentos. El emperador Carlos dirigía un imperio gigantesco. Él siempre vivió esta misión con un gran sentimiento de servicio. Esta dimensión de servicio se palpa en esta foto.

Su ejemplo está todavía muy presente en nuestra familia. El 3 de octubre de 2004, estuvimos todos presentes en la plaza de San Pedro para la beatificación de Carlos. Su fiesta es el 21 de octubre, día de su matrimonio. Carlos y Zita son una fuente de inspiración para todas las parejas. El día de su compromiso, ante el Santísimo Sacramento, se prometieron el uno al otro que se ayudarían a convertirse en santos. Como padre de familia, son un modelo en el día a día para nuestra pareja. Siguiéndolos a ellos, intentamos poner a Dios en el centro de nuestra vida, especialmente rezando el rosario en familia. Después, como todo cristiano, intentamos servir al bien común en nuestras actividades de cada día. A pesar de los grandes desafíos de nuestra sociedad, estamos animados por una gran esperanza en el futuro, que deseamos transmitir a nuestros hijos”.

Fuente: es.aleteia.org

Los niños y el Reino de los cielos

El Siervo de Dios Ángel Bonetta

Los niños son, desde luego, el término del amor delicado y generoso de Nuestro Señor Jesucristo: a ellos reserva su bendición y, más aún, les asegura el Reino de los cielos. En particular, Jesús exalta el papel activo que tienen los pequeños en el Reino de Dios: son el símbolo elocuente y la espléndida imagen de aquellas condiciones morales y espirituales, que son esenciales para entrar en el Reino de Dios y para vivir la lógica del total abandono en el Señor: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba incluso a uno solo de estos niños en mi nombre, a mí me recibe”.

La niñez nos recuerda que la fecundidad misionera de la Iglesia tiene su raíz vivificante, no en los medios y méritos humanos, sino en el don absolutamente gratuito de Dios. La vida de inocencia y de gracia de los niños, como también los sufrimientos que injustamente les son infligidos, en virtud de la Cruz de Cristo, obtienen un enriquecimiento espiritual para ellos y para toda la Iglesia. Todos debemos tomar de esto una conciencia más viva y agradecida.

Además, se ha de reconocer que también en la edad de la infancia y de la niñez se abren valiosas posibilidades de acción tanto para la edificación de la Iglesia como para la humanización de la sociedad. Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen, a su manera, a la santificación de los padres, y se ha de repetir de los niños en relación con la Iglesia. Ya lo hacía notar Juan Gersón, teólogo y educador del siglo xv, para quien “los niños y los adolescentes no son, ciertamente, una parte de la Iglesia que se pueda descuidar”.

Fuente: San Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles Laicis

La vida matrimonial es un campo de santidad


La vida matrimonial es un campo de santidad, donde el amor es la semilla plantada por Dios. Este sacramento vivo debiera ser considerado con devoción, devoción hacia la pareja y devoción hacia el sacramento mismo. Las parejas casadas debieran tener la posibilidad de recurrir al poder de su propio Sacramento cuando las dificultades surgen. Hay escondido en este sacramento de la vida diaria, un poder especial. Este poder hace a dos personas capaces de vivir juntas en el amor, para traer al mundo otros seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios. Como el sacerdote, por el poder de su ordenación, ofrece un pedazo de pan y dice “este es mi cuerpo”, así los esposos, por el poder de su Sacramento Vivo, contemplan este niño, fruto de su amor, y dicen “este es nuestro cuerpo, este es Su templo”.

En la vida de cada pareja de esposos debe darse una continua edificación del Sacramento. Ya que cada sacramento nos trae la presencia de Dios de una manera especial, esta Presencia en el Matrimonio debiera ser una continua experiencia de vida. Los esposos debieran situarse en Su maravillosa Presencia diariamente poniendo sus vidas frente a Dios en un encuentro necesario de amor. Si un matrimonio empezara su día de la mano, se pusiera silenciosamente en la presencia de Dios, si fuera consciente de dicha presencia a su alrededor y en ellos, si tomaran de Dios las hermosas cualidades que les hicieran falta, si buscaran su bendición cada nuevo día, ese día empezaría inmerso en el amor de Dios, y ese Amor, más fuerte que la muerte, los mantendría unidos pase lo que pase.

