Niños Santos e intercesores de la infancia

Niños en peregrinación con las imágenes de los pequeños hermanos Francisco y Jacinta Marto; que se han convertido en los santos “no mártires” más jóvenes en la historia de la Iglesia, luego de haberse comprobado por su intercesión, la curación milagrosa de una grave lesión cerebral que padecía Luca Baptista, un niño brasileño.

“Yo te bendigo, Padre, porque has revelado estas verdades a los pequeños”. La alabanza de Jesús reviste hoy la forma solemne de la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta. Con este rito, la Iglesia quiere poner en el candelero estas dos velas que Dios encendió para iluminar a la humanidad en sus horas sombrías e inquietas. Mis últimas palabras son para los niños. La Virgen tiene mucha necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por los pecados que se cometen; tiene necesidad de vuestras oraciones y sacrificios por los pecadores. Pedid a vuestros padres y educadores que os inscriban a la “escuela” de Nuestra Señora, para que os enseñe a ser como los pastorcitos, que procuraban hacer todo lo que Ella les pedía. Os digo que “se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María, que en años enteros de iniciativas personales, apoyándose sólo en sí mismos” (san Luis María de Montfort). Fue así como los pastorcitos rápidamente alcanzaron la santidad, entregándose con total generosidad a la dirección de tan buena Maestra, alcanzaron en poco tiempo las cumbres de la perfección. Yo te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta. Que el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la humanidad. (Palabras de San Juan Pablo II en la homilía del 13 de mayo de 2000)

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. (Palabras del Papa Francisco en la Misa de la Canonización el 13 de mayo de 2017)

Oración

Santos Francisco y Jacinta, vosotros que, aunque siendo niños fuisteis capaces de ofrecer grandes sacrificios a la Virgen María para la salvación de los pecadores, ayudadnos a no desperdiciar las pequeñas cruces cotidianas sino a transformarlas en ofrendas preciosas y agradables a Dios para la salvación del mundo. Nuestra Señora de Fátima, por intercesión de los Santos Pastorcitos Francisco y Jacinta, proteged y custodiad la inocencia de los niños en su infancia. Haz que ellos encuentren en vuestro Corazón Inmaculado y materno, refugio y protección. Amén.

¡Santos pastorcitos de Fátima, rogad por todos los niños del mundo!

Meditando en el Vía Crucis (III)


Tercera estación: Jesús cae por primera vez

Nunca presenció la creación escena tan desoladora. El que creó y sustenta el universo, desmaya y cae ante los ojos atónitos de sus criaturas. Hace pocos días, las turbas lo aclamaban su Mesías; ahora lo escarnecen tratándolo de traidor. Pero los labios de Cristo no exhalan la menor queja; con los ojos en el Cielo y el pensamiento en nosotros, se esfuerza por levantarse. Ha de subir al Calvario y continuará hasta la consumación.

Salvador mío: ¡cuánto nos enseña el silencio de tu caída! A pesar de la debilidad, de las burlas, del desprecio de tu pueblo, no arrojas la Cruz, antes sigues adelante obedeciendo los generosos impulsos de tu Corazón. Ves en nosotros la mediocridad y la tibieza, causantes de tu caída. En adelante confirmaremos con las obras nuestro nombre de cristianos, para reparar nuestros pecados y los de tantos que un día comenzaron a seguir tu camino y después de las primeras dificultades te abandonaron.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Meditando en el Via Crucis (II)


Segunda Estación: Jesús cargado con la Cruz

La sentencia es injusta, pero el Corazón de Jesús no vacila y ansioso de sufrimientos abraza la Cruz. El Inocente se inclina bajo el madero de los malhechores. El símbolo del crimen pesa sobre los hombros de la bondad. El Rey de los reyes carga con el leño de la vergüenza. Jesús soporta la Cruz de nuestras culpas, no por temor ni por fuerza, sino por ser fiel a su misión salvadora.

Amado Salvador mío, vas con la Cruz a cuestas precediéndonos en el camino, pues ser cristiano no sólo significa estar bautizado, sino más bien vivir vida cristiana. Danos la gracia de reparar con el fiel cumplimiento de nuestros deberes, las infidelidades de tantos cristianos tibios. Cuando la cruz del dolor pese sobre nuestros hombros, cuando las enfermedades y miserias nos atormentan, haz que olvidando el dolor, atendamos a imitar los sentimientos de tu Corazón, a fin de santificarnos con el cumplimiento exacto de los deberes cotidianos.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Meditando en el Via Crucis (I)


Primera Estación: Jesús condenado a muerte

El odio arrastra al Amor ante el tribunal, pero el Corazón de Jesús palpita con igual caridad en su pecho dolorido, bajo el manto de burla y empapado de sangre. Alrededor de Cristo se levantan puños amenazadores y resuenan gritos blasfemos. En lugar de argumentos sólo se oyen acusaciones falsas e insidiosas contra el Inocente. Mas Él guarda silencio.

Las manos cobardes de Pilato quiebran la vara de la justicia; un aullido de júbilo frenético se eleva de la muchedumbre; la injusticia sentencia a la Justicia. El odio triunfa y el Amor calla.

¡Jesús, Salvador Nuestro!, te sometes al juicio de los pecadores, para librarnos de la condenación debida a nuestros pecados. Estás pálido y exangüe siendo la fuente de vida de nuestras almas. Llevas la corona de espinas, para que nosotros llevemos la joya de la gracia. Todos los miembros de tu cuerpo sufren, para que seamos miembros vivos de tu Cuerpo Místico, la Iglesia.

¡Pueblo escogido de la Nueva Alianza, reparemos las faltas contra el amor de su Corazón!

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (VI)


Hoy celebramos la Fiesta del Corazón Eucarístico de Jesús: jueves siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón

Dignidad de esta devoción

Es el símbolo de un amor eterno. Y "amor con amor se paga". El amor tiene sus manifestaciones externas. Las de Cristo están claras. ¿Las nuestras? El culto al Corazón Eucarístico de Jesús no es una devoción melosa y dulzona. Aunque a veces haya sido objeto de una imaginería artísticamente desdichada, y una literatura piadosa no más feliz. ¿Puede haber algo más digno y hermoso que glorificar al Señor que nos ha amado desde la eternidad?

Saludables efectos que de ella se siguen

Nos damos cuenta en seguida de las deformaciones que esta excelsa devoción ha llegado a padecer.

Pero nos cuesta mucho ver los bienes que de ella provienen:

-Sobre nosotros está el gesto benévolo de la divina misericordia.

-Nos sentimos justificados por ese amor divino purificador de los falsos amores.

-El amor misericordioso nos aplasta de vergüenza. A pesar de todas las miserias Dios nos ama con amor infinito.

Devoción santificadora y sublime

Porque el Corazón de Jesús es en la eucaristía "horno ardiente de caridad" que nos santifica.

Porque esta devoción une en sí lo más sublime del Amor:

-El Corazón de Jesús, y

-El misterio del amor: la eucaristía.

MODO DE PRACTICARLO

En cuanto al Corazón Eucarístico de Jesús, supone tres cosas:

Amor

Nos lo pide el mismo Cristo:

"Dame, hijo mío, tu corazón" (Prov. 23, 26).

"Permaneced en mi amor" (Jn. 15,9).

