Una mujer salvada por su materidad

“Las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los recién nacidos” (Ex. 1, 17)

Chiara se hace una revisión más a fondo. Esta ecografía es tridimensional y a color. La imagen de Maria Grazia Letizia se ve muy nítida. Se mueve, se chupa el dedo y da patadas. Y su problema se percibe perfectamente: la pequeña no tiene la caja craneal. El médico de turno le dice a Chiara que, si hubiera visto antes una ecografía, todavía se podría haber hecho algo. “¿Para prevenir la enfermedad?”. “No, para abortar”. Para ella, que acaba de ver a su hija moverse, es un golpe bajo. “Era claro y evidente que Maria no podría sobrevivir después de nacer. Pero era igual de evidente que estaba viva y estaba haciendo todo lo posible por crecer. Yo no me sentía inclinada a ir en contra de ella, sino a apoyarla como pudiera y no anteponerme a su vida”.

Ella y Enrico habían expresado el deseo de hacerse cargo de niños maltratados a los que nadie amaba, “y el Señor nos ha encomendado una criatura maravillosa, que muchos han desechado, odiado y arrojado al cubo de la basura de un hospital”, escribe Chiara.

Para muchos médicos, el aborto, en este caso, es una opción indiscutible. Hay quien duda que interrumpir este embarazo sea un aborto, como si la niña no existiera.

Una nueva vida no viene a robarnos nada, sino a enriquecernos con su presencia. Una mujer que aborta, es una mujer engañada. “Si te compras una casa con el dinero que has ahorrado matando a tu hijo, esa casa está maldita”.

“Si hubiera abortado, habría sido un momento que hubiera intentado olvidar. El día del nacimiento de María lo podré recordar, en cambio, como uno de los más bonitos de mi vida. Lo que quiero decir a las madres que han perdido a sus hijos es esto: hemos sido madres, hemos tenido este don. No importa el tiempo, lo que cuenta es que hemos recibido este don... y no es algo que se pueda olvidar”.

“Dios imprime la verdad dentro de cada uno de nosotros y no es posible malinterpretarla”. Abortar es rechazar un don. Los padres que acogen a un niño acogen a Dios.

Fuente: Cristiana Troisi, Nacemos para no morir nunca

Amar hasta dar la vida

“No hay amor más grande que dar la vida por aquellos que se ama...”

María Cristina Mocellin estaba enferma de cáncer cuando Ricardo, su hijo menor, tenía sólo dos meses de concebido. Su ejemplo, similar al de santa Gianna Beretta Molla, nos muestra lo que significa amar hasta dar la vida.

Vale la pena releer la carta que quiso dejar a su pequeño Ricardo antes de morir:

“Querido Ricardo, cuando supimos que existías, te amamos y quisimos con todas nuestras fuerzas. Recuerdo el día en el que el doctor me dijo que volvían a diagnosticarme tumor en la ingle. Mi reacción fue la de repetir varias veces: ¡estoy embarazada!, ¡estoy embarazada! Me opuse con todas mis fuerzas a renunciar a ti, tanto que el médico comprendió todo y no añadió nada más. Aquella tarde, en el coche, de regreso del hospital, cuando te moviste por primera vez, parecía que me decías: ¡Gracias mamá por amarme! ¿Y cómo podríamos no amarte? Pienso que no existe ningún sufrimiento en el mundo que no valga la pena por un hijo. El Señor ha querido llenarnos de alegría: tenemos tres niños maravillosos que, si Él así lo querrá, con su gracia, podrán crecer como Él desee. Sólo puedo dar gracias a Dios porque ha querido hacernos este regalo tan grande, nuestros hijos.”

El 22 de Octubre de 1995, antes de fallecer, repetía: “Hacer tu Voluntad Señor, es mi paz”. Su causa de beatificación ha sido iniciada en la diócesis de Padua donde vive todavía la familia Mocellin, difundiendo el luminoso ejemplo de la Sierva de Dios.

Oración: Oh Señor, fuente de todo bien, Tú has iluminado de manera admirable a esta joven madre, y se ha convertido en un ejemplo de fe, de vida familiar y de defensa de la vida. María Cristina ha preparado y construido una familia verdaderamente cristiana, haciendo que cada elección de su vida estuviera de acuerdo con el Evangelio. En la Eucaristía siempre encontró el consuelo y el valor para afrontar todas las dificultades de la vida. Te pedimos, oh Padre, que te dignes glorificar en la tierra a esta tu humilde Sierva, que por tu bondad, confiamos que ya la has recompensado en el cielo. Que su vida sea un ejemplo para nuestras familias cristianas. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Fuente: Cf. amicidicristinaonlus.it

Confirmación del celibato sacerdotal

San José Gabriel del Rosario Brochero, modelo de sacerdote fiel

“Llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina...” (2 Tim. 4, 3)

El celibato sacerdotal, que la Iglesia custodia desde hace siglos como perla preciosa, conserva todo su valor también en nuestro tiempo.

Pero se ha manifestado la expresa voluntad de solicitar de la Iglesia que reexamine esta institución suya característica, cuya observancia, según algunos, llegaría a ser ahora problemática y casi imposible en nuestro tiempo y en nuestro mundo. Una serie interminable de dificultades se presentará a los que “no... entienden esta palabra” (Mt 19, 11), no conocen u olvidan el “don de Dios” (cf. Jn 4, 10) y no saben cuál es la lógica superior de esta nueva concepción de la vida, y cual su admirable eficacia, su exuberante plenitud.

Semejante coro de objeciones parece que sofocaría la voz secular y solemne de los pastores de la Iglesia, de los maestros de espíritu, del testimonio vivido por una legión sin número de santos y de fieles ministros de Dios, que han hecho del celibato objeto interior y signo exterior de su total y gozosa donación al ministerio de Cristo. No, esta voz es también ahora fuerte y serena; no viene solamente del pasado, sino también del presente. En nuestro cuidado de observar siempre la realidad, no podemos cerrar los ojos ante esta magnífica y sorprendente realidad; hay todavía hoy en la santa Iglesia de Dios, en todas las partes del mundo, innumerables ministros sagrados que viven de modo intachable el celibato voluntario y consagrado; y junto a ellos no podemos por menos de contemplar las falanges inmensas de los religiosos, de las religiosas y aun de jóvenes y de hombres seglares, fieles todos al compromiso de la perfecta castidad; castidad vivida no por desprecio del don divino de la vida, sino por amor superior a la vida nueva que brota del misterio pascual; vivida con valiente austeridad, con gozosa espiritualidad, con ejemplar integridad. Este grandioso fenómeno prueba una singular realidad del reino de Dios, que vive en el seno de la sociedad moderna, a la que presta humilde y benéfico servicio de “luz del mundo y de sal de la tierra”.

