Instaurar todas las cosas en Cristo

S.S. Pio XII, canonizando al Sumo Pontífice Pio X el 3 de septiembre de 1954

El amable carácter de Pío X y la bondad de su corazón han sido atestiguados por todos cuantos tuvieron con él algún contacto. Pero sería un gran error creer que esta característica tan atrayente de Pío X le retratara plenamente o resumiera sus dotes y cualidades, nada más lejos de la verdad. Al lado de esta “bondad”, y felizmente combinada con la ternura de su corazón paternal, poseía una indomable energía de carácter.

Cuando surgía alguna cuestión en la que se hacía necesario definir y mantener los derechos y libertad de la Iglesia, cuando la pureza e integridad de la verdad católica requerían afirmación y defensa o era preciso sostener la disciplina eclesiástica contra la relajación o las influencias mundanas, Pío X revelaba entonces toda la fuerza y energía de su carácter y el intrépido valor de un gran Pontífice consciente de la responsabilidad de su sagrado ministerio y de los deberes que creía tenía que cumplir a toda costa. Era inútil, en tales ocasiones, que nadie tratara de doblegar su constancia; toda tentativa de intimidarle con amenazas o de halagarle con especiosos pretextos o recursos meramente sentimentales, estaba condenada al fracaso.

Su mirada, su conversación, todo su ser, respiraban tres cosas: bondad, firmeza, fe. La bondad del hombre, la firmeza del dirigente y la fe del cristiano, del sacerdote, del Pontífice, del hombre de Dios.

Tenía la clara visión de la rectitud, y esta clara visión no podían engañarla ninguna mentira, sofisma o hipocresía. Con calma, sin inmutarse, denunciaba y condenaba el error adondequiera que lo viese; ninguna consideración era capaz de doblegarle. Pío X demostró ser un verdadero dirigente. Su nombre permanecerá para siempre ligado a la reorganización de los Tribunales y Congregaciones Romanas y a la codificación del Derecho Canónico, trabajo colosal terminado con rapidez. Ningún Papa ha sido tan reformador y tan moderno como este valiente adversario de los errores modernistas. Fiel a su consigna, acometió la empresa de restaurar y renovar todas las cosas en Jesucristo.

Fuente: Cardenal Rafael Merry del Val, El Papa San Pio X: Memorias

En la Beatificación del Papa Pio IX


En la Homilía del 3 de septiembre de 2000, S.S. Juan Pablo II dijo: Al escuchar las palabras de la aclamación al Evangelio: “Señor, guíanos por el recto camino”, nuestro pensamiento ha ido espontáneamente a la historia humana y religiosa del Papa Pío IX, Giovanni Maria Mastai Ferretti. En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesión incondicional al depósito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su larguísimo pontificado no fue fácil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misión al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero también odiado y calumniado.

Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes: las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: “En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre”.

Sostenido por esa convicción interior, convocó el Concilio Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.

Oración: Señor Dios nuestro, que, en tiempos de grandes transformaciones culturales y sociales, guiaste el camino de tu Iglesia, confiándola al seguro magisterio, al infatigable celo apostólico y a la ferviente caridad de tu siervo el papa Pío IX, te pedimos humildemente, por la intercesión de la Santísima Virgen, a quien proclamó Inmaculada, que confirmes nuestra fe, que alimentes nuestra esperanza y fortalezcas nuestra caridad. Amén.

Aniversario del nacimiento del Beato Carlos de Austria

Fotografías de la infancia del Beato Carlos de Austria

El día 17 de agosto de 1887, Persenbeug, a cien kilómetros al oeste de Viena, está de fiesta. Sus habitantes adornan las casas, las campanas tocan a voleo, los petardos estallan por todas partes; se acaba de conocer la noticia del nacimiento del primer hijo del archiduque Otto y de María Josefa de Sajonia. La formación del joven Carlos fue especialmente cuidada. María Josefa tenía un alto sentido de sus deberes maternales. Paciente y muy piadosa, impartió a su hijo una profunda enseñanza religiosa y se dedicó a su educación con enorme afán. María Josefa contaba con la ayuda de Mlle. Liese, una excelente institutriz a la que Carlos profesaba un gran cariño.

La Princesa Wittgenstein cuenta que un día vio subir la escalera a una persona que, perdiendo el aliento, seguía al principito de tres años. De repente, con aire preocupado, el niño se volvió hacia la señora que no acababa de subir las escaleras y exclamó: "Bueno, ahora vamos a descansar un poco".

Carlos era alegre sin exageración, y proporcionaba alegría al palacio. Desde muy pronto dio pruebas del altruismo y la generosidad que más tarde caracterizarían su personalidad, y distribuía entre los niños desfavorecidos los regalos de Navidad o de cumpleaños que, con gran gozo, acababa de recibir. Se dice que a los cinco años había expresado al administrador su deseo de trabajar en el jardín para ganar algún dinero: "Mira, hay niños pobres, y yo querría ayudarles con lo que gane". También solía interceder ante su padre para evitar la reprimenda a algún sirviente.

Cuando Carlos tenía siete años, el dominico P. Geggerle, se encargaba de su instrucción religiosa, y nos traza el siguiente retrato del niño: "Era sincero, piadoso, modesto y extraordinariamente delicado de conciencia. Jamás le vi encolerizarse en el trato con sus compañeros; siempre, y en todas partes, se mostraba como un camarada excelente. Sobre todo era de una modestia desacostumbrada en un niño de su condición".

A partir de 1885, pasó a las manos de un nuevo preceptor, el conde Wallis, entonces capitán de caballería. La elección no pudo ser más acertada: católico ferviente, soldado de corazón, era la persona perfecta para encargarse de la educación militar e intelectual del joven archiduque. Al principio, el niño se sintió desconcertado ante la férrea disciplina que le impuso el capitán, pero muy pronto se crearon entre ambos unos profundos lazos de amistad.

Carlos toma la primera comunión en 1898, en Viena. Uno de los asistentes comenta: "Si no supiéramos rezar, ese joven nos enseñaría a hacerlo".

Fuente: Cf. Michel Dugast Rouillé, Carlos de Habsburgo

San Esteban de Hungría, gobernante y padre ejemplar


Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría. Fue bautizado por San Adalberto y se casó con Gisela, la hermana de San Enrique de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.

El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario.

La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria. El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores.

A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.

La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: “El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras”.

Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más. El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente.

Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.

Fuente: Cf. aciprensa.com

Tres ejemplos de jóvenes Santos

Los Santos: Luis Gonzaga, Juan Berchmans y Estanislao de Kostka

Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione delle Stiviere hubiera querido que su primogénito Luis Gonzaga, que nació el 9 de marzo de 1568, siguiera sus huellas de soldado y comandante en el ejército imperial. Pero ese niño le daría fama a la familia de los Gonzaga, con otras armas. A los doce años, después de haber recibido la primera Comunión de manos de San Carlos Borromeo, resolvió entrar en la Compañía de Jesús. Las duras penitencias a las que se sometió son el signo de una determinación no común hacia una meta que se había fijado desde su infancia. Para que su alma se perfumara con las virtudes cristianas, Luis renunció al título y a la herencia paterna, y a los catorce años entró al noviciado romano de la Compañía de Jesús, y escogió para si los encargos más humildes, dedicándose al servicio de los enfermos, sobre todo durante la epidemia de peste que afligió a Roma en 1590. Quedó contagiado al encontrar en la calle a un enfermo y, sin pensarlo dos veces, se lo echó a la espalda y lo llevó al hospital. Murió a los 23 años el 21 de junio de 1591.