Reparar

Nuestros pecados, ingratitudes, tibiezas, negligencias...

Los sacrilegios, blasfemias, e irreverencias contra la eucaristía.

Los escándalos del mundo; las burlas de los impíos.

La frialdad de los malos cristianos.

Pedir

La conversión de los infieles y pecadores.

La santificación y perseverancia de los justos.

El triunfo y dilatación de la Iglesia católica.

La paz del mundo en el reino de Cristo.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

Este es el Corazón que tanto ha amado a los hombres


El culto al Corazón de Jesús es el acto por el cual honramos ese divino Corazón lleno de amor por nosotros. Este culto es ante todo personal, ya que ha venido a "reinar sobre los corazones", y el corazón es algo propio de cada uno.

En la santa misa: Dando gracias a Dios por habernos dado a Jesús, que nos ha abierto los brazos de su paternidad. Pidiendo que ese Corazón escondido en el sagrario difunda su amor en nuestras almas y en todo el mundo. Ofreciéndola en reparación de las injurias que sufre en el sagrario, altar del sacrificio de su amor. En la comunión: Para recibir el torrente de gracias que nuestra alma necesita. Para darle la alegría de nuestra intimidad, que El busca ardientemente. En las visitas a su tabernáculo: ¿Podría Jesús desear con más ardor la presencia del amigo por quien murió y se encerró en el Sagrario? Es un deber no sólo de gratitud, sino de honor. Pero nos espera sobre todo para ser nuestra fortaleza y ayuda.

En cuanto a la consagración personal: quedamos totalmente bajo el influjo del divino Corazón para que haga de nosotros lo que quiera. Esta entrega, por expresa Voluntad suya, es la clave para consumar nuestra santificación, ya que nunca se deja ganar en generosidad. También es su voluntad que le imitemos: el amor lleva a identificación con la persona amada. Debemos imitar sus sentimientos, amar lo que El ama: la gracia, la virtud... Imitar sus virtudes: el amor al Padre, la conformidad con su voluntad, el espíritu de oración, la humildad de su encarnación. Y detestar lo que El detesta: pecados, tibieza para con Dios...

En el orden familiar el acto supremo de culto es la consagración, el reconocimiento del Sagrado Corazón como Rey del hogar. Es un reconocimiento de los derechos del Sagrado Corazón a reinar sobre la familia y un sometimiento a su voluntad. La familia es obra de Dios, por tanto le pertenece. Pero esta soberanía del divino Corazón hay que aceptarla no sólo como un derecho de El sobre nosotros, sino como un acto de nuestro amor hacia El, fruto de agradecimiento. El fin próximo es la regeneración de la familia en los principios cristianos: la familia en función de la gloria de Dios y de la salvación eterna. Y a través de esta regeneración se trasluce el fin remoto: la preparación del reinado social del Sagrado Corazón en todos los hombres. Es preciso hacer florecer en la familia la piedad intensa, que supera la simple obligación del propio estado; la frecuencia de sacramentos será la puerta que lleve a este estado de verdadera perfección.

¡Vamos a dar sentido cristiano a un día más en la semana: el viernes del Sagrado Corazón! Porque en él se manifestó su amor del modo más supremo. Porque en él su Corazón se abrió como un tesoro. Porque en él nos dio a su propia Madre, la Virgen María.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El culto al Corazón Eucarístico de Jesús (III)

La eucaristía contiene el Corazón de Jesús

En ella honramos el objeto de esta devoción, que es el corazón real, no las imágenes que le representan.

Si el corazón de Cristo, por una desoladora hipótesis, se encontrase solamente en cielo, la distancia no modificaría la legitimidad del culto.

Pero la fe nos dice que está oculto y velado en la eucaristía, realmente, amándonos y deseando ser amado.

Allí debemos buscar su Sacratísimo Corazón.

Quiso permanecer muy cerca de nosotros, y se hizo prisionero en los sagrarios.

Jesús desea que le amemos en la eucaristía

Quiere que en este divino sacramento le amemos, visitemos como amigo y experimentemos mejor los efectos de su amor.

Quiere desde el sagrario ayudarnos en nuestras necesidades.

En la eucaristía como sacrificio -la santa misa- nos proporciona el medio de ofrecer al Padre una reparación infinita por nuestros pecados.

Cómo debemos practicar esta devoción

Honrando al Corazón de Cristo en la eucaristía.

Asistiendo a la misa con agradecimiento, respeto y amor.

Ofreciendo la misa al Padre:

-En acción de gracias por habernos dado el Sagrado Corazón, tan bueno y amoroso para nosotros.

-Para que el Sagrado Corazón sea mejor conocido y amado de todo el mundo.

-En desagravio por las injurias de los hombres a este Corazón Eucarístico.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

El Corazón de Cristo es paz para el cristiano


Las tribulaciones nuestras, cristianamente vividas, se convierten en reparación, en desagravio, en participación en el destino y en la vida de Jesús, que voluntariamente experimentó por Amor a los hombres toda la gama del dolor, todo tipo de tormentos. Nació, vivió y murió pobre; fue atacado, insultado, difamado, calumniado y condenado injustamente; conoció la traición y el abandono de los discípulos; experimentó la soledad y las amarguras del castigo y de la muerte. Ahora mismo Cristo sigue sufriendo en sus miembros, en la humanidad entera que puebla la tierra, y de la que El es Cabeza, y Primogénito, y Redentor.

El dolor entra en los planes de Dios. Esa es la realidad, aunque nos cueste entenderla. También, como Hombre, le costó a Jesucristo soportarla: Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esta tensión de suplicio y de aceptación de la voluntad del Padre, Jesús va a la muerte serenamente, perdonando a los que le crucifican.

Precisamente, esa admisión sobrenatural del dolor supone, al mismo tiempo, la mayor conquista. Jesús, muriendo en la Cruz, ha vencido la muerte; Dios saca, de la muerte, vida. En nombre de ese amor victorioso de Cristo, los cristianos debemos lanzarnos por todos los caminos de la tierra, para ser sembradores de paz y de alegría con nuestra palabra y con nuestras obras. Hemos de luchar contra el mal, contra el pecado, para proclamar así que la actual condición humana no es la definitiva; que el amor de Dios, manifestado en el Corazón de Cristo, alcanzará el glorioso triunfo espiritual de los hombres.

La Iglesia, unida a Cristo, nace de un Corazón herido. De ese Corazón, abierto de par en par, se nos trasmite la vida. ¿Cómo no recordar aquí, los sacramentos, a través de los cuales Dios obra en nosotros y nos hace partícipes de la fuerza redentora de Cristo? ¿Cómo no recordar con agradecimiento particular el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el Santo Sacrificio del Calvario y su constante renovación incruenta en nuestra Misa? Jesús que se nos entrega como alimento: porque Jesucristo viene a nosotros, todo ha cambiado, y en nuestro ser se manifiestan fuerzas -la ayuda del Espíritu Santo- que llenan el alma, que informan nuestras acciones, nuestro modo de pensar y de sentir. El Corazón de Cristo es paz para el cristiano.

Fuente: San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa

El Amor de los amores

Con razón San Bernardo llama al divino Sacramento de la Sagrada Eucaristía,Amor amorum, el Amor de los amores.