Fuente: Mini libros de la Madre Angélica, El Sacramento Vivo: El Matrimonio

Casados y Santos

Los esposos Martin, (hoy celebramos su memoria litúrgica) canonizados en 2015, y los esposos Beltrame, beatificados en 2001. Los primeros Matrimonios de la Historia de la Iglesia en ser elevados juntos al honor de los altares

“Sí, queridas familias, en la Iglesia ha llegado la hora de la familia. Lo confirma la beatificación del matrimonio Luis Beltrame y María Corsini, que acabamos de celebrar. A su intercesión, unida a la de María Santísima, encomendamos de modo particular el compromiso misionero de las familias cristianas”. (San Juan Pablo II, Ángelus del 21 de octubre de 2001)

Oración a los Beatos Luis y María

Señor Jesús, Tú llamaste a los Beatos Luis y María, esposos y padres según tu Corazón, a vivir día tras día, en el mundo actual, la gracia santificante del sacramento del matrimonio, ayudándose con el amor sincero a recorrer juntos el “camino angosto” pero luminoso de la santidad cristiana. Tú, que imprimes en la familia humana tu divino sello del Amor del Padre, haz que el testimonio luminoso y la intercesión de estos esposos, unida a la de la Virgen Madre y San José, nos obtengan a todas las familias perseverancia en la oración, fortaleza en la tribulación, unión sincera, perdón recíproco, amor fecundo. Por su intercesión sostiene y protege a los jóvenes matrimonios. Hazlos fieles en el amor, y ábrelos al don divino de la vida. Haz que siguiendo su ejemplo, podamos vivir también nosotros fielmente nuestra vocación a la santidad. Amén.

Beatos Luis y María, rogad por nosotros.

“Los santos esposos Luis Martin y Celia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”. (S.S. Francisco, Homilía del 18 de octubre de 2015)

Oración al santo matrimonio Martin

Dios de eterno amor, nos has dado en los santos esposos Luis y Celia Martin un hermoso ejemplo de santidad vivida en el matrimonio. Ambos conservaron su fe y su esperanza en medio de los trabajos y pruebas de la vida, y educaron a sus hijos para que llegaran a ser santos. Te pedimos que su ejemplo sostenga a las familias de hoy en la vida cristiana y nos ayuden a todos a caminar hacia la santidad. Amén.

Santos Luis y Celia, rogad por los matrimonios y las familias del mundo entero.

Este es el Corazón que tanto ha amado a los hombres


El culto al Corazón de Jesús es el acto por el cual honramos ese divino Corazón lleno de amor por nosotros. Este culto es ante todo personal, ya que ha venido a "reinar sobre los corazones", y el corazón es algo propio de cada uno.

En la santa misa: Dando gracias a Dios por habernos dado a Jesús, que nos ha abierto los brazos de su paternidad. Pidiendo que ese Corazón escondido en el sagrario difunda su amor en nuestras almas y en todo el mundo. Ofreciéndola en reparación de las injurias que sufre en el sagrario, altar del sacrificio de su amor. En la comunión: Para recibir el torrente de gracias que nuestra alma necesita. Para darle la alegría de nuestra intimidad, que El busca ardientemente. En las visitas a su tabernáculo: ¿Podría Jesús desear con más ardor la presencia del amigo por quien murió y se encerró en el Sagrario? Es un deber no sólo de gratitud, sino de honor. Pero nos espera sobre todo para ser nuestra fortaleza y ayuda.

En cuanto a la consagración personal: quedamos totalmente bajo el influjo del divino Corazón para que haga de nosotros lo que quiera. Esta entrega, por expresa Voluntad suya, es la clave para consumar nuestra santificación, ya que nunca se deja ganar en generosidad. También es su voluntad que le imitemos: el amor lleva a identificación con la persona amada. Debemos imitar sus sentimientos, amar lo que El ama: la gracia, la virtud... Imitar sus virtudes: el amor al Padre, la conformidad con su voluntad, el espíritu de oración, la humildad de su encarnación. Y detestar lo que El detesta: pecados, tibieza para con Dios...

En el orden familiar el acto supremo de culto es la consagración, el reconocimiento del Sagrado Corazón como Rey del hogar. Es un reconocimiento de los derechos del Sagrado Corazón a reinar sobre la familia y un sometimiento a su voluntad. La familia es obra de Dios, por tanto le pertenece. Pero esta soberanía del divino Corazón hay que aceptarla no sólo como un derecho de El sobre nosotros, sino como un acto de nuestro amor hacia El, fruto de agradecimiento. El fin próximo es la regeneración de la familia en los principios cristianos: la familia en función de la gloria de Dios y de la salvación eterna. Y a través de esta regeneración se trasluce el fin remoto: la preparación del reinado social del Sagrado Corazón en todos los hombres. Es preciso hacer florecer en la familia la piedad intensa, que supera la simple obligación del propio estado; la frecuencia de sacramentos será la puerta que lleve a este estado de verdadera perfección.

