Refugio de los pecadores


Este piadoso oficio de María Santísima no se debe entender como contrario a la justicia Divina sino que más bien, Ella cumple de esta manera la amorosa voluntad de Dios, que constituye a nuestra Señora como un refugio para que por su medio brille Su Infinita Misericordia que quiere la conversión de los pecadores.

Jesucristo es nuestro Mediador ante el Padre. Nos dice San Juan: “Os escribo esto para que no pequéis y si alguien peca tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo”, pero además de Él, tenemos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, constituida por Dios medianera entre Él y nosotros pecadores.

Dos gracias principales son necesarias a un pecador para alcanzar la futura felicidad: La conversión o el perdón de los pecados y la perseverancia en el bien.

Ambas gracias nos alcanza María Refugio de los pecadores, si se lo pedimos continuamente y si “hacemos lo que Él nos dice”, como Ella nos lo pide.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Salud de los enfermos


La Santa Iglesia nos propone una Doctora poderosa, sabia y amorosa: La Santísima Virgen María, salud de los enfermos, que nos ayuda y conforta.

En primer lugar consideremos que Ella intercede por nosotros para adquirir la salud del alma y nos ayuda a apartarnos del mal que la destruye.

Si en todo momento de la vida necesitamos la ayuda de Dios y del socorro y protección de María, esta necesidad se hace más sensible y urgente en la enfermedad.

Pidamos a nuestra Amada Madre su auxilio para nosotros y para nuestros familiares y Ella benignamente nos escuchará y nos ayudará.

Una madre vela a su hijo enfermo de día y de noche sin mostrar cansancio; estudia todas las formas de procurarle alivio, ruega y se sacrifica para curar a su hijo. ¿Qué la mueve? la mueve su amor, el amor que Dios puso en el corazón de las madres, y que es un pálido reflejo del amor maternal de María, amor vigilante y solícito cuando sus hijos están afligidos por la enfermedad.

El Evangelio nos dice que muchos enfermos fueron curados prodigiosamente por Jesucristo. Él le ha cedido en el cielo a su Santísima Madre esta virtud, este dominio sobre la naturaleza doliente. Es Ella la que alcanza en el corazón de quien está próximo a morir el perfecto dolor de los pecados, el valor de confesarlos sinceramente, el fervor y el anhelo de recibir el Santísimo Sacramento y también la resignación a la voluntad Divina.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Casa de Oro


María es llamada Casa de Oro, porque sus virtudes y su pureza que tienen un brillo y una perfección deslumbradora, son como una admirable obra hecha de oro purísimo.

Ante todo se llama Casa. El Verbo de Dios, se lee en los Proverbios, erigió para sí mismo como morada, una noble casa; obra admirable de la eterna Sabiduría en el que habitó con su misma Divina Persona. Nuestro Señor en esta santa casa tomó su Carne y su Sangre. Era necesario que esta Casa fuese hecha de Oro, porque había de dar parte de este oro para formar el Cuerpo del Hijo de Dios.

Esta Casa tiene por sólido fundamento, la humildad más profunda, por paredes las más singulares virtudes; por adorno la riqueza de todos los dones de la naturaleza y de la gracia; por techo la Caridad más perfecta hacia Dios y hacia los hombres. Está cimentada sobre siete columnas que indican las Virtudes Teologales y Cardinales y los dones del Espíritu Santo.

María Santísima pasó por el sufrimiento como el oro por el crisol y cuando subió al cielo fue colocada junto al Rey.

Pidamos la intercesión de nuestra Madre Santísima, Casa de Oro, para que nos obtenga el perdón de los pecados y la perseverancia final para nuestra salvación y la de los nuestros. Dios nada le negará.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Virgen Poderosa


Cuando decimos que María Santísima es omnipotente, no la igualamos a Dios, ni decimos que Ella lo sea por sí misma, este poder, del cual Ella está revestida le viene de Dios, le fue comunicado por gracia especial de Dios.

María es poderosa porque su poder se asocia al de su Hijo Jesucristo. Su divina Maternidad es el fundamento principal de su poder.

Es imposible determinar los límites de esta omnipotencia participada.

Existen dos mundos: el mundo de la materia y el mundo sobrenatural de las almas.

Dos órdenes de omnipotencia: La omnipotencia de Dios Creador y la omnipotencia de Dios Redentor y Santificador.

La omnipotencia participada de María brilla principalmente en el universo sobrenatural en el cual Ella ha sido constituida Madre espiritual de los redimidos, cooperadora de Cristo en la redención y en la salvación de las almas. Decimos principalmente, porque también en el orden físico Ella ejerce un gran poder, como lo prueban las numerosas curaciones que concede a sus devotos. Basta recordar los milagros de Lourdes.

El poder de María Santísima tiene por fin cooperar a la obra de la Redención, a la cual están llamados todos los seres humanos sin distinción y, a alcanzar los bienes de los que tienen necesidad.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Madre del Buen Consejo


Son muchos y todos ellos magníficos y gloriosos, los títulos que la Iglesia da a la Madre de Dios, pero es particularmente bello el de Madre del Buen Consejo porque: es la Obra del Eterno Consejo. Fue llena, de manera singular, del Don de Consejo, y debemos recurrir a Ella para obtener este Don.

Obra del Eterno Consejo quiere decir que Dios, desde toda la eternidad, pensó en María y la miró con complacencia; la amó con especial afecto y quiso hacer de Ella la Obra Maestra de su Infinito Poder, Sabiduría y Bondad, puesto que desde toda la eternidad la eligió y predestinó para ser la Madre de su Divino Hijo.

Llena del Don de Consejo, don del Espíritu Santo por el cual somos iluminados para conocer y para escoger siempre entre todas las cosas, aquella que mejor sirve para la Gloria de Dios y para nuestra salvación. De este Don estuvo singularmente llena María Santísima por lo que Ella supera incomparablemente a toda la humanidad.

Debemos recurrir a Ella para obtener este Don y así poder conocer, escoger y hacer siempre lo mejor para Gloria de Dios y bien del alma. Tenemos necesidad del Don de Consejo para defender nuestra Fe, para guardar el gran tesoro de la gracia de Dios, para huir del ambiente anticristiano, de todo el mal que nos rodea.

¡Oh querida Madre! Ruega a tu Divino Hijo que su Espíritu Santo, desarrolle en nuestras almas el Don de Consejo y los otros seis Dones de los que tenemos tanta necesidad. ¡Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros!