San Juan Berchmans nació en Bélgica, el 13 de marzo de 1599. Inició sus estudios en el Seminario de Malinas, luego entró en el Noviciado de los jesuitas de la misma ciudad. Más tarde pasó a Roma. En el Seminario y en el Noviciado se distinguió por su candor, estudio y piedad. Su devoción a la Virgen era proverbial. “Si amo a María, decía, tengo segura mi salvación”. Pululaban por entonces los errores de Bayo, quien afirmaba que María había sido concebida en pecado. El gran teólogo español Juan de Lugo atribuye el movimiento a favor de la Inmaculada a las oraciones de Berchmans. En el último año de su vida Juan se había comprometido, firmando con su propia sangre, a “afirmar y defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María”. Hacía cada cosa en su momento, y sobrenaturalizando la intención. Cuando hay que orar, decía, ora con todo amor. Cuando hay que estudiar, estudia con toda ilusión. Cuando hay que practicar deporte, practícalo con todo entusiasmo. Y siempre con más amor, en cada instante del programa diario, bajo la dulce mirada maternal de la Virgen María. Murió el 13 de agosto de 1621. Sus últimas palabras fueron: Jesús, María.

San Estanislao de Kostka era hijo de un rico senador de Polonia, y nació en 1550. A los 14 años partió a Roma, donde San Francisco de Borja lo recibió en la Compañía de Jesús. En el noviciado resultó ser un verdadero modelo de santidad para todos. Se propuso hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. Solamente alcanzó a durar nueve meses en aquella vida religiosa, pero fueron suficientes para dejar gran fama de piadoso, amable, servicial, buen trabajador, y excelente estudiante. Su amor a Jesús Sacramentado era ardiente.

Un día le preguntaron qué hay que hacer para demostrarle a la Virgen que la amamos, y respondió: “Ofrecerle pequeños homenajes, pero no dejar nunca de ofrecérselos”. Y a un religioso le dijo: “Estoy pensando cómo será de grande y bonita en el cielo la fiesta de la Asunción de la Virgen María. Desearía ir este año a presenciarla”. Y así el 15 de agosto de 1568 voló a la eternidad.

Fuente: Cf. es.catholic.net

Niños santos - Sierva de Dios Angela Iacobellis


Angela nació en Roma el 16 de octubre de 1948 y fue bautizada el 31 de octubre en la Basílica de San Pedro, su hermoso rostro era el espejo de su pureza. Recibió su Primera Comunión y Confirmación el 29 de junio de 1955 en Nápoles.

Del testimonio de los padres y de aquellos que la conocieron, sabemos que su amor a Jesús en la Eucaristía era inmenso y que el rezo del Rosario la acompañó a lo largo de su breve peregrinación terrenal. Angela decía: “Debemos darle el primer lugar a Dios”. Era una niña normal en sus afectos familiares, en la escuela, con sus amigos y en los juegos.

A los 11 años sufrió con paciencia y heroísmo los dolores atroces de la leucemia, consolando a los demás. Aceptó el tratamiento y cuando se dio cuenta de que su enfermedad avanzaba, no se impacientó ni se desanimó, sino que aceptó conscientemente la Voluntad de Dios, expresando toda su alegría y generosidad en la oración, en una conversación íntima y sencilla con el Señor. Predicó en silencio y con el ejemplo.

En la fase final de la enfermedad, Angela pasaba de un análisis clínico a otro, de una transfusión a otra hasta que una obstrucción intestinal definitivamente complicó el pronóstico. El suministro de oxígeno no mejoró la situación. Y el 27 de marzo de 1961, su alma voló al cielo.

“Bienaventurado eres, Padre del cielo y de la tierra, porque has revelado a los pequeños los misterios del reino de los cielos” (Mateo 11:25), esta cita del evangelio está grabada en la lápida de su tumba, y refleja fielmente la corta vida de Ángela Iacobellis.

Fuente: Cf. angelaiacobellis.it

Santidad en Argentina - Venerable Camila de San José Rolón

Camila Rolón nació en San Isidro, el 18 de julio de 1842. Desde muy joven, sintió la vocación a la vida religiosa.

En 1873, entró en las Carmelitas, pero a las pocas semanas de su ingreso, fue atacada por una enfermedad: un tumor intestinal, que la obligó a salir. Para recuperar su salud, pasó una temporada en el pueblo de Exaltación de la Cruz. Aquí tomó contacto con serios problemas sociales y religiosos, entre ellos: la ignorancia religiosa, la marginación social, las miserias de numerosas familias y muchas criaturas huérfanas o abandonadas. Para dar respuesta a tantas angustias y necesidades, tuvo la inspiración de fundar un Instituto que acogiera, asistiera y educara a esos niños. El 28 de enero de 1880, Camila sale de la casa de sus padres, acompañada de dos señoras, que se harían Hermanas, dos muchachas y once niñas. Confiando en la Divina Providencia, llegaron a la ciudad de Mercedes, donde comenzarían.

Al mes, el número de asiladas se elevaba. Vivían de limosnas, y pronto, las religiosas que habían crecido en número y experiencia, se plantearon la posibilidad de nuevas expansiones. La Providencia las contactó con un bienhechor que les construyó un asilo-colegio, para cientos de niños. De todas partes de Argentina, como del Uruguay, comenzaron a llegar peticiones de nuevas fundaciones. Así mismo la Madre Camila, soñaba con fundar una casa en Roma cuando el 3 de mayo de 1898, el Santo Padre aprueba el Instituto de Hermanas Pobres Bonaerenses de San José. En el año 1905 se funda la primera casa en Roma. Más adelante traslada la casa generalicia de la Argentina a Roma. Treinta y cinco fueron las fundaciones llevadas a cabo por la Madre Camila, entre pruebas que aceptó como expresión de la Voluntad del Señor. Luego de una larga enfermedad santamente sobrellevada, falleció en Roma el 16 de febrero de 1913. Fue declarada Venerable el 2 de abril de 1993.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Niños santos - Sierva de Dios Odette Oliveira


Odette nació el 15 de septiembre de 1930 en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil), su padre fue Francisco Rodrigues de Oliveira y su madre fue Alicia Vidal. Los padres eran profundamente religiosos y sobre todo de gran caridad hacia los necesitados. Poseía un amor extraordinario a Jesús Sacramentado e iba a la misa con frecuencia con su madre. Desde los cuatro años tenía coloquios íntimos con Jesús en el Santísimo Sacramento.

Su familia se mudó al barrio de Botafogo, y allí Odette hizo su Primera Comunión el 15 de agosto de 1937. Desde entonces, al recibir la comunión, ella decía: “¡Oh mi Jesús, venid ahora a mi corazón!”. Su confesor testificó su fe viva, confianza inamovible, intenso amor a Dios y al prójimo. Odette ejercitaba la búsqueda de la santidad de forma extraordinaria para una niña tan joven. La modestia y el pudor fueron una gran señal de su alma pura y buena. Rezaba el Rosario diariamente, y tenía total confianza en Nuestra Señora.