¡Vamos a dar sentido cristiano a un día más en la semana: el viernes del Sagrado Corazón! Porque en él se manifestó su amor del modo más supremo. Porque en él su Corazón se abrió como un tesoro. Porque en él nos dio a su propia Madre, la Virgen María.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El deber más sagrado de un padre de familia

El deber más sagrado de un padre de familia es el procurar la santificación de los suyos. La naturaleza se lo impone, Dios se lo exige, y va en ello su salvación eterna. Los deberes de un padre para con sus hijos son importantísimos, ya que tienen por objeto hacer de ellos buenos cristianos, ciudadanos valiosos y almas dignas del cielo. Un padre, ante todo, debe esmerarse en procurar a sus hijos una educación cristiana, base sólida e indispensable de una vida honesta y de un porvenir feliz. Tendrá especial cuidado de la moralidad de las escuelas y colegios a los que quiere encomendar la inocencia de sus hijos.

a) El niño está lleno de defectos que se desarrollan en él paralelos a su edad. Lo que importa es atacarlos en su misma raíz, y continuar siguiéndolos de cerca. La corrección de un niño debe ser: Sosegada: para que sea justa. Razonable: proporcionada a la falta, más bien moderada que severa. La misericordia de Dios obra de igual suerte con nosotros. Lo que se ha de buscar en la corrección es hacer ver al niño el porqué, el castigo y el mal de su falta, para que su espíritu odie el mal y ame el bien. Cordial: en toda corrección, aun en la más severa, ha de aparecer el corazón del padre, al objeto de procurarse el arrepentimiento humilde y contrito del hijo. Digna: un padre es siempre un jefe; debe honrar y hacer honrar en sí la autoridad de Dios, debe ser digno en sus palabras, noble en la paciente espera del arrepentimiento, bondadoso en la concesión de la gracia del perdón.

b) Debe proteger a sus hijos contra el escándalo que despiertan en el niño las viciosas tendencias adormecidas; es un deber importantísimo del padre el preservar a los niños de sus peligros morales. Su ignorancia curiosa, su debilidad y el afán de imitar, pronto los harán caer en el pecado. A medida que el niño avanza en edad es de todo punto indispensable fortalecerlo con prudencia, pero con energía, contra el escándalo que inevitablemente le esperará a su entrada en el mundo. Sea el padre severo en no permitir la lectura de libros peligrosos: la impresión que dejan en el niño es imborrable; asimismo ha de ser intransigente con las malas compañías.

c) Un padre debe igualmente vigilar con cuidado sobre las amistades de sus hijos. La amistad es la necesidad del corazón. Un padre y una madre deben ordenar sus medios comunes para fomentar y desarrollar el espíritu y el amor de la familia a fin de que sus hijos sean felices tan sólo en la familia. El peligro comienza al despertarse el amor propio o cuando el joven adolescente vive lejos del hogar paterno. Sus padres deben entonces prevenirlo contra los falsos amigos, manteniendo con todo cuidado el lazo del amor filial. Si se dieren cuenta de una amistad peligrosa, deben servirse del consejo y de la autoridad. Esas relaciones han de ser totalmente rotas. Vale más un duro golpe, mientras haya esperanza, que esperar el deshonor y la muerte. Tarde o temprano el amor filial volverá felizmente sobre sus pasos.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Una gran figura del laicado católico

"El beato Federico Ozanam, apóstol de la caridad, esposo y padre de familia ejemplar, gran figura del laicado católico... hombre de pensamiento y de acción, sigue siendo un modelo de compromiso valiente, en la búsqueda de la verdad y en la defensa de la dignidad de toda persona humana". (Palabras de la homilía de S.S. Juan Pablo II en la beatificación de Federico Ozanam, 22 de agosto de 1997)

He aquí algunos breves escritos del beato Federico Ozanam: "Zarandeado algún tiempo por la duda, sentía una imperiosa necesidad de sujetarme con todas mis fuerzas a las columnas del Templo... extenderé mi brazo para mostrar la religión como un faro liberador a los que navegan por el mar de la vida, sintiéndome dichoso si algunos amigos vienen a agruparse alrededor de mí. El catolicismo se elevará súbitamente sobre el mundo y se pondrá a la cabeza de este siglo que renace....