El amor del divino Corazón de Jesús le llevó a encerrarse en este sacramento, le obliga a morar en él continuamente, día y noche, sin salir jamás de él, para estar siempre con nosotros. Aquí está adorando, alabando y glorificando incesantemente a su Padre por nosotros, es decir para dar cumplimiento a las infinitas obligaciones que nosotros tenemos de adorarle, alabarle y glorificarle.

Dios envió a su Hijo para bendecirnos; y vino este Hijo adorable todo lleno de amor a nosotros, y con un deseo ardentísimo de derramar incesantemente sus santas bendiciones sobre los que le honran y le aman como a Padre suyo, principalmente por este divino Sacramento.

En la santa Eucaristía nos da bienes inmensos e infinitos, y gracias abundantísimas y muy particulares, si aportamos las disposiciones requeridas para recibirlas.

Vuestro amabilísimo Corazón, oh Jesús mío, está en este Sacramento del todo abrasado en amor a nosotros; y está obrando para nuestro bien mil y mil efectos de su bondad. Pero ¿qué es lo que os devolvemos, Señor mío? Ingratitudes y ofensas de mil modos y maneras, de pensamiento, palabra y obra, pisoteando vuestros divinos mandamientos y los de vuestra Iglesia. ¡Qué ingratos somos! Nuestro benignísimo Salvador nos ha amado tanto. Muramos, de dolor a vista de nuestros pecados; muramos de vergüenza, al ver que tan poco amor le tenemos; muramos con mil muertes antes que ofenderle en lo venidero. Oh Salvador mío, concedednos esta gracia. Oh Madre de Jesús, obtenednos de vuestro amado Hijo este favor.

Fuente: San Juan Eudes, El Corazón de Jesús

El Corazón de Cristo (II)

Complácese San Agustín en subrayar la expresión elegida por el Evangelio para darnos a conocer la herida producida por la lanza en el costado de Jesús. El escritor sagrado no dice que la lanzada hirió, sino que “abrió” el costado del Salvador. Fué la puerta de la vida, dice el gran Doctor, lo que se abrió, para que del Corazón traspasado de Jesús se desbordasen sobre el mundo los ríos de gracia que debían santificar a la Iglesia.

Esta contemplación de los beneficios que Jesús nos hizo, debe ser la fuente de nuestra devoción práctica a su Corazón sacratísimo.

El amor, sólo con amor se paga. ¿De qué se quejaba Nuestro Señor a Santa Margarita María? De no ver correspondido su amor: “He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y que no recibe de ellos más que ingratitudes”. Por consiguiente, con amor, esto es, con el don de nuestro corazón, es como hemos de corresponder a Jesucristo.

Si amamos de veras a Jesucristo, no sólo nos gozaremos de su gloria, cantaremos sus perfecciones con todos los bríos de nuestra alma, lamentaremos las injurias hechas a su Corazón, y le ofreceremos humildes reparaciones, sino que procuraremos sobre todo obedecerle, aceptar de buen grado las disposiciones de su Providencia, tratar de extender su reino en las almas, y procurar su gloria.

Acostumbrémonos, pues, a hacer todas las cosas, aun las más menudas, por amor y por agradar a Jesucristo, trabajemos y aceptemos cuantos padecimientos y penas nos imponen nuestros deberes de estado únicamente por amor y por unirnos a los sentimientos que experimentó su Corazón durante su vida mortal, bien seguros de que tal modo de obrar es una excelente práctica de devoción al Sagrado Corazón.

Fuente: Beato Columba Marmión, Jesucristo en sus Misterios

Santa Margarita María y su Consagración

Santa Margarita María de Alacoque

He aquí el texto de la Consagración que Santa Margarita María hizo de sí misma, dictado por el Sagrado Corazón, tal como lo escribió al P. Croiset.

“Yo, ... me entrego y consagro al Corazón de Nuestro Señor Jesucristo; mi persona y mi vida, mis acciones, penas y padecimientos, para no servirme de nada de mi ser, sino sólo para amarle, honrarle y glorificarle. Mi voluntad irrevocable es ser todo para El y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que no sea de su agrado. Te elijo, pues, Sagrado Corazón, como único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, y remedio en mi fragilidad e inconstancia, reparador de todos los defectos de mi vida, y refugio seguro en la hora de mi muerte. Sé, oh Corazón bondadoso, mi justificación ante Dios, tu Padre, y no permitas que caigan sobre mí los rayos de su justa cólera: Corazón amante, en ti tengo puesta mi confianza, pues todo lo temo de mi malicia y fragilidad, pero lo espero todo de tu bondad. Haz desaparecer de mí todo aquello que te desagrade o se resista a ti. Tu purísimo Amor arraigue tan íntimo en mi corazón, que nunca pueda olvidarte o separarme de ti: Te suplico, por todas tus bondades, que mi nombre se escriba en ti, puesto que he cifrado toda mi gloria y felicidad en vivir y morir como esclavo tuyo. Así sea.”

Fuente: Dom Próspero Gueranger, El Año Litúrgico

La virtud del Abandono en los santos (III)

Jesús al alma:

¿Por qué os confundís, angustiándoos? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de verdadero, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos. Abandonarse en mí no significa atormentarse, alterarse o desesperarse, dirigiéndome luego una oración llena de inquietud. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y confiarse a mí para que sólo Yo obre, diciéndome: “ocúpate Tú de ello”. La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono. Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi Gracia; cerrad los ojos y no pensad más que en el momento presente, alejándoos del pensamiento del futuro como de una tentación; reposad en mi creyendo en mi Bondad, y os juro por mi Amor que, diciéndome con estas disposiciones: “ocúpate Tú de ello”, yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.

Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente de aquel que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. ¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en aquellas materiales, se vuelve a mí, me mira y diciéndome: “ocúpate Tú de ello”, cierra los ojos y reposa. Si me decís de verdad: “hágase tu Voluntad”, que es lo mismo que decir: “ocúpate Tú de ello”, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades.

No descansáis nunca, queréis valorarlo todo, escudriñarlo todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza. ¡Oh, como deseo vuestro abandono para beneficiaros!, ¡y cuanto me aflijo al veros turbados! Satanás tiende precisamente a esto: a turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros a la merced de las iniciativas humanas. Confiad por eso sólo en mí, reposad en mí, abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí, y a la ausencia de preocupaciones vuestras. Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y grandes frutos, incluso cuando yo os concedo la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que importa el sufrimiento. ¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda el alma: “Jesús, ocúpate Tú de ello”. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi Nombre humillándote. Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono vale: recordadlo bien.

Fuente: Oración compuesta por el Siervo de Dios Dolindo Ruotolo

La voluntad de Dios es que seamos santos (VI)


¿Cómo, me decís, cómo podemos nosotros aspirar a ser santos, a hacernos santos con tantos vicios, con tantas debilidades, con tantas pasiones, con tantos pecados? ¿Cómo podemos pretender la santidad nosotros, que no tenemos tiempo suficiente para recitar alguna breve oración, visitar una iglesia, y practicar alguna obra de piedad? ¿Cómo nos haremos santos nosotros, que nunca hacemos penitencia, y sudamos y fatigamos para hacer un ayuno mandado por la Iglesia, y muy raramente lo observamos? ¿Cómo podemos nosotros ser santos, si no somos capaces de abstenernos de ciertas faltas y de ciertos pecados, de los cuales siempre nos confesamos, y en los cuales de tanto en tanto más o menos recaemos? ¿Cómo?...