La vigente ley del sagrado celibato debe también hoy, y firmemente, estar unida al ministerio eclesiástico; ella debe sostener al ministro en su elección exclusiva, perenne y total del único y sumo amor de Cristo y de la dedicación al culto de Dios y al servicio de la Iglesia, y debe cualificar su estado de vida, tanto en la comunidad de los fieles, como en la profana.

Fuente: San Pablo VI, Encíclica Sacerdotalis caelibatus

Para Dios nada es imposible


Conozco a Abby desde hace años, tanto cuando estaba a un lado de la verja del centro que dirigía como al otro. He visto a cientos de creyentes rezando a sus puertas año tras año, no sólo por las madres y los niños, también por Abby y sus colegas. Al final el amor ganó el corazón de Abby, y Dios ha transformado su vida en un testimonio sorprendente e inspirador para muchas personas.

Nunca pudimos imaginar que iban a suceder estas cosas, pero afortunadamente Dios lo hizo así. Quiso que nuestro compromiso de oración y discernimiento se convirtiera en algo que llegara a cambiar la vida de tanta gente.

Ahora te toca a ti.

¿Ignorarás la llamada de Dios para "hablar por aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos"?

Sabiendo que hay millones de vidas en juego, creo que tomarás la decisión correcta, urgido a poner en práctica tu fe. Y, cuando lo hagas, no dejaré de leer sobre las personas que cambiaron gracias a ti, sobre las vidas que salvaste, los centros que se clausuraron, los trabajadores convertidos y las almas que quedaron impactadas.

Quién sabe; quizá lo que hagas pueda ayudar a marcar el comienzo del fin del aborto en el mundo.

Fuente: Abby Johnson, Sin planificar

La Nave y las tempestades


En medio de cada etapa de la historia, Dios nunca dejó de suscitar personalidades vigorosas que, no rindiéndose a las circunstancias, supieron enfrentar con lucidez y coraje la adversidad de la situación. Refiriéndose a esos hombres y mujeres providenciales escribía a fines del siglo XIX, época azarosa de la historia, monseñor Charles E. Freppel:

No conozco páginas más bellas en la historia que aquellas donde veo una gran causa en apariencia vencida, y que encuentra a su servicio hombres tan arrojados que no se entregan a la desesperanza. He ahí los grandes ejemplos que conviene proponer a la generación de nuestro tiempo, para inclinarla a que pongan al servicio de la religión y de la patria un coraje que no se deje quebrar por las derrotas pasajeras del derecho y de la verdad. Hablo a jóvenes que tendrán que luchar más tarde por la causa de Dios y de la sociedad cristiana, en las filas del sacerdocio, de la magistratura, de la administración, del ejército, o en cualquier otro puesto que haya complacido a la Providencia asignarles. La virtud de la fortaleza les será necesaria en toda circunstancia. Por qué no decirlo, queridos hijos, el período de la historia en que se desarrollará la vida de ustedes, no se anuncia como una era de tranquilidad, en que el acuerdo de las inteligencias y de las voluntades aleja el combate. Pero cualesquiera sean las alternativas de reveses o de éxitos que el futuro les reserve, la recomendación que yo querría darles es que jamás se entreguen al desaliento. Porque Dios, de quien somos y para quien vivimos, no nos manda vencer sino combatir. El honor de una vida, así como su verdadero mérito, consiste en poder repetir hasta el fin aquellas palabras del divino Maestro: “Lo que debimos hacer, lo hicimos” (Lc 17.10). El resto hay que dejado en manos de Dios, que da la victoria o que permite la derrota, y que hace contribuir a una y otra al cumplimiento de sus eternos e impenetrables designios.

Nadie puede ignorar que estamos pasando por circunstancias dramáticas no sólo en la historia del mundo sino también en la vida de la Iglesia. Recordemos la terrible frase del papa Pablo VI acerca del humo de Satanás que ha penetrado hasta el interior de la Iglesia, sumiéndola en “un momento de autodemolición”.

Aunque todo parezca naufragar, la Iglesia posee la promesa de la indefectibilidad, un hecho realmente milagroso: “Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 20). Cristo está siempre en la Iglesia. A veces parecerá que duerme, en medio de las borrascas, pero está.

Fuente: Cf. Alfredo Sáenz, La Nave y las tempestades I

Difundiendo un mensaje a favor de la vida

La película “Inesperado” y el libro “Sin planificar” sobre Abby Johnson; católica, esposa y madre de ocho hijos

La película Inesperado (2019); se suma a otras con temática similar como Bella (2006), Bebé de octubre (2011), Gosnell (2018)

Inesperado, narra la historia real de Abby Johnson, quien decidió unirse como voluntaria de Planned Parenthood cuando estudiaba en la universidad. Ella, una jovencita llena de sueños por ayudar a los demás, se dejó atrapar por los argumentos que le ofrecieron con sus aparentes bondades. La narrativa, que va al pasado y regresa al futuro, destaca elementos como las emociones que experimenta esta mujer durante momentos muy fuertes de su vida, la lucha que tiene en varias ocasiones contra su conciencia, que parece reclamarle la gravedad de sus actos. Quizás porque sus padres tenían clara la postura de la defensa del niño por nacer y ella lo sabía. Esta producción destaca también la perseverancia de los activistas de “40 días por la vida”, quienes oraban por el alma de los bebés abortados y buscaban convencer a las mujeres que ingresaban a Planned Parenthood de continuar con su embarazo.

De voluntaria, Abby pasó a ser contratada y finalmente ascendida, convirtiéndose así en la directora de la clínica en Bryan, Texas, y en ser la más joven de toda la historia de Planned Parenthood en ocupar este cargo. Abby acogía a las mujeres que llegaban a practicarse un aborto, las aconsejaba, les decía que el feto que llevaban en su vientre no era todavía una vida humana, que era muy pequeño y no iba a sentir nada. Las alentaba a no tener miedo porque nada les iba a pasar, aunque esto no siempre fue cierto. Abby estuvo ocho años vinculada a esta entidad y a lo largo de ese tiempo colaboró en la práctica de 22.000 abortos.

Sin embargo, todo termina (y así inicia la película) cuando ella ingresa a una de las salas de abortos para asistir, por primera vez, a una de las mujeres y ve en la ecografía a un bebé de 13 semanas luchando por no morir, imagen que obviamente no se le permite ver a la paciente por abortar.