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Santa María


Hoy comienza el Mes de María

Debemos aceptar y entender que solo Dios es Santo y que comunica sus grandes Atributos, en diferente medida, a sus criaturas racionales, ante todo, el de la Santidad, por ser el más necesario.

Por esta razón llamamos a Nuestra Señora: Santa María.

Cuando Dios quiso preparar una madre humana para su Hijo, la hizo Inmaculada en su Concepción, la hizo Santa aún antes de que hubiera nacido, antes de que pudiera pensar, hablar, obrar, la preservó del pecado original y de toda mancha. Por esto, difiere de todos los santos. ¡Toda Pura, toda Santa es María!

María es Nombre de ayuda y consuelo. Cuando la invocamos con fe, con devoción y con amor recibimos inmediatamente ayuda, aliento y consuelo. Dice San Bernardo, del santísimo Nombre de Jesús, pero muy bien puede aplicarse al dulce Nombre de María, que este nombre es alimento suave que conforta, es medicina que alivia los dolores y las penas, es miel en la boca, melodía en los oídos, alegría en el corazón.

Procuremos honrar este santo nombre y reparar las ofensas que se hacen a esta Buena Madre. Invoquémosla en todas nuestras necesidades.

El Nombre de Jesús y el Nombre de María, concluye San Bernardo, producen la curación de nuestras miserias y dominan las pasiones violentas. Tengamos estos Nombres en el corazón y en los labios durante la vida y los tendremos en el corazón y en los labios en nuestra última hora, y así seremos auxiliados en aquel momento, pues esos Nombres santamente invocados serán para nosotros prenda de luz, de gracia, de perdón y de seguridad en aquella eternidad feliz que todos esperamos.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Memoria del Beato Carlos de Austria

El Beato Carlos de Austria junto a su esposa Zita, Sierva de Dios

La historia del Beato Carlos tiene un atractivo universal. Su fe inspira a hombres y mujeres católicos, esposos y padres, militares, políticos y jefes de estado. Su influencia se extiende más allá de las fronteras de Austria y abraza al mundo con su ejemplo cristiano.

En un mundo donde muchos no creen en Dios, necesitamos la fe del Beato Carlos. Donde hay indiferencia hacia los más necesitados, necesitamos el ejemplo de caridad y limosna del Beato Carlos.

Donde invade el aborto, necesitamos la protección del Beato Carlos hacia toda vida humana. Donde el número de parejas que cohabitan sin la bendición del matrimonio es cada vez mayor, necesitamos el ejemplo de matrimonio cristiano del Beato Carlos y su esposa la Sierva de Dios Zita. Donde el divorcio es desenfrenado y los padres ausentes son muy comunes, necesitamos el amor constante del Beato Carlos por su esposa e hijos.

En países donde los políticos confían en las encuestas para crear sus políticas más que en principios morales y éticos, necesitamos la convicción moral del Beato Carlos. Donde los políticos buscan un cargo para obtener ganancias personales, necesitamos el desinterés del Beato Carlos. Donde los políticos católicos votan en contra de la enseñanza católica y su conciencia, para permanecer en el cargo, necesitamos la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia del Beato Carlos.

Donde hay guerra, luchas, discordias y conflictos, necesitamos el anhelo de paz del Beato Carlos. Donde millones de personas sufren enfermedades, necesitamos el ejemplo del Beato Carlos, quien soportó todas las pruebas y tribulaciones con las palabras: “Hágase tu voluntad”. (Cf. Nathan Cochran, emperorcharles.org)

Oración al Beato Carlos de Austria

Padre Celestial, en la persona del Beato Carlos de Austria, has dado a Tu Iglesia un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una vida espiritual y exigente de manera convincente y valiente. Sus acciones públicas como emperador y rey y sus acciones personales como jefe de familia, estaban firmemente basadas en las enseñanzas de la fe católica. Su amor por la Eucaristía creció en tiempos de prueba y le ayudó a unirse al sacrificio de Cristo a través del sacrificio de su propia vida por su pueblo. El Emperador Carlos honraba a la Madre de Dios y rezó con amor el Rosario durante toda su vida. Fortalécenos mediante su intercesión cuando el desaliento, la debilidad, la soledad, la amargura y la depresión nos preocupan. Que sigamos el ejemplo de tu fiel servidor, y sirvamos desinteresadamente a nuestros hermanos según Tu voluntad. Concédeme alcanzar la gracia (mencione su intención aquí) por su intercesión, si es tu Voluntad, y para mayor gloria de Tu Nombre. Amén

Beato Carlos de Austria, ruega por nosotros.

Letanías del Beato Carlos de Austria


Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,

ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,

Dios, Espíritu Santo,

Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, ruega por nosotros.

Beato Carlos, dócil al Espíritu Santo,

Beato Carlos, buscador de la voluntad de Dios en todo,

Beato Carlos, ejemplo de profunda vida espiritual,

Beato Carlos, guiado por la Palabra de Dios,

Beato Carlos, ejemplo para aquellos con responsabilidad política,

Beato Carlos, apóstol generoso y valiente del Evangelio,

Beato Carlos, promotor de la justicia y la paz,

Beato Carlos, siervo de Dios y de los hermanos,

Beato Carlos, ejemplo de la vida familiar,

Beato Carlos, esposo y padre devoto,

Beato Carlos, líder contra el espíritu del mal,

Beato Carlos, firme ante la injusticia y la difamación,

Beato Carlos, fiel en todas las pruebas,

Beato Carlos, sereno y paciente en cada dificultad,

Beato Carlos, unido al sacrificio de Cristo,

Beato Carlos, modelo de fe en el sufrimiento,

Beato Carlos, inflamado de amor por la Eucaristía,

Beato Carlos, devoto del Sagrado Corazón de Jesús,

Beato Carlos, amante del Santo Rosario,

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

Oremos. Oh Dios Todopoderoso y Eterno, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, nos hemos reunido para dar gloria a Tu Nombre. Por el amor del Sagrado Corazón de tu Hijo, ayúdanos a nosotros y a todas las naciones en tiempos de necesidad. Acepta nuestras oraciones y sacrificios para extinguir la injusticia. Ayúdanos a seguir el ejemplo de tu siervo, el Beato Carlos de Austria, quien, a pesar del sufrimiento por la injusticia, la difamación y el exilio, se mantuvo fiel y siempre trató de cumplir tu divina voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Fuente: beatocarloinitalia.it

Madre Bondadosísima


San Francisco de Sales escribió: “La Santísima Virgen ha sido siempre la Estrella, el Puerto de refugio de todos los hombres, que han navegado por los mares de este miserable mundo. Los que dirigen su navío mirando a esta divina Estrella, se librarán de estrellarse contra los escollos del pecado”; quienes, por desgracia se apartan de su dirección tutelar, no tienen más puerto seguro, en donde reparar sus averías y sacar provecho de ellas, que el Inmaculado Corazón de la más buena de las Madres.

