Defendiendo la vida

Abby Johnson, Amada Rosa Pérez, Gloria Polo, Patricia Sandoval, apóstoles de la defensa de la vida

“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús”. Así lo afirma San Juan Pablo II al comienzo de su Carta Encíclica Evangelium Vitae, en la que con claridad y contundencia afirma: “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política”.

Obviamente, si todo hombre debe defender el “valor sagrado de la vida humana”, “los creyentes en Cristo deben, de modo particular, defender y promover este derecho”. No se nos esconde a ninguno que: “hoy este anuncio es particularmente urgente ante la impresionante multiplicación y agudización de las amenazas a la vida de las personas y de los pueblos, especialmente cuando esta es débil e indefensa. A las tradicionales y dolorosas plagas del hambre, las enfermedades endémicas, la violencia y las guerras, se añaden otras, con nuevas facetas y dimensiones inquietantes”.

La primera forma de defender la vida es con nuestra oración. Por eso la Iglesia celebra cada año la Jornada por la Vida el 25 de marzo. Orar para que el derecho a la vida de todo ser humano sea respetado, desde la concepción hasta la muerte natural, suplicando el fin del aborto y de la eutanasia, y de tantas otras formas de violencia contra la vida.

No olvidemos que la muerte entró en el mundo por envidia del diablo, y cuando la humanidad colabora con la “Cultura de la muerte”, el poder del diablo crece. No colaboremos con la “Cultura de la muerte”, sino luchemos por extender la “Cultura de la vida” y la “Civilización del amor”. El primer paso es la oración.

Fuente: eukmamie.org

La actual tiranía de las conciencias


Los fabricantes de pensamiento para masas han producido una especie de “forraje cultural” compuesto por toda una serie de tópicos sin contrastar que se ha venido en llamar pensamiento único y que va siendo servido por todos los medios de comunicación social con reiteración y pertinacia. Mediante la repetición, el machaqueo continuo, han ido consiguiendo que, convertidas en estereotipos inalterables, se tengan por dogmas a las más flagrantes mentiras, presentadas con falso viso liberal.

Respecto de la moral y costumbres, se ha conseguido derribar la moral natural de siempre y sustituirla por una contramoral deprimente. La moral tradicional, según el pensamiento único, sería represiva y mala. El hombre sería bueno por naturaleza: no debe reprimir sus instintos, que son siempre buenos. Así, toda la moral -y en particular la moral sexual- se ha venido abajo, como sabemos. Aborto, ideología de género, promiscuidad, y tantas otras aberraciones, son presentadas como “derechos” e impuestas con implacable tiranía.

El éxito fácil de esta ideología única se explica fácilmente por la falta de discernimiento del pueblo, por la gran presión que se le ejerce, y, además, por la sensación que se le da de sustentar un pensamiento rebelde, sin prejuicios, combativo, cuando es justamente lo contrario. Lo que piensa el pueblo no se aparta ni un milímetro de lo establecido mediáticamente. Nunca el pueblo fue más dócil.

Esta situación satisface plenamente a los poderes dominantes, pues mientras la Iglesia, como Institución libre y proféticamente denunciadora del sistema, recibe -al menos en sus miembros fieles- intensísimas críticas, el sistema establecido no es cuestionado seriamente por nadie.

Este hombre post-moderno, disminuido y casi anulado, cree que piensa y no es así. El aceptar acríticamente el pensamiento que le sirven no es pensar. Es un no-pensar que les ahorra el esfuerzo de generar pensamiento propio.

Pero para conseguir este no-pensar es imprescindible que al mismo tiempo que se distribuye el forraje ideológico habitual, se vayan eliminando aquellos testimonios de épocas pasadas en que el hombre era más hombre, es decir, más dueño de sí mismo, más racional, más crítico y con más discernimiento; y, sobre todo, sustentador de la escala de valores de la tradición cristiana. Pues lo que más pueden temer los detentadores del poder económico y cultural en el sistema establecido es el retorno de las virtudes tradicionales, que enriquezcan el juicio crítico de los hombres, encauzándolos, al sensibilizar sus conciencias, a la consecución de la Justicia en todos los órdenes. Temen que estas virtudes remuevan y alteren la situación actual en que los hombres son dóciles y conformistas, pues librados a sus instintos y ocupados obsesivamente en la supervivencia y la promoción sociales, se creen, al mismo tiempo, libres y rebeldes por despreciar la moral y la religión, y, precisamente por esto último, están muy lejos de oponer una crítica mínimamente profunda a la estructura que los domina y apacienta, que los hace cruelmente desgraciados y temerosos del futuro, pero que los ofusca con goces sensuales y embota su mente con el forraje ideológico que constituye el pensamiento único.