Muero en el seno de la Iglesia católica, apostólica y romana. He conocido las dudas de nuestro siglo, pero a lo largo de mi vida me he convencido de que no hay reposo para el espíritu y el corazón más que en la Iglesia y bajo su autoridad...

Ruego por mi familia, mi esposa, mi hija y demás parientes para que perseveren en la fe y sean testigos a pesar de los escándalos y demás sufrimientos de la vida".

Oración para pedir por su canonización

Señor, has hecho del Beato Federico Ozanam un testigo del Evangelio, maravillado con el misterio de la Iglesia y le has dotado de una incansable generosidad al servicio de los que sufren. En familia, se reveló hijo, hermano, esposo y padre ejemplar. En el mundo, su ardiente pasión por la verdad iluminó su pensamiento, su enseñanza y sus escritos. En cada uno de los aspectos de su breve existencia, aparece su visión profética de la sociedad tanto como la evidencia de sus virtudes. Señor, si tal es tu voluntad, te pedimos que la Iglesia proclame su santidad, tan providencial para los tiempos presentes. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Matrimonio y familia en el apostolado

La redención está vinculada a la Cruz, y esto ayuda a comprender y a valorar el significado de las pruebas, que ciertamente nunca faltan en la vida de todas las parejas, pero que en el plan divino están destinadas a afianzar el amor y a proporcionar una fecundidad mayor a la vida conyugal. Jesucristo, lejos de prometer un paraíso terrestre a sus seguidores que se unen en matrimonio, les ofrece la posibilidad y la vocación a recorrer con Él un camino que, a través de dificultades y sufrimientos, refuerza su unión y los lleva a un gozo mayor, como lo demuestra la experiencia de tantas parejas cristianas, incluso en nuestro tiempo.

Ya el cumplimiento de la misión de la procreación contribuye a la santificación de la vida conyugal, el amor de los cónyuges, que no se encierra en sí mismo, sino que, de acuerdo con el impulso y la ley de la naturaleza, se abre a nuevas vidas, se convierte, con la ayuda de la gracia divina, en un ejercicio de caridad santa y santificadora mediante el cual los cónyuges contribuyen al crecimiento de la Iglesia.

Lo mismo acontece con el cumplimiento de la misión de educar a los hijos, que es un deber vinculado con la procreación. Los esposos cristianos deben inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos. Es el apostolado más esencial en el ámbito de la familia. Esta labor de formación espiritual y moral de los hijos santifica, al mismo tiempo, a los padres, pues también ellos reciben el beneficio de la renovación y profundización de su fe, como lo demuestra a menudo la experiencia de las familias cristianas.

Una vez más, podemos concluir que la vida conyugal es camino de santidad y de apostolado.

Fuente: San Juan Pablo II, Audiencia general del 3 de agosto de 1994

Santificación de las relaciones de familia

La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. Mas las relaciones de familia fueron instituidas por Dios, que quiso se propagara la especie humana por la unión legítima e indisoluble del hombre y de la mujer, y que esta unión se consolidara aún más por los hijos que de ella nacieran.

Respeto y amor mutuos, lo más parecidos posible al amor de Cristo a su Iglesia; obediencia de la mujer al marido en todo cuanto sea de ley; abnegación del marido y protección de la mujer, son los deberes que señala el Apóstol para los esposos cristianos.

Cuando Dios les da hijos, recíbenlos de su mano como un sagrado depósito, ámanlos, no solamente como a una parte de sí mismos, sino también como a hijos de Dios, y miembros de Jesucristo, y futuros ciudadanos del cielo; rodéanlos de abnegados cuidados y de solicitud continua; danles educación cristiana, atendiendo a formar en ellos las mismas virtudes de Nuestro Señor; para esto ejercen la autoridad que Dios les ha comunicado, con tacto y delicadeza, con fuerza y con dulzura. Tienen muy presente que, por ser los representantes de Dios, han de evitar la excesiva blandura, que estropea a los hijos, y el egoísmo, que quisiera gozar siempre de ellos sin acostumbrarlos al trabajo y a la virtud. Con la ayuda de Dios y de los educadores que habrán de escoger con mucho cuidado, harán de ellos hombres cristianos, y ejercerán una especie de sacerdocio en el seno de la familia; y así gozarán de las bendiciones de Dios, y del agradecimiento de sus hijos.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