Madre bondadosísima de Aquel que ha dicho “No son los que están sanos los que tienen necesidad de médico”, y en otra ocasión “Perdonad setenta veces siete”, ¿cuándo podrán nuestras caídas agotar vuestro poder y la ternura de vuestras solicitudes y cuidados? Según dice San Buenaventura, vais a buscar al pecador que todos han rechazado, lo abrazáis, lo reanimáis y le dais calor, y no descansáis hasta que lo habéis curado.

Yo también soy vuestro enfermo, salvadme. Este será mi grito de esperanza todos os días que dure mi destierro. Mientras más me acuerde de mis caídas pasadas, más me acordaré de Vos, que habéis tenido el poder y la bondad de levantarme de ellas; y mayor será mi seguridad de que no me abandonaréis mientras dure mi convalecencia.

Mi agradecimiento por vuestros cuidados, y el deseo de poner de manifiesto vuestro poder, me ayudarán a seguir vuestros consejos. Os amaré, os glorificaré, porque me habéis sacado de lo más profundo. Y al fin en el Cielo, ocupando tímidamente mi sitio, entre el número de quienes os deben su salvación porque en medio de sus miserias pusieron en Vos todas sus esperanzas, seré vuestra gloria, como un enfermo es la gloria del médico que ha salvado de las puertas de la muerte, no una vez, sino muchísimas. Entonces, y éste será el mejor fruto que haya producido la Gracia, mis faltas mismas serán el pedestal de vuestra glorificación y, al mismo tiempo, el trono de las divinas misericordias que quiero cantar eternamente.

Fuente: José Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas

Oración a San Miguel Arcángel


Gloriosísimo Príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires”. Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza, y a tan alto precio rescatados de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor, y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones.

Fuente: Oración compuesta por el Papa León XIII

El Padre Pío en los altares (VI)


“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado estas cosas a los pequeños”.

¡Cuán apropiadas resultan estas palabras de Jesús, cuando te las aplicamos a ti, humilde y amado Padre Pío!

Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la Patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 16 de junio de 2002

Santos Patronos de las embarazadas

San Ramón Nonato, San Gerardo Mayela y Santo Domingo Savio

Oh excelso patrono, San Ramón, a vos, glorioso protector acudo para que bendigáis al hijo que llevo en mi seno. Protegedme a mí y al hijo de mis entrañas ahora y durante el parto. Os prometo educarlo según las leyes y mandamientos de Dios. Escuchad mis oraciones, bendito protector mío, San Ramón, y hacedme madre feliz de este hijo que espero dar a luz por medio de vuestra poderosa intercesión. Amén.

A ti te invocamos, Dios y Padre nuestro, Señor de toda vida, que concediste a San Gerardo, a lo largo de su corta existencia, un especial cuidado por la vida naciente y las mujeres embarazadas. Bendice, por intercesión de san Gerardo, a todas las mujeres que esperan un nuevo nacimiento y a los hijos que llevan en sus entrañas, para que ambos lleguen sanos a un feliz alumbramiento. Y a toda tu Iglesia dale el don de amar, anunciar, defender y ofrecer la vida, como hizo nuestro Redentor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Señor Jesús, por intercesión de Santo Domingo Savio, patrono de las mujeres embarazadas y de los matrimonios que tienen problemas para concebir, te ruego por esta dulce criatura que llevo en mi seno. Tú me has concedido el inmenso don de esta pequeña vida que crece dentro de mí. Humildemente te doy gracias por haberme escogido como instrumento de tu amor. En esta dulce espera, ayúdame a vivir en continuo abandono a tu divina voluntad. Concédeme el corazón de una madre pura, valiente y generosa. Te ofrezco todas mis preocupaciones, miedos y necesidades en favor de este bebé que está por venir. Haz durante la gestación no sufra ningún mal, que se forme en mi interior con toda normalidad, que el parto sea sin problemas y que este bebé pueda nacer sano. Aparta de él todo mal físico y todo peligro para su alma. Y a ti, oh María, que gozaste de las inefables alegrías de una maternidad santa, dame un corazón capaz de transmitir una fe viva y ardiente. Santifica y bendice mi dulce espera, y por medio de tu ayuda y la de tu Divino Hijo, concédeme, por intercesión de Santo Domingo Savio, que en el fruto de mi vientre pueda florecer una vida de virtud y santidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Fuente: Cf. devocionario.com

Invoquemos la intercesión de los Santos


Los Santos, que ya poseen a Dios en el cielo, cuidan de nuestra santificación y nos ayudan a adelantar en el ejercicio de la virtud con su poderosa intercesión y los buenos ejemplos que nos dejaron: debemos, pues, venerarlos; son poderosos intercesores: debemos invocarlos; son nuestros modelos: debemos imitarlos.

Debemos venerarlos, y, al venerarlos, veneramos a Dios y a Jesucristo en ellos.

Debemos invocarlos, porque, con su poderosa intercesión nos alcanzarán más fácilmente las gracias de que hemos menester.

Ante todo debemos imitar sus virtudes. Todos ellos trabajaron por copiar en sí los trazos del divino modelo, y todos ellos pueden decirnos con San Pablo: “Sed imitadores míos como yo lo fui de Jesucristo”. A cada cual pediremos especialmente la virtud en que sobresalió, seguros de que tiene gracia especial para alcanzárnosla.

Nuestra devoción, pues, será ante todo hacia los Santos que vivieron en la misma condición de vida que nosotros, que se emplearon en los mismos oficios y practicaron la virtud de que habernos mayor menester. Por otra parte, hemos de tener especial devoción a nuestros santos patronos, considerando como un indicio providencial, del que hemos de aprovecharnos, el hecho de llevar su nombre. Mas, si por razones especiales, la gracia nos inclina hacia éste o el otro santo, cuyas virtudes dicen mejor con las necesidades de nuestra alma, no hay inconveniente alguno en dedicarnos a imitarlos, siempre con el consejo de un sabio director.

Entendida así la devoción a los Santos, es provechosa en extremo: los ejemplos de aquellos que tuvieron las mismas pasiones que nosotros, padecieron las mismas tentaciones, y, con todo ello, favorecidos con las mismas gracias, alcanzaron la victoria, son un poderoso estímulo que aguijoneará nuestra dignidad, y hará que formemos enérgicos propósitos y trabajemos con constancia en ponerlos por obra. Las oraciones de ellos pondrán la última mano en la obra y nos ayudarán a caminar sobre sus huellas.