He entendido todo, mis oyentes, y, después de haberos puesto en una justa y necesaria agitación, paso a consolaros y a tranquilizaros. Y como lo que más debe aterrorizaros son vuestros pecados, yo me atrevo a interrogaros así: ¿Hacéis vosotros todo lo posible para no volver a cometerlos? ¿Lo deseáis al menos vivamente? ¿Pedís al Señor que os libre de ellos? O, recayendo nuevamente en ellos, ¿os sentís amargados? ¿Tratáis de confesaros en seguida? Si no es así, tenéis mucha razón de temer; pero si tenéis estos santos temores; esta santa premura, estos santos deseos, este santísimo disgusto, no temáis; no seréis todavía santos, pero podéis llegar a serlo. Continuando el camino con este santo temor por vuestros pecados, movéis al Señor para que tenga compasión hacia vosotros: Él os ayudará con su gracia; y poco a poco triunfaréis en todo, y os haréis santos de verdad. Por lo tanto el ser pecadores no debe haceros desesperar de haceros santos; más bien debe empeñaros a serlo con más fuerza y vigor.

Pero vosotros no podéis rezar, no tenéis comodidad, no tenéis tiempo, ocasiones, y no podéis hacer aquel bien que pueden hacer tantos otros. Este es uno de los engaños más grandes y más universales. Todos dicen que querrían hacer y que harían mucho bien si se encontrasen en un estado diverso de aquél en el que se encuentran, y no advierten que harían aún menos, y que la verdadera santidad, después de la observancia general de la ley de Dios, consiste en el cumplimiento de los propios deberes. El Señor nos lo ha dicho muy claro, que no se salva aquél que solamente reza: No todo el que me dice: Señor, Señor; sino aquél que cumple la divina voluntad.

Fuente: San Antonio Gianelli, Homilía “De la obligación de hacernos santos”

Habrá niños santos - Venerable María del Carmen González

María del Carmen González nació en Madrid el 14 de marzo de 1930. Ya desde los cinco años era la encargada de dirigir el rosario en familia y de recitar de memoria las letanías de la Virgen en latín, algo de lo que sus padres se sentían muy orgullosos; también le gustaba pasar mucho tiempo mirando imágenes piadosas que iba guardando en una caja.

La persecución religiosa que había comenzado algunos años antes en España, se hizo entonces más fuerte. La familia de María del Carmen no se libró de estos sucesos porque a finales del mes de agosto el padre fue arrestado y conducido a prisión, donde le haría una emocionante confesión a su mujer: “Los niños son demasiado pequeños, no comprenden, pero cuando sean grandes diles que su padre ha luchado y dado su vida por Dios y por España para que se los pueda educar en una España católica donde el crucifijo presida todas las escuelas”. Días más tarde sería asesinado.

Tras la muerte de su marido, la madre de Mari Carmen se traslada a vivir a la embajada de Bélgica por correr peligro. Sus hijos quedaron al cuidado de su tía Sofía, que relataría más tarde la actitud de la niña ante aquellos difíciles momentos: “Durante su estancia en mi casa, la niña recitaba todos los días el rosario de las llagas del Señor para la conversión de los asesinos de su padre”. El 6 de abril de 1938 María del Carmen ofrece a Dios su vida por la conversión de los asesinos de su padre.

El 8 de abril, al regresar del colegio, debe guardar cama: se le ha declarado una escarlatina. Lo que al principio parecía insignificante, se agrava: primeramente aparece una otitis, luego una mastoiditis que degenera en septicemia cardíaca y renal.

El 17 de julio de 1939, María del Carmen exclamó: “Hoy me voy a morir, ¡me voy al cielo!”. Doña Carmen, su madre, congregó entonces a toda la familia alrededor de la pequeña. De pronto, la niña se volvió hacia ella y le dijo: “Pronto voy a ver a papá, ¿quieres que le diga algo de tu parte?... Ámense unos a otros”. “Jesús, José y María asistidme en mi última agonía, haced que muera en vuestra compañía”, fueron sus últimas palabras. Cuando hubo muerto, le pusieron el vestido de su primera comunión. El 12 de enero de 1996 fue declarada Venerable.

Fuente: cf. maricarmengv.info

Convertíos a mí de todo corazón

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Conversión de Santa Magdalena

El tiempo de cuaresma nos invita a la conversión, y esta conversión debe ser pronta y completa.

«Convertíos a Mí de todo corazón.» El mismo Dios es quien nos convida, quien nos insta, quien nos manda que nos convirtamos a él de todo corazón.A vista de esta bondad de Dios, ¿qué pecador puede desconfiar? Pero al mismo tiempo, ¿qué pecador puede diferir el convertirse?

Si un Príncipe ofreciera gratuitamente el perdón un reo; si él mismo convidara a un cortesano caído de su gracia a volver a la corte, ofreciéndole su amistad y su generosidad, ¿se encontrarían muchos que dilatarían su regreso, que difiriesen su vuelta? ¿A quién parecería que el favor del Príncipe era muy costoso y que las condiciones con que se ofrecía eran demasiado pesadas? ¡Ay! ¿Y qué es el favor de un Príncipe de la tierra respecto de la amistad del soberano Señor del Universo, del Dios omnipotente, origen de todo bien y único árbitro de nuestro eterno destino? Y no obstante esto, ¿quién se rinde a su voz? ¿Quién responde con prontitud a sus convites? ¿Quién se apresura por volver a su amistad, aunque nos la ofrezca tan de veras y con tantas instancias?

Ninguno hay que no quiera convertirse; porque aun esas gentes del mundo, esos pecadores abandonados, esas mujeres mundanas, esos libertinos de profesión no querrían morir en desgracia de Dios; se quieren convertir; pero temen siempre no sea demasiado prontosi se convierten en este instante; y no advierten que la dilación de la conversión es el indicio más seguro y una señal poco equívoca de la impenitencia final.

Convertíos a Mí de todo corazón. Quien dice de todo corazón,pide una conversión entera, perfecta, sin división. Ninguna conversión es verdadera si no es de todo corazón. Reformar la exuberancia de los vestidos, cercenar el juego, romper las amistades culpables, no asistir más a espectáculos deshonestos, prohibirse toda diversión poco cristiana; esta es una conversión de mucha edificación. Pero si todavía queda alguna pasión dominante que domar, alguna mala inclinación que vencer, alguna injuria que perdonar, alguna frialdad que extinguir, algún lazo que cortar, la conversión no es entera, no es de todo corazón.

Pidamos a la Santísima Virgen nos alcance de su divino Hijo la gracia de una sincera, pronta y completa conversión de nuestra vida a Dios.

Fuente: cf. J. Croisset, SJ, Año cristiano

San Gabriel de la Dolorosa (III)


Al empezar Gabriel sus estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: «Los que se preparan para ser predicadores o catequistas piensen, mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: Por favor, preparaos bien, para que logréis llevarnos a nosotros a la eterna salvación».Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Estando ya Gabriel bastante cerca de llegar al sacerdocio contrae la terrible enfermedad de la tuberculosis. Debe recluirse en la enfermería y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: “Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura,que se cumpla en mí tu santa voluntad”.

