Arca de la Alianza


Todos los personajes más ilustres, los más notables sucesos y las cosas más nobles del Antiguo Testamento eran figuras de los acontecimientos y de los personajes del Nuevo, enseña el Apóstol San Pablo, por esto representaban a Cristo principalmente, a su Iglesia y a María su Madre, así eran figuras de Ella: el Arca de la Noé, el Arca de la Alianza, etc.

El Arca simbolizaba la firmeza y la constancia de María en la práctica de las más singulares y excelsas virtudes que poseía. El Arca estaba forrada por dentro y por fuera de oro purísimo y simbolizaba a María, llena de todas las virtudes, especialmente del amor a Dios y a la humanidad, que es la más preciosa de todas las virtudes. El Arca era la mayor gloria de Israel, Dios residía en ella, desde ella daba sus respuestas y daba a conocer al pueblo su voluntad. La Virgen Santísima, es después de Dios, la gloria y la alegría de la celestial Jerusalén y de la Jerusalén terrestre: la Santa Iglesia.

En resumen, en el Arca nos place ver especialmente el símbolo de María Inmaculada, que concibió al Verbo de Dios y lo dio a luz de modo inefable. Esta Arca mística fue también construida bajo el diseño Divino. San Bernardo la llama “escogida y conocida desde toda la eternidad por el Altísimo para que fuese un día su Madre”.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Casa de Oro


María es llamada Casa de Oro, porque sus virtudes y su pureza que tienen un brillo y una perfección deslumbradora, son como una admirable obra hecha de oro purísimo.

Ante todo se llama Casa. El Verbo de Dios, se lee en los Proverbios, erigió para sí mismo como morada, una noble casa; obra admirable de la eterna Sabiduría en el que habitó con su misma Divina Persona. Nuestro Señor en esta santa casa tomó su Carne y su Sangre. Era necesario que esta Casa fuese hecha de Oro, porque había de dar parte de este oro para formar el Cuerpo del Hijo de Dios.

Esta Casa tiene por sólido fundamento, la humildad más profunda, por paredes las más singulares virtudes; por adorno la riqueza de todos los dones de la naturaleza y de la gracia; por techo la Caridad más perfecta hacia Dios y hacia los hombres. Está cimentada sobre siete columnas que indican las Virtudes Teologales y Cardinales y los dones del Espíritu Santo.

María Santísima pasó por el sufrimiento como el oro por el crisol y cuando subió al cielo fue colocada junto al Rey.

Pidamos la intercesión de nuestra Madre Santísima, Casa de Oro, para que nos obtenga el perdón de los pecados y la perseverancia final para nuestra salvación y la de los nuestros. Dios nada le negará.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Espejo de Justicia


Por justicia no debemos entender aquí la virtud de la lealtad, de la equidad, de la rectitud en la conducta, sino más bien la justicia o perfección moral, en cuanto abarca, a la vez, todas las virtudes y significa un estado del alma virtuoso y perfecto, de tal manera que el sentido de la palabra justicia es casi equivalente al sentido de la palabra santidad.

Por esto, al ser llamada María, espejo de justicia, lo hemos de entender en el sentido de que es espejo de santidad, de perfección y de bondad sobrenatural. Ella reflejaba a Nuestro Señor, que es la Santidad Infinita.

María llegó a reflejar la santidad de Jesús viviendo con El. ¡Cuán semejantes llegan a ser los que se aman y viven juntos! María amaba a su Divino Hijo con un amor indecible ya que lo tuvo consigo durante treinta años. Si estuvo llena de gracia antes de haberlo concebido en su Seno, debió alcanzar una santidad incomprensiblemente mayor después de haber vivido tan íntimamente con El durante aquellos treinta años.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Virgen Clemente


La clemencia según Santo Tomás de Aquino es aquella virtud que templa el rigor de la justicia con la misericordia; que concede y obtiene el perdón o la disminución del castigo merecido. Esta hermosa y amable virtud, prosigue Santo Tomás, nace del amor. Quien ama a una persona no quiere que ésta sea castigada.

De esto se sigue que cuando el perdón total o la disminución de la pena son compatibles con el verdadero bien, entonces la amorosa clemencia perdona o impetra el perdón.

La clemencia, resplandece en María Santísima más que en cualquier otra persona. Ella se ocupa y se preocupa de impetrar el perdón para los pecadores. Por eso la Iglesia la honra con el título de Virgen Clemente. Nuestra Madre Santísima nos ama porque ama a Dios. El amor de Dios y el amor del prójimo son dos amores inseparables y nadie nos ama como Ella.

No se puede medir el amor Infinito del Corazón de Jesús, aquel Corazón inflamado con las llamas del Amor Divino y que fue atravesado por la lanza. Ningún otro corazón está tan cerca del amor de Jesús, como el de su Madre. Ninguno alcanza tan encendida caridad. Ella nos ama en Cristo, ama en nosotros la Sangre del Hijo derramada en el Calvario y aplicada en los Sacramentos. Ella más que nadie conoce en Dios el altísimo valor de un alma. No hay otro amor más hermoso y más fuerte que el de María porque brota de la purísima fuente del amor de Dios.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Virgen digna de alabanza


Debemos imitar las virtudes de la Virgen María y procurar que los demás también lo hagan y que se conozca y admire su singular santidad. Es una exigencia del amor, que es difusivo por naturaleza, propagar, glorificar, hacer conocer a la persona amada. Este es el sentido de esta invocación: Virgen digna de alabanza.

María vivió en la piadosa sombra de una oscuridad que conmueve, en profunda y perfecta humildad. Aparece en la primera parte del Evangelio y después solamente reaparece en el Calvario cuando participó en las penas de la Cruz.

Después de Jesucristo, el alma más santa y más excelsa fue sin duda la de María Santísima, por eso debe ser, la más exaltada y colmada de alabanzas.

Estas alabanzas y esta gloria tuvieron principio antes que Ella estuviera sobre la tierra participando del privilegio del Hijo. Fue exaltada mucho antes de nacer.

La Iglesia en su Liturgia, ha coronado a María con las fiestas en su honor introducidas en el año eclesiástico, los oficios, los himnos, las Letanías, las procesiones, la solemne coronación de sus imágenes, etc., que manifiestan el amor de la Iglesia hacia su Madre Celestial. Para Ella, el genio de los grandes Doctores de la Iglesia, la pluma de los Teólogos, la palabra enamorada de los oradores sagrados y la oración confiada de todos los que la aman.