Fuente: Adolfo Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística

Oración por los hijos a la Virgen del Perpetuo Socorro


¡Madre mía, socorre a mis hijos! Que esta palabra sea el grito de mi corazón desde la aurora. ¡Oh María! que tu bendición los acompañe, los guarde, los defienda, los anime, los sostenga en todas partes y en todas las cosas.

Cuando postrados ante la presencia del Señor le ofrezcan sus tributos de alabanza y oración, cuando le presenten sus necesidades, o imploren sus divinas misericordias.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se dirijan al trabajo donde el deber los llama, cuando pasen de una ocupación a otra, a cada movimiento que ejecuten, a cada paso que den y a cada nueva acción.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando la prueba venga a ejercitar su debilísima virtud y el cáliz del sufrimiento se muestre antes sus ojos, cuando la Divina Misericordia, quiera instruirlos y purificarlos por el sufrimiento.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando el infierno desencadenado contra ellos se esfuerce en seducirlos con los atractivos del placer, las violencias de las tentaciones y los malos ejemplos. ¡Madre mía socorre y preserva de todo mal a mis hijos!

Cuando se dirijan a buscar el remedio de sus males y la curación de sus heridas en el Tribunal de la reconciliación y de la paz. ¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se acerquen a la Sagrada Mesa para alimentarse con el Pan de los Ángeles, con el Verbo hecho carne por nosotros en tus purísimas entrañas. ¡Madre mía bendice a mis hijos!

Cuando en la noche se dispongan al descanso a fin de continuar con nuevo fervor al día siguiente su camino hacia la Patria eterna. ¡Madre mía bendice a mis hijos!

Que tu bendición, Madre mía, descienda sobre ellos, en el día, en la noche, en el consuelo, en la tristeza, en el trabajo, en el descanso, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte y que esta no sea repentina, y por toda una eternidad. Así sea.

Fuente: es.aleteia.org

Niños Santos e intercesores de la infancia

Niños en peregrinación con las imágenes de los pequeños hermanos Francisco y Jacinta Marto; que se han convertido en los santos “no mártires” más jóvenes en la historia de la Iglesia, luego de haberse comprobado por su intercesión, la curación milagrosa de una grave lesión cerebral que padecía Luca Baptista, un niño brasileño.

“Yo te bendigo, Padre, porque has revelado estas verdades a los pequeños”. La alabanza de Jesús reviste hoy la forma solemne de la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta. Con este rito, la Iglesia quiere poner en el candelero estas dos velas que Dios encendió para iluminar a la humanidad en sus horas sombrías e inquietas. Mis últimas palabras son para los niños. La Virgen tiene mucha necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por los pecados que se cometen; tiene necesidad de vuestras oraciones y sacrificios por los pecadores. Pedid a vuestros padres y educadores que os inscriban a la “escuela” de Nuestra Señora, para que os enseñe a ser como los pastorcitos, que procuraban hacer todo lo que Ella les pedía. Os digo que “se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María, que en años enteros de iniciativas personales, apoyándose sólo en sí mismos” (san Luis María de Montfort). Fue así como los pastorcitos rápidamente alcanzaron la santidad, entregándose con total generosidad a la dirección de tan buena Maestra, alcanzaron en poco tiempo las cumbres de la perfección. Yo te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta. Que el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la humanidad. (Palabras de San Juan Pablo II en la homilía del 13 de mayo de 2000)

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. (Palabras del Papa Francisco en la Misa de la Canonización el 13 de mayo de 2017)

Oración

Santos Francisco y Jacinta, vosotros que, aunque siendo niños fuisteis capaces de ofrecer grandes sacrificios a la Virgen María para la salvación de los pecadores, ayudadnos a no desperdiciar las pequeñas cruces cotidianas sino a transformarlas en ofrendas preciosas y agradables a Dios para la salvación del mundo. Nuestra Señora de Fátima, por intercesión de los Santos Pastorcitos Francisco y Jacinta, proteged y custodiad la inocencia de los niños en su infancia. Haz que ellos encuentren en vuestro Corazón Inmaculado y materno, refugio y protección. Amén.

¡Santos pastorcitos de Fátima, rogad por todos los niños del mundo!

San Esteban de Hungría, gobernante y padre ejemplar


Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría. Fue bautizado por San Adalberto y se casó con Gisela, la hermana de San Enrique de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.

El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario.

La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria. El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores.

A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.

La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: “El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras”.

Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más. El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente.

Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.

Fuente: Cf. aciprensa.com

La Solemnidad de hoy nos impulsa a elevar la mirada al Cielo


La solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, es una ocasión para ascender con María a las alturas del espíritu, donde se respira el aire puro de la vida sobrenatural y se contempla la belleza más auténtica, la de la santidad. La fiesta de hoy nos impulsa a elevar la mirada hacia el Cielo. No un cielo hecho de ideas abstractas, ni tampoco un cielo imaginario creado por el arte, sino el Cielo de la verdadera realidad, que es Dios mismo: Dios es el cielo. Y él es nuestra meta, la meta y la morada eterna, de la que provenimos y a la que tendemos.

Nosotros no alabamos suficientemente a Dios si no alabamos a sus santos, sobre todo a la “Santa” que se convirtió en su morada en la tierra, María. Mirando a la Virgen elevada al Cielo comprendemos mejor que nuestra vida de cada día, aunque marcada por pruebas y dificultades, corre como un río hacia el océano divino, hacia la plenitud de la alegría y de la paz. Comprendemos que nuestro morir no es el final, sino el ingreso en la vida que no conoce la muerte. Nuestro ocaso en el horizonte de este mundo es un resurgir a la aurora del mundo nuevo, del día eterno. Ante el triste espectáculo de tanta falsa alegría y, a la vez, de tanta angustia y dolor que se difunde en el mundo, debemos aprender de Ella a ser signos de esperanza y de consolación.

Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.

Fuente: Benedicto XVI, Homilías de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen

Una antigua devoción

En el siglo XVI El Papa Nicolás V otorgó indulgencia a la devoción por los Catorce Santos Auxiliadores.