Al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, en la flagelación y coronación de espinas, en la subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos -que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente- que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad admirables.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era Las Glorias de María, escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles y que, aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo y extraordinario. La devoción a la Santísima Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: “No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones”.A otro le decía: “Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua”.

El 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después comenzaron a obtenerse milagros por su intercesión. En 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo y lo nombró Patrono de los jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

Fuente: ewtn.com

San Gabriel de la Dolorosa (II)

Estalla la peste del cólera en Italia: miles y miles de personas van muriendo día por día, y el día menos pensado muere la hermana que Gabriel más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se hiciera religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Mas cierto día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo y, recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa el que lleva mensajes de Dios.Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos; ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Lo que Gabriel hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve, apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: “Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años”.

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentía ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Fuente: ewtn.com

San Gabriel de la Dolorosa (I)

San Gabriel de la Dolorosa 01 01

Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.
Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.
El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda; sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban el enamoradizo. Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel: dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe -siendo ya religioso- a un antiguo amigo: “Mi buen colega: si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí”.

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se haría religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.
Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete hacerse religioso. Al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho se queda dormido y, cuando despierta, está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Fuente: ewtn.com

Habrá niños santos - Venerable Antonieta Meo

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Antonieta Meo, nació en Roma el 15 de diciembre de 1930. A los tres años frecuentó un jardín de infancia de religiosas y a los 5 años se inscribió en la Acción Católica, en el grupo de las más pequeñas.

A los 6 años de edad un osteosarcoma le obliga a la amputación de la pierna izquierda. Ya a aquella edad tenía un concepto del valor del sufrimiento incomprensible sin la gracia de Dios. Una religiosa enfermera de la clínica testimonió: «Una mañana, mientras ayudaba a la enfermera que ordenaba el cuarto de la niña, entró su papá, el cual, después de haberla acariciado, le preguntó: ¿Sientes mucho dolor? Y Antonieta respondió: Papá, el dolor es como la tela, cuanto más fuerte más valor tiene.»
La religiosa añadió: "Si no lo hubiese escuchado con mis propios oídos, no lo hubiera creído."

Comienza a ir a la escuela primaria a los 6 años con una prótesis que le provoca muchos fastidios. Pero todo lo ofrece a Jesús: "Cada paso que doy que sea una palabrita de amor". El día del aniversario de la amputación lo quiere celebrar con un gran almuerzo y con una novena a la Virgen de Pompeya, porque gracias a este evento había podido ofrecer su sufrimiento a Jesús. Cuando encontraba un pobre, ella quería darle el centavo que tenía.
La noche de navidad de 1936 recibe con fervor la Prima Comunión y pocos meses después la Confirmación. La amputación de la pierna no había bloqueado el tumor, que se extendió a la cabeza, a la mano, al pie, a la garganta y a la boca. Tanto los dolores de la enfermedad como los tratamientos que trataban de curarla eran muy fuertes.

Son célebres sus cartas a Jesús y María: desde muy pequeña se las dictaba a su mamá y, cuando supo escribir, lo hizo ella misma. Cada noche las colocaba debajo de una estatuilla del Niño Jesús para que él viniera de noche a leerlas.
Le gustaba frecuentar la escuela y el catecismo. Escribía a Jesús en una de sus cartas: "Voy con entusiasmo, porque se aprenden tantas cosas bellas sobre Ti y sobre tus Santos".
La última carta está fechada el 2 de junio de 1937 y terminará en las manos de Pío XI, quien hará llegar inmediatamente a la niña la bendición apostólica. La madre recuerda: «Me senté a la cabecera de su cama y escribí lo que Antonieta me dictaba trabajosamente: "Querido Jesús Crucificado, yo te quiero tanto y te amo tanto. Yo quiero estar contigo en el Calvario". En ese momento a Antonieta le entró un violento ataque de tos y vomitó, pero en cuanto se le pasó quiso continuar: "Querido Jesús te quiero repetir que te quiero mucho mucho"...»
Murió el 3 de julio de 1937 en medio de terribles dolores. No había cumplido ni siquiera 7 años. Su vida ha sido un testimonio de santidad para todos los niños.

Fuente: cf. vatican.va y aciprensa.com

Corazón de Jesús, Rey de los mártires

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Todos los sufrimientos de los santos mártires son poca cosa, o mejor, no son nada en comparación con los dolores infinitos del adorable Corazón del Rey de los mártires. Contad si podéis todos los pecados del universo, cuyo número es incalculable, y habréis contado las agudísimas saetas que afligieron al divino Corazón del Salvador con infinidad de heridas, tanto más dolorosas cuanto más amor tenía ese corazón sacratísimo para con su eterno Padre, a quien veía infinitamente e infinitas veces ultrajado y deshonrado por ese ejército incontable de crímenes.

¡Oh Salvador mío, cuánto detesto y aborrezco todos mis pecados, que se cuentan entre los detestables verdugos que martirizaron vuestro benignísimo Corazón!
¡Oh Salvador mío! ¿Quién os hizo sufrir tantos tormentos, que por ellos vuestro Corazón se rompió de dolor, sino el amor infinito que tenéis a vuestro Padre y a nosotros? Luego se puede decir que moristeis de amor y de dolor y que vuestro Corazón se rompió, y que fue magullado y despedazado por el dolor y el amor de la gloria de vuestro Padre y el de nuestra Redención.
¡Oh adorable Corazón de mi Jesús! ¿Con qué pagaré todos esos excesos de vuestra bondad?

Fuente: San Juan Eudes, El Corazón de Jesús

Habrá niños santos - Siervo de Dios Nelson Santana

Nelson Santana 01 01

Nelson nació en Ibitinga, Brasil, el 31 de julio del 1955. Era el tercer hijo de João y Ocrécia Santana. Fue bautizado el 1º de octubre del 1955. La familia estaba compuesta por ocho hermanos. Recibió la primera instrucción religiosa en familia.

En 1964 fue internado en el hospital pediátrico de la Santa Casa de Araqua (San Pablo) a causa de fuertes dolores en un brazo. Durante su estancia allí, conquistó la simpatía y el amor de los médicos, enfermeros y otros niños también internados.
Fue particularmente importante para él Sor Genarina Gecchele, de la Congregación de los Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, la cual notó la pureza del niño y durante todo el período de estadía se ocupó de transmitirle la catequesis. Nelson respondió con entusiasmo y gran interés a las enseñanzas cristianas. Hizo su Primera Comunión el 15 de julio de 1964 en la capilla del hospital donde se encontraba.

El Siervo de Dios tuvo la extraordinaria capacidad de entender el significado del sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo; nunca se lamentaba, es más, consolaba a los demás.
Un día dijo a su madre: “Promete a Jesús que no te lamentarás ante al sufrimiento y el dolor”. De hecho los dolores del pequeño Nelson aumentaban, le diagnosticaron un osteosarcoma, y la solución que se presentaba era la amputación. Sor Genarina comunicó esto al niño, pero él comprendió muy bien y con seguridad respondió: “He dicho que el dolor es muy importante para aumentar el verdadero amor y mantener valerosamente el amor ya conquistado”. Otros niños que estaban internados junto con el Siervo de Dios comprendían su sufrimiento y continuamente le hacían compañía.
Nelson cada día manifestaba el deseo de recibir la Comunión Eucarística. Respondió con extraordinaria devoción a las oraciones del ritual de la Unción de los enfermos y murió santamente la Vigilia de Navidad de 1964 a causa del tumor. Fue sepultado en el cementerio de San Benedetto, en la ciudad de Araracuara, y son muchísimos los devotos que cada día piden gracias y favores por intercesión de Nelson orando en su tumba que está siempre cubierta de flores.