Sus últimos días fueron vividos en una dolorosa enfermedad, la meningitis. Ella hizo gala de la paciencia cristiana. En medio de tantos dolores, decía: “Jesús mío, te amo, y te pido que te ame por toda la eternidad. Yo os ofrezco, oh mi Jesús, todos mis sufrimientos por las misiones y por los niños pobres”. El 25 de noviembre de 1939, recibió la Santa Comunión y decía en su Acción de Gracias: “Mi Jesús, mi amor, mi vida, mi todo, llévame al cielo”, y serenamente entregó su alma a Dios.

Fuente: Cf. santiebeati.it

Niños santos - Siervo de Dios Santos Franco Sánchez


Santos Franco Sánchez nació en Hinojosa del Duque, España, el 13 de julio de 1942. Era alumno del Seminario Menor de los Carmelitas de la Antigua Observancia.

En su adolescencia le dio una meningitis y cuando transido de dolor, el párroco, le pidió que ofreciera sus dolores por la Iglesia y sus necesidades, él le contestó: “desde el primer momento que empecé a sentir dolor, no he dejado de ofrecerlos al Señor por las misiones, los sacerdotes y los pecadores”. Cuando estaba muy enfermo una de sus hermanas le pregunta: “¿quieres curarte o ir al cielo?”. Sin dudar contestó: “ir al cielo”.

Cuando más intensos eran sus dolores de cabeza, produciéndoles convulsiones que lo dejaban extenuado, de sus labios salía una sonrisa de paz interior y decía: “todavía no, aún me queda sufrir un poco más”. Al aproximarse su muerte, abrazó a sus padres y les dijo: “ya me voy a ir pronto al cielo, me queda muy poco tiempo. No me olvidaré de vosotros. Os quiero mucho. No lloréis que yo estoy muy alegre. ¿Que importan los sufrimientos? ¡Qué hermoso, allí está Dios y la Virgen!”.

Falleció en su ciudad natal a los once años el 6 de febrero de 1954.

Fuente: cuando-los-santos-son-amigos.blogspot.com

Santidad en Argentina - Venerable Leonor de Santa María Ocampo


Isora Ocampo, nació el 15 de agosto de 1841, en la provincia de La Rioja. Desde pequeña prefirió la soledad y el silencio. Junto a su familia participó en las devociones populares y practicó la caridad. A los 7 años, aprendió a leer y, en adelante, su personal afición a la lectura le brindará una buena formación religiosa. Con sólo 8 años perdió a su madre y quedó al cuidado de su padre, hermanos y familiares; desde entonces confió su vida a la Virgen.

Compartió el hogar con unas primas que la hicieron sufrir combatiendo su piedad y recogimiento, hasta con agresiones que soportó con gran paciencia. En ese tiempo comenzó a sentir el deseo de ser toda de Dios.

Al demorarse su deseado ingreso al convento dominico de Santa Catalina de Siena (Córdoba), hizo voto privado de castidad, con el padre Paulino Albarracín OP, su confesor y guía por varios años. Finalmente en junio de 1868, tomó el hábito con el nombre de sor Leonor de Santa María. Fue observante, humilde y servicial, paciente en el sufrimiento, asidua en la penitencia, abandonada en la providencia.

En los últimos años de su vida tuvo la serena conducción del Venerable padre José León Torres, mercedario. Sor Leonor escribió sus memorias que quedó en manos del Padre Torres y fue devuelto al Monasterio en 1937, cuando recién se reveló la profundidad y grandeza de su vida espiritual. Falleció de pulmonía a los 59 años de edad, el 28 de diciembre de 1900, y fue declarada Venerable el 19 de mayo de 2018.

Fuente: Cf. sorleonordesantamaria.com

Santificación de las relaciones de amistad

Beato Pier Giorgio Frassati

La amistad puede ser un medio de santificación, o un fuerte obstáculo para la perfección.

Por ser la amistad una mutua comunicación entre dos personas, especifícase según la diversidad de comunicaciones y de los bienes que se comunican. Muy bien lo declara S. Francisco de Sales: “Cuanto más excelentes sean las virtudes que entren en esta comunicación, tanto más perfecta será tu amistad. Será ciertamente muy laudable si comunicas acerca de las ciencias; mucho más si comunicas acerca de las virtudes, prudencia, templanza, fortaleza y justicia; pero si esta mutua y recíproca comunicación fuese acerca de la caridad, devoción y perfección cristiana, ¡oh Dios mío, qué amistad tan preciosa! Será excelente porque viene de Dios, excelente porque va a Dios, excelente porque su vínculo es Dios, excelente porque durará para siempre en Dios. ¡Qué bueno es amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender a amarse mutuamente en este mundo como nos amaremos eternamente en el otro!”.

La amistad verdadera en general es, pues, un comercio íntimo entre dos almas para hacerse mutuamente bien. Puede no pasar de simplemente honesta, si los bienes que los amigos se comunican son del orden natural. Mas la amistad sobrenatural es de un orden muy superior. Es un comercio íntimo entre dos almas que se aman en Dios y por Dios, con propósito de ayudarse recíprocamente a hacer más perfecta la vida divina que poseen. La gloria divina es su fin último, y el adelantamiento espiritual su fin inmediato, y Jesús el lazo de unión entre los amigos.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

Santidad en Argentina - Venerable José León Torres


El Venerable José León Torres nació en Luyaba, provincia de Córdoba, el 19 de marzo de 1849. A los catorce años, José sintió nacer el deseo de trabajar por el Reino de Dios y llama a las puertas del convento mercedario de Córdoba. El 27 de abril de 1873, Fray José fue ordenado sacerdote. A lo largo de toda la vida fue un generoso servidor de la Orden de la Merced. Fue Maestro de novicios; catedrático de teología; vicario provincial y superior provincial; visitador de los demás conventos; restaurador de iglesias; fundador de nuevos conventos; vicario general; y fundador del Instituto de las Hermanas Mercedarias.

Celebrando la Misa en la conmemoración de los 14 años de su primera Misa, el Padre José, siente la inspiración de la fundación y el 1 de octubre de 1887, nace el Instituto de las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús. En Córdoba el Padre, además de sus cargos de Superior, fue el confesor ordinario de varias comunidades, en particular del Monasterio de Santa Catalina, en el que vivía la Venerable Leonor de Santa María Ocampo a la cual, el Padre, le ordenó que escribiera sus memorias para conocer más a fondo sus ansias de santidad.

En el año 1930, la salud del Padre se agrava notablemente. El 7 de diciembre recibe los Santos Sacramentos. Al conocer la gravedad de su estado, sus sentimientos se vuelven oraciones de confianza y humildad. Antes de morir se vio rodeado por todos los Superiores de la Provincia Mercedaria Argentina, quienes tuvieron la gracia de recibir su última paternal bendición y sabios consejos. El 15 de diciembre, entrega su espíritu en las manos del Señor. Fue declarado Venerable el 26 de marzo de 1994.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Supliquemos al Señor que encienda nuestros corazones


La doctrina de la Iglesia se resume en una sola palabra: amor. Por el contrario, la palabra odio produce división y ruina, porque corrompe el corazón de los hombres.