Oh Santos Auxiliadores: San Blas, celoso obispo y benefactor de los pobres; San Jorge, valiente Mártir de Cristo; San Acacio, útil abogado en la muerte; San Erasmo, poderoso protector de los oprimidos; San Vito, protector especial de la castidad; San Cristóbal, poderoso intercesor en los peligros; Santa Margarita, valiente campeona de la Fe; San Pantaleón, milagroso ejemplar de caridad; San Ciríaco, terror del Infierno; San Gil, despreciador del mundo; San Eustaquio, ejemplar de la paciencia en la adversidad; San Dionisio, brillante espejo de fe y confianza; Santa Catalina, victoriosa defensora de la Fe y la pureza; Santa Bárbara, poderosa patrona de los moribundos, Rogad por nosotros.

Oh Señor, que a través de la intercesión de San Blas,

nos confirmes en la Esperanza.

Que a través de la intercesión de San Jorge,

nos preserves en la Fe.

Que a través de la intercesión de San Acacio,

nos otorgues una muerte santa.

Que a través de la intercesión de San Erasmo,

enardezcas en nosotros tu Santo Amor.

Que a través de la intercesión de San Vito,

nos enseñes el valor del alma.

Que a través de la intercesión de San Cristóbal,

nos preserves del pecado.

Que a través de la intercesión de Santa Margarita,

nos preserves del Infierno.

Que a través de la intercesión de San Pantaleón,

nos des caridad para nuestro prójimo.

Que a través de la intercesión de San Ciríaco,

nos otorgues la resignación a tu Santa Voluntad.

Que a través de la intercesión de San Gil,

nos otorgues un Juicio piadoso.

Que a través de la intercesión de San Eustaquio,

nos des paciencia en la adversidad.

Que a través de la intercesión de San Dionisio,

nos des tranquilidad de conciencia.

Que a través de la intercesión de Santa Catalina,

acortes nuestro Purgatorio.

Que a través de la intercesión de Santa Bárbara,

nos recibas en el Cielo. Amén.

Fuente: Cf. es.aleteia.org

Oración por los Sacerdotes


¡Oh Jesús!

Te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes,

por tus sacerdotes tibios e infieles,

por tus sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones,

por tus sacerdotes que sufren tentación,

por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación,

por tus jóvenes sacerdotes,

por tus sacerdotes ancianos,

por tus sacerdotes enfermos,

por tus sacerdotes agonizantes,

por los que padecen en el purgatorio.

Pero sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes

que me son más queridos,

al sacerdote que me bautizó,

al que me absolvió de mis pecados,

a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido

y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión,

a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron,

me alentaron y aconsejaron,

a todos los sacerdotes a quienes me liga

una deuda de gratitud.

Oh Jesús, que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas, protege a tus sacerdotes en el refugio de tu Sagrado Corazón. Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros sus labios teñidos con tu Preciosa Sangre. Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio, y no permitas que el espíritu del mundo los contamine. Aumenta el número de tus apóstoles, y que tu santo amor los proteja de todo peligro. Bendice sus trabajos y fatigas y que, como fruto de su apostolado, obtengan la salvación de muchas almas que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

Fuente: Oración que rezaba Santa Teresa de Lisieux

Casados y Santos

Los esposos Martin, (hoy celebramos su memoria litúrgica) canonizados en 2015, y los esposos Beltrame, beatificados en 2001. Los primeros Matrimonios de la Historia de la Iglesia en ser elevados juntos al honor de los altares

“Sí, queridas familias, en la Iglesia ha llegado la hora de la familia. Lo confirma la beatificación del matrimonio Luis Beltrame y María Corsini, que acabamos de celebrar. A su intercesión, unida a la de María Santísima, encomendamos de modo particular el compromiso misionero de las familias cristianas”. (San Juan Pablo II, Ángelus del 21 de octubre de 2001)

Oración a los Beatos Luis y María

Señor Jesús, Tú llamaste a los Beatos Luis y María, esposos y padres según tu Corazón, a vivir día tras día, en el mundo actual, la gracia santificante del sacramento del matrimonio, ayudándose con el amor sincero a recorrer juntos el “camino angosto” pero luminoso de la santidad cristiana. Tú, que imprimes en la familia humana tu divino sello del Amor del Padre, haz que el testimonio luminoso y la intercesión de estos esposos, unida a la de la Virgen Madre y San José, nos obtengan a todas las familias perseverancia en la oración, fortaleza en la tribulación, unión sincera, perdón recíproco, amor fecundo. Por su intercesión sostiene y protege a los jóvenes matrimonios. Hazlos fieles en el amor, y ábrelos al don divino de la vida. Haz que siguiendo su ejemplo, podamos vivir también nosotros fielmente nuestra vocación a la santidad. Amén.

Beatos Luis y María, rogad por nosotros.

“Los santos esposos Luis Martin y Celia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”. (S.S. Francisco, Homilía del 18 de octubre de 2015)

Oración al santo matrimonio Martin

Dios de eterno amor, nos has dado en los santos esposos Luis y Celia Martin un hermoso ejemplo de santidad vivida en el matrimonio. Ambos conservaron su fe y su esperanza en medio de los trabajos y pruebas de la vida, y educaron a sus hijos para que llegaran a ser santos. Te pedimos que su ejemplo sostenga a las familias de hoy en la vida cristiana y nos ayuden a todos a caminar hacia la santidad. Amén.

Santos Luis y Celia, rogad por los matrimonios y las familias del mundo entero.

Santificados en la vida laical- Santa Ana Schäffer


Anna Schäffer nace el 18 de febrero de 1882 en Mindelstetten, Alemania. Aprendió la piedad y el amor de Dios de su madre que le enseñó a ser una buena cristiana. Después de hacer la Primera Comunión, ella se ofreció al Señor, siendo su más caro deseo entrar en una orden de Hermanas misioneras. Su vida fue marcada el 4 de febrero de 1901, estando en un trabajo como empleada, sufrió un accidente en el que sus dos piernas se quemaron con agua hirviendo, quedando ella invalida, aquejada por terribles dolores y postrada en su cama, pero fue desde ahí que inició su labor de apostolado mediante cartas y consejos. Fueron 24 años de sufrimiento, ofreciéndolo siempre al Señor, hasta que falleció el 5 de octubre de 1925, diciendo “Jesús, vivo por ti”.