Fuente: cf. postulazionecausesanti.it

El que sufre generosamente contribuye a la salvación de todos

Beato Carlos 05 08 El Beato Carlos de Austria visitando un enfermo

La grandeza y dignidad del hombre están en ser hijo de Dios y estar llamado a vivir en íntima unión con Cristo. Esa participación en su vida lleva consigo el compartir su dolor. El más inocente de los hombres -el Dios hecho hombre- fue el gran sufriente que cargó sobre sí con el peso de nuestras faltas y de nuestros pecados. Cuando Él anuncia a sus discípulos que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho, ser crucificado y resucitar al tercer día, advierte a la vez que si alguno quiere ir en pos de Él, ha de negarse a sí mismo, tomar su cruz de cada día, y seguirle (cf. Lc 9, 22ss).

Existe, pues, una íntima relación entre la Cruz de Jesús -símbolo del dolor supremo y precio de nuestra verdadera libertad- y nuestros dolores, sufrimientos, aflicciones, penas y tormentos que pueden pesar sobre nuestras almas o echar raíces en nuestros cuerpos. El sufrimiento se transforma y sublima cuando se es consciente de la cercanía y solidaridad de Dios en esos momentos. Es esa la certeza que da la paz interior y la alegría espiritual propias del hombre que sufre generosamente y ofrece su dolor “como hostia viva, consagrada y agradable a Dios” (Rm 12, 1).
El que sufre con esos sentimientos no es una carga para los demás, sino que contribuye a la salvación de todos con su sufrimiento.

Fuente: San Juan Pablo II, Discurso en una visita a los enfermos en México, 24 de enero de 1999

Habrá niños santos - Sierva de Dios María Lichtenegger

Maria Lichtenegger 01 01

María Lichtenegger nació el 4 de agosto de 1906 en Graz, Austria. Ya de niña mostró una piedad extraordinaria. Adoraba al Espíritu Santo en la oración todos los días, y tenía un intenso amor y devoción al querido Salvador en el Santísimo Sacramento, ante el cual pasaba largos ratos.

Recibió la primera comunión el 11 de abril de 1915, y siguió comulgando a diario hasta el día de su muerte. Reverenciaba a la Madre de Dios, rezando el Santo Rosario todos los días.
Entre sus propósitos para el día de su Confirmación escribió: “Quiero levantarme prontamente a la hora establecida: sacudiré enseguida toda pereza y me incitaré a la generosidad en el servicio divino con un ferviente acto de amor a Dios”.

María amaba y practicaba la pureza. Tenía una voz muy bella y cantaba con entusiasmo en el coro de la iglesia. Fue siempre alegre, modesta y llena de amabilidad para con todos.
El 8 de julio de 1923, con 16 años, falleció después de dos meses con una meningitis y pulmonía soportadas con paciencia, ofreciendo sus dolores por los que no aman a Dios. En el día de su entierro, su párroco dijo que “María era el brillo de luz de toda la comunidad” y encomendó su parroquia a su intercesión.

Fuente: cf. austria-catholica.blogspot.com

Eficacia apostólica del sufrimiento

Muerte de San Jose 01 01 San José junto a Jesús y María antes de su muerte

Principio fundamental de la fe cristiana es la fecundidad del sufrimiento y, por tanto, la invitación, hecha a todos los que sufren, a unirse a la ofrenda redentora de Cristo. El sufrimiento se convierte así en ofrenda, en oblación: como aconteció y acontece en tantas almas santas. Especialmente los que se hallan oprimidos por sufrimientos morales, que pudieran parecer absurdos, encuentran en los sufrimientos morales de Jesús el sentido de sus pruebas, y entran con él en Getsemaní. En él encuentran la fuerza para aceptar el dolor con santo abandono y confiada obediencia a la voluntad del Padre. El sufrimiento, destinado a santificar a los que sufren, también está destinado a santificar a los que les proporcionan ayuda y consuelo.

La enfermedad es un tiempo de fe más intensa y, por consiguiente, como un tiempo de santificación y de acogida más plena y más consciente de la salvación que viene de Cristo. Es una gracia enorme recibir esa luz sobre la verdad profunda de la enfermedad. En la perspectiva de la fe, la enfermedad asume una nobleza superior y manifiesta una eficacia particular como ayuda al ministerio apostólico. En este sentido la Iglesia no duda en declarar que tiene necesidad de los enfermos y de su oblación al Señor para obtener gracias más abundantes para la humanidad entera.
Si a la luz del Evangelio la enfermedad puede ser un tiempo de gracia, un tiempo en que el amor divino penetra más profundamente en los que sufren, no cabe duda de que, con su ofrenda, los enfermos se santifican y contribuyen a la santificación de los demás.
Eso vale en particular para los que se dedican al servicio de los enfermos. Dicho servicio, al igual que la enfermedad, es un camino de santificación. A lo largo de los siglos, ha sido una manifestación de la caridad de Cristo, que es precisamente la fuente de la santidad.

Fuente: San Juan Pablo II, Audiencia General del 27 de abril y 15 de junio de 1994 y Mensaje del 30 de septiembre de 1997

«La Santa Reliquia» del Corazón de Jesús

Cerro de los Angeles 01 01

“La Santa Reliquia” es el nombre que lleva el Corazón del primer monumento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles al sur de Madrid, que fue fusilado y derribado el 7 de agosto de 1936. La telefonista de Getafe daba la noticia: Ha caído el Corazón de Jesús entre horribles blasfemias.

La madre Maravillas [santa carmelita] y sus hijas recibieron la noticia con profundo dolor. La madre las exhorta a mayor amor y fidelidad. Si han derribado al Señor de su trono, que cada una le levante un trono en su propio corazón, donde Él pueda mandar, gobernar según su Divina Voluntad en todo” (Lámpara viva, pág. 160).
El mundo no quiere que reine Jesucristo, y por todos los medios pretende quitarlo, si es posible, hasta de su vista. Fue el propósito de este acto sacrílego.

En el otoño de 1940, el padre jesuita Alfonso Torres se encontraba dando ejercicios espirituales en el Carmelo del Cerro de los Ángeles. En uno de los paseos que acostumbraba a hacer por la explanada, se fijó en una de las piedras que estaban retirando los obreros.
Entonces, les pidió que le dieran la vuelta. Sumamente emocionado, descubrió que en ella estaba esculpido el Corazón de Jesús. Permanecía intacto. Tan sólo tenía alrededor varios impactos de bala.
El padre Torres pidió que lo metieran dentro de la clausura. Así quiso el Corazón de Jesús que se cumplieran las palabras que dijo a la madre Maravillas: “Quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis un lugar donde encuentre mis delicias”.
El monumento original se encuentra rodeado de cariño, venerado como preciosa reliquia por las carmelitas.
Años más tarde, llegó a conocimiento de las carmelitas que dos de los que fusilaron el monumento se habían arrepentido de lo que habían hecho y que felizmente murieron en gracia de Dios.
El 25 de julio de 1965, se alzaba la nueva imagen del Corazón de Jesús.