El apóstol Pablo de Tarso -cuya profunda teología debiera ser familiar a todos, muy especialmente entre la juventud- lo expresa con palabras admirables, que servirían incluso de compendio de una vida: Hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hagamos nuestras esas palabras. También nuestro dulcísimo Salvador, riqueza nuestra, esperanza nuestra, gozo nuestro, lo reafirma al darnos este mandato: Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial. Y debemos entender que la perfección está en el amor, como maravillosamente escribió el apóstol predilecto de Jesús: Dios es amor.

Supliquemos al Señor del amor, que vino a prender fuego por toda la tierra, que encienda también nuestros corazones en su ardor; supliquemos al Espíritu Consolador, amor consustancial del Padre y del Hijo, que nos dé la caridad que nunca se sacia; supliquemos, finalmente, que nuestra alma, rotas las cadenas que la aprisionan en este mundo, se sumerja con angelical dulzura en la posesión del Amor.

Fuente: Beato Contardo Ferrini, Pensamientos y oraciones

Santidad en Argentina - Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado


Tránsito Cabanillas nació un 15 de agosto de 1821, en la Estancia Santa Leocadia, en lo que es hoy Villa Carlos Paz, junto al Lago San Roque (Córdoba). Sus padres eran de admirable vivencia cristiana.

La Beata, fue devota colaboradora en la obra de los Ejercicios Espirituales, infatigable catequista de los niños y fervorosa discípula de San Francisco de Asís como Terciaria franciscana. Abnegada enfermera durante las terribles epidemias del cólera en el año 1867 y de la fiebre amarilla en el año 1871.

En el año 1870, el Señor le inspiró fundar una casa de Penitencia de San Francisco pero, como no tenía ningún recurso, intentó responder a la llamada vocacional entrando primero entre las Carmelitas de Buenos Aires y después entre las Hermanas de la Visitación de Montevideo. Sin embargo la enfermedad la obligó a salir del claustro porque Dios la tenía destinada a otra misión.

En el año 1878, se llevó a cabo la fundación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanos. El señor Agustín Garzón, donó una manzana de terreno en el barrio de San Vicente de Córdoba. La Madre Tránsito, comenzó la construcción de un minúsculo convento al servicio de la niñez desvalida. Poco a poco el instituto progresó, se expandió y fundó el Colegio del Carmen de Río Cuarto y el Colegio San Francisco de Villa Nueva, en la Provincia de Córdoba.

El Padre Quirico Porreca, se interesa por el proyecto de la Madre y ella le solicita la dirección de la nueva Congregación por un tiempo. El Padre Quirico aceptó gustoso el cargo, pero con el tiempo y movido por sus ambiciosas aspiraciones, desplazó a la fundadora y comenzó a mandar el. La Madre del Tránsito, aceptó la humillación para evitar problemas y dificultades al Instituto y se retiró a una pobre celda, llevando una vida de silencio, oración y labores. Ella quería ser una humilde servidora del Señor y una lámpara viviente del Sagrario.

Este heroico gesto de humildad y de mansedumbre, purificó y hermoseó el corazón de la Madre Tránsito. Antes de morir hizo esta hermosa promesa: “Hermanas, yo ya no les hago falta, porque no puedo hacer nada, pero cuando muera, desde el cielo les haré mucho bien”.

La Madre Tránsito Cabanillas, murió santamente el 25 de Agosto de 1885 y fue beatificada el 14 de abril del 2002.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Santidad en Argentina - Beata Catalina de María Rodríguez


Josefina Saturnina Rodríguez de Zavalía, más conocida por su nombre eclesiástico Catalina de María Rodríguez, nació en la Córdoba de 1823. Su familia tuvo gran protagonismo político, social y religioso. Su padre secretario de los gobernadores Bustos y Paz, su primo Santiago Derqui, presidente del país. Ella y sus tres hermanas perdieron a los padres muy pequeñas y fueron criadas por sus tías

Catalina, a los 17 años hace sus primeros Ejercicios Espirituales. Se dedica a promover y sostener la obra de los Ejercicios. A los 29 años se casa con el Coronel Zavalía, viudo con dos hijos. Se van a vivir a Paraná, donde tienen una hija que se muere al nacer. Regresan a Córdoba y tiempo más tarde Catalina queda viuda, allí, a los 42 años renace su Sueño Dorado: Formar una comunidad de Señoras al servicio de las mujeres más vulnerables para catequizarlas, enseñarles a trabajar y vivir con ellas.

Pasan 7 años de pruebas, contratiempos, oscuridades en donde Catalina mantiene su deseo en alto porque esa idea estaba entrañada en su alma y en esos intentos encontraba consuelo en Dios de quien todo lo esperaba y cuya confianza no le faltó jamás. Finalmente el 29 de septiembre de 1872 nacen las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Primera Congregación de vida apostólica de la Argentina.

Por pedido del San José Gabriel Brochero y la decisión de Catalina en 1880, 16 hermanas cruzan las Sierras Grandes a caballo para atender la Casa de Ejercicios y el Colegio de Niñas fundados por el Cura Brochero.

Tras una prolífica obra al frente de la congregación, Catalina falleció el 5 de abril de 1896 a los 73 años. Entregó su alma a Dios diciendo: “¡Qué cosa tan dulce es morir esclava del Corazón de Jesús!”. Fué beatificada el 25 de noviembre de 2017.

Fuente: Cf. madrecatalinademaria.com

Santidad en Argentina - Beata María Antonia de Paz y Figueroa


María Antonia de San José (en el siglo María Antonia de Paz y Figueroa) nació en Villa Silípica, Santiago del Estero, en 1730.

Desde muy joven comenzó a trabajar con los jesuitas ayudando a organizar los ejercicios espirituales. Con un grupo de mujeres jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los Padres jesuitas.

Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, María Antonia pidió al mercedario fray Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales.

María Antonia organiza los ejercicios espirituales en Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Los viajes los hacía caminando y pidiendo limosnas.

En 1795 fundó en Buenos Aires la Casa de Ejercicios Espirituales la cual sigue cumpliendo su misión. Durante los veinte años de la presencia de la beata en Buenos Aires, entraron en Ejercicios más de cien mil personas.

María Antonia, serena y santamente, se durmió en el Señor el 7 de marzo de 1799 y el grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en 1878 en la congregación religiosa de las Hijas del Divino Salvador. Fue beatificada el 27 de agosto de 2016.