Inesperado muestra, el drama del aborto, la soledad de muchas mujeres que llegan engañadas y presas del miedo a terminar con su embarazo, sin el conocimiento claro de que se trata de una vida humana. Evidencia la manera como la industria del aborto quiere ocultar o reducir las tremendas consecuencias que esta práctica deja para la salud y el bienestar psicológico y espiritual de la mujer.

Una historia bien contada, donde Abby vive una serie de situaciones y está rodeada de personas que la aman y que respetan su libertad pero que no por ello dejan de decirle la verdad hasta que ella logra recapacitar y convertirse de una profesional de la industria del aborto, a una convencida defensora de la vida del niño por nacer.

Dios nos está brindando una gran oportunidad y herramientas como esta, para vencer a la bárbara institución del asesinato infantil a escala industrial.

Fuente: Cf. Revista Nueva lectura Nº 225


Método para asistir con fruto a la Santa Misa


Al ver a tantos que voluntariamente asisten a la santa Misa con marcada irreverencia, distraídos, sin atención, sin modestia y sin arrodillarse, con dolor podemos asegurar que no asisten al divino Sacrificio como María Santísima y San Juan, sino como los judíos, crucificando otra vez a Jesucristo, con gran escándalo y deshonor de nuestra santa Religión.

Asistid, a tan augusto Sacrificio, pero con disposiciones de verdaderos cristianos, e imaginaos ver a Jesucristo sufriendo todos los tormentos de su dolorosa Pasión, y expuesto por nuestra salvación a los más bárbaros tratos.

Durante la Misa, estad con recogimiento y modestia, de manera que nada os pueda distraer; que vuestro espíritu, vuestro corazón y vuestros sentidos no se ocupen más que en honrar a Dios. Os recomiendo que tengáis gran empeño en no faltar nunca a la Misa; aun cuando tuvieseis algo que sufrir por ser fieles a esta piadosa práctica.

San Isidro, pobre labrador de una granja, se levantaba muy temprano para oír Misa, con el fin de ejecutar a su debido tiempo las órdenes de su amo. La constancia con que cumplió este acto de devoción le mereció, además de gracias muy especiales de Dios, toda clase de bendiciones sobre sus trabajos.

Acordaos también de aplicar la Misa en sufragio de las almas del Purgatorio y especialmente por las de vuestros parientes y bienhechores difuntos.

Fuente: San Juan Bosco, La juventud instruida

Modelo atrayente


¿Cómo se figuran los jóvenes que podía desenvolverse la vida de santidad de Domingo Savio? Se desarrolló en la forma más alegre. Durante doce años, con sus padres; y luego, durante tres años, con San Juan Bosco, entregado a los estudios de su edad, con la conciencia que no le remordía de nada, sino que lo alegraba, pasó contento su vida, y a este gozo de la vida correspondió el gozo de la muerte.

Desde aquel día los jóvenes han tenido un nuevo modelo y patrono.

Imitad, jóvenes, a este modelo tan atrayente y tan fácil de imitar.

Los jóvenes odian el aburrimiento y aman la alegría. He aquí: esta vida es una vida toda de alegría.

Los jóvenes aman la gloria, y he aquí la gloria verdadera, la gloria auténtica, la gloria más hermosa. Este pequeño piamontés, al presente es conocido en todo el mundo.

Alegría, pues, y gloria y todo bien. Por otra parte, el imitarlo es fácil. No hizo penitencias especiales, no porque él no hubiera querido hacerlas, sino porque, prudentemente no le dieron permiso. Su gloria fue esta: “¡Prefiero morir antes que mancharme!” El amor a María y a la Santísima Eucaristía le dieron la fuerza y el medio para mantener aquellas palabras. Sea pues, vuestra palabra: “Prefiero morir antes que pecar y quiero encender en mi corazón cada día más, el amor por la Eucaristía y por María”. Y este modelo os ayudará a mantener vuestros propósitos.

Fuente: Card. Máximo Massimi, Discurso del 9 de marzo de 1950

Joven mariano


Cuanto mejor se corresponde al amor de María Santísima, más feliz se es. Ahora bien, este amor lo tuvo, en grado altísimo, Domingo Savio. Como decía Don Bosco, la vida de Domingo Savio fue una serie de actos devotos hacia María. Todo lo que él encontraba en su devocionario en honor de María, lo rezaba, y se deleitaba con su Rosario.

Cuando contaba con doce años, en 1854, Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción. Cuentan que yendo por las calles de Turín se alegraba ante los honores tributados a María Santísima y quería hacer algo que correspondiese a tan excepcional evento. Pero, ¿qué podía hacer en honor de la Inmaculada Concepción? Pensó unir consigo a otros jóvenes, fundando así la Sociedad de la Inmaculada Concepción.

Y escribió a los catorce años, reglas de esta sociedad, reglas todas rebosantes de amor, en las que se ve el esfuerzo ascético, el entusiasmo del alma, del corazón que todo lo quiere realizar para honrar a María.

“Sonría, escribe, María Santísima a esta sociedad que ha sido constituida por su inspiración, y escuche nuestras plegarias y nuestros deseos”. De esta suerte, el joven angélico era también mariano.

Era su amor por María, un amor filial y veraz, porque, a las prácticas de piedad exteriores, correspondía su afecto interior. Hacía muchos sacrificios en honor de María, sobre todo el de la guarda de los sentidos. Habiéndole dicho un compañero: “pero, ¿qué haces con los ojos que no miras nada? ¿Para qué los guardas?, respondió: “los reservo para contemplar el rostro de María Santísima, si llego a ser digno de que me admita en su presencia”.

Fuente: Card. Máximo Massimi, Discurso del 9 de marzo de 1950

Joven angélico


La razón exige que se combata el pecado, porque si el pecado es combatido, todo irá bien. Donde no está el pecado, está la belleza de la imagen de Dios y todo bien.

Cosa que Domingo comprendió perfectísimamente, desde el primer momento, porque, cuando a los siete años hizo la primera Comunión, escribió: “la muerte antes que pecar”. Estas palabras son sencillas, pero no se podrán decir otras más hermosas. Las expresó y durante toda la vida mantuvo constante este pensamiento. Y en la última noche de su vida dijo así: “¡Lo repito y lo diré mil veces: antes la muerte que pecar!” Aquí está la base de toda la gloria de Domingo Savio.

No fueron simples palabras, sino que toda su vida se inspiró en esta idea: “Quiero llevar una guerra sin cuartel contra el pecado mortal”. No solo buscó evitar el pecado en sí mismo, sino que trató de combatirlo en los demás, para arrancarlo del alma de los otros.