Fuente: Foro Arbil, con editado nuestro. Cf. artículo La censura democrática, de Ignacio San Miguel.

Pronunciado por Pío XI (II)


Con las palabras severas el Obispo de Hipona reprende a los cónyuges depravados que intentan frustrar la descendencia y, al no obtenerlo, no temen destruirla perversamente: “Alguna vez llega a tal punto la crueldad lasciva o la lascivia cruel, que procura también venenos de esterilidad, y si aún no logra su intento, mata y destruye en las entrañas el feto concebido, queriendo que perezca la prole antes que viva; o, si en el vientre ya vivía, mátala antes que nazca. En modo alguno son cónyuges si ambos proceden así, y si fueron así desde el principio no se unieron por el lazo conyugal, sino por estupro; y si los dos no son así, me atrevo a decir: o ella es en cierto modo meretriz del marido, o él adúltero de la mujer”.

Lo que se suele aducir en favor de la indicación social y eugenésica se debe y se puede tener en cuenta siendo los medios lícitos y honestos, y dentro de los límites debidos; pero es indecoroso querer proveer a la necesidad, en que ello se apoya, dando muerte a los inocentes, y es contrario al precepto divino, promulgado también por el Apóstol: “No hemos de hacer males para que vengan bienes”.

Finalmente, no es lícito que los que gobiernan los pueblos y promulgan las leyes echen en olvido que es obligación de la autoridad pública defender la vida de los inocentes con leyes y penas adecuadas; y esto, tanto más cuanto menos pueden defenderse aquellos cuya vida se ve atacada y está en peligro, entre los cuales, sin duda alguna, tienen el primer lugar los niños todavía encerrados en el seno materno. Y si los gobernantes no sólo no defienden a esos niños, sino que con sus leyes y ordenanzas les abandonan, o prefieren entregarlos en manos de médicos o de otras personas para que los maten, recuerden que Dios es juez y vengador de la sangre inocente, que desde la tierra clama al cielo.

Fuente: S.S. Pío XI, Carta encíclica Casti Connubii

Pronunciado por Pío XI (I)


Hay que recordar, otro crimen gravísimo con el que se atenta contra la vida de la prole cuando aún está encerrada en el seno materno. Unos consideran esto como cosa lícita que se deja al libre arbitrio del padre o de la madre; otros, por lo contrario, lo tachan de ilícito, a no ser que intervengan causas gravísimas que distinguen con el nombre de indicación médica, social, eugenésica. Todos ellos, por lo que se refiere a las leyes penales de la república con las que se prohíbe ocasionar la muerte de la prole ya concebida y aún no dada a luz, piden que las leyes públicas reconozcan y declaren libre de toda pena la indicación que cada uno defiende a su modo, no faltando todavía quienes pretenden que los magistrados públicos ofrezcan su concurso para tales operaciones destructoras; lo cual, triste es confesarlo, se verifica en algunas partes, como todos saben, frecuentísimamente.

Por lo que atañe a la indicación médica y terapéutica, para emplear sus palabras, ya hemos dicho, cuánto Nos mueve a compasión el estado de la madre a quien amenaza, por razón del oficio natural, el peligro de perder la salud y aun la vida; pero ¿qué causa podrá excusar jamás de alguna manera la muerte directamente procurada del inocente? Porque, en realidad, no de otra cosa se trata.

Ya se cause tal muerte a la madre, ya a la prole, siempre será contra el precepto de Dios y la voz de la naturaleza, que clama: ¡No matarás! Es, en efecto, igualmente sagrada la vida de ambos y nunca tendrá poder ni siquiera la autoridad pública, para destruirla. Tal poder contra la vida de los inocentes neciamente se quiere deducir del derecho de vida o muerte, que solamente puede ejercerse contra los delincuentes; ni puede aquí invocarse el derecho de la defensa cruenta contra el injusto agresor (¿quién, en efecto, llamará injusto agresor a un niño inocente?); ni existe el caso del llamado derecho de extrema necesidad, por el cual se puede llegar hasta procurar directamente la muerte del inocente. Son, pues, muy de alabar aquellos honrados y expertos médicos que trabajan por defender y conservar la vida, tanto de la madre como de la prole; mientras que, por lo contrario, se mostrarían indignos del ilustre nombre y del honor de médicos quienes procurasen la muerte de una o de la otra, so pretexto de medicinar o movidos por una falsa misericordia.