Bienaventurada la boca que habla de María Santísima frecuentemente y con reverencia. Bienaventurada la persona que a través de la pluma celebra y escribe con santo entusiasmo las grandezas y la gloria de tan excelsa Madre.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Jesús manso y humilde de Corazón


En su forma eucarística, Jesús nos enseña a anonadarnos para asemejarnos a Él: la amistad exige la igualdad de vida y de condición; para vivir de la Eucaristía nos es indispensable anonadarnos con Jesús, que en ella se anonada.

Entremos ahora en el Alma de Jesús y en su Sagrado Corazón, y veamos qué sentimientos han animado y animan a este divino Corazón en el Santísimo Sacramento.

Nosotros pertenecemos a Jesús sacramentado. ¿No se da a nosotros para hacernos una misma cosa con Él? Necesitamos que su espíritu informe nuestra vida, que sus lecciones sean escuchadas por nosotros, porque Jesús en la Eucaristía es nuestro Maestro. Él mismo desea enseñarnos a servirle para que lo hagamos a su gusto y según su voluntad, lo cual es muy justo, puesto que Él es nuestro Señor y nosotros sus servidores.

Ahora bien, el Espíritu de Jesús se revela en aquellas palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. El espíritu de Jesús es de humildad y de mansedumbre, humildad y mansedumbre de corazón, es decir, humildad y mansedumbre aceptadas y amadas por imitar a Jesús. Nuestro señor Jesucristo quiere formarnos en estas virtudes y para esto se halla en el Santísimo Sacramento y viene a nosotros. Quiere ser nuestro Maestro y nuestro guía en estas virtudes: sólo Él puede enseñárnoslas y darnos la gracia necesaria para practicarlas.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Es necesario tener paciencia


La fe nos enseña que las malas inclinaciones permanecen en nosotros, por lo menos en germen, hasta la muerte, y nadie puede, sin privilegio especial, como el que la Iglesia reconoce en la Virgen María, evitar todos los pecados veniales, al menos los no deliberados.

En la práctica, nos olvidamos con frecuencia de esta doble tesis, y será bueno que veamos cómo la desarrolla San Francisco de Sales, con su sencillo lenguaje: “No pensemos que, mientras estemos en esta vida, podremos vivir sin imperfecciones, porque esto no es posible, ya seamos superiores o inferiores, puesto que todos somos hombres; y todos necesitamos estar persuadidos de esta verdad, para así no asombrarnos de vernos todos sujetos a imperfecciones. Nuestro Señor nos mandó decir todos los días en el Padrenuestro: Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no hay excepción para este mandato, porque todos tenemos necesidad de hacer esta súplica. El amor propio puede ser modificado en nosotros, pero no por eso muere jamás; así, de vez en cuando, en ocasiones diversas, vuelve a echar brotes, que demuestran que, aunque está cortado por la base, no está desarraigado. A veces no se mueve, pero no debemos extrañarnos de encontrarlo vivo. Como el zorro, aparenta estar dormido alguna vez, pero de repente salta sobre las gallinas; por eso es necesario vigilarlo con constancia y defendernos de sus asaltos con suavidad y paciencia. Y si alguna vez nos hiere, estaremos curados si nos desdecimos de lo que nos ha hecho decir o deshacemos lo que nos ha hecho hacer”.

Pero estaremos curados sólo temporalmente, hasta que se declaren nuevas enfermedades, porque “hasta que nos veamos en el Paraíso”, añade nuestro Santo, y mientras dure esta vida, por grande que sea nuestra buena voluntad “es necesario tener paciencia, pues somos de naturaleza humana y no angélica”.

Fuente: José Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas

El Padre Pío en los altares (IV)


“Mi yugo es suave y mi carga ligera”. Las palabras de Jesús a los discípulos podemos considerarlas como una magnífica síntesis de toda la existencia del Padre Pío de Pietrelcina. La imagen evangélica del yugo evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán suave es el yugo de Cristo y cuán ligera es realmente su carga cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor, que sólo el Señor conoce.

“En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. ¿No es precisamente el gloriarse de la cruz, lo que más resplandece en el Padre Pío? ¡Cuán actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza.

En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado, pues tenía una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de modo peculiar en la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la cruz no se comprende su santidad.

En el plan de Dios, la cruz constituye el verdadero instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino propuesto explícitamente por el Señor a cuantos quieren seguirlo. Lo comprendió muy bien el santo fraile del Gargano, el cual, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribió: “Para alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al divino Guía, que quiere conducir al alma elegida sólo a través del camino recorrido por Él, es decir, por el de la abnegación y el de la cruz”.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 16 de junio de 2002

El Padre Pío en los altares (III)


El Padre Pío, además de su celo por las almas, se interesó por el dolor humano, promoviendo en San Giovanni Rotondo un hospital, al que llamó: “Casa de alivio del sufrimiento”. Sabía bien que quien está enfermo y sufre no sólo necesita una correcta aplicación de los medios terapéuticos, sino también y sobre todo un clima humano y espiritual que le permita encontrarse a sí mismo en la experiencia del amor de Dios y quiso mostrar que los milagros ordinarios de Dios pasan a través de nuestra caridad.

El Padre Pío solía repetir: “Abandonaos plenamente en el Corazón divino de Cristo, como un niño en los brazos de su madre”. Que esta invitación penetre también en nuestro espíritu como fuente de paz, de serenidad y de alegría. ¿Por qué tener miedo, si Cristo es para nosotros el camino, la verdad y la vida? ¿Por qué no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?

“Santa María de las gracias”, a la que el humilde capuchino de Pietrelcina invocó con constante y tierna devoción, nos ayude a tener los ojos fijos en Dios. Que ella nos lleve de la mano y nos impulse a buscar con tesón la caridad sobrenatural que brota del costado abierto del Crucificado.

Y tú, Padre Pío, dirige desde el cielo tu mirada hacia nosotros. Intercede por aquellos que en todo el mundo elevan a ti sus súplicas. Ven en ayuda de cada uno y concede la paz y el consuelo a todos los corazones.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 2 de mayo de 1999

El Padre Pío en los altares (II)


No menos dolorosas, y humanamente tal vez aún más duras, fueron las pruebas que el Padre Pío tuvo que soportar, por decirlo así, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la obediencia es para él un crisol de purificación, un camino de progresiva identificación con Cristo y un fortalecimiento de la auténtica santidad.