La lucha contra el pecado fue llevada victoriosamente por Savio, durante toda la vida. Es la gloria a que debería aspirar cada uno de nosotros. Es menester evitar el pecado por todos los medios, tratar de destruir el pecado en cualquier forma.

Obrando de esta suerte, Savio se asemejó a los Ángeles buenos que no pecaron. Mamá Margarita le decía al hijo (Don Bosco): “Mira cómo está Domingo en la iglesia, ¡está como un ángel del Paraíso!”

Fuente: Card. Máximo Massimi, Discurso del 9 de marzo de 1950

Un sueño de Don Bosco


Vi entonces una multitud de gente dispersa por aquellos jardines que se divertía en medio de la mayor alegría.

Domingo Savio se adelantó solo, dando unos pasos hacia mí y se detuvo tan cerca de donde yo estaba que si hubiese extendido la mano, ciertamente le habría tocado. Callaba y me miraba también él sonriente. ¡Qué hermoso estaba! Su vestido era realmente singular. Le caía hasta los pies una túnica blanquísima. Ceñía su cintura con una amplia faja roja. Todos llevaban la cintura ceñida por una faja roja.

Comprendí entonces que la faja de color de sangre, era símbolo de los grandes sacrificios hechos, de los violentos esfuerzos y casi del martirio sufrido por conservar la virtud de la pureza; y que, para mantenerse casto en la presencia del Señor, hubiera estado pronto a dar la vida, si las circunstancias así lo hubiesen exigido; y que al mismo tiempo simbolizaba las penitencias que libran al alma de la mancha de la culpa. La blancura y esplendor de la túnica representaban la conservación de la inocencia bautismal.

“¿Qué hizo de extraordinario Domingo Savio en sus casi 15 años de vida? Lo que también podéis hacer vosotros: eligió por lema "antes morir que pecar", se propuso hacer felices a sus compañeros, estar entre ellos como elemento catalizador, enseñar catecismo a los más pequeños; unió a una alegría grande, el estudio serio; y ha llegado a santo con una existencia no milagrosa, sino heroicamente generosa. Todos podéis asemejaros a Santo Domingo Savio si queréis; y os lo deseo de todo corazón” (San Juan Pablo II, Audiencia general del 6 de mayo de 1981)

Fuente: Cf. Los sueños de Don Bosco

Una joven que asumió su enfermedad como camino de santidad


“Una joven laica que se presenta como excelso modelo para la Iglesia de hoy, sobre todo para los jóvenes y para los enfermos”. Así definió el Cardenal Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos a Benedetta Bianchi, beatificada el 14 de septiembre de 2019. Benedetta padeció desde su adolescencia una poliomielitis que le produjo graves secuelas físicas y una rara enfermedad degenerativa que terminaría causándole una parálisis total y, finalmente, la muerte.

En la homilía de la Misa de beatificación el Cardenal Becciu destacó que la beata Benedetta Bianchi, fallecida en el año 1964 a los 27 años, “fue un verdadero testimonio de la cruz. Ella inmoló su propia vida siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con Él. Nos encontramos ante una existencia fascinante: la grandeza humana y espiritual de una joven extraordinariamente dotada, que consiguió superar valientemente, y traducir en clave evangélica, las condiciones más negativas que puedan acompañar a un individuo”.

El Cardenal destacó que, como consecuencia de su enfermedad, todo el cuerpo de Benedetta “se convirtió en un crucifijo viviente: sordera, ceguera, parálisis, insensibilidad, privación del olfato, afonía, la casi total anulación de las comunicaciones con las personas y con su entorno”. Sin embargo, “esta secuencia de sufrimientos y de destrucción física llevará a Benedetta a una profunda unión con Dios en la oración y, por lo tanto, a una gran heroicidad en el ejercicio de todas las virtudes”.

“Gracias a Benedetta, concluyó el Cardenal, comprendemos algo más la sabiduría de la Cruz y le estamos profundamente agradecidos por habernos conducido hacia la comprensión del sufrimiento que, abrazada a la cruz, abre las puertas del cielo y se convierte en vehículo de luz que aclara cuanto de absurdo e incomprensible pueda haber en la existencia humana”.

Fuente: aciprensa.com

Los Clérigos predicarán con el ejemplo


Los que han sido llamados a ministrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás, e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores, presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con que la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

En verdad es pisado por la gente, como barro despreciable, el clero inmundo y sucio, impregnado de la sordidez de sus vicios y envuelto en las cadenas de sus pecados, considerado inútil para sí y para los demás; porque, como dice san Gregorio: “De aquel cuya vida está desprestigiada queda también desprestigiada la predicación”.

Los presbíteros que se comportan con dignidad son acreedores a un doble honor, material y personal o sea, temporal y a la vez espiritual, que es lo mismo que decir transitorio y eterno al mismo tiempo; pues, aunque viven en la tierra sujetos a las limitaciones naturales con los demás mortales, su anhelo tiende a la convivencia con los ángeles en el cielo, para ser agradables al Rey, como prudentes ministros suyos. Por lo cual, como un sol que nace para el mundo desde las alturas donde habita Dios, alumbre la luz del clero a los hombres, para que vean, sus buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo.

Vosotros sois la luz del mundo. Pues, así como la luz no se ilumina a sí misma, sino que con sus rayos llena de resplandor todo lo que está a su alrededor, así también la vida luminosa de los clérigos virtuosos y justos ilumina y serena, con el fulgor de su santidad, a todos los que la observan. Por consiguiente, el que está puesto al cuidado de los demás debe mostrar en sí mismo cómo deben conducirse los otros en la casa de Dios.

Fuente: San Juan de Capistrano, del tratado Espejo de los clérigos

Santa Margarita Bays laica, catequista y apóstol de la oración

Margarita Bays, Suiza 1815-1879, canonizada el 13 de octubre de 2019

Margarita Bays era una laica humilde, cuya vida estaba oculta con Cristo en Dios. Se trataba de una mujer muy sencilla, con una vida normal, en la que todos podríamos reconocernos. No hizo nada extraordinario y, sin embargo, su existencia fue un largo y silencioso camino hacia la santidad. En la Eucaristía, la cumbre de su jornada, Cristo era su alimento y su fuerza. A través de la meditación de los misterios del Salvador, especialmente del misterio de la Pasión, logró llegar a la unión transformante con Dios. Algunos de sus contemporáneos pensaban que sus largos momentos de oración eran una pérdida de tiempo. Pero cuanto más intensa era su oración, más se acercaba a Dios y más se dedicaba al servicio de sus hermanos. Porque sólo aquel que reza conoce realmente a Dios. De esta manera descubrimos el importante lugar que ocupa la oración en la vida del laico. La oración no nos aleja del mundo. Al contrario, libera el ser interior, dispone al perdón y a la vida fraterna. La misión vivida por Margarita Bays es la misión que incumbe a todo cristiano.