En la homilía de su beatificación, el 7 de marzo de 1999, Juan Pablo II dijo: “Cuanto más se transformaba su vida en un calvario, tanto más fuerte era en ella la convicción de que la enfermedad y la debilidad podían ser las líneas en las que Dios escribía su Evangelio. Llamaba a su habitación de enferma taller del dolor, para conformarse cada vez más con la cruz de Cristo. Hablaba de tres llaves que Dios le había concedido: La más grande es de hierro y muy pesada, son mis sufrimientos. La segunda es la aguja, y la tercera, la pluma. Con todas estas llaves quiero trabajar día tras día, para poder abrir la puerta del cielo. Entre atroces dolores, Ana Schäffer tomaba conciencia de la responsabilidad que cada cristiano tiene de la santidad de su prójimo. Por eso utilizó su pluma. Su lecho de enferma se ha convertido en la cuna de un apostolado que se ha extendido al mundo entero. Las pocas fuerzas que le quedan las emplea en el bordado”. Fue canonizada por Benedicto XVI el 21 de octubre de 2012. Su fiesta se celebra el 5 de octubre.

Oración

Señor, concédenos a través del ejemplo e intercesión de Santa Ana Schäffer, saber entender que en la oración, en el sacrificio y en la expiación se encuentra el gran medio para encontrar la Salvación eterna y la felicidad en la tierra. Concede la conversión a los pecadores, la unidad a la Iglesia, la paz a las familias, la firmeza y fidelidad a los sacerdotes, la piedad y la pureza a los jóvenes. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santa Ana Schaffer, ruega por nosotros.

Fuente: Cf. es.catholic.net

La Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí


“Nos encontramos ante la imagen de la Inmaculada Concepción, venerada en el santuario de Itatí, fundado en el año 1615, y centro de la honda tradición mariana de esta región. Desde entonces, muchos miles de peregrinos han acudido ante esta imagen para honrar a María; para poner sus intenciones y sus vidas bajo su protección e intercesión.

Hoy queremos acudir también nosotros a la Virgen María, para atestiguar ese mismo amor y esa misma confianza en la que es Madre de Dios y Madre nuestra. Queremos ser buenos hijos que vienen a saludar a su Madre; hijos que se saben necesitados de su protección maternal; hijos que quieren demostrarle sinceramente su afecto”. (Homilía de San Juan Pablo II, en su visita a Corrientes, Argentina el 9 de abril de 1987)

Oración

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, que bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han invocado.

Atiende nuestras necesidades que tu mejor que yo las conoces.

Concédenos un gran amor a tu divino Hijo Jesús y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte.

Amén.

Santificados en la vida laical- San Nunzio Sulprizio

Tapiz de la Canonización de Nunzio Sulprizio

San Nunzio Sulprizio nació en Pescosansonesco, Italia, el 13 de abril de 1817. Tras quedar huérfano a edad temprana, fue confiado al cuidado de su abuela materna. De ella aprendió el arte de la oración y las verdades profundas de la fe. Con nueve años se quedó nuevamente solo. Se hizo cargo de él un tío materno, herrero, brusco de modales y violento. En la herrería, además de los maltratos del tío, comenzaron también los sufrimientos físicos: se enfermó gravemente de osteosarcoma y fue enviado a Nápoles, al Hospital de los Incurables. Un tío paterno lo confió al coronel Félix Wochinger, que se lo llevó consigo y lo cuidó como un verdadero padre. La recuperación duró 21 meses. Sufriendo entre los que sufren, llevaba consuelo y ayuda a los demás. Muy deteriorado y postrado en cama, murió el 5 de mayo de 1836, a los 19 años. La vida de este joven, dedicada totalmente a Dios, estuvo marcada por dos grandes amores: la Eucaristía y la Virgen María. Fue beatificado por Pablo VI el 1 de diciembre de 1963, e inscrito entre los Santos por el Papa Francisco el 14 de octubre de 2018. Su Memoria litúrgica se celebra el 5 de mayo.

Nunzio Sulprizio terminó santamente su vida temporal. En julio de 1859 Pío IX lo declaró Siervo de Dios, en virtud del decreto que introducía el proceso que ahora acaba de terminar, y León XIII, en 1891, declaró heroicas las virtudes del joven, comparando su figura a la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nunzio Sulprizio le dispensó, y por la brevedad con que ambos cerraron el ciclo de su vida en la tierra, distintos en el aspecto histórico y social, los dos jóvenes proporcionan a la Iglesia el gozo y la gloria de una misma virtud: la santidad juvenil. (Palabras de San Pablo VI en la beatificación, 1 de diciembre de 1963)

Oración

Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san Nunzio Sulprizio para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a Ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro Maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

San Nunzio, ruega por nosotros.

Fuente: Cf. causesanti.va

Milagros en Argentina

Nicolás Flores y Camila Brusotti, protagonistas de los admirables milagros del Padre José Gabriel Brochero, presentes en su Canonización el 16 de octubre del 2016

El milagro que llevó a la canonización a Santa Maravillas de Jesús, acaeció el 19 de julio de 1998 en Entre Ríos, cuando Manuel Vilar de 18 meses cayó a una piscina. Tras media hora en el agua, su madre lo recogió y lo llevó a una clínica, donde los médicos no dieron esperanzas. Mientras tanto, su mamá no dejaba de pedir a la Madre Maravillas su intercesión. Al día siguiente, el niño comenzó a recuperarse. Lo hizo totalmente, sin secuelas físicas ni neurológicas.

La recuperación sin justificación médica del niño Nicolás Flores, año 2000, que cuando tenía 11 meses quedó en estado vegetativo tras sufrir un accidente vial en Córdoba, y de la niña Camila Brusotti, de San Juan, en 2013, quien a los 8 años fue brutalmente golpeada por su madre y su padrastro hasta dejarla inconsciente, hicieron posible; el primero, que San José Gabriel Brochero sea proclamado beato, y el segundo le valió la canonización.

Para la Beatificación de María del Tránsito Cabanillas se le atribuyó la curación milagrosa en Salta, del franciscano José Chielli en 1970, quien padecía un aneurisma cerebral incurable, del que se recuperó inexplicablemente luego de elevar sus oraciones a la religiosa.

En 1904 La curación milagrosa en Santa Fe de la Hermana Rosa Vanina, con una colecistitis aguda, con todos los síntomas del shock séptico, lleva a la beatificación a María Antonia de la Paz y Figueroa.

Antonella Cristelli nace en La Plata en el mes de mayo de 1988, con una anomalía llamada mielomeningocele a nivel de la columna lumbar, y transtornos urinarios. Pero se restablece milagrosamente por la intercesión de la Beata Ludovica de Angelis.

El milagro que dio paso a la Beatificación de Ceferino Namuncurá, fue el de Valeria Varela, en Córdoba; quien tenía 24 años cuando le diagnosticaron un cáncer de útero. Después de encomendarse al joven Venerable se curó en forma instantánea, e incluso pudo concebir nuevamente. El hecho, absolutamente inexplicable para la ciencia, ocurrió en el año 2000.