La voluntad de Dios es que seamos santos (VII)

La divina Voluntad en general para todos los hombres es su Santa Ley, la divina Voluntad para cada uno en particular son los deberes del propio estado. Cúmplanlos y serán santos. Ustedes padres, sean un buen jefe de casa, custodiando, gobernando y dirigiendo con el santo temor de Dios sus familias. Madres, sean madres atentas, ejemplares y diligentes, educando en el santo temor de Dios a sus hijos e hijas. Los dependientes e hijos de familia, sean dulces, obedientes, mansos y devotos; los trabajadores sean exactos en el cumplimiento de sus oficios, sinceros en los contratos, justos en las ventas y en las compras. Los campesinos sean asiduos y diligentes en sus trabajos. Los ricos sean piadosos, den limosnas y sean afables y benignos con los pobres. Los pobres sean respetuosos, pacientes y resignados en sus necesidades. Todos, en fin, estudiemos el modo de cumplir con exactitud nuestros propios deberes y todos seremos santos. En todos los oficios del mundo hay santos, y en todos pueden haberlos; ellos se hicieron santos, y nosotros debemos hacernos santos con el cumplimiento de nuestros deberes.

Es un gran engaño del demonio el decir: me salvaría más fácilmente en otro estado; como es también otro gran engaño el esperar un tiempo más cómodo para hacer el bien. Dios los guarde, mis queridos, de diferir el empeño por hacerse santos con la esperanza de que podrán hacerse santos más fácilmente.

Les parece que dejándolo para más adelante les será menos difícil: mas yo sé por experiencia y por pruebas, y puedo decírselos y asegurarles, que sus dificultades crecerán siempre más, hasta la muerte. Examínense ustedes mismos, y se darán cuenta que están ahora más embrollados de lo que estaban antes, y asegúrense después, que el demonio no gana nunca tanto como cuando gana con la adulación de que el bien se puede hacer más tarde: El infierno, decía un alma santa, está lleno de buenas intenciones, ¿saben porqué? porque casi todos los condenados tenían la intención de hacer el bien, pero lo dejaban siempre para después y esperando un tiempo más cómodo. Por lo tanto no nos engañemos más, no nos engañemos por más tiempo. Todos podemos hacer el bien, y hacernos santos en nuestro estado: mas quien tenga ocasión no espere otro tiempo para hacer el bien.

Fuente: San Antonio Gianelli, Homilía “De la obligación de hacernos santos”

Aviso para los casados

El matrimonio es un gran sacramento, lo digo en Jesucristo y en su Iglesia; es honorable para todos, en todos y en todo, es decir, en todas sus partes: para todos, porque aun las mismas vírgenes han de honrarlo con humildad; en todos, porque es igualmente santo entre los pobres y entre los ricos; en todo, porque su origen, su fin, sus utilidades, su forma y su materia son santas. Es el plantel del cristianismo, que llena la tierra de fieles, para completar, en el cielo, el número de los elegidos; de manera que la conservación del bien del matrimonio es en extremo importante.

Sobre todo exhorto a los casados al amor mutuo, que tanto les recomienda el Espíritu Santo en la Sagrada Escritura. El primer efecto de este amor es la unión indisoluble de vuestros corazones. El segundo es la fidelidad inviolable y mutua. El tercer fruto es la procreación y crianza de los hijos. Es un gran honor para vosotros los casados, el que Dios, al querer multiplicar las almas que puedan bendecirle y alabarle eternamente, os haga cooperadores de una labor tan digna, mediante la producción de los cuerpos, sobre los cuales, como gotas celestiales, hace llover las almas, creándolas, como las crea, al infundirlas en aquellos.

Dice San Gregorio Nacianceno que, en su tiempo, los casados festejaban el aniversario de sus bodas. Ciertamente aprobaría que se introdujese esta costumbre, con tal que no se hiciese con ostentación de fiestas, sino confesando y comulgando los esposos aquel día, encomendando a Dios, con mayor fervor que el de costumbre, el feliz éxito de su matrimonio, renovando los buenos propósitos de santificarlo cada día más con recíproco amor y fidelidad, y recobrando fortaleza en el Señor para sobrellevar las cargas de su estado.

Fuente: San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota

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