Muchos, encontrándose directa o indirectamente con el Padre Pío, han recuperado la fe, siguiendo su ejemplo. A quienes acudían a él les proponía la santidad, diciéndoles: “Parece que Jesús no tiene otra preocupación que santificar vuestra alma”.

Si la Providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi plantado al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un día, en un momento de gran prueba, el Maestro divino lo consoló, diciéndole que “junto a la cruz se aprende a amar”.

Sí, la cruz de Cristo es la insigne escuela del amor; más aún, el manantial mismo del amor. El amor de este fiel discípulo, purificado por el dolor, atraía los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvación.

Al mismo tiempo, su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 2 de mayo de 1999

Invoquemos la intercesión de los Santos


Los Santos, que ya poseen a Dios en el cielo, cuidan de nuestra santificación y nos ayudan a adelantar en el ejercicio de la virtud con su poderosa intercesión y los buenos ejemplos que nos dejaron: debemos, pues, venerarlos; son poderosos intercesores: debemos invocarlos; son nuestros modelos: debemos imitarlos.

Debemos venerarlos, y, al venerarlos, veneramos a Dios y a Jesucristo en ellos.

Debemos invocarlos, porque, con su poderosa intercesión nos alcanzarán más fácilmente las gracias de que hemos menester.

Ante todo debemos imitar sus virtudes. Todos ellos trabajaron por copiar en sí los trazos del divino modelo, y todos ellos pueden decirnos con San Pablo: “Sed imitadores míos como yo lo fui de Jesucristo”. A cada cual pediremos especialmente la virtud en que sobresalió, seguros de que tiene gracia especial para alcanzárnosla.

Nuestra devoción, pues, será ante todo hacia los Santos que vivieron en la misma condición de vida que nosotros, que se emplearon en los mismos oficios y practicaron la virtud de que habernos mayor menester. Por otra parte, hemos de tener especial devoción a nuestros santos patronos, considerando como un indicio providencial, del que hemos de aprovecharnos, el hecho de llevar su nombre. Mas, si por razones especiales, la gracia nos inclina hacia éste o el otro santo, cuyas virtudes dicen mejor con las necesidades de nuestra alma, no hay inconveniente alguno en dedicarnos a imitarlos, siempre con el consejo de un sabio director.

Entendida así la devoción a los Santos, es provechosa en extremo: los ejemplos de aquellos que tuvieron las mismas pasiones que nosotros, padecieron las mismas tentaciones, y, con todo ello, favorecidos con las mismas gracias, alcanzaron la victoria, son un poderoso estímulo que aguijoneará nuestra dignidad, y hará que formemos enérgicos propósitos y trabajemos con constancia en ponerlos por obra. Las oraciones de ellos pondrán la última mano en la obra y nos ayudarán a caminar sobre sus huellas.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

El confesor y guía espiritual de santa Faustina Kowalska


Treinta y tres años después de su muerte, el Padre Miguel Sopocko (1888-1975), gran promotor del mensaje de la Divina Misericordia y confesor de Santa María Faustina Kowalska, fue beatificado en Polonia el 28 de septiembre de 2008. El Cardenal Estanislao Dziwisz, entonces Arzobispo de Cracovia, en su homilía dijo que “la Divina Providencia usó este sacerdote para que la invariable verdad de la Divina Misericordia pudiera alcanzar un camino especial hacia la mente y los corazones de la gente del siglo XX. Ese siglo se ha caracterizado de cierta manera por sus crueles sistemas totalitarios los cuales trataron de remover por la fuerza la esperanza de la vida de las personas, donde se trató de arrancar su dignidad, condenándolos a un sentimiento de desesperación. Entre los momentos de oscuridad de la vida, la lucha diaria con la maldad y las experiencias difíciles asociadas con la vida, había la necesidad de un rayo de luz y esperanza. Ese rayo fue un poderoso recordatorio de la verdad de nuestro destino el cual está en las manos de Dios misericordioso. El Beato Sopocko proclamó la misericordia de Dios no sólo a través de su participación directa en esta labor, la cual fue iniciada por la Hermana Faustina. El mismo fue un hombre de infinita confianza en la misericordia de Dios. Esa fue su actitud espiritual, una característica especial de su identidad cristiana”.

El Cardenal Ángelo Amato invitó a todos a seguir las enseñanzas del Beato Miguel Sopocko, especialmente en las relaciones familiares. Él dijo: “En las familias, hay una necesidad de misericordia cada día, cada día la esposa debe ser compasiva con su esposo y vise-versa, continuamente reconfirmando su fidelidad recíproca. Cada día los padres deben ser magnánimos al perdonar a sus hijos, al experimentar sus errores. Pero los hijos, también deben ser pacientes con sus padres. Todos en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en todas partes, deben ejercer la misericordia”.

El Papa Benedicto XVI, después de su mensaje del Ángelus en Roma, dijo: “Saludo con afecto a los fieles reunidos para la beatificación del siervo de Dios Miguel Sopocko, confesor y guía espiritual de santa Faustina Kowalska. Por su sugerencia, la santa describió sus experiencias místicas y las apariciones de Jesús misericordioso. También gracias a sus esfuerzos se pintó y transmitió al mundo la imagen con la inscripción Jesús, en ti confío. Este siervo de Dios se dio a conocer como celoso sacerdote, educador y propagador del culto de la Misericordia divina”.

Fuente: marian.org

Santa Mónica, una madre ejemplar


Mónica trataba de reprimir las inclinaciones torcidas de Agustín y ponerle en condiciones de acercarse más fácilmente a Dios. Ponía sus mejores deseos y cuidados en que su hijo fuese casto, puro y santo. Ojalá que todas las madres cristianas aprendieran de este ejemplo para no desmayar en la obra de bendición que la Providencia les encomendara.

Mónica no cesaba de llorar día y noche y pedir a Dios por la conversión de su hijo. Y en su humildad profunda se recogía en la oración, y la confianza cristiana mitigaba algún tanto su amargo sufrimiento. Nunca perdió la esperanza de ser oída y de salir adelante en su empresa. No en vano la piedad cristiana nos la ha representado como la personificación del llanto y la esfinge augusta del dolor que redime y salva.

Las lágrimas de madre son siempre fecundas en sus propósitos y atraen las misericordias del cielo.