Fuente: Cf. es.catholic.net

El deber más sagrado de un padre de familia

El deber más sagrado de un padre de familia es el procurar la santificación de los suyos. La naturaleza se lo impone, Dios se lo exige, y va en ello su salvación eterna. Los deberes de un padre para con sus hijos son importantísimos, ya que tienen por objeto hacer de ellos buenos cristianos, ciudadanos valiosos y almas dignas del cielo. Un padre, ante todo, debe esmerarse en procurar a sus hijos una educación cristiana, base sólida e indispensable de una vida honesta y de un porvenir feliz. Tendrá especial cuidado de la moralidad de las escuelas y colegios a los que quiere encomendar la inocencia de sus hijos.

a) El niño está lleno de defectos que se desarrollan en él paralelos a su edad. Lo que importa es atacarlos en su misma raíz, y continuar siguiéndolos de cerca. La corrección de un niño debe ser: Sosegada: para que sea justa. Razonable: proporcionada a la falta, más bien moderada que severa. La misericordia de Dios obra de igual suerte con nosotros. Lo que se ha de buscar en la corrección es hacer ver al niño el porqué, el castigo y el mal de su falta, para que su espíritu odie el mal y ame el bien. Cordial: en toda corrección, aun en la más severa, ha de aparecer el corazón del padre, al objeto de procurarse el arrepentimiento humilde y contrito del hijo. Digna: un padre es siempre un jefe; debe honrar y hacer honrar en sí la autoridad de Dios, debe ser digno en sus palabras, noble en la paciente espera del arrepentimiento, bondadoso en la concesión de la gracia del perdón.

b) Debe proteger a sus hijos contra el escándalo que despiertan en el niño las viciosas tendencias adormecidas; es un deber importantísimo del padre el preservar a los niños de sus peligros morales. Su ignorancia curiosa, su debilidad y el afán de imitar, pronto los harán caer en el pecado. A medida que el niño avanza en edad es de todo punto indispensable fortalecerlo con prudencia, pero con energía, contra el escándalo que inevitablemente le esperará a su entrada en el mundo. Sea el padre severo en no permitir la lectura de libros peligrosos: la impresión que dejan en el niño es imborrable; asimismo ha de ser intransigente con las malas compañías.

c) Un padre debe igualmente vigilar con cuidado sobre las amistades de sus hijos. La amistad es la necesidad del corazón. Un padre y una madre deben ordenar sus medios comunes para fomentar y desarrollar el espíritu y el amor de la familia a fin de que sus hijos sean felices tan sólo en la familia. El peligro comienza al despertarse el amor propio o cuando el joven adolescente vive lejos del hogar paterno. Sus padres deben entonces prevenirlo contra los falsos amigos, manteniendo con todo cuidado el lazo del amor filial. Si se dieren cuenta de una amistad peligrosa, deben servirse del consejo y de la autoridad. Esas relaciones han de ser totalmente rotas. Vale más un duro golpe, mientras haya esperanza, que esperar el deshonor y la muerte. Tarde o temprano el amor filial volverá felizmente sobre sus pasos.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Nuestro trabajo y su alcance apostólico

Amados hermanos míos -la voz de San Pablo-, estad firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor, pues que sabéis que vuestro trabajo no quedará sin recompensa delante de Dios. ¿Veis? Es toda una trama de virtudes la que se pone en juego al desempeñar nuestro oficio, con el propósito de santificarlo: la fortaleza, para perseverar en nuestra labor, a pesar de las naturales dificultades y sin dejarse vencer nunca por el agobio; la templanza, para gastarse sin reservas y para superar la comodidad y el egoísmo; la justicia, para cumplir nuestros deberes con Dios, con la sociedad, con la familia, con los colegas; la prudencia, para saber en cada caso qué es lo que conviene hacer, y lanzarnos a la obra sin dilaciones... Y todo, insisto, por Amor, con el sentido vivo e inmediato de la responsabilidad del fruto de nuestro trabajo y de su alcance apostólico.

Obras son amores, y no buenas razones, reza el refrán popular, y pienso que es innecesario añadir nada más.

Señor, concédenos tu gracia. Ábrenos la puerta del taller de Nazaret, con el fin de que aprendamos a contemplarte a Ti, con tu Madre Santa María, y con el Santo Patriarca José -a quien tanto quiero y venero-, dedicados los tres a una vida de trabajo santo. Se removerán nuestros pobres corazones, te buscaremos y te encontraremos en la labor cotidiana, que Tú deseas que convirtamos en obra de Dios, obra de Amor.

Fuente: San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios

La santidad está a nuestro alcance

En las vidas de todos los santos, encontramos las siguientes similitudes: Amor a Dios y al prójimo, determinación para seguir a Jesús y para levantarse de inmediato después de una caída, completa ruptura con el pecado grave, crecimiento en la virtud y la oración y, el cumplimiento de la Voluntad de Dios.

Estas características están al alcance de todo ser humano y en ellas no desaparecen las faltas o imperfecciones. En este punto, debemos hacer una distinción entre faltas y pecados. Una persona santa cumple los mandamientos y se ayuda de las disposiciones y capacidades que posee para que este cumplimiento sea un proceso de imitación de Cristo, un proceso de santificación. Sin embargo, tiene también una serie de debilidades que lo hacen escoger, constantemente, entre él mismo y Dios. Es en este vaciarse personalmente que cada uno, al irse llenando de Jesús, se va haciendo santo.

La santidad es una “experiencia de crecimiento” y éste consiste en el incremento del conocimiento, amor, autocontrol y todas las demás virtudes imitables de Jesús. No tenemos que perder de vista la santidad mientras avanzamos en la vida, ya que la santidad significa que Jesús es para nosotros lo que ninguna otra cosa puede ser en el mundo.

El santo es la persona que ama a Jesús como para querer ser como Él en la vida cotidiana. Como Él, cumplir amorosamente la Voluntad de Dios, sabiendo que de todas las cosas saldrá algo bueno porque es amado personalmente por Dios.

Los santos son gente común con la compasión del Padre en sus almas, la humildad de Jesús en sus mentes y el amor del Espíritu en sus corazones. Cuando estas bellas cualidades crecen día a día en las situaciones cotidianas, nace la santidad.

Fuente: Madre Angélica, La santidad es para todos

La virtud del Abandono en los santos (V)

Es el santo abandono aquel estado en que el alma amante se entrega sin condiciones ni reservas al beneplácito de Dios, y ello así en el orden de la naturaleza como en el de la gracia.

El alma que así se da al santo abandono quiere todo lo que Dios quiere, porque Él lo quiere y de la manera que Él lo quiere, en orden a su cuerpo, lo mismo si le da salud como enfermedad, así le coloque en un país como en otro y sin distinción de condiciones de casa, trabajo, alimento o sociedad que plazca a Dios. Todo le es igual, todo le resulta amable con estas solas palabras: Así lo quiere Dios, tal es su beneplácito. Como hijo a quien el porvenir no inquieta, el alma santamente abandonada a Dios duerme con sosiego en el seno maternal de la divina Providencia, o descansa a sus pies. El hijo que tiene una buena madre no se inquieta de lo que pueda venir, pues su madre piensa por él. Choquen los elementos entre sí, ruja la tempestad, amenace el mar tragarlo todo, tiemblen todos de espanto: el hijo del santo abandono duerme sin temores en el seno maternal de la divina Providencia. No hay tempestades para él. Los hombres son malos, quieren arrebatarle todo: bienes, libertad, reputación, mas él se deja despojar sin montarse en cólera ni desesperarse. Como le queda Dios, y Dios le ama, por harto feliz se tiene; tanto más cuanto que así se ve más libre para ir hacia el Padre celestial.