En Buenos Aires, 1995, María Sara Pane, víctima de hepatitis A fulminante, agravada por una diabetes infanto-juvenil; invocada la intercesión de la Hermana Crescencia Pérez sobre una reliquia de la Sierva de Dios, a los cinco días el mal había desaparecido sin que mediara explicación científica.

El 22 de abril de 1997 en Tucumán, Sofía Acosta, sufrió un paro cardio-respiratorio y los médicos aseguraron su muerte, sin embargo, luego de veinte minutos, volvió a la vida por la intercesión de Venerable Catalina de María Rodríguez, por cuyo milagro fué Beatificada.

El milagro reconocido para la Beatificación de Artémides Zatti, en Bahía Blanca, 1980, es la cura de Carlos Bosio, un seminarista que sufría apendicitis que generalizó en septicemia. Luego de una serie de oraciones elevadas al Venerable Zatti, Carlos se sanó y luego se ordenó sacerdote.

Oración para honrar los miércoles a San José


¡Oh patriarca santo! Nuestra salud está en vuestras manos; miradnos propicio tan solamente, y serviremos al Rey de la gloria con alegría y paz.

Acordaos que jamás se ha oído decir que ni uno solo de los que han acudido a vuestra protección haya quedado sin consuelo. Alcanzadnos, pues, de Jesús, vuestro Hijo, y de María Santísima, vuestra esposa, remedio en todas nuestras necesidades.

Son grandísimos los trabajos que nos oprimen. El mundo está ardiendo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo, quieren borrar hasta el nombre cristiano de la tierra, y vos, oh excelso patriarca, que salvasteis un día a Jesús y María de una muerte cierta que les maquinaban sus perseguidores, ahora, en esta hora decisiva, alcáncenos vuestro poderoso auxilio, y haced que, destruidas todas las adversidades y errores, vivamos en paz, muramos en gracia y alcancemos la gloria.

Yo os consagro desde hoy para siempre, mi alma, vida y corazón con todos los obsequios y alabanzas que os han tributado y tributarán los justos de cielo y tierra. Logre con vuestro favor y poderoso patrocinio, santo mío de mi corazón, vivir en justicia, morir en gracia y alcanzar la gloria. Amén.

Fuente: Cf. San Enrique de Ossó, El devoto josefino

La voluntad de Dios es que seamos santos (VIII)

No me digan: no podemos, porque puede darse que no puedan rezar por largo tiempo, arrodillándose con las manos juntas. No sabrían hacer meditaciones bien ordenadas, recitar oraciones estudiadas, bien compuestas y afectuosas según la manera de pensar de ustedes; mas piensen en las máximas eternas, piensen seriamente y digan de corazón al Señor aquello que saben, y no vayan a buscar otras cosas: el Señor mira el corazón, no las palabras.

¿No podrán dar limosnas? recen, compadézcanse, aconséjense, corríjanse. Su estado no les permitirá hacer largas oraciones y rigurosas penitencias, pues hagan sólo aquello que pueden; al menos ofrezcan al Señor sus dificultades, sus fatigas, sus sudores, al menos lleven con paciencia aquellas tribulaciones, aquellas desgracias, aquellas enfermedades, aquellas cruces que Dios les envía, y a Él le serán mucho más agradables que aquellas penitencias que ustedes quisieran hacer.

No pueden predicar y convertir el mundo a la fe; pero pueden dar buen ejemplo; vean que del ejemplo que dan en el vestir, en el hablar, en el conversar y en el actuar no se pueda aprender sino el bien, y entonces harán más bien que el que hacen los mismos predicadores. Si desean hacer algo más y no pueden, lloren en lo secreto de sus corazones, lloren no sólo sus propios pecados sino los pecados de todos los hombres, la desgracia de los herejes, de los incrédulos, de los infieles, de los obstinados.

¡Ah! ¡Mis queridos! ¡Si supieran que la santidad más grande está en el corazón y no en la apariencia de lo que se ve! Díganme con sencillez: ¿la sustancia de nuestra ley, no consiste en amar al prójimo y en amar a Dios? Y el prójimo y Dios ¿no se aman con el corazón? Y hablando especialmente de Dios ¿no es verdad que debemos amarlo con un amor entrañable, con un amor ardiente, con un amor tan grande que supere grandemente la esfera de nuestras acciones? Y he aquí, mis oyentes, el más grande motivo por el cual, no sólo, todos podemos y debemos hacernos santos, sino también por el cual Dios no ha querido poner algún límite a nuestra santidad, diciendo que debemos ser perfectos como Él.

Fuente: San Antonio Gianelli, Homilía “De la obligación de hacernos santos”

Oración por las vocaciones sacerdotales

Jesús, Pastor eterno de las almas, escucha la oración que te dirigimos por los Sacerdotes. Hacia ellos sientes el amor más afectuoso y más delicado de tu Corazón, ese amor profundo en que parecen reunirse todos los lazos íntimos que te unen a las almas.

Mira misericordiosamente a toda esa multitud de almas ignorantes, para las cuales el Sacerdote ha de ser luz; a todos los esclavos del pecado, que buscan a alguien que los libre de los engaños y que los salve en tu Nombre.

Piensa en todos esos niños, en todos esos jóvenes, que buscan un guía capaz de llevarles hasta Ti.

Piensa, Señor, en tantas criaturas que sufren y tienen necesidad de un corazón que las consuele y que las lleve a tu Corazón.

Piensa en todas las almas que podrían llegar a la perfección, si encontrasen en su camino la ayuda de un Sacerdote santo.

Haz que tus Sacerdotes conduzcan hacia Ti a toda esta Humanidad que sucumbe de debilidad, para que toda la tierra se renueve, sea exaltada la Iglesia, y el Reino de tu Divino Corazón quede establecido en la paz.

Oh Virgen Inmaculada Madre del Sacerdote Eterno, que tuviste a Juan, el sacerdote amado de Jesús, como primer hijo adoptivo, y que, en el cenáculo presidiste como Reina la reunión de los Apóstoles, alcanza a la Iglesia de tu Hijo un continuo Pentecostés, incesantemente renovado. Así sea.