Fuente: S.S. Pío XI, Carta encíclica Casti Connubii

Una mujer salvada por su materidad

“Las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los recién nacidos” (Ex. 1, 17)

Chiara se hace una revisión más a fondo. Esta ecografía es tridimensional y a color. La imagen de Maria Grazia Letizia se ve muy nítida. Se mueve, se chupa el dedo y da patadas. Y su problema se percibe perfectamente: la pequeña no tiene la caja craneal. El médico de turno le dice a Chiara que, si hubiera visto antes una ecografía, todavía se podría haber hecho algo. “¿Para prevenir la enfermedad?”. “No, para abortar”. Para ella, que acaba de ver a su hija moverse, es un golpe bajo. “Era claro y evidente que Maria no podría sobrevivir después de nacer. Pero era igual de evidente que estaba viva y estaba haciendo todo lo posible por crecer. Yo no me sentía inclinada a ir en contra de ella, sino a apoyarla como pudiera y no anteponerme a su vida”.

Ella y Enrico habían expresado el deseo de hacerse cargo de niños maltratados a los que nadie amaba, “y el Señor nos ha encomendado una criatura maravillosa, que muchos han desechado, odiado y arrojado al cubo de la basura de un hospital”, escribe Chiara.

Para muchos médicos, el aborto, en este caso, es una opción indiscutible. Hay quien duda que interrumpir este embarazo sea un aborto, como si la niña no existiera.

Una nueva vida no viene a robarnos nada, sino a enriquecernos con su presencia. Una mujer que aborta, es una mujer engañada. “Si te compras una casa con el dinero que has ahorrado matando a tu hijo, esa casa está maldita”.

“Si hubiera abortado, habría sido un momento que hubiera intentado olvidar. El día del nacimiento de María lo podré recordar, en cambio, como uno de los más bonitos de mi vida. Lo que quiero decir a las madres que han perdido a sus hijos es esto: hemos sido madres, hemos tenido este don. No importa el tiempo, lo que cuenta es que hemos recibido este don... y no es algo que se pueda olvidar”.

“Dios imprime la verdad dentro de cada uno de nosotros y no es posible malinterpretarla”. Abortar es rechazar un don. Los padres que acogen a un niño acogen a Dios.

Fuente: Cristiana Troisi, Nacemos para no morir nunca

Para Dios nada es imposible


Conozco a Abby desde hace años, tanto cuando estaba a un lado de la verja del centro que dirigía como al otro. He visto a cientos de creyentes rezando a sus puertas año tras año, no sólo por las madres y los niños, también por Abby y sus colegas. Al final el amor ganó el corazón de Abby, y Dios ha transformado su vida en un testimonio sorprendente e inspirador para muchas personas.

Nunca pudimos imaginar que iban a suceder estas cosas, pero afortunadamente Dios lo hizo así. Quiso que nuestro compromiso de oración y discernimiento se convirtiera en algo que llegara a cambiar la vida de tanta gente.

Ahora te toca a ti.

¿Ignorarás la llamada de Dios para "hablar por aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos"?

Sabiendo que hay millones de vidas en juego, creo que tomarás la decisión correcta, urgido a poner en práctica tu fe. Y, cuando lo hagas, no dejaré de leer sobre las personas que cambiaron gracias a ti, sobre las vidas que salvaste, los centros que se clausuraron, los trabajadores convertidos y las almas que quedaron impactadas.

Quién sabe; quizá lo que hagas pueda ayudar a marcar el comienzo del fin del aborto en el mundo.

Fuente: Abby Johnson, Sin planificar

El toque de una conversión

“Dios escuchó el llanto del niño” (Gn. 21, 17)

Nunca he visto un aborto guiado por ecografía antes, me dije.

No podía imaginar hasta qué punto esos diez minutos sacudirían la base sobre la que se asentaban mis valores y terminarían cambiando mi vida.

¿Qué voy a presenciar? Mi estómago se contrajo.

“Trece semanas”, escuché a la enfermera decir después de medir el feto para determinar el tiempo de gestación.

Al principio, el bebé no pareció darse cuenta de la presencia de la cánula.

El siguiente movimiento fue la repentina sacudida de un pequeño pie. El bebé daba patadas, como si intentara huir del extraño invasor.

El médico había girado la cánula. Y entonces, el pequeño cuerpo empezó a desaparecer ante mis ojos. La última cosa que vi fue una columna vertebral, succionada por el tubo.

Me quedé paralizada.

Dios mío, ¿qué había hecho?

Un pensamiento emergió de lo más hondo: ¡Nunca más! Nunca más.