Pocos corazones en el mundo se habrán amado tan intensa y tiernamente como esta madre y este hijo. Por eso la historia y la poesía han identificado sus vidas en una sola epopeya de amor.

La obra de Mónica estaba concluida. Su misión de madre salvadora se ennoblecía al abrazar sobre su pecho al hijo convertido. Dios premió con creces su llanto y sus oraciones. Es imposible que perezca el hijo de tantas lágrimas. La Iglesia y el mundo son deudoras a Santa Mónica de eterna gratitud.

Fuente: Gabriel Riesco, Retorno a San Agustín

Instaurar todas las cosas en Cristo

S.S. Pio XII, canonizando al Sumo Pontífice Pio X el 3 de septiembre de 1954

El amable carácter de Pío X y la bondad de su corazón han sido atestiguados por todos cuantos tuvieron con él algún contacto. Pero sería un gran error creer que esta característica tan atrayente de Pío X le retratara plenamente o resumiera sus dotes y cualidades, nada más lejos de la verdad. Al lado de esta “bondad”, y felizmente combinada con la ternura de su corazón paternal, poseía una indomable energía de carácter.

Cuando surgía alguna cuestión en la que se hacía necesario definir y mantener los derechos y libertad de la Iglesia, cuando la pureza e integridad de la verdad católica requerían afirmación y defensa o era preciso sostener la disciplina eclesiástica contra la relajación o las influencias mundanas, Pío X revelaba entonces toda la fuerza y energía de su carácter y el intrépido valor de un gran Pontífice consciente de la responsabilidad de su sagrado ministerio y de los deberes que creía tenía que cumplir a toda costa. Era inútil, en tales ocasiones, que nadie tratara de doblegar su constancia; toda tentativa de intimidarle con amenazas o de halagarle con especiosos pretextos o recursos meramente sentimentales, estaba condenada al fracaso.

Su mirada, su conversación, todo su ser, respiraban tres cosas: bondad, firmeza, fe. La bondad del hombre, la firmeza del dirigente y la fe del cristiano, del sacerdote, del Pontífice, del hombre de Dios.

Tenía la clara visión de la rectitud, y esta clara visión no podían engañarla ninguna mentira, sofisma o hipocresía. Con calma, sin inmutarse, denunciaba y condenaba el error adondequiera que lo viese; ninguna consideración era capaz de doblegarle. Pío X demostró ser un verdadero dirigente. Su nombre permanecerá para siempre ligado a la reorganización de los Tribunales y Congregaciones Romanas y a la codificación del Derecho Canónico, trabajo colosal terminado con rapidez. Ningún Papa ha sido tan reformador y tan moderno como este valiente adversario de los errores modernistas. Fiel a su consigna, acometió la empresa de restaurar y renovar todas las cosas en Jesucristo.

Fuente: Cardenal Rafael Merry del Val, El Papa San Pio X: Memorias

En la Beatificación del Papa Pio IX


En la Homilía del 3 de septiembre de 2000, S.S. Juan Pablo II dijo: Al escuchar las palabras de la aclamación al Evangelio: “Señor, guíanos por el recto camino”, nuestro pensamiento ha ido espontáneamente a la historia humana y religiosa del Papa Pío IX, Giovanni Maria Mastai Ferretti. En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesión incondicional al depósito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su larguísimo pontificado no fue fácil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misión al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero también odiado y calumniado.

Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes: las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: “En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre”.

Sostenido por esa convicción interior, convocó el Concilio Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.

Oración: Señor Dios nuestro, que, en tiempos de grandes transformaciones culturales y sociales, guiaste el camino de tu Iglesia, confiándola al seguro magisterio, al infatigable celo apostólico y a la ferviente caridad de tu siervo el papa Pío IX, te pedimos humildemente, por la intercesión de la Santísima Virgen, a quien proclamó Inmaculada, que confirmes nuestra fe, que alimentes nuestra esperanza y fortalezcas nuestra caridad. Amén.

Aniversario del nacimiento del Beato Carlos de Austria

Fotografías de la infancia del Beato Carlos de Austria

El día 17 de agosto de 1887, Persenbeug, a cien kilómetros al oeste de Viena, está de fiesta. Sus habitantes adornan las casas, las campanas tocan a voleo, los petardos estallan por todas partes; se acaba de conocer la noticia del nacimiento del primer hijo del archiduque Otto y de María Josefa de Sajonia. La formación del joven Carlos fue especialmente cuidada. María Josefa tenía un alto sentido de sus deberes maternales. Paciente y muy piadosa, impartió a su hijo una profunda enseñanza religiosa y se dedicó a su educación con enorme afán. María Josefa contaba con la ayuda de Mlle. Liese, una excelente institutriz a la que Carlos profesaba un gran cariño.

La Princesa Wittgenstein cuenta que un día vio subir la escalera a una persona que, perdiendo el aliento, seguía al principito de tres años. De repente, con aire preocupado, el niño se volvió hacia la señora que no acababa de subir las escaleras y exclamó: "Bueno, ahora vamos a descansar un poco".

Carlos era alegre sin exageración, y proporcionaba alegría al palacio. Desde muy pronto dio pruebas del altruismo y la generosidad que más tarde caracterizarían su personalidad, y distribuía entre los niños desfavorecidos los regalos de Navidad o de cumpleaños que, con gran gozo, acababa de recibir. Se dice que a los cinco años había expresado al administrador su deseo de trabajar en el jardín para ganar algún dinero: "Mira, hay niños pobres, y yo querría ayudarles con lo que gane". También solía interceder ante su padre para evitar la reprimenda a algún sirviente.

Cuando Carlos tenía siete años, el dominico P. Geggerle, se encargaba de su instrucción religiosa, y nos traza el siguiente retrato del niño: "Era sincero, piadoso, modesto y extraordinariamente delicado de conciencia. Jamás le vi encolerizarse en el trato con sus compañeros; siempre, y en todas partes, se mostraba como un camarada excelente. Sobre todo era de una modestia desacostumbrada en un niño de su condición".

A partir de 1885, pasó a las manos de un nuevo preceptor, el conde Wallis, entonces capitán de caballería. La elección no pudo ser más acertada: católico ferviente, soldado de corazón, era la persona perfecta para encargarse de la educación militar e intelectual del joven archiduque. Al principio, el niño se sintió desconcertado ante la férrea disciplina que le impuso el capitán, pero muy pronto se crearon entre ambos unos profundos lazos de amistad.