Fuente: corazondecristo.org

En tiempo de persecución se premia el combate

Martires de Nagasaki 01 01 Mártires de Nagasaki

Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.¿Quién, por tanto, no pondrá por obra todos los remedios a su alcance para llegar a una gloria tan grande, para convertirse en amigo de Dios, para tener parte al momento en el gozo de Cristo, para recibir la recompensa divina después de los tormentos y suplicios terrenos?

Si los soldados de este mundo consideran un honor volver victoriosos a su patria después de haber vencido al enemigo, un honor mucho más grande y valioso es volver triunfante al paraíso después de haber vencido al demonio y llevar consigo los trofeos de victoria a aquel mismo lugar de donde fue expulsado Adán por su pecado -arrastrando en el cortejo triunfal al mismo que antes lo había engañado-, ofrecer al Señor, como un presente de gran valor a sus ojos, la fe inconmovible, la incolumidad de la fuerza del espíritu, la alabanza manifiesta de la propia entrega, acompañarlo cuando comience a venir para tomar venganza de sus enemigos, estar a su lado cuando comience a juzgar, convertirse en heredero junto con Cristo, ser equiparado a los ángeles, alegrarse con los patriarcas, los apóstoles y los profetas por la posesión del reino celestial. ¿Qué persecución podrá vencer estos pensamientos, o qué tormentos superarlos?

La mente que se apoya en santas meditaciones persevera firme y segura y se mantiene inconmovible frente a todos los terrores diabólicos y amenazas del mundo, ya que se halla fortalecida por una fe cierta y sólida en el premio futuro. En la persecución se cierra el mundo, pero se abre el cielo; amenaza el anticristo, pero protege Cristo; se inflige la muerte, pero sigue la inmortalidad. ¡Qué gran dignidad y seguridad, salir contento de este mundo, salir glorioso en medio de la aflicción y la angustia, cerrar en un momento estos ojos con los que vemos a los hombres y el mundo para volverlos a abrir en seguida y contemplar a Dios y a Cristo! ¡Cuán rápidamente se recorre este feliz camino! Se te arranca repentinamente de la tierra, para colocarte en el reino celestial.
Estas consideraciones son las que deben impregnar nuestra mente, esto es lo que hay que meditar día y noche. Si la persecución encuentra así preparado al soldado de Dios, su fuerza, dispuesta a la lucha, no podrá ser vencida. Y aun en el caso de que llegue antes la llamada de Dios, no quedará sin premio una fe que estaba dispuesta al martirio; sin pérdida de tiempo, Dios, que es el juez, dará la recompensa; porque en tiempo de persecución se premia el combate, en tiempo de paz la buena conciencia.

Fuente: San Cipriano, Tratado a Fortunato. Liturgia de las Horas.

Arca nobilísima del Corazón divino

Santa Gertrudis 02 04

Que mi alma te bendiga, Dios y Señor, mi creador, que mi alma te bendiga y, de lo más íntimo de mi ser, te alabe por tus misericordias, con las que inmerecidamente me ha colmado tu bondad.

Te ofrezco en reparación para suplir todas mis negligencias, la santidad y perfección absoluta con que pensó, habló y obró siempre tu Unigénito, desde el momento en que, enviado desde el trono celestial, hizo su entrada en este mundo hasta el momento en que presentó, ante tu mirada paternal, la gloria de su humanidad vencedora.

Llena de gratitud, me sumerjo en el abismo profundísimo de mi pequeñez y alabo y adoro, junto con tu misericordia, que está por encima de todo, aquella dulcísima benignidad con la que tú, Padre de misericordia, tuviste sobre mí, que vivía tan descarriada, designios de paz y no de aflicción, es decir, la manera como me levantaste con la multitud y magnitud de tus beneficios. Y no te contentaste con esto, sino que me hiciste el don inestimable de tu amistad y familiaridad, abriéndome el arca nobilísima de la divinidad, a saber, tu Corazón divino, en el que hallo todas mis delicias.
Más aún, atrajiste mi alma con tales promesas, referentes a los beneficios que quieres hacerme en la muerte y después de la muerte, que, aunque fuese éste el único don recibido de ti, sería suficiente para que mi corazón te anhelara constantemente con una viva esperanza.

Fuente: Santa Gertrudis, Del libro de las Insinuaciones de la divina piedad

La gloria de la Vendée

La Vendee-Capitanes 01 01 Los grandes capitanes católicos vendeanos

El levantamiento de la Vendée, 11 de marzo de 1793, constituyó una respuesta tajante a la feroz ideología ateizante que quería imponer en toda la nación la Revolución francesa. Tratóse de una guerra teológica para restablecer el orden social cristiano, la Cristiandad. De un lado la impiedad, el sacrilegio y las matanzas. Del otro, el testimonio de los mártires, sea de los que caían con las armas en la mano, dispuestos a morir por la causa sagrada, sea de las víctimas inermes.

Una pléyade de jóvenes heroicos se enrolaron en dicha cruzada, tras las huellas de grandes capitanes católicos. Frente a aquella Revolución, que a pesar de presentarse como renovadora había nacido decrépita, los caudillos que encabezaron el levantamiento encarnaban el ideal católico, joven y dinámico.

Jacques Cathelineau "el santo de Anjou" -así lo apodarían-, proclamado Generalísimo de todo el Ejército, ató a la cintura el rosario y puso en sus camisas la insignia del Sagrado Corazón. "Amigos -les recordó-, no olvidemos que estamos luchando por nuestra Santa religión". Se arrodilló, hizo la señal de la cruz y entonó en alta voz el himno litúrgico Vexila Regis prodeunt (las banderas del Rey avanzan).
Maurice d'Elbée, fue llamado el "Pater" de la Vendée. Hizo rezar un Pater noster a sus tropas para que se retractaran de sus deseos de asesinar a sus prisioneros.
Louis de Lescure, "el santo de Poitou" lo llamaban. Antes de morir dijo: "...combatí a favor de Dios; espero en su Misericordia. Voy al cielo con confianza". Encontraron en su cuerpo las marcas de un cilicio.
Charles de Bonchamps. Lo último que exclamó este héroe fue: "Yo me atrevo a contar con la misericordia de Dios. No he combatido por la gloria humana. He servido a mi Dios, a mi Rey, a mi Patria. He sabido perdonar".
Henri de la Roquejaquelein. Con cien de sus mejores caballeros, escoltó al Santísimo Sacramento llevado en procesión a la cabeza de las tropas. En víspera de una batalla, Monsieur Henri, como el más humilde de los fieles, se acercó a recibir la Sagrada Comunión y durante más de dos horas permaneció en oración. Siempre era él quien daba la señal de ataque; trazaba sobre su cuerpo una gran señal de la cruz y se lanzaba hacia adelante.

Fuente: cf. P. Alfredo Sáenz, La Epopeya de la Vendée

Habrá niños santos - Siervo de Dios Ángel Bonetta

Angel Bonetta 01 01

Ángel nace el 18 de septiembre de 1948 en Cigole, Italia, hijo de Francisco y Julia. Es un niño vivaz que apenas es posible mantenerlo bajo control, con travesuras propias de su edad. Estudió en el jardín de infancia de las hermanas Canosianas. Guiado por la ayuda de las hermanas se vuelve más reflexivo y cuidadoso. Presentaba una fuerte inclinación a la oración y al amor a Jesús, y se prepara para recibirlo en la Eucaristía. El 14 de abril de 1955 con tan sólo seis años recibe la primera comunión.