Cuando enseñaba el catecismo a los niños de su pueblo, trataba de presentarles el mensaje del Evangelio con un lenguaje comprensible para ellos. Se ocupaba también desinteresadamente de los pobres y los enfermos. Aunque nunca salió de su país, tenía el corazón abierto a las dimensiones de la Iglesia universal y del mundo. Con el espíritu misionero que la caracterizaba, introdujo en su parroquia las obras de la Propagación de la fe y de la Santa Infancia. En Margarita Bays descubrimos todo lo que el Señor hizo para hacerla llegar a la santidad: Margarita caminó humildemente con Dios, ejecutando cada gesto de su vida diaria por amor.

Margarita Bays nos exhorta a hacer de nuestra existencia un camino de amor y nos recuerda nuestra misión en el mundo: anunciar el Evangelio en cualquier ocasión, ya sea o no oportuna, y en particular a los jóvenes. Nos invita a hacerles descubrir la grandeza de los sacramentos de la Iglesia. ¿Cómo podrían los jóvenes de hoy reconocer al Salvador en su camino, si no se les inicia a los misterios cristianos? ¿Cómo podrían acercarse a la mesa eucarística y al sacramento del perdón si nadie les hace descubrir su riqueza, como supo hacerlo Margarita Bays?

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 29 de octubre de 1995

El testimonio de una madre


Me llamo Rosa Pich. Nací en Barcelona hace algo más de 50 años y soy la octava de 16 hermanos. Me casé en el 89 con quien ha sido mi más fiel acompañante, José María Postigo. Él era el séptimo de 14 hermanos.

Mi marido y yo teníamos la ilusión de formar una familia numerosa. Nos casamos jóvenes: él con 28 y yo con 23 años. Ambos proveníamos de familias numerosas. Al año de casarnos tuvimos la ilusión de ver llegar a nuestra primera hija, pero a las pocas horas de nacer tuvieron que llevársela de nuestro lado pues había nacido con una cardiopatía muy severa y debían trasladarla a un hospital con más medios técnicos. Esos primeros días, los médicos nos avisaron de que no viviría más de tres años; pero gracias a Dios, con operaciones y marcapasos, vivió hasta los 22. Nuestro segundo hijo, Javi, murió al año y medio, también a causa de un problema de corazón. Nuestra tercera hija, Montsita, murió a los 10 días, pues había nacido sin aorta. En menos de cuatro meses tuvimos que enterrar a dos de nuestros hijos y con la incertidumbre de que la mayor pudiera sobrevivir: fueron tiempos difíciles.

Los médicos nos aconsejaron que no tuviéramos más hijos pues, si hasta ese momento todos habían nacido enfermos, los siguientes también nacerían con problemas. “No tengáis más hijos” fue el mensaje claro y directo. Pero nacieron 15 más. La decisión de papá y mamá de engendrar una nueva vida es una decisión de los dos, y solo nosotros decidimos sobre estos aspectos.

Mi marido se falleció el 6 de marzo de 2017 debido a un cáncer de hígado. Ahora nos cuida desde Arriba. Es muy duro, pero gracias a la fe en Dios Padre, estar delante del Santísimo, rezar el Rosario todos los días en familia, la Misa diaria, gracias a que me siento querida y arropada por 15 hijos es posible tomar la Cruz y seguir adelante.

Fuente: Cf. comoserfelizconunodostreshijos.com

Meditando en la Navidad (VI)


Llegan a Belén José y María buscando hospedaje pero no encuentran, ya por hallarse todos ocupados, ya porque se les deshace a causa de su pobreza. Empero, nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios.

Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreíase también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su casta esposa. El ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había contribuido a hacerle tomar la forma humana.

¡Oh Divino Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, ha sido para vuestros padres un día de fatiga y vejaciones de toda clase. ¡Ay! El espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios. ¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro!

La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo unas tras otras. Algunas horas más y aparecerá el Verbo Eterno.

Fuente: Fernando de Jesús Larrea, Novena de Navidad

Reina de todos los Santos


María es el canal por el cual Dios, autor y fuente de toda gracia, hace llegar hasta nosotros la virtud y la santidad.

En el cuerpo místico de Jesucristo, Ella hace, por decirlo así, el oficio de cuello: transmite a la Cabeza las súplicas de los miembros y desde la Cabeza hace llegar a todo el cuerpo místico aquellas gracias por las cuales crece toda virtud, toda perfección y santidad.

Para allanarnos el camino de la santidad, Dios nos propuso en Nuestra Señora un modelo de santidad creada, una luz más suave a nuestros débiles ojos, un modelo, el más cercano a la santidad infinita, que nos animara a imitarla.

Ella poseyó sin duda una perfección y una santidad sobrehumanas, pero una santidad creada, unida a aquella perfección a la que no llegará jamás ninguna criatura; se acerca y toca los confines del infinito.

La santidad de María es solo inferior a la santidad de Dios. María espejo, ejemplo y modelo perfecto de santidad, es lo que nos propone la Iglesia cuando la invoca como Reina de los santos.

Virgen Santa, excelsa Reina de todos los santos, ruega por nosotros.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Reina de las vírgenes


La Iglesia, no satisfecha con haber invocado a María con el título de Santa Virgen de las Vírgenes, la invoca como Reina de todos aquellos que profesan la virginidad, para hacernos conocer y apreciar las grandes ventajas que aporta a la Iglesia ese estado, que inició Aquella que es llamada por antonomasia la Santísima Virgen.

Ella fue la primera en profesar solemnemente la virginidad, que antes era considerada como ignominiosa entre las mujeres hebreas.

Elevó esta virtud a la más alta cumbre de perfección posible a la criatura.

Fue la suya una virginidad singular y única, asociada por prodigio Divino a la maternidad.

María es honrada con el título de Reina de las Vírgenes, porque el ejemplo y protección de Ella inspiran y proporcionan amor a la virginidad, guardan y conservan esta noble virtud. El ejemplo y la protección de esta Reina son admirablemente fecundos en la Iglesia.

La sabiduría inspirada de la Iglesia muestra al mundo cuán fecunda es la santa virginidad.