Carlos toma la primera comunión en 1898, en Viena. Uno de los asistentes comenta: "Si no supiéramos rezar, ese joven nos enseñaría a hacerlo".

Fuente: Cf. Michel Dugast Rouillé, Carlos de Habsburgo

San Esteban de Hungría, gobernante y padre ejemplar


Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría. Fue bautizado por San Adalberto y se casó con Gisela, la hermana de San Enrique de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.

El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario.

La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria. El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores.

A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.

La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: “El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras”.

Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más. El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente.

Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.

Fuente: Cf. aciprensa.com

Tres ejemplos de jóvenes Santos

Los Santos: Luis Gonzaga, Juan Berchmans y Estanislao de Kostka

Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione delle Stiviere hubiera querido que su primogénito Luis Gonzaga, que nació el 9 de marzo de 1568, siguiera sus huellas de soldado y comandante en el ejército imperial. Pero ese niño le daría fama a la familia de los Gonzaga, con otras armas. A los doce años, después de haber recibido la primera Comunión de manos de San Carlos Borromeo, resolvió entrar en la Compañía de Jesús. Las duras penitencias a las que se sometió son el signo de una determinación no común hacia una meta que se había fijado desde su infancia. Para que su alma se perfumara con las virtudes cristianas, Luis renunció al título y a la herencia paterna, y a los catorce años entró al noviciado romano de la Compañía de Jesús, y escogió para si los encargos más humildes, dedicándose al servicio de los enfermos, sobre todo durante la epidemia de peste que afligió a Roma en 1590. Quedó contagiado al encontrar en la calle a un enfermo y, sin pensarlo dos veces, se lo echó a la espalda y lo llevó al hospital. Murió a los 23 años el 21 de junio de 1591.

San Juan Berchmans nació en Bélgica, el 13 de marzo de 1599. Inició sus estudios en el Seminario de Malinas, luego entró en el Noviciado de los jesuitas de la misma ciudad. Más tarde pasó a Roma. En el Seminario y en el Noviciado se distinguió por su candor, estudio y piedad. Su devoción a la Virgen era proverbial. “Si amo a María, decía, tengo segura mi salvación”. Pululaban por entonces los errores de Bayo, quien afirmaba que María había sido concebida en pecado. El gran teólogo español Juan de Lugo atribuye el movimiento a favor de la Inmaculada a las oraciones de Berchmans. En el último año de su vida Juan se había comprometido, firmando con su propia sangre, a “afirmar y defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María”. Hacía cada cosa en su momento, y sobrenaturalizando la intención. Cuando hay que orar, decía, ora con todo amor. Cuando hay que estudiar, estudia con toda ilusión. Cuando hay que practicar deporte, practícalo con todo entusiasmo. Y siempre con más amor, en cada instante del programa diario, bajo la dulce mirada maternal de la Virgen María. Murió el 13 de agosto de 1621. Sus últimas palabras fueron: Jesús, María.

San Estanislao de Kostka era hijo de un rico senador de Polonia, y nació en 1550. A los 14 años partió a Roma, donde San Francisco de Borja lo recibió en la Compañía de Jesús. En el noviciado resultó ser un verdadero modelo de santidad para todos. Se propuso hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. Solamente alcanzó a durar nueve meses en aquella vida religiosa, pero fueron suficientes para dejar gran fama de piadoso, amable, servicial, buen trabajador, y excelente estudiante. Su amor a Jesús Sacramentado era ardiente.

Un día le preguntaron qué hay que hacer para demostrarle a la Virgen que la amamos, y respondió: “Ofrecerle pequeños homenajes, pero no dejar nunca de ofrecérselos”. Y a un religioso le dijo: “Estoy pensando cómo será de grande y bonita en el cielo la fiesta de la Asunción de la Virgen María. Desearía ir este año a presenciarla”. Y así el 15 de agosto de 1568 voló a la eternidad.

Fuente: Cf. es.catholic.net

Niños santos - Sierva de Dios Angela Iacobellis


Angela nació en Roma el 16 de octubre de 1948 y fue bautizada el 31 de octubre en la Basílica de San Pedro, su hermoso rostro era el espejo de su pureza. Recibió su Primera Comunión y Confirmación el 29 de junio de 1955 en Nápoles.

Del testimonio de los padres y de aquellos que la conocieron, sabemos que su amor a Jesús en la Eucaristía era inmenso y que el rezo del Rosario la acompañó a lo largo de su breve peregrinación terrenal. Angela decía: “Debemos darle el primer lugar a Dios”. Era una niña normal en sus afectos familiares, en la escuela, con sus amigos y en los juegos.

A los 11 años sufrió con paciencia y heroísmo los dolores atroces de la leucemia, consolando a los demás. Aceptó el tratamiento y cuando se dio cuenta de que su enfermedad avanzaba, no se impacientó ni se desanimó, sino que aceptó conscientemente la Voluntad de Dios, expresando toda su alegría y generosidad en la oración, en una conversación íntima y sencilla con el Señor. Predicó en silencio y con el ejemplo.

En la fase final de la enfermedad, Angela pasaba de un análisis clínico a otro, de una transfusión a otra hasta que una obstrucción intestinal definitivamente complicó el pronóstico. El suministro de oxígeno no mejoró la situación. Y el 27 de marzo de 1961, su alma voló al cielo.

“Bienaventurado eres, Padre del cielo y de la tierra, porque has revelado a los pequeños los misterios del reino de los cielos” (Mateo 11:25), esta cita del evangelio está grabada en la lápida de su tumba, y refleja fielmente la corta vida de Ángela Iacobellis.

Fuente: Cf. angelaiacobellis.it

Santidad en Argentina - Venerable Camila de San José Rolón

Camila Rolón nació en San Isidro, el 18 de julio de 1842. Desde muy joven, sintió la vocación a la vida religiosa.

En 1873, entró en las Carmelitas, pero a las pocas semanas de su ingreso, fue atacada por una enfermedad: un tumor intestinal, que la obligó a salir. Para recuperar su salud, pasó una temporada en el pueblo de Exaltación de la Cruz. Aquí tomó contacto con serios problemas sociales y religiosos, entre ellos: la ignorancia religiosa, la marginación social, las miserias de numerosas familias y muchas criaturas huérfanas o abandonadas. Para dar respuesta a tantas angustias y necesidades, tuvo la inspiración de fundar un Instituto que acogiera, asistiera y educara a esos niños. El 28 de enero de 1880, Camila sale de la casa de sus padres, acompañada de dos señoras, que se harían Hermanas, dos muchachas y once niñas. Confiando en la Divina Providencia, llegaron a la ciudad de Mercedes, donde comenzarían.