El alma que practica el santo abandono, como un niño, pone en manos de Dios su espíritu para que Él sea su luz y la luz que le plazca: clara o velada, luz de fe o luz manifiesta; no quiere saber más que lo que Dios quiere que sepa; es como un ciego a quien Dios abre o cierra los ojos según tenga por bien. Con toda sencillez entrega el corazón a Dios, para a Él solo amar en todas las cosas y en cualquier estado. Entrega del todo a Dios su propia voluntad para que Él la gobierne, la vuelva y revuelva según le plazca. El alma santamente abandonada a Dios, se da a su servicio sin elegir ni amar otra cosa que lo que Dios le escoge y le cambia a cualquier hora como le da la gana. Sirve a Dios haciendo uso de los medios del momento presente, sin apegarse ni a su estado, ni a los medios, ni a las gracias; no se apoya más que en la santa voluntad de Dios.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

La virtud del Abandono en los santos (III)

Jesús al alma:

¿Por qué os confundís, angustiándoos? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de verdadero, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos. Abandonarse en mí no significa atormentarse, alterarse o desesperarse, dirigiéndome luego una oración llena de inquietud. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y confiarse a mí para que sólo Yo obre, diciéndome: “ocúpate Tú de ello”. La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono. Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi Gracia; cerrad los ojos y no pensad más que en el momento presente, alejándoos del pensamiento del futuro como de una tentación; reposad en mi creyendo en mi Bondad, y os juro por mi Amor que, diciéndome con estas disposiciones: “ocúpate Tú de ello”, yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.

Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente de aquel que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. ¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en aquellas materiales, se vuelve a mí, me mira y diciéndome: “ocúpate Tú de ello”, cierra los ojos y reposa. Si me decís de verdad: “hágase tu Voluntad”, que es lo mismo que decir: “ocúpate Tú de ello”, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades.

No descansáis nunca, queréis valorarlo todo, escudriñarlo todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza. ¡Oh, como deseo vuestro abandono para beneficiaros!, ¡y cuanto me aflijo al veros turbados! Satanás tiende precisamente a esto: a turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros a la merced de las iniciativas humanas. Confiad por eso sólo en mí, reposad en mí, abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí, y a la ausencia de preocupaciones vuestras. Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y grandes frutos, incluso cuando yo os concedo la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que importa el sufrimiento. ¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda el alma: “Jesús, ocúpate Tú de ello”. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi Nombre humillándote. Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono vale: recordadlo bien.

Fuente: Oración compuesta por el Siervo de Dios Dolindo Ruotolo

Natalicio de la Sierva de Dios Zita de Borbón

Fotografías de la esposa del Beato Carlos de Austria en su infancia

Zita María de Borbón-Parma, la quinta de doce hijos, nace el 9 de mayo de 1892 en Pianore (Italia). Zita guarda un recuerdo excelente de su juventud: “Tuve una infancia extremamente feliz y alegre... La doble mudanza de Austria a Pianore y el regreso, en primavera, a Schwarzau, donde pasábamos el verano, era para nosotros, que éramos niños, el mayor de los acontecimientos. Si, durante las vacaciones, estudiábamos muy poco según nuestros preceptores, teníamos que coser, remendar y reparar. Y no solamente nuestra propia ropa, sino también la ropa de las personas mayores y de los enfermos”. Las chicas se encargaban también de los enfermos sin familia: “Por la tarde, regresábamos con frecuencia agotados y debíamos desinfectarnos como medida preventiva hacia los más jóvenes. Cuando esa limpieza duraba demasiado, nuestra madre nos recordaba: La caridad es el mejor remedio contra los riesgos de contagio. Nada es duradero en este mundo. Lo que cuenta es el amor, y nada más”.

También hay momentos de distracción, en que los niños príncipes pueden hacer picnic a su antojo y entregarse hasta la noche a actividades como montar a caballo, bañarse y jugar con los niños del pueblo. La educación es estricta, pero llena de amor: “Para nosotros, el peor castigo —raramente infligido—era quedarnos sin postre. Nuestras comidas eran sencillas, de tal manera que cualquier cosita dulce extra era una fiesta. Papá era todo alegría y bondad”.

Zita está interna en el convento de Zangberg, en Alta Baviera, cuando se entera de que su padre está moribundo; éste recibe la llamada de Dios el 16 de noviembre de 1907, antes incluso de que ella pueda volver a verlo. En 1909, su madre la envía a estudiar a Ryde, en la isla de Wight, con las monjas de Solesmes. Su abuela materna, que había ingresado en el monasterio antes de enviudar, es la priora, y también está su hermana Adelaida, monja desde hace poco. Allí, Zita recibe una educación de enorme valor en filosofía, teología y música. En su alma nace la atracción por la clausura. Sin embargo, Zita y Carlos, que se conocen desde la infancia, se frecuentan con gozo creciente. En 1911, el archiduque pide la mano a la joven princesa regalándole un anillo de compromiso que Zita guarda en el bolsillo con un “¡Gracias!” travieso...

Fuente: Dom Antoine Marie, Cartas Espirituales, Abadía San José de Clairval

En la Fiesta de un joven Santo

Aquí aparece ante nuestros ojos la imagen de Domingo Savio, frágil adolescente, de cuerpo débil, pero de alma extendida en una pura oblación de sí al amor soberano, delicado y exigente de Cristo. En una edad tan tierna, uno esperaría encontrar más bien buenas y amables disposiciones del espíritu, y en su lugar se encuentran en él con asombro las vías maravillosas de las inspiraciones de la gracia, y una constante adhesión sin reservas a las cosas del cielo, que su fe percibía con una rara intensidad. En la escuela de su Maestro Espiritual, el gran Santo Don Bosco, él aprendió cómo la alegría de servir a Dios y de hacerlo amar por los demás puede convertirse en un poderoso medio de apostolado. El 8 de diciembre de 1854 lo vio elevado en un éxtasis de amor hacia la Virgen María, y poco después él reunía algunos de sus amigos en la “Compañía de la Inmaculada Concepción”, a fin de avanzar a grandes pasos en el camino de la santidad y para evitar incluso el menor de los pecados. Instaba a sus compañeros a la piedad, a la buena conducta, a la frecuencia de los sacramentos, al rezo del Santo Rosario, a escapar del mal y de las tentaciones. Sin dejarse intimidar por las malas actitudes y respuestas insolentes, intervenía con firmeza, pero con caridad, para llamar al deber a los imprudentes y perversos. Lleno en esta vida de la familiaridad y de los dones del dulce Huésped del alma, pronto dejó la tierra para recibir, con la intercesión de la Reina de los cielos, la recompensa de su filial amor. (Discurso de Pio XII con motivo de la Canonización, el 12 de junio de 1954)

Oración

Santo Domingo Savio, tu entregaste tu corta vida totalmente por el amor a Jesús y su Madre. Ayuda hoy a la juventud para que se dé cuenta de la importancia de Dios en su vida. Tú que llegaste a ser santo a través de la participación fervorosa de los sacramentos, ilumina a padres y niños en la importancia de frecuentar la confesión y la santa comunión. Tú que a una temprana edad meditaste en los sufrimientos de la Pasión de Nuestro Señor, obtén para nosotros la gracia de un ferviente deseo de sufrir por amor a Él. Necesitamos tu intercesión para proteger a los niños de hoy de los engaños de este mundo. Vigila sobre ellos y condúceles por el camino estrecho hacia el Cielo. Pide a Dios que nos de la gracia para santificar nuestras obligaciones diarias llevándolas a cabo de manera perfecta por amor a Él. Y recuérdanos la necesidad de practicar la virtud sobre todo en los tiempos de prueba y tribulación.