Al recordar ese día de septiembre de 2009, me doy cuenta de lo sabio que es Dios... Entonces intenté comprender las razones que me habían llevado a esa situación: a vivir en la mentira, a difundirla y a perjudicar a tantas mujeres que en realidad quería ayudar.

Y, sentí la necesidad de saber qué debía hacer a partir de entonces.

Fuente: Abby Johnson, Sin planificar

Difundiendo un mensaje a favor de la vida

La película “Inesperado” y el libro “Sin planificar” sobre Abby Johnson; católica, esposa y madre de ocho hijos

La película Inesperado (2019); se suma a otras con temática similar como Bella (2006), Bebé de octubre (2011), Gosnell (2018)

Inesperado, narra la historia real de Abby Johnson, quien decidió unirse como voluntaria de Planned Parenthood cuando estudiaba en la universidad. Ella, una jovencita llena de sueños por ayudar a los demás, se dejó atrapar por los argumentos que le ofrecieron con sus aparentes bondades. La narrativa, que va al pasado y regresa al futuro, destaca elementos como las emociones que experimenta esta mujer durante momentos muy fuertes de su vida, la lucha que tiene en varias ocasiones contra su conciencia, que parece reclamarle la gravedad de sus actos. Quizás porque sus padres tenían clara la postura de la defensa del niño por nacer y ella lo sabía. Esta producción destaca también la perseverancia de los activistas de “40 días por la vida”, quienes oraban por el alma de los bebés abortados y buscaban convencer a las mujeres que ingresaban a Planned Parenthood de continuar con su embarazo.

De voluntaria, Abby pasó a ser contratada y finalmente ascendida, convirtiéndose así en la directora de la clínica en Bryan, Texas, y en ser la más joven de toda la historia de Planned Parenthood en ocupar este cargo. Abby acogía a las mujeres que llegaban a practicarse un aborto, las aconsejaba, les decía que el feto que llevaban en su vientre no era todavía una vida humana, que era muy pequeño y no iba a sentir nada. Las alentaba a no tener miedo porque nada les iba a pasar, aunque esto no siempre fue cierto. Abby estuvo ocho años vinculada a esta entidad y a lo largo de ese tiempo colaboró en la práctica de 22.000 abortos.

Sin embargo, todo termina (y así inicia la película) cuando ella ingresa a una de las salas de abortos para asistir, por primera vez, a una de las mujeres y ve en la ecografía a un bebé de 13 semanas luchando por no morir, imagen que obviamente no se le permite ver a la paciente por abortar.

Inesperado muestra, el drama del aborto, la soledad de muchas mujeres que llegan engañadas y presas del miedo a terminar con su embarazo, sin el conocimiento claro de que se trata de una vida humana. Evidencia la manera como la industria del aborto quiere ocultar o reducir las tremendas consecuencias que esta práctica deja para la salud y el bienestar psicológico y espiritual de la mujer.

Una historia bien contada, donde Abby vive una serie de situaciones y está rodeada de personas que la aman y que respetan su libertad pero que no por ello dejan de decirle la verdad hasta que ella logra recapacitar y convertirse de una profesional de la industria del aborto, a una convencida defensora de la vida del niño por nacer.

Dios nos está brindando una gran oportunidad y herramientas como esta, para vencer a la bárbara institución del asesinato infantil a escala industrial.

Fuente: Cf. Revista Nueva lectura Nº 225


Ataques contra la familia, de ayer y de hoy

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De la película ¡Qué bello es vivir!

Realmente, apenas cabe expresar el cúmulo de males que el divorcio lleva consigo. Debido a él, las alianzas conyugales pierden su estabilidad, se debilita la benevolencia mutua, se ofrecen peligrosos incentivos a la infidelidad, se malogra la asistencia y la educación de los hijos, se da pie a la disolución de la sociedad doméstica, se siembran las semillas de la discordia en las familias, se empequeñece y se deprime la dignidad de las mujeres. Y puesto que, para perder a las familias, nada contribuye tanto como la corrupción de las costumbres, fácilmente se verá cuán enemigo es de la prosperidad de las familias y de las naciones el divorcio, que nace de la depravación moral de los pueblos, y, conforme atestigua la experiencia, abre las puertas y lleva a las más relajadas costumbres de la vida privada y pública. (S.S. León XIII, Encíclica Arcanum Divinae Sapientiaesobre la familia)

Por todos los inventos de la ciencia moderna, se conculca y se pone en ridículo la santidad del matrimonio, mientras los divorcios, los adulterios y los vicios más torpes son ensalzados. Estas doctrinas las inculcan a toda clase de hombres, adultos y jóvenes, siendo a éstos principalmente, como más fáciles de seducir, a quienes ponen peores asechanzas.