Al mes, el número de asiladas se elevaba. Vivían de limosnas, y pronto, las religiosas que habían crecido en número y experiencia, se plantearon la posibilidad de nuevas expansiones. La Providencia las contactó con un bienhechor que les construyó un asilo-colegio, para cientos de niños. De todas partes de Argentina, como del Uruguay, comenzaron a llegar peticiones de nuevas fundaciones. Así mismo la Madre Camila, soñaba con fundar una casa en Roma cuando el 3 de mayo de 1898, el Santo Padre aprueba el Instituto de Hermanas Pobres Bonaerenses de San José. En el año 1905 se funda la primera casa en Roma. Más adelante traslada la casa generalicia de la Argentina a Roma. Treinta y cinco fueron las fundaciones llevadas a cabo por la Madre Camila, entre pruebas que aceptó como expresión de la Voluntad del Señor. Luego de una larga enfermedad santamente sobrellevada, falleció en Roma el 16 de febrero de 1913. Fue declarada Venerable el 2 de abril de 1993.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Niños santos - Sierva de Dios Odette Oliveira


Odette nació el 15 de septiembre de 1930 en la ciudad de Río de Janeiro (Brasil), su padre fue Francisco Rodrigues de Oliveira y su madre fue Alicia Vidal. Los padres eran profundamente religiosos y sobre todo de gran caridad hacia los necesitados. Poseía un amor extraordinario a Jesús Sacramentado e iba a la misa con frecuencia con su madre. Desde los cuatro años tenía coloquios íntimos con Jesús en el Santísimo Sacramento.

Su familia se mudó al barrio de Botafogo, y allí Odette hizo su Primera Comunión el 15 de agosto de 1937. Desde entonces, al recibir la comunión, ella decía: “¡Oh mi Jesús, venid ahora a mi corazón!”. Su confesor testificó su fe viva, confianza inamovible, intenso amor a Dios y al prójimo. Odette ejercitaba la búsqueda de la santidad de forma extraordinaria para una niña tan joven. La modestia y el pudor fueron una gran señal de su alma pura y buena. Rezaba el Rosario diariamente, y tenía total confianza en Nuestra Señora.

Sus últimos días fueron vividos en una dolorosa enfermedad, la meningitis. Ella hizo gala de la paciencia cristiana. En medio de tantos dolores, decía: “Jesús mío, te amo, y te pido que te ame por toda la eternidad. Yo os ofrezco, oh mi Jesús, todos mis sufrimientos por las misiones y por los niños pobres”. El 25 de noviembre de 1939, recibió la Santa Comunión y decía en su Acción de Gracias: “Mi Jesús, mi amor, mi vida, mi todo, llévame al cielo”, y serenamente entregó su alma a Dios.

Fuente: Cf. santiebeati.it

Niños santos - Siervo de Dios Santos Franco Sánchez


Santos Franco Sánchez nació en Hinojosa del Duque, España, el 13 de julio de 1942. Era alumno del Seminario Menor de los Carmelitas de la Antigua Observancia.

En su adolescencia le dio una meningitis y cuando transido de dolor, el párroco, le pidió que ofreciera sus dolores por la Iglesia y sus necesidades, él le contestó: “desde el primer momento que empecé a sentir dolor, no he dejado de ofrecerlos al Señor por las misiones, los sacerdotes y los pecadores”. Cuando estaba muy enfermo una de sus hermanas le pregunta: “¿quieres curarte o ir al cielo?”. Sin dudar contestó: “ir al cielo”.

Cuando más intensos eran sus dolores de cabeza, produciéndoles convulsiones que lo dejaban extenuado, de sus labios salía una sonrisa de paz interior y decía: “todavía no, aún me queda sufrir un poco más”. Al aproximarse su muerte, abrazó a sus padres y les dijo: “ya me voy a ir pronto al cielo, me queda muy poco tiempo. No me olvidaré de vosotros. Os quiero mucho. No lloréis que yo estoy muy alegre. ¿Que importan los sufrimientos? ¡Qué hermoso, allí está Dios y la Virgen!”.

Falleció en su ciudad natal a los once años el 6 de febrero de 1954.

Fuente: cuando-los-santos-son-amigos.blogspot.com

Santidad en Argentina - Venerable Leonor de Santa María Ocampo


Isora Ocampo, nació el 15 de agosto de 1841, en la provincia de La Rioja. Desde pequeña prefirió la soledad y el silencio. Junto a su familia participó en las devociones populares y practicó la caridad. A los 7 años, aprendió a leer y, en adelante, su personal afición a la lectura le brindará una buena formación religiosa. Con sólo 8 años perdió a su madre y quedó al cuidado de su padre, hermanos y familiares; desde entonces confió su vida a la Virgen.

Compartió el hogar con unas primas que la hicieron sufrir combatiendo su piedad y recogimiento, hasta con agresiones que soportó con gran paciencia. En ese tiempo comenzó a sentir el deseo de ser toda de Dios.

Al demorarse su deseado ingreso al convento dominico de Santa Catalina de Siena (Córdoba), hizo voto privado de castidad, con el padre Paulino Albarracín OP, su confesor y guía por varios años. Finalmente en junio de 1868, tomó el hábito con el nombre de sor Leonor de Santa María. Fue observante, humilde y servicial, paciente en el sufrimiento, asidua en la penitencia, abandonada en la providencia.

En los últimos años de su vida tuvo la serena conducción del Venerable padre José León Torres, mercedario. Sor Leonor escribió sus memorias que quedó en manos del Padre Torres y fue devuelto al Monasterio en 1937, cuando recién se reveló la profundidad y grandeza de su vida espiritual. Falleció de pulmonía a los 59 años de edad, el 28 de diciembre de 1900, y fue declarada Venerable el 19 de mayo de 2018.

Fuente: Cf. sorleonordesantamaria.com

Santificación de las relaciones de amistad

Beato Pier Giorgio Frassati

La amistad puede ser un medio de santificación, o un fuerte obstáculo para la perfección.