Se convierte en monaguillo, con entusiasmo en el servicio de la Misa todos los domingos; es simpático con sus compañeros, cuidadoso con los demás niños. Jugaba muy bien al fútbol; muy a menudo los compañeros le buscan para arbitrar, ya que tienen plena confianza en él.
Aprovecha su carisma y simpatía para arrastrar a sus compañeros con el fin de involucrarlos en su fuerte dimensión religiosa.

Joven inteligente, completó la escuela primaria, y a los once años entra en un internado en Brescia para continuar sus estudios, pero después de sólo quince días comienza a cojear visiblemente por un dolor agudo en la rodilla. Informaron a toda prisa a su casa; sus padres le ingresaron en el hospital en Brescia para ser examinado: el diagnóstico es cáncer, un sarcoma óseo. Así comenzó un Vía Crucis de dolorosos y largos tratamientos. A pesar de los cuidados intensivos no se logra impedir la amputación de la pierna, efectuada el 2 mayo de 1961. En la larga convalecencia en el hospital se une a los Voluntarios del Sufrimiento; lee la historia de los pastorcitos, Francisco y Jacinta de Fátima, a quien la Virgen María había dirigido la invitación a la penitencia y oración por la conversión de los pecadores; Ángel encuentra en Fátima y en el testimonio de los pastorcitos un modelo a seguir.
Lo que para otros sería un desastre para maldecir, él lo acepta como un don que debe ofrecer, “Señor te ofrezco todo por los pobres pecadores, pero ayúdame tú a no negarte nada”.

Ángel siempre estaba sonriendo, y no se dejó detener por el deterioro de su salud. No se cierra en su dolor; siempre bromeando y en un buen estado de ánimo se mueve con facilidad en las muletas, restando importancia a su malestar, consolando a los pacientes de los distintos departamentos del hospital donde era hospitalizado de vez en cuando, animándoles a tener una tranquila resignación y a fortalecerse espiritualmente a través de la oración.
En agosto de 1961 participó en el retiro celebrado en Re (Novara) por los Voluntarios del Sufrimiento, convirtiéndose en un amigo de todos y un modelo para otros enfermos. El fundador de la Asociación de Voluntarios del Sufrimiento, el Beato Luis Novarese (1914 - 1984), dándose cuenta de su aspiración de entrega total a Jesús Crucificado, en mayo de 1962 lo invitó a tomar una decisión de consagración al Señor. Fue el 21 de septiembre de 1962 con poco menos de catorce años, que hace sus votos de castidad, obediencia y pobreza, en la Asociación de los Silenciosos Operarios de la Cruz. Ese día pudo decir: “Ahora soy verdaderamente todo tuyo, Jesús. Todo tuyo y de la Virgen María para la conversión de los pecadores”.
Para Ángel esa fue la mayor alegría en todos sus años de dolor, pero, veinte días más tarde, el 12 de octubre de 1962, se vio obligado a quedarse en cama, de la cual ya nunca se levantaría debido al imparable avance del tumor. El 27 de enero 1963 se confiesa, recibe el Viático y la unción de los enfermos; cerca de la medianoche invita a orar a los presentes y ora con sus seres queridos alrededor de la cama, y luego se queda dormido. Alrededor de las dos de la mañana se despierta y mirando a la estatua de la Virgen que estaba en la mesa de noche se queda dormido en el Señor. Tenía 14 años. Su causa de beatificación se abrió oficialmente el 19 de mayo de 1998.

Fuente: cf. santiebeati.it

La hora providencial del Corazón de Jesús

CristoRey 05 11

Una palabra de extrema gravedad y de suma importancia sobre la teología y la devoción del Corazón de Jesús.

Este es, en toda verdad, la suprema y única esperanza de redención y de paz en los tiempos apocalípticos que estamos viviendo. No lo digo yo; lo dice el gran Pío XI: «Vivimos -dice- la hora más tempestuosa y negra que haya vivido la Humanidad desde el Diluvio... ¡Ah! ¡Pero la Iglesia tiene una inmensa confianza porque vivimos, en toda su plenitud, la hora providencial del Corazón de Jesús!»
Al decir esto el gran Pontífice tuvo seguramente muy presente la promesa del Salvador hecha a Margarita María: «¡Reinaré por mi Divino Corazón a pesar de Satán y sus secuaces!» Si, pues, los secuaces de Satán están haciendo desbordar el Mar Rojode odio sectario y de persecución, es ésta la hora en que el Rey de Amor, entronizado profundamente en almas, en hogares y en la sociedad, conquiste bajo Su cetro blando las naciones y así las salve. ¡Venga a nos tu Reino de justicia, de paz y de amor!... ¡Sálvanos!

¡Pero no lo olvidemos: la ciudadela santa, construida sobre la roca y que desafiará victoriosa todas las tormentas, es el Hogar cristiano! Con razón las furias del averno se desencadenan contra esta fortaleza, inexpugnable cuando Cristo Rey reina y manda en ella. Por esto los Papas han, no sólo aprobado, sino recomendado y aplaudido, la Cruzada de la Entronización, cuyo fin primordial, único, es salvar y santificar el Hogar con la presencia del Corazón de Jesús, Rey que preside la familia y Amigo íntimo de esta su Betania.
Y si el ataque del infierno contra este santuario es formidable, tenemos una promesa del Salvador que nos da bríos y que sostendrá nuestro coraje... Dijo una vez Jesús a Margarita María: «No temas, te faltará socorro sólo cuando a Mí me falte omnipotencia.» Esto es: ¡jamás!... Si el Rey de Amor está con nosotros, ¿quién podrá algo contra nosotros? Valor, pues, y adelante bajo el Lábaro del Rey que no será jamás vencido... ¡Que reine, sí, que triunfe en el Hogar y, a Su hora, reinará en la sociedad y en las naciones!

Hemos llamado «Cruzada» la obra de la Entronización y merece por cierto ese título sagrado. En efecto, ¿qué empresa sería poderosa y fecunda como acción de redención social que el Hogar, convertido en un Tabernáculo de oración, en un Sagrario eucarístico y en una escuela de penitencia? Pues ese es precisamente el ideal y el espíritu de una Betania auténtica del Corazón de Jesús.
Y precisamente porque cuatro grandes Pontífices consideraron la Entronización como una verdadera Cruzada de restauración social cristiana, por esto, Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII, se han dignado recomendarla solemnemente y oficialmente. ¡Qué garantía! Si, pues, la Santa Iglesia nos cobija maternalmente bajo su manto y, apretándonos sobre su corazón, quiere darnos alientos y energías, podemos seguramente creer, con tanto derecho como sinceridad, que en esta gran batalla por los derechos de Cristo Rey Dios está seguramente con nosotros.
Si esto es así, ¡confianza! ¡Vamos y luchemos, vamos y muramos por Él que ya no puede morir!... ¡Vamos, adelante; es indispensable que reine Cristo Rey; es urgente que triunfe por su Sagrado Corazón!

Fuente: P. Mateo Crawley, Jesús Rey de Amor

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