Todavía hay que recordar, otro crimen gravísimo con el que se atenta contra la vida de la prole cuando aún está encerrada en el seno materno. Unos consideran esto como cosa lícita. Por lo que atañe a la indicación médica y terapéutica, cuánto Nos mueve a compasión el estado de la madre a quien amenaza, por razón del oficio natural, el peligro de perder la salud y aun la vida; pero ¿qué causa podrá excusar jamás de alguna manera la muerte directamente procurada del inocente? Porque, en realidad, no de otra cosa se trata. Ya se cause tal muerte a la madre, ya a la prole, siempre será contra el precepto de Dios y la voz de la naturaleza, que clama: ¡No matarás!

Es, en efecto, igualmente sagrada la vida de ambos y nunca tendrá poder, ni siquiera la autoridad pública, para destruirla. Son muy de alabar aquellos honrados y expertos médicos que trabajan por defender y conservar la vida, tanto de la madre como de la prole; mientras que, por lo contrario, se mostrarían indignos del ilustre nombre y del honor de médicos quienes procurasen la muerte de una o de la otra, so pretexto de medicinar o movidos por una falsa misericordia.

Finalmente, no es lícito que los que gobiernan los pueblos y promulgan las leyes echen en olvido que es obligación de la autoridad pública defender la vida de los inocentes con leyes y penas adecuadas; y esto, tanto más cuanto menos pueden defenderse aquellos cuya vida se ve atacada y está en peligro, entre los cuales, sin duda alguna, tienen el primer lugar los niños todavía encerrados en el seno materno. Y si los gobernantes no sólo no defienden a esos niños, sino que con sus leyes y ordenanzas les abandonan, o prefieren entregarlos en manos de médicos o de otras personas para que los maten, recuerden que Dios es juez y vengador de la sangre inocente, que desde la tierra clama al cielo. (S.S. Pio XI, Encíclica Casti Connubiisobre el matrimonio cristiano)

«¡Gracias, madres heroicas, por vuestro amor invencible!»

Santa Gianna y las Siervas de Dios Cecilia Perrin Maria Cristina Mocellin y Chiara Corbella 01 01

Foto: Santa Gianna y las Siervas de Dios Cecilia Perrín, María Cristina Mocellin y Chiara Corbella que dieron la vida por su hijo. Haga clic en el siguiente enlace para ver un videoque reseña brevemente sus heroicas vidas: Madres heroicas

El domingo 24 de abril de 1994 en el Año de la Familia, S.S. Juan Pablo II beatificó a Gianna Beretta Molla, hoy Santa.
En la Homilía el Pontífice rindió homenaje a todas las madres valerosas, “que se dedican sin reservas a sus familias, que sufren al dar a luz a los hijos, y que después están dispuestas a afrontar cualquier sacrificio para transmitirles lo mejor que tienen”.

Juan Pablo II señaló que hoy el ambiente es hostil a la maternidad: “los modelos de civilización, promovidos por los medios de comunicación, no favorecen la maternidad, en nombre del progreso y de la modernidad se presentan como superados los valores de la fidelidad, la castidad y el sacrificio, en los que se distinguen gran número de esposas y madres cristianas. A menudo, una mujer decidida a ser coherente con sus principios se siente profundamente sola, sola con su amor, que no puede traicionar y al que debe permanecer fiel. Su principio guía es Cristo. Una mujer que cree en Cristo encuentra un poderoso apoyo precisamente en este amor que soporta todo. Es un amor que le permite pensar que todo lo que hace por un hijo concebido, nacido, adolescente o adulto, lo hace al mismo tiempo por un hijo de Dios ¡Gracias, madres heroicas, por vuestro amor invencible!”.

Luego del rezo del Regina Caeli, en la Plaza de San Pero, el Santo Padre volvió a hablar de la defensa de la vida no nacida, que encomendó a la Virgen, “para que rodee con su cuidado maternal a todo ser humano amenazado en el seno materno. Es especialmente importante en estos tiempos, cuando ante la mujer se acumulan todas las amenazas contra la vida que ella está para traer al mundo”.

La vida que defienden los santos

San Juan Pablo II - Santa Teresa de Calcuta 01 01

“Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles'; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida.
(...) María es la palabra viva de consuelo para la Iglesia en su lucha contra la muerte. Mostrándonos a su Hijo, nos asegura que las fuerzas de la muerte han sido ya derrotadas en El: «Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta»” (SS. Juan Pablo II, Evangelium Vitae)

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?
¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela”. (Santa Teresa de Calcuta)

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