¡Oh Virgen Santísima, Reina de los Vírgenes! Te pedimos para todos los fieles nos alcances la gracia de la castidad, conveniente a cada estado de vida y la pureza del alma. Ayúdanos a cuidar nuestros sentidos, nuestro corazón y nuestra mente de todo cuanto pueda mancharnos.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Estrella de la mañana


La Iglesia que va recogiendo en las Letanías las más preciadas flores del pensamiento, de la naturaleza y del simbolismo para coronar a la Santísima Virgen, su Madre y Reina, le muestra su amor, combinando figuras y símbolos que expresan dignidad, elevación, fuerza, esplendor y hermosura singular, todo apropiado a la dulce Reina del Cielo.

Toda aspiración del alma, todo sentimiento, todo afecto del corazón, encuentra su eco en las Letanías.

En esta Invocación, la Iglesia toma por símbolo la Estrella, María no es una estrella común, es la Estrella de la mañana, el astro más brillante del cielo, después del sol. Figura expresiva y noble de María que por su excelsa dignidad de Madre de Dios, es el astro más brillante del cielo, después del Divino Sol de Justicia: Jesucristo.

La estrella de la mañana anuncia el fin de la noche y la luz de la aurora, el principio del día: de la misma manera, la Virgen María anunció al nacer, el fin de la noche y de las tinieblas en la que los hombres de tantos siglos yacían sepultados. Ella es la bellísima aurora que anuncia un día todavía más hermoso en que el Sol divino: Jesucristo, ha de iluminar al mundo.

El largo y paciente trabajo de modelar nuestra vida sobre el ejemplo luminoso de María Santísima requiere el ejercicio de la mente y de la voluntad que deben ser confortados continuamente por la Divina gracia de los sacramentos. La estrella de los hijos, que debe brillar, por así decirlo, en el cielo de la familia, es el ejemplo de los padres, sin el cual para nada ayudarían ni la más cuidada educación ni las más prudentes correcciones.

Para nosotros, los mortales, que navegamos en el mar de la vida, María debe ser siempre la guía que nos conduzca al Puerto Seguro ¡el Corazón de su Divino Hijo!, para alcanzar la felicidad eterna.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

No temamos ser cristianos


Para trabajar por la conservación de la fe es necesario adoptar un lenguaje cristiano, usar el lenguaje de la fe. Cambiad el lenguaje del mundo. Por una culpable tolerancia hemos dejado que Nuestro Señor Jesucristo fuese desterrado de las costumbres, de las leyes, de las formas y conveniencias sociales, y en los salones de los grandes nadie se atrevería a hablar de Jesucristo. Aun entre católicos prácticos, parecería extraño hablar de Jesucristo sacramentado.

Hay tantos -dicen- que no cumplen con la Iglesia ni asisten al sacrificio de la misa, que teme uno molestar a alguno de los contertulios, y tal vez el mismo dueño de la casa se encuentra en este caso. Se hablará del arte religioso, de las verdades morales, de la belleza de la religión; pero de Jesucristo, de la Eucaristía... jamás. Cambiad todo esto; haced profesión de vuestra fe. En fin, es necesario demostrar que Nuestro Señor tiene derecho a vivir y a reinar en el lenguaje social. Es una deshonra para los católicos tener siempre a Jesucristo bajo el celemín, como lo hacen. Es preciso mostrarle en todas partes. El que hace profesión explícita de su fe y el que sin respetos humanos pronuncia reverentemente el Nombre de Jesucristo se coloca en la corriente de su Gracia. ¡Hace falta que todos sepan públicamente cuál es nuestra fe!

Se oye a cada paso proclamar principios ateos; por doquiera se encuentran gentes que se jactan de no creer en nada, y nosotros ¿hemos de temer afirmar nuestras creencias y pronunciar el Nombre de nuestro divino Maestro?

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Jesús manso y humilde de Corazón


En su forma eucarística, Jesús nos enseña a anonadarnos para asemejarnos a Él: la amistad exige la igualdad de vida y de condición; para vivir de la Eucaristía nos es indispensable anonadarnos con Jesús, que en ella se anonada.

Entremos ahora en el Alma de Jesús y en su Sagrado Corazón, y veamos qué sentimientos han animado y animan a este divino Corazón en el Santísimo Sacramento.

Nosotros pertenecemos a Jesús sacramentado. ¿No se da a nosotros para hacernos una misma cosa con Él? Necesitamos que su espíritu informe nuestra vida, que sus lecciones sean escuchadas por nosotros, porque Jesús en la Eucaristía es nuestro Maestro. Él mismo desea enseñarnos a servirle para que lo hagamos a su gusto y según su voluntad, lo cual es muy justo, puesto que Él es nuestro Señor y nosotros sus servidores.

Ahora bien, el Espíritu de Jesús se revela en aquellas palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. El espíritu de Jesús es de humildad y de mansedumbre, humildad y mansedumbre de corazón, es decir, humildad y mansedumbre aceptadas y amadas por imitar a Jesús. Nuestro señor Jesucristo quiere formarnos en estas virtudes y para esto se halla en el Santísimo Sacramento y viene a nosotros. Quiere ser nuestro Maestro y nuestro guía en estas virtudes: sólo Él puede enseñárnoslas y darnos la gracia necesaria para practicarlas.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Memoria del Beato Carlos de Austria

El Beato Carlos de Austria junto a su esposa Zita, Sierva de Dios

La historia del Beato Carlos tiene un atractivo universal. Su fe inspira a hombres y mujeres católicos, esposos y padres, militares, políticos y jefes de estado. Su influencia se extiende más allá de las fronteras de Austria y abraza al mundo con su ejemplo cristiano.

En un mundo donde muchos no creen en Dios, necesitamos la fe del Beato Carlos. Donde hay indiferencia hacia los más necesitados, necesitamos el ejemplo de caridad y limosna del Beato Carlos.

Donde invade el aborto, necesitamos la protección del Beato Carlos hacia toda vida humana. Donde el número de parejas que cohabitan sin la bendición del matrimonio es cada vez mayor, necesitamos el ejemplo de matrimonio cristiano del Beato Carlos y su esposa la Sierva de Dios Zita. Donde el divorcio es desenfrenado y los padres ausentes son muy comunes, necesitamos el amor constante del Beato Carlos por su esposa e hijos.

En países donde los políticos confían en las encuestas para crear sus políticas más que en principios morales y éticos, necesitamos la convicción moral del Beato Carlos. Donde los políticos buscan un cargo para obtener ganancias personales, necesitamos el desinterés del Beato Carlos. Donde los políticos católicos votan en contra de la enseñanza católica y su conciencia, para permanecer en el cargo, necesitamos la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia del Beato Carlos.