Por ser la amistad una mutua comunicación entre dos personas, especifícase según la diversidad de comunicaciones y de los bienes que se comunican. Muy bien lo declara S. Francisco de Sales: “Cuanto más excelentes sean las virtudes que entren en esta comunicación, tanto más perfecta será tu amistad. Será ciertamente muy laudable si comunicas acerca de las ciencias; mucho más si comunicas acerca de las virtudes, prudencia, templanza, fortaleza y justicia; pero si esta mutua y recíproca comunicación fuese acerca de la caridad, devoción y perfección cristiana, ¡oh Dios mío, qué amistad tan preciosa! Será excelente porque viene de Dios, excelente porque va a Dios, excelente porque su vínculo es Dios, excelente porque durará para siempre en Dios. ¡Qué bueno es amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender a amarse mutuamente en este mundo como nos amaremos eternamente en el otro!”.

La amistad verdadera en general es, pues, un comercio íntimo entre dos almas para hacerse mutuamente bien. Puede no pasar de simplemente honesta, si los bienes que los amigos se comunican son del orden natural. Mas la amistad sobrenatural es de un orden muy superior. Es un comercio íntimo entre dos almas que se aman en Dios y por Dios, con propósito de ayudarse recíprocamente a hacer más perfecta la vida divina que poseen. La gloria divina es su fin último, y el adelantamiento espiritual su fin inmediato, y Jesús el lazo de unión entre los amigos.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

Santidad en Argentina - Venerable José León Torres


El Venerable José León Torres nació en Luyaba, provincia de Córdoba, el 19 de marzo de 1849. A los catorce años, José sintió nacer el deseo de trabajar por el Reino de Dios y llama a las puertas del convento mercedario de Córdoba. El 27 de abril de 1873, Fray José fue ordenado sacerdote. A lo largo de toda la vida fue un generoso servidor de la Orden de la Merced. Fue Maestro de novicios; catedrático de teología; vicario provincial y superior provincial; visitador de los demás conventos; restaurador de iglesias; fundador de nuevos conventos; vicario general; y fundador del Instituto de las Hermanas Mercedarias.

Celebrando la Misa en la conmemoración de los 14 años de su primera Misa, el Padre José, siente la inspiración de la fundación y el 1 de octubre de 1887, nace el Instituto de las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús. En Córdoba el Padre, además de sus cargos de Superior, fue el confesor ordinario de varias comunidades, en particular del Monasterio de Santa Catalina, en el que vivía la Venerable Leonor de Santa María Ocampo a la cual, el Padre, le ordenó que escribiera sus memorias para conocer más a fondo sus ansias de santidad.

En el año 1930, la salud del Padre se agrava notablemente. El 7 de diciembre recibe los Santos Sacramentos. Al conocer la gravedad de su estado, sus sentimientos se vuelven oraciones de confianza y humildad. Antes de morir se vio rodeado por todos los Superiores de la Provincia Mercedaria Argentina, quienes tuvieron la gracia de recibir su última paternal bendición y sabios consejos. El 15 de diciembre, entrega su espíritu en las manos del Señor. Fue declarado Venerable el 26 de marzo de 1994.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Supliquemos al Señor que encienda nuestros corazones


La doctrina de la Iglesia se resume en una sola palabra: amor. Por el contrario, la palabra odio produce división y ruina, porque corrompe el corazón de los hombres.

El apóstol Pablo de Tarso -cuya profunda teología debiera ser familiar a todos, muy especialmente entre la juventud- lo expresa con palabras admirables, que servirían incluso de compendio de una vida: Hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hagamos nuestras esas palabras. También nuestro dulcísimo Salvador, riqueza nuestra, esperanza nuestra, gozo nuestro, lo reafirma al darnos este mandato: Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial. Y debemos entender que la perfección está en el amor, como maravillosamente escribió el apóstol predilecto de Jesús: Dios es amor.

Supliquemos al Señor del amor, que vino a prender fuego por toda la tierra, que encienda también nuestros corazones en su ardor; supliquemos al Espíritu Consolador, amor consustancial del Padre y del Hijo, que nos dé la caridad que nunca se sacia; supliquemos, finalmente, que nuestra alma, rotas las cadenas que la aprisionan en este mundo, se sumerja con angelical dulzura en la posesión del Amor.

Fuente: Beato Contardo Ferrini, Pensamientos y oraciones

Santidad en Argentina - Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado


Tránsito Cabanillas nació un 15 de agosto de 1821, en la Estancia Santa Leocadia, en lo que es hoy Villa Carlos Paz, junto al Lago San Roque (Córdoba). Sus padres eran de admirable vivencia cristiana.

La Beata, fue devota colaboradora en la obra de los Ejercicios Espirituales, infatigable catequista de los niños y fervorosa discípula de San Francisco de Asís como Terciaria franciscana. Abnegada enfermera durante las terribles epidemias del cólera en el año 1867 y de la fiebre amarilla en el año 1871.

En el año 1870, el Señor le inspiró fundar una casa de Penitencia de San Francisco pero, como no tenía ningún recurso, intentó responder a la llamada vocacional entrando primero entre las Carmelitas de Buenos Aires y después entre las Hermanas de la Visitación de Montevideo. Sin embargo la enfermedad la obligó a salir del claustro porque Dios la tenía destinada a otra misión.

En el año 1878, se llevó a cabo la fundación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanos. El señor Agustín Garzón, donó una manzana de terreno en el barrio de San Vicente de Córdoba. La Madre Tránsito, comenzó la construcción de un minúsculo convento al servicio de la niñez desvalida. Poco a poco el instituto progresó, se expandió y fundó el Colegio del Carmen de Río Cuarto y el Colegio San Francisco de Villa Nueva, en la Provincia de Córdoba.

El Padre Quirico Porreca, se interesa por el proyecto de la Madre y ella le solicita la dirección de la nueva Congregación por un tiempo. El Padre Quirico aceptó gustoso el cargo, pero con el tiempo y movido por sus ambiciosas aspiraciones, desplazó a la fundadora y comenzó a mandar el. La Madre del Tránsito, aceptó la humillación para evitar problemas y dificultades al Instituto y se retiró a una pobre celda, llevando una vida de silencio, oración y labores. Ella quería ser una humilde servidora del Señor y una lámpara viviente del Sagrario.

Este heroico gesto de humildad y de mansedumbre, purificó y hermoseó el corazón de la Madre Tránsito. Antes de morir hizo esta hermosa promesa: “Hermanas, yo ya no les hago falta, porque no puedo hacer nada, pero cuando muera, desde el cielo les haré mucho bien”.

