La gloria de la Vendée

La Vendee-Capitanes 01 01 Los grandes capitanes católicos vendeanos

El levantamiento de la Vendée, 11 de marzo de 1793, constituyó una respuesta tajante a la feroz ideología ateizante que quería imponer en toda la nación la Revolución francesa. Tratóse de una guerra teológica para restablecer el orden social cristiano, la Cristiandad. De un lado la impiedad, el sacrilegio y las matanzas. Del otro, el testimonio de los mártires, sea de los que caían con las armas en la mano, dispuestos a morir por la causa sagrada, sea de las víctimas inermes.

Una pléyade de jóvenes heroicos se enrolaron en dicha cruzada, tras las huellas de grandes capitanes católicos. Frente a aquella Revolución, que a pesar de presentarse como renovadora había nacido decrépita, los caudillos que encabezaron el levantamiento encarnaban el ideal católico, joven y dinámico.

Jacques Cathelineau "el santo de Anjou" -así lo apodarían-, proclamado Generalísimo de todo el Ejército, ató a la cintura el rosario y puso en sus camisas la insignia del Sagrado Corazón. "Amigos -les recordó-, no olvidemos que estamos luchando por nuestra Santa religión". Se arrodilló, hizo la señal de la cruz y entonó en alta voz el himno litúrgico Vexila Regis prodeunt (las banderas del Rey avanzan).
Maurice d'Elbée, fue llamado el "Pater" de la Vendée. Hizo rezar un Pater noster a sus tropas para que se retractaran de sus deseos de asesinar a sus prisioneros.
Louis de Lescure, "el santo de Poitou" lo llamaban. Antes de morir dijo: "...combatí a favor de Dios; espero en su Misericordia. Voy al cielo con confianza". Encontraron en su cuerpo las marcas de un cilicio.
Charles de Bonchamps. Lo último que exclamó este héroe fue: "Yo me atrevo a contar con la misericordia de Dios. No he combatido por la gloria humana. He servido a mi Dios, a mi Rey, a mi Patria. He sabido perdonar".
Henri de la Roquejaquelein. Con cien de sus mejores caballeros, escoltó al Santísimo Sacramento llevado en procesión a la cabeza de las tropas. En víspera de una batalla, Monsieur Henri, como el más humilde de los fieles, se acercó a recibir la Sagrada Comunión y durante más de dos horas permaneció en oración. Siempre era él quien daba la señal de ataque; trazaba sobre su cuerpo una gran señal de la cruz y se lanzaba hacia adelante.

Fuente: cf. P. Alfredo Sáenz, La Epopeya de la Vendée

Habrá niños santos - Siervo de Dios Ángel Bonetta

Angel Bonetta 01 01

Ángel nace el 18 de septiembre de 1948 en Cigole, Italia, hijo de Francisco y Julia. Es un niño vivaz que apenas es posible mantenerlo bajo control, con travesuras propias de su edad. Estudió en el jardín de infancia de las hermanas Canosianas. Guiado por la ayuda de las hermanas se vuelve más reflexivo y cuidadoso. Presentaba una fuerte inclinación a la oración y al amor a Jesús, y se prepara para recibirlo en la Eucaristía. El 14 de abril de 1955 con tan sólo seis años recibe la primera comunión.

Se convierte en monaguillo, con entusiasmo en el servicio de la Misa todos los domingos; es simpático con sus compañeros, cuidadoso con los demás niños. Jugaba muy bien al fútbol; muy a menudo los compañeros le buscan para arbitrar, ya que tienen plena confianza en él.
Aprovecha su carisma y simpatía para arrastrar a sus compañeros con el fin de involucrarlos en su fuerte dimensión religiosa.

Joven inteligente, completó la escuela primaria, y a los once años entra en un internado en Brescia para continuar sus estudios, pero después de sólo quince días comienza a cojear visiblemente por un dolor agudo en la rodilla. Informaron a toda prisa a su casa; sus padres le ingresaron en el hospital en Brescia para ser examinado: el diagnóstico es cáncer, un sarcoma óseo. Así comenzó un Vía Crucis de dolorosos y largos tratamientos. A pesar de los cuidados intensivos no se logra impedir la amputación de la pierna, efectuada el 2 mayo de 1961. En la larga convalecencia en el hospital se une a los Voluntarios del Sufrimiento; lee la historia de los pastorcitos, Francisco y Jacinta de Fátima, a quien la Virgen María había dirigido la invitación a la penitencia y oración por la conversión de los pecadores; Ángel encuentra en Fátima y en el testimonio de los pastorcitos un modelo a seguir.
Lo que para otros sería un desastre para maldecir, él lo acepta como un don que debe ofrecer, “Señor te ofrezco todo por los pobres pecadores, pero ayúdame tú a no negarte nada”.