Santo Domingo Savio, tú que supiste preservar el corazón en la inocencia bautismal, ruega por nosotros. Amén.

Morir antes que pecar

Jóvenes mártires de la virginidad, las Beatas: Karolina Kozka, Pierina Morosini, Teresa Bracco, Albertina Berkenbrock, Anna Kolesarova y Verónica Antal


Karolina Kózka es considerada como la “María Goretti” de Polonia. Fue arrastrada entre matorrales y asesinada en 1914, por evitar que un soldado ebrio la violase. Sus manos ensangrentadas daban fe de la resistencia que opuso. Tenía 16 años de edad. Juan Pablo II la beatificó el 10 de junio de 1987.

Pierina Morosini, italiana; inscrita en la Juventud Femenina de la Acción Católica participó en la peregrinación a Roma para la beatificación de María Goretti en 1947. El 4 de abril de 1957, mientras regresaba a su casa, en un lugar solitario fue abordada por un joven que no le ocultó sus torpes propósitos. Pierina trató de hacerle entender la gravedad de sus intenciones y le opuso una fuerte resistencia. Fue inútil. Agredida, se defendió con todas sus fuerzas. Herida mortalmente en la nuca con una piedra repetidas veces, siguió pronunciando palabras de fe y de heroico perdón, hasta que entró en un coma irreversible. Tenía 26 años. Fue beatificada por Juan Pablo II el 4 de octubre de 1987.

Teresa Bracco, italiana; cuando conoció la vida de Domingo Savio quedó fascinada y desde entonces hizo suyo el lema “La muerte antes que el pecado”. Y mantuvo el propósito. Secuestrada en 1944 por un soldado alemán, trató de eludir sus brutales intenciones y, al ver que todo esfuerzo era inútil, prefirió renunciar a la vida antes que perder la virtud tan celosamente guardada. La hallaron, con el cuerpo martirizado, el 30 de agosto. Tenía 20 años. Juan Pablo II la beatificó el 24 de mayo de 1998.

Albertina Berkenbrock, brasilera; tenía dos puntos de referencia espirituales: la Virgen Madre de Dios y san Luis Gonzaga. El 15 de junio de 1931 se opuso con firmeza ante un violador para salvaguardar su pureza. Al no lograrlo, el hombre extrajo una navaja y le cortó la garganta, causándole la muerte en el acto. Albertina tenía 12 años. El 20 de octubre de 2007 Benedicto XVI la beatificó.

Anna Kolesarova, eslovaca. Su vida transcurrió tranquila hasta que el ejército ruso ocupó su aldea. Durante un ataque militar el 22 de noviembre de 1944, Anna y sus padres se escondieron, pero un soldado los descubrió y comenzó a hacerle insinuaciones la joven. Ella se resistió, para defender su castidad, y el soldado la asesinó de un tiro frente a su familia. Tenía 16 años. En su tumba se encuentra grabado el lema de Santo Domingo Savio: “Antes morir que pecar”. Fue beatificada por el Papa Francisco el 1 de septiembre de 2018.

Verónica Antal, la “María Goretti de Rumania”; a los 16 años conoce la obra de San Maximiliano Kolbe y no duda en entregar su existencia en manos de la Inmaculada y se convierte en Mílite (miembro laico de la Milicia de la Inmaculada). El 23 de agosto de 1958 fue apuñalada 24 veces por un joven que pretendió abusarla. Cuando encontraron su cuerpo tenía aferrado a sus manos el Rosario. Tenía 23 años. Fue beatificada el 22 de septiembre de 2018.

Fuente: cf. es.catholic.net

Carta de una mujer santa

"Quiero decirte todo lo que siento, todo lo que está en mi corazón, pero no puedo. Pero tú ya sabes lo que son mis sentimientos, así que tienes que saber cómo comprenderme.
Mi queridísimo Pietro, estoy segura que siempre me harás feliz como lo soy ahora y que el Señor escuchará tus oraciones, que salen de un corazón que siempre lo ha amado y servido en una forma santa... Con la ayuda de Dios y su bendición, haremos todo lo que podamos para que nuestra nueva familia sea un cenáculo donde Jesús reine sobre todos nuestros afectos, deseos y acciones.
Mi Pietro, nuestro matrimonio está solo a unos días ahora y me siento conmovida por estar muy cerca a recibir el sacramento del amor. Trabajaremos con Dios en su creación y así podremos darle hijos que lo amen y lo sirvan.
Pietro, ¿podré ser la esposa y madre de tus hijos que siempre has querido? Eso espero porque lo mereces y porque te amo muchísimo".

Fuente: De las cartas de Santa Gianna a su novio Pietro Molla antes del casamiento

Consejos de Don Bosco para un joven que vive en el mundo (II)

6. Hasta que no vayas a gusto a confesarte y a comulgar, y hasta que no te agraden los libros piadosos y los compañeros devotos, no creas tener todavía una sincera devoción.

7. El muchacho que todavía no es capaz de soportar una injuria sin vengarse de ella, que no tolera las reprensiones, aun injustas, de sus superiores, y más aún de sus padres, está todavía muy atrás en el camino de la virtud.

8. No hay veneno más perjudicial para los jóvenes que los libros malos. [Nota: ¡Qué diría Don Bosco hoy del peligro de las malas películas, programas de TV, sitios de internet, redes sociales...!] Hay que temerlos mucho en nuestros tiempos, porque son muy numerosos y descarados en cuanto a religión. Si amas la fe, si amas tu alma, no los leas, sin que antes hayan sido aprobados por el confesor u otras personas de reconocida doctrina y esclarecida piedad; pero reconocida y esclarecida, entiéndelo bien.

9. Mientras no tengas miedo y no huyas de las malas compañías no sólo debes pensar que te encuentras en gran peligro, sino incluso teme ser malo tú mismo.

10. Elige siempre los amigos y compañeros entre los buenos, y de éstos, los mejores; más aún, imitad lo bueno y lo mejor de éstos y huid de sus defectos, porque todos los tenemos.

11. No seas obstinado en tu obrar, pero tampoco seas inconstante. Siempre he visto que los inconstantes, que fácilmente cambian de resolución sin graves motivos, acaban mal en todo.