La Madre Tránsito Cabanillas, murió santamente el 25 de Agosto de 1885 y fue beatificada el 14 de abril del 2002.

Fuente: Cf. santosargentinos.blogspot.com

Santidad en Argentina - Beata Catalina de María Rodríguez


Josefina Saturnina Rodríguez de Zavalía, más conocida por su nombre eclesiástico Catalina de María Rodríguez, nació en la Córdoba de 1823. Su familia tuvo gran protagonismo político, social y religioso. Su padre secretario de los gobernadores Bustos y Paz, su primo Santiago Derqui, presidente del país. Ella y sus tres hermanas perdieron a los padres muy pequeñas y fueron criadas por sus tías

Catalina, a los 17 años hace sus primeros Ejercicios Espirituales. Se dedica a promover y sostener la obra de los Ejercicios. A los 29 años se casa con el Coronel Zavalía, viudo con dos hijos. Se van a vivir a Paraná, donde tienen una hija que se muere al nacer. Regresan a Córdoba y tiempo más tarde Catalina queda viuda, allí, a los 42 años renace su Sueño Dorado: Formar una comunidad de Señoras al servicio de las mujeres más vulnerables para catequizarlas, enseñarles a trabajar y vivir con ellas.

Pasan 7 años de pruebas, contratiempos, oscuridades en donde Catalina mantiene su deseo en alto porque esa idea estaba entrañada en su alma y en esos intentos encontraba consuelo en Dios de quien todo lo esperaba y cuya confianza no le faltó jamás. Finalmente el 29 de septiembre de 1872 nacen las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Primera Congregación de vida apostólica de la Argentina.

Por pedido del San José Gabriel Brochero y la decisión de Catalina en 1880, 16 hermanas cruzan las Sierras Grandes a caballo para atender la Casa de Ejercicios y el Colegio de Niñas fundados por el Cura Brochero.

Tras una prolífica obra al frente de la congregación, Catalina falleció el 5 de abril de 1896 a los 73 años. Entregó su alma a Dios diciendo: “¡Qué cosa tan dulce es morir esclava del Corazón de Jesús!”. Fué beatificada el 25 de noviembre de 2017.

Fuente: Cf. madrecatalinademaria.com

Santidad en Argentina - Beata María Antonia de Paz y Figueroa


María Antonia de San José (en el siglo María Antonia de Paz y Figueroa) nació en Villa Silípica, Santiago del Estero, en 1730.

Desde muy joven comenzó a trabajar con los jesuitas ayudando a organizar los ejercicios espirituales. Con un grupo de mujeres jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los Padres jesuitas.

Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, María Antonia pidió al mercedario fray Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales.

María Antonia organiza los ejercicios espirituales en Santiago del Estero, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Los viajes los hacía caminando y pidiendo limosnas.

En 1795 fundó en Buenos Aires la Casa de Ejercicios Espirituales la cual sigue cumpliendo su misión. Durante los veinte años de la presencia de la beata en Buenos Aires, entraron en Ejercicios más de cien mil personas.

María Antonia, serena y santamente, se durmió en el Señor el 7 de marzo de 1799 y el grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en 1878 en la congregación religiosa de las Hijas del Divino Salvador. Fue beatificada el 27 de agosto de 2016.

Fuente: Cf. es.catholic.net

El deber más sagrado de un padre de familia

El deber más sagrado de un padre de familia es el procurar la santificación de los suyos. La naturaleza se lo impone, Dios se lo exige, y va en ello su salvación eterna. Los deberes de un padre para con sus hijos son importantísimos, ya que tienen por objeto hacer de ellos buenos cristianos, ciudadanos valiosos y almas dignas del cielo. Un padre, ante todo, debe esmerarse en procurar a sus hijos una educación cristiana, base sólida e indispensable de una vida honesta y de un porvenir feliz. Tendrá especial cuidado de la moralidad de las escuelas y colegios a los que quiere encomendar la inocencia de sus hijos.

a) El niño está lleno de defectos que se desarrollan en él paralelos a su edad. Lo que importa es atacarlos en su misma raíz, y continuar siguiéndolos de cerca. La corrección de un niño debe ser: Sosegada: para que sea justa. Razonable: proporcionada a la falta, más bien moderada que severa. La misericordia de Dios obra de igual suerte con nosotros. Lo que se ha de buscar en la corrección es hacer ver al niño el porqué, el castigo y el mal de su falta, para que su espíritu odie el mal y ame el bien. Cordial: en toda corrección, aun en la más severa, ha de aparecer el corazón del padre, al objeto de procurarse el arrepentimiento humilde y contrito del hijo. Digna: un padre es siempre un jefe; debe honrar y hacer honrar en sí la autoridad de Dios, debe ser digno en sus palabras, noble en la paciente espera del arrepentimiento, bondadoso en la concesión de la gracia del perdón.

b) Debe proteger a sus hijos contra el escándalo que despiertan en el niño las viciosas tendencias adormecidas; es un deber importantísimo del padre el preservar a los niños de sus peligros morales. Su ignorancia curiosa, su debilidad y el afán de imitar, pronto los harán caer en el pecado. A medida que el niño avanza en edad es de todo punto indispensable fortalecerlo con prudencia, pero con energía, contra el escándalo que inevitablemente le esperará a su entrada en el mundo. Sea el padre severo en no permitir la lectura de libros peligrosos: la impresión que dejan en el niño es imborrable; asimismo ha de ser intransigente con las malas compañías.

c) Un padre debe igualmente vigilar con cuidado sobre las amistades de sus hijos. La amistad es la necesidad del corazón. Un padre y una madre deben ordenar sus medios comunes para fomentar y desarrollar el espíritu y el amor de la familia a fin de que sus hijos sean felices tan sólo en la familia. El peligro comienza al despertarse el amor propio o cuando el joven adolescente vive lejos del hogar paterno. Sus padres deben entonces prevenirlo contra los falsos amigos, manteniendo con todo cuidado el lazo del amor filial. Si se dieren cuenta de una amistad peligrosa, deben servirse del consejo y de la autoridad. Esas relaciones han de ser totalmente rotas. Vale más un duro golpe, mientras haya esperanza, que esperar el deshonor y la muerte. Tarde o temprano el amor filial volverá felizmente sobre sus pasos.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

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