Fuente: Oración compuesta por el Cardenal Mercier

La Santa Misa

A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán las Misas que durante tu vida oíste. Cada Misa que oíste te acompañará en el tribunal divino y abogará para que alcances perdón. Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en proporción con el fervor con que la oigas. Con la asistencia devota a la Santa Misa, rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. La Santa Misa bien oída suple tus muchas negligencias y omisiones. Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni siquiera te acuerdas. Por ella pierde también el demonio dominio sobre ti. Ofreces el mayor consuelo a las benditas ánimas del Purgatorio. Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales. Una Misa oída mientras vivas te aprovechará mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de la muerte. Te libras de muchos peligros y desgracias en los cuales quizás caerías sino fuera por la Santa Misa. Acuérdate también de que con ella acortas tu Purgatorio. Con cada Misa aumentarás tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el cielo. Al que oye Misa todos los días, Dios lo librará de una muerte trágica y el Ángel de la guarda tendrá presentes los pasos que dé para ir a la Misa, y Dios se los premiará en su muerte.

Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia. Cuando oímos misa en honor de algún Santo en particular, dando a Dios gracias por los favores concedidos a ese Santo, no podemos menos de granjearnos su protección y especial amor, por el honor, gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue. Todos los días que oigamos Misa, estaría bien que además de las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día.

“La Misa es el don más grande que se puede ofrecer al Señor por las almas, para sacarlas del Purgatorio, librarlas de sus penas y llevarlas a gozar de la gloria” (San Bernardino de Siena)

“El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas del Purgatorio, trabaja en su propio provecho” (San Agustín)

“Por cada Misa celebrada u oídas con devoción, muchas almas salen del Purgatorio, y a las que allí quedan se les disminuyen las penas que padecen. Durante la celebración de la Misa, se suspenden las penas de las almas por quienes ruega y obra el Sacerdote, y especialmente de aquellas por las que ofrece la Misa” (San Gregorio Magno)

Puedes ganar también Indulgencia Plenaria todos los lunes del año ofreciendo la santa Misa y Comunión en sufragio de las benditas almas del Purgatorio. Para los fieles que no pueden oír Misa el lunes vale que la oigan el domingo con esa intención. Se suplica que apliquen todas las indulgencias en sufragio de las Almas del Purgatorio, pues Dios Nuestro Señor, y ellas le recompensaran esta caridad.

La Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario, el Mayor acto de adoración a la Santísima Trinidad. Por eso es obligación oírla todos los domingos y fiestas de guardar.

Fuente: cf.ewtn.com

Santa Protectora de los niños por nacer

Gianna Beretta Molla alimentó una profunda devoción hacia la Virgen. La referencia a la Virgen es recurrente en las cartas a su novio Pietro y en los años sucesivos de su vida, especialmente cuando fue internada para la extirpación del fibroma, sin poner en peligro a la criatura que llevaba en su seno. Fue precisamente María quien la sostuvo en el extremo sacrificio de la muerte, como confirmación de cuanto ella misma solía repetir siempre: “Sin la ayuda de la Virgen, no se va al Paraíso”.

Queridos hermanos, que estos nuevos santos os ayuden a aprovechar su lección de vida evangélica. Seguid sus pasos e imitad, de modo especial, su devoción filial a la Virgen María, para avanzar siempre, en su escuela, por el camino de la santidad. Con este deseo, que acompaño con la oración, os renuevo a todos vosotros y a vuestros seres queridos la bendición apostólica. (San Juan Pablo II, Discurso del 17 de mayo de 2004 con motivo de la canonización).

Oración

Oh Dios, creador y amante del ser viviente, Tú estuviste al lado de Santa Gianna cuando se encontraba frente al dilema de salvar la propia vida o aquella de la criatura que, como don esperado, llevaba en su seno. Confiando sólo en Ti y recordando tu mandamiento de defender la vida, encontró el coraje de cumplir su deber de madre y decir sí a la nueva vida, sacrificando generosamente la propia, coronando una vida cristiana ejemplar. Por intercesión de María Madre de Jesús y bajo el ejemplo de Santa Gianna, dispón a todas las madres para acoger con amor cada vida que nace. Danos la gracia que esperamos y la alegría de inspirarnos en Santa Gianna como modelo de joven, de esposa, de madre y de médico que, bajo el ejemplo de Jesús, se sacrificó a sí misma por la vida del prójimo. Amén.

Sobre la veneración de las reliquias de los santos


Reliquias de la Sierva de Dios Zita y de su esposo, el Beato Carlos de Austria, de quien hoy recordamos el día de su santa muerte, acaecida el 1 de abril de 1922.


Dios nos invita a esta práctica de devoción por los innumerables milagros que obró por medio de las santas reliquias de sus siervos. Lo vemos en los sepulcros de los mártires y de los santos confesores, que son, como dicen los Concilios, fuentes saludables que Jesucristo nos ha dejado, de las que brotan todo tipo de alivio para los enfermos, y donde encontramos el manantial de dulzura que cura las dolencias, disipa las tristezas malignas y las tentaciones, por la virtud de Jesucristo que en ellas radica.

Lo vemos en la traslación de las reliquias de san Esteban, protomártir, y las de otros varios santos, de manera que no podemos dudar que Dios, según su palabra, honra las cenizas y los huesos de sus siervos, que fueron miembros vivos y templos animados por el Espíritu Santo.

Por este mismo principio, encarga a sus mismos ángeles que entierren el cuerpo de santa Catalina, o pone de manifiesto los sagrados cuerpos por medio de luces milagrosas, para que no permanezcan en la oscuridad de un sepulcro común o poco digno, y para que aprendamos a venerarlos para bien de nuestros cuerpos y de nuestras almas.

Si la bondad de Dios nos concede tantos bienes en consideración a los sencillos honores que tributamos a estas reliquias inanimadas, ¿qué gracias no preparará para quienes se hacen imitadores de aquellas nobles almas?

Los santos que están en la gloria desean justamente este honor porque son en el cielo los protectores de los vivos. Es excelente medio para ser socorrido por su intercesión pues, al encontrarse en el estado de la caridad consumada, recompensan generosamente la veneración que les tributamos. Cuando honramos sus reliquias, excitan nuestra devoción con sus oraciones: presentan nuestras oraciones a Dios, y nos invitan a desear ser, como ellos, holocaustos vivos ante la faz del Señor.

De esta veneración debemos obtener especial estima, y tener particulares sentimientos de piedad y de respeto por todas las sagradas reliquias; de manera que todo esto nos cause profunda confianza en la intercesión de los santos, de quienes tenemos la suerte de conservar sus reliquias cerca de nosotros.

Dirijamos nuestros pensamientos hacia el cielo, y que la vista de las sagradas reliquias nos sirva de motivo para incrementar y encender en nosotros el espíritu de martirio, el desprecio del mundo y amor ardiente a Nuestro Señor Jesucristo. Adorad a Dios, que tan admirable es en sus santos.

Fuente: San Juan Bautista de la Salle, Meditaciones

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