Donde hay guerra, luchas, discordias y conflictos, necesitamos el anhelo de paz del Beato Carlos. Donde millones de personas sufren enfermedades, necesitamos el ejemplo del Beato Carlos, quien soportó todas las pruebas y tribulaciones con las palabras: “Hágase tu voluntad”. (Cf. Nathan Cochran, emperorcharles.org)

Oración al Beato Carlos de Austria

Padre Celestial, en la persona del Beato Carlos de Austria, has dado a Tu Iglesia un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una vida espiritual y exigente de manera convincente y valiente. Sus acciones públicas como emperador y rey y sus acciones personales como jefe de familia, estaban firmemente basadas en las enseñanzas de la fe católica. Su amor por la Eucaristía creció en tiempos de prueba y le ayudó a unirse al sacrificio de Cristo a través del sacrificio de su propia vida por su pueblo. El Emperador Carlos honraba a la Madre de Dios y rezó con amor el Rosario durante toda su vida. Fortalécenos mediante su intercesión cuando el desaliento, la debilidad, la soledad, la amargura y la depresión nos preocupan. Que sigamos el ejemplo de tu fiel servidor, y sirvamos desinteresadamente a nuestros hermanos según Tu voluntad. Concédeme alcanzar la gracia (mencione su intención aquí) por su intercesión, si es tu Voluntad, y para mayor gloria de Tu Nombre. Amén

Beato Carlos de Austria, ruega por nosotros.

Don Bosco y Pier Giorgio Frassati

Tumbas de San Juan Bosco y del Beato Pier Giorgio Frassati en Turín

Turín es una ciudad que en el sector religioso-educativo tiene tradiciones insignes y literalmente ejemplares. Presenta figuras selectas de hombres y de jóvenes que, aun habiendo vivido en época distinta a la nuestra, son de una sorprendente actualidad y pueden ofrecer lecciones validísimas al mundo moderno. Entre los muchos nombres que podría citar, elegiré solamente dos. El primero es el de San Juan Bosco, que fue un gran educador de los jóvenes, hasta el punto de que su obra en favor de ellos ha tenido una amplia irradiación no sólo aquí en la región circundante, sino también en Italia y en el mundo. El segundo nombre es el de Pier Giorgio Frassati, que es figura más cercana a nuestro tiempo y nos muestra al vivo lo que realmente significa, para un joven laico, dar una respuesta concreta al “Ven y sígueme”. Basta echar una ojeada, aunque sea rápida, sobre su vida, que se consumó en el arco de apenas 24 años, para entender cuál fue la respuesta que Pier Giorgio supo dar a Jesucristo. El cristianismo es alegría, y quien lo profesa y lo refleja en su propia vida tiene el deber de testimoniar esa alegría, de comunicarla y difundirla en torno a sí. He aquí por qué he citado estas dos, figuras. Don Bosco: he ido de nuevo a visitar su tumba, y me ha, parecido siempre alegre, siempre sonriente. Y Pier Giorgio: era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida porque el período juvenil es siempre también un período de prueba de las fuerzas. (San Juan Pablo II, Discurso en Turín el 13 de abril de 1980)

Esta tarde no puedo menos de señalaros como modelo a un joven de vuestra ciudad, el beato Pier Giorgio Frassati. Su existencia se vio envuelta totalmente por la gracia y por el amor de Dios, y se consumió, con serenidad y alegría, en el servicio apasionado a Cristo y a los hermanos. Joven como vosotros, vivió con gran empeño su formación cristiana y dio su testimonio de fe, sencillo y eficaz. Un muchacho fascinado por la belleza del Evangelio de las Bienaventuranzas, que experimentó toda la alegría de ser amigo de Cristo, de seguirlo, de sentirse de modo vivo parte de la Iglesia. Queridos jóvenes, tened el valor de elegir lo que es esencial en la vida. “Vivir y no ir tirando”, repetía el beato Pier Giorgio. Que María, a la que veneráis en vuestros santuarios marianos, y san Juan Bosco, patrono de la juventud, os ayuden a seguir a Cristo sin cansaros nunca. (Benedicto XVI, Discurso en Turín el 2 de mayo de 2010)

Recordando la Beatificación de Carlos de Austria

Fotografías de la Beatificación de Carlos de Austria


En 1925, se inició el proceso de canonización de Carlos de Austria. En 1949 fue declarado “Siervo de Dios”. El 12 de abril de 2003 el Santo Padre Juan Pablo II promulga el Decreto de sus virtudes heroicas otorgándole el título de “Venerable”. El 21 de diciembre del mismo año, la Congregación para las Causas de los Santos certificó, sobre la base de tres opiniones médicas expertas, que en 1960, se produjo un milagro por intercesión del Venerable Carlos; la curación científicamente inexplicable de una monja polaca residente en Brasil con debilitantes venas varicosas.

El 3 de octubre de 2004 el Papa beatificó en Roma a Carlos de Austria junto a otros cuatro Venerables Siervos de Dios. Estuvieron presentes más de cien descendientes del Beato Carlos, entre ellos, cuatro de sus ocho hijos que hasta el momento estaban vivos: Otto, el mayor, Carlos Luis, Félix, y Rodolfo, el menor de los varones. Un bisnieto del Beato presentó su reliquia en la ceremonia.

En su Discurso a los peregrinos, el Papa dijo: “Carlos de Austria quiso cumplir siempre la voluntad de Dios. La fe fue para él el criterio en su responsabilidad como soberano y padre de familia. Siguiendo su ejemplo, que la fe en Dios marque también la orientación de vuestra vida. Que los nuevos beatos os acompañen en vuestra peregrinación hacia la patria celestial”.

Un testimonio muy significativo sobre la admiración manifestada por San Juan Pablo II hacia el Beato Carlos es el del archiduque Rodolfo, quien relata: “Durante una audiencia privada que el Papa Wojtyla concedió a mi familia y también a mi madre, la emperatriz Zita, habló con gran entusiasmo de mi padre, el emperador Carlos. Y dirigiéndose a mi madre, la llamaba mi emperatriz y cada vez se inclinaba hacia ella. En un cierto momento, dijo: ¿Sabéis por qué en el bautismo fui llamado Carlos (Karol)? Precisamente porque mi padre tenía una gran admiración por el emperador Carlos I, a quien sirvió como soldado”.

Fuente: Cf. beatocarlos.com

El Padre Pío en los altares (V)


El Padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del Sacramento de la Penitencia. Los peregrinos tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio tan importante.