12. Una de las mayores locuras de un cristiano es la de aguardar a ponerse en el buen camino, diciendo: Después, después; como si estuviese seguro del tiempo venidero y como si le importase poco el hacerlo pronto y ponerse a salvo. Sé, pues, prudente y ponte en regla enseguida como si tuvieses la certeza de no poderlo hacer después. Confiésate cada quince días a más tardar; haz un poco de meditación y de lectura espiritual cada día; el examen de conciencia todas las noches; haz el ejercicio de la buena muerte; pero sobre todo ten una grande, tierna, verdadera y constante devoción a la Santísima Virgen. ¡Oh, si supieses la importancia de esta devoción, no la cambiarías por todo el oro del mundo! Tenla, y espero que un día dirás: Todos los bienes me vinieron junto con ella.

Fuente: cf. Don Lemoyne,Memorias biográficas de San Juan Bosco

Consejos de Don Bosco para un joven que vive en el mundo (I)

1. Procura vencer la ilusión que suelen padecer los muchachos de tu edad pensando que aún tenéis mucho tiempo por delante. Esto es muy incierto, querido amigo mío, y, en cambio, es cierto y seguro que haz de morir y que, si mueres mal, estás perdido para siempre. Preocúpate, por tanto, de prepararte para la muerte, procurando más que ninguna otra cosa estar en gracia de Dios.

2. Si haces algún bien, el demonio y tu pereza te dirán que es demasiado y quizá el mundo te tachará de beato y escrupuloso; pero tú piensa que en la muerte todo te parecerá poco y mal hecho, y entonces verás el engaño que sufriste. Esfuérzate por reconocerlo ahora.

3. Una de las cosas que deberían considerar y estudiar siempre los jóvenes es la elección de estado. Tú reflexiona en ello, pide siempre a Dios que te ilumine y no te equivocarás.

4. Hay dos cosas contra las que no se lucha y que nunca se superan suficientemente: nuestra carne y el respeto humano. Dichoso tú si te acostumbras a combatir contra ellas y a vencerlas en tu tierna edad.

5. Un poco de diversión no es malo; pero resulta difícil escogerla y después moderarse. Haz, pues, así: que tus distracciones y tus diversiones estén aprobadas por tu confesor y no llegues nunca hasta la saciedad. Y cuando te abstengas de ellas para vencerte, sabe que haz obtenido una gran victoria y una hermosa ganancia.

Fuente: cf. Don Lemoyne,Memorias biográficas de San Juan Bosco

Hoy recordamos el nacimiento del Beato Pier Giorgio Frassati

Fotos del Beato Pier Giorgio en brazos de su papá, y del día de su Beatificación

En el solemne rito de esta mañana, tuve la alegría de proclamar beato a Pier Giorgio Frassati, señalándolo como modelo heroico de perfección cristiana para toda la Iglesia.

El joven Frassati nos invita a no rendirnos a la tentación del desaliento y nos exhorta a abrazar la vocación cristiana sin reservas, ya que solo Cristo puede dar un sentido pleno a la existencia del hombre y llenar su corazón de paz y de profunda alegría.

Mirando al nuevo beato, no es difícil comprender que el secreto de la santidad, la vocación universal de los bautizados, está verdaderamente al alcance de todos: se trata de recibir la voluntad del Padre todos los días con amor y estar preparados para llevarla a cabo sin vacilaciones.

El joven Frassati es un maestro a seguir. La oración y la contemplación, el silencio y la práctica de los sacramentos dan sustancia y tono a su apostolado múltiple y toda la existencia, animada por el Espíritu de Dios, se transforma en una aventura maravillosa. Todo se convierte en ofrenda y regalo, incluso la enfermedad, incluso la muerte. Este es su mensaje y por eso continúa hablando a todos, especialmente a los jóvenes de nuestro tiempo.

Queridos jóvenes, la Iglesia les pide que sean santos en la “normalidad” de la existencia, como lo fue Pier Giorgio Frassati, a cuya protección los encomiendo. Proclamen por encima de todas las cosas, la fe que, como el beato Frassati recuerda, “es el único gozo que puede satisfacernos en este mundo; sólo ella da a cada sacrificio su valor”. (Pier Giorgio Frassati, Cartas, 1925).

Fuente: San Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos presentes en Roma para la beatificación de Pier Giorgio Frassati el 20 de mayo de 1990

Habrá niños santos - Venerable Raquel Ambrosini


Raquel, hija única del doctor Alberto Ambrosini y Filomena Sordillo, nació el 2 de julio de 1925 en Pietradefusi, Italia. Algunos testigos dicen que sus primeras palabras fueron “Ave María”, las que todos los días escuchó a su madre recitando durante la oración del Rosario.

Era una niña generosa, caritativa, humilde, silenciosa, extremadamente buena, como una pequeña azucena a la que se le permite por un corto tiempo darle a la tierra el encanto de su perfume.

Raquel recordaba el día de su primera comunión, el 12 de junio de 1932, como el más bello de su vida. Su primer encuentro con el Señor había puesto en su corazón el deseo de ser más virtuosa, de obedecer más a sus padres y en especial de abandonarse a la Voluntad de Dios.

Más tarde, se mudó a otra ciudad para realizar sus estudios y se unió a la Acción Católica. Se comprometía en sus estudios y tenía un profundo sentido del deber; era muy respetuosa con sus maestras y siempre estaba disponible para ayudar a sus compañeros de clase. Un día escribe a sus amigos: “Amen la vida como el único medio por el cual pueden alcanzar la felicidad eterna en el Cielo; ámenla como un regalo de Dios, abrácenlo con afecto aunque tenga la forma de una cruz”.

En el momento en que escribió estas palabras, la cruz ya está marcando su vida: primero una otitis purulenta, luego un malestar generalizado, finalmente una meningitis. Raquel fallece santamente el 10 de marzo de 1941. Fue declarada venerable el 10 de mayo de 2012.

Fuente: cf. fondazionerachelinambrosini.it

Malvinas - Oración a Nuestra Señora

8 de mayo en Malvinas

Oh dulce Virgen María, Madre de Dios y nuestra, Reina de la Argentina, Tú que viste nacer nuestra Patria a la sombra de la Cruz y bajo tu cetro real, y que para custodiar su cuerpo y su alma suscitaste tantos héroes, escucha benigna nuestras súplicas por esta porción de la Patria tan dolida y tan amada: nuestras islas Malvinas.

Te pedimos por los caídos, que en la turba o en el fondo del mar siguen de guardia permanente, esperando el relevo de un puesto que nos pertenece, y que son para cada argentino un ejemplo, un estímulo y un reto.

Por los que volvieron, dejando atrás días de gloria. Que su sola presencia entre nosotros sea un reproche a nuestra comodidad. Que tanto unos como otros, que supieron desposarse con el honor, nos recuerden siempre que tenemos para con ellos un compromiso y un deber, y que aún sigue una deuda pendiente: la victoria final. Que su sangre derramada generosamente no sea estéril, sino que sirva para redimir el alma de la Patria de tantos pecados.

Por todos los argentinos, para que jamás nos avergoncemos de aquellas cosas grandes que nos identifican y nos unen como Nación. Que teniendo por delante el ejemplo de los héroes y aquella gesta que ellos comenzaron un glorioso 2 de abril, no perdamos nunca la esperanza. Hasta que tu manto amoroso, nuestra bandera, vuelva a flamear en Malvinas y la Cruz de Cristo quede clavada en sus entrañas. Amén.

Fuente: Oración a Nuestra Señora de Malvinas

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