Este santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a considerarlo nuestro único y sumo bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del Padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario. Solía repetir: “Soy un pobre fraile que ora”, convencido de que la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios. Esta característica fundamental de su espiritualidad continúa en los Grupos de oración fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. Además de la oración, el Padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa. Oración y caridad: he aquí una síntesis muy concreta de la enseñanza del Padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 16 de junio de 2002

El Padre Pío en los altares (II)


No menos dolorosas, y humanamente tal vez aún más duras, fueron las pruebas que el Padre Pío tuvo que soportar, por decirlo así, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la obediencia es para él un crisol de purificación, un camino de progresiva identificación con Cristo y un fortalecimiento de la auténtica santidad.

Muchos, encontrándose directa o indirectamente con el Padre Pío, han recuperado la fe, siguiendo su ejemplo. A quienes acudían a él les proponía la santidad, diciéndoles: “Parece que Jesús no tiene otra preocupación que santificar vuestra alma”.

Si la Providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi plantado al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un día, en un momento de gran prueba, el Maestro divino lo consoló, diciéndole que “junto a la cruz se aprende a amar”.

Sí, la cruz de Cristo es la insigne escuela del amor; más aún, el manantial mismo del amor. El amor de este fiel discípulo, purificado por el dolor, atraía los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvación.

Al mismo tiempo, su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 2 de mayo de 1999

El sublime apostolado de la cruz y del sufrimiento

San Josemaría Escrivá junto al Venerable Isidoro Zorzano en su lecho de enfermo

¡Cuántos Hospitales y Orfanatos y Asilos cuentan con Adoradores Nocturnos que son nada menos que los enfermos, las enfermeras y los asilados! Con frecuencia estas almas son oro bruñido, admirables de generosidad en el sacrificio. Todo depende del fervor de los Directores de esos establecimientos de misericordia.

He visto en muchos de ellos maravillas de piedad y de penitencia. Y no es, por cierto, el menor beneficio de este apostolado del Sagrado Corazón en esas casas del dolor, el enseñarles el sublime apostolado de la cruz y del sufrimiento. Esto es: que sepan no sólo arrastrar la cruz de sus enfermedades y penas con resignación, sino que sepan convertirla en gracia y en vida, en precio de salvación para tantos pecadores.

Es preciso enseñar a sufrir y a llorar como apóstoles. Una lágrima vertida con amor y ofrecida al Sagrado Corazón puede convertir uno y muchos pecadores. Que no se pierdan inútilmente tantos dolores físicos, tantas agonías morales... Compremos con ese tesoro, y con la Preciosa Sangre del Cáliz, muchos pobrecitos al borde de un abismo; salvémoslos con nuestra cruz.

Fuente: P. Mateo Crawley, Jesús Rey de Amor

Invoquemos la intercesión de los Santos


Los Santos, que ya poseen a Dios en el cielo, cuidan de nuestra santificación y nos ayudan a adelantar en el ejercicio de la virtud con su poderosa intercesión y los buenos ejemplos que nos dejaron: debemos, pues, venerarlos; son poderosos intercesores: debemos invocarlos; son nuestros modelos: debemos imitarlos.

Debemos venerarlos, y, al venerarlos, veneramos a Dios y a Jesucristo en ellos.

Debemos invocarlos, porque, con su poderosa intercesión nos alcanzarán más fácilmente las gracias de que hemos menester.

Ante todo debemos imitar sus virtudes. Todos ellos trabajaron por copiar en sí los trazos del divino modelo, y todos ellos pueden decirnos con San Pablo: “Sed imitadores míos como yo lo fui de Jesucristo”. A cada cual pediremos especialmente la virtud en que sobresalió, seguros de que tiene gracia especial para alcanzárnosla.

Nuestra devoción, pues, será ante todo hacia los Santos que vivieron en la misma condición de vida que nosotros, que se emplearon en los mismos oficios y practicaron la virtud de que habernos mayor menester. Por otra parte, hemos de tener especial devoción a nuestros santos patronos, considerando como un indicio providencial, del que hemos de aprovecharnos, el hecho de llevar su nombre. Mas, si por razones especiales, la gracia nos inclina hacia éste o el otro santo, cuyas virtudes dicen mejor con las necesidades de nuestra alma, no hay inconveniente alguno en dedicarnos a imitarlos, siempre con el consejo de un sabio director.

Entendida así la devoción a los Santos, es provechosa en extremo: los ejemplos de aquellos que tuvieron las mismas pasiones que nosotros, padecieron las mismas tentaciones, y, con todo ello, favorecidos con las mismas gracias, alcanzaron la victoria, son un poderoso estímulo que aguijoneará nuestra dignidad, y hará que formemos enérgicos propósitos y trabajemos con constancia en ponerlos por obra. Las oraciones de ellos pondrán la última mano en la obra y nos ayudarán a caminar sobre sus huellas.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

Santa Mónica, una madre ejemplar


Mónica trataba de reprimir las inclinaciones torcidas de Agustín y ponerle en condiciones de acercarse más fácilmente a Dios. Ponía sus mejores deseos y cuidados en que su hijo fuese casto, puro y santo. Ojalá que todas las madres cristianas aprendieran de este ejemplo para no desmayar en la obra de bendición que la Providencia les encomendara.

Mónica no cesaba de llorar día y noche y pedir a Dios por la conversión de su hijo. Y en su humildad profunda se recogía en la oración, y la confianza cristiana mitigaba algún tanto su amargo sufrimiento. Nunca perdió la esperanza de ser oída y de salir adelante en su empresa. No en vano la piedad cristiana nos la ha representado como la personificación del llanto y la esfinge augusta del dolor que redime y salva.

Las lágrimas de madre son siempre fecundas en sus propósitos y atraen las misericordias del cielo.

Pocos corazones en el mundo se habrán amado tan intensa y tiernamente como esta madre y este hijo. Por eso la historia y la poesía han identificado sus vidas en una sola epopeya de amor.

La obra de Mónica estaba concluida. Su misión de madre salvadora se ennoblecía al abrazar sobre su pecho al hijo convertido. Dios premió con creces su llanto y sus oraciones. Es imposible que perezca el hijo de tantas lágrimas. La Iglesia y el mundo son deudoras a Santa Mónica de eterna gratitud.

Fuente: Gabriel Riesco, Retorno a San Agustín

San Esteban de Hungría, gobernante y padre ejemplar


Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría. Fue bautizado por San Adalberto y se casó con Gisela, la hermana de San Enrique de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.

El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario.

La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria. El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores.

A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.

La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: “El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras”.

Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más. El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente.

Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.

Fuente: Cf. aciprensa.com

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