Ángel siempre estaba sonriendo, y no se dejó detener por el deterioro de su salud. No se cierra en su dolor; siempre bromeando y en un buen estado de ánimo se mueve con facilidad en las muletas, restando importancia a su malestar, consolando a los pacientes de los distintos departamentos del hospital donde era hospitalizado de vez en cuando, animándoles a tener una tranquila resignación y a fortalecerse espiritualmente a través de la oración.
En agosto de 1961 participó en el retiro celebrado en Re (Novara) por los Voluntarios del Sufrimiento, convirtiéndose en un amigo de todos y un modelo para otros enfermos. El fundador de la Asociación de Voluntarios del Sufrimiento, el Beato Luis Novarese (1914 - 1984), dándose cuenta de su aspiración de entrega total a Jesús Crucificado, en mayo de 1962 lo invitó a tomar una decisión de consagración al Señor. Fue el 21 de septiembre de 1962 con poco menos de catorce años, que hace sus votos de castidad, obediencia y pobreza, en la Asociación de los Silenciosos Operarios de la Cruz. Ese día pudo decir: “Ahora soy verdaderamente todo tuyo, Jesús. Todo tuyo y de la Virgen María para la conversión de los pecadores”.
Para Ángel esa fue la mayor alegría en todos sus años de dolor, pero, veinte días más tarde, el 12 de octubre de 1962, se vio obligado a quedarse en cama, de la cual ya nunca se levantaría debido al imparable avance del tumor. El 27 de enero 1963 se confiesa, recibe el Viático y la unción de los enfermos; cerca de la medianoche invita a orar a los presentes y ora con sus seres queridos alrededor de la cama, y luego se queda dormido. Alrededor de las dos de la mañana se despierta y mirando a la estatua de la Virgen que estaba en la mesa de noche se queda dormido en el Señor. Tenía 14 años. Su causa de beatificación se abrió oficialmente el 19 de mayo de 1998.

Fuente: cf. santiebeati.it

Santidad conyugal - Matrimonio Vanier

Georges y Pauline Vanier 01 01 Siervos de Dios Georges y Pauline Vanier

Nacido en Montreal, Canadá, el 23 de abril de 1888, Georges Vanier estudió en el Loyola College of Montreal y se licenció en Derecho en la sección de Laval University de Montreal. Durante la Primera Guerra Mundial, fue uno de los miembros fundadores del 22° batallón del Cuerpo Expéditionnaire Canadien. Fue condecorado con la Cruz Militar en 1916 y recibió la Orden de Servicio Distinguido. En 1918, durante una ofensiva a Chérisy en Francia, perdió su pierna derecha. Después de una larga convalecencia, regresó a Montreal para practicar su profesión. El 29 de septiembre de 1921, se casó con Pauline Archer, matrimonio que fue bendecido con cinco hijos. La vida de fe de los Vanier se basa en la participación diaria en la Misa y una gran devoción Mariana y Eucarística. Unidos por la espiritualidad de Santa Teresita del Niño Jesús, desean alcanzar el espíritu de la infancia espiritual, aspiran a la perfección, y a través de prolongados momentos de oración buscan unirse a la Voluntad de Dios.

En 1942 Georges fue ascendido a general de división y coloca en su escudo de armas las palabras “Fiat voluntas Dei”: “Hágase la voluntad de Dios”. Tras la liberación de Francia fue nombrado primer embajador de Canadá en Francia, cargo que ocupó hasta 1953.
Georges escribió a su esposa: “Reza para que siempre trabaje para la gloria de Dios en pequeñez y humildad. No es fácil, pero confiamos en el amor misericordioso del Sagrado Corazón de Jesús. Contamos con su ayuda para atravesar todas las dificultades”.

Georges Vanier murió santamente el 5 de marzo de 1967. La viuda Pauline falleció de cáncer intestinal el 23 de marzo de 1991, a solo cinco días de cumplir 93 años. Fue enterrada junto al general Vanier en la Ciudadela de Québec.

Fuente: cf. santiebeati.it

5 consejos prácticos para padres, de los santos Luis y Celia Martin

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1. Consagrad cada niño a Dios desde el nacimiento

Celia tenía la costumbre de consagrar a sus hijos a Dios inmediatamente después de dar a luz, usando la siguiente oración: "Señor, concédeme la gracia de que este niño Te sea consagrado y que nada venga a empañar la pureza de su alma". Quería que todos sus hijos fueran santos, y decía que "ahora" es el mejor momento para empezar.

2. Amad a vuestros hijos con inmenso afecto
Luis y Celia amaban a sus hijas con un gran cariño, se aseguraban de que todas supieran el grandísimo amor que sus padres sentían por ellas. Celina Martin escribió sobre su padre: "Aunque duro consigo mismo, siempre era cariñoso con nosotras. Se desvivía por nosotras. Ningún corazón de madre podía sobrepasar el suyo".

3. No os rindáis si vuestro hijo es difícil
Celia tranquilizaba a su hermano en una carta: "No te intranquilice si descubres que tu pequeña Jeanne manifiesta mal genio. Eso no evitará que madure hasta ser una excelente muchacha más adelante, y que incluso sea tu consuelo. Recuerdo que Paulina, hasta los dos años, era igual, y yo estaba angustiadísima con ella... y ahora es la mejor de todas. Pero debo decirte que tampoco la consentí. Por pequeña que fuera, nunca permití que se saliera con la suya".
Paulina no fue la única en la familia Martin que generó estrés parental. Tanto Teresa como su hermana Leonia mortificaron a su madre. Sin embargo, Celia y Luis no se rindieron y continuaron esforzándose aunque su trabajo pareciera infructífero al principio.

4. Sed un ejemplo de caridad para vuestros hijos
Nuestros hijos imitan todos nuestros actos, para bien y para mal. Luis y Celia hicieron lo posible para servir de modelo a sus hijas con el buen trato. Celina escribió: "En una ocasión acompañé a papá a cobrar la renta de la casa de una inquilina; era en la calle principal de Lisieux. La mujer se negó a pagar y corrió tras él profiriendo insultos. Yo estaba horrorizada, pero él permaneció tranquilo y no pronunció réplica alguna, tampoco se quejó de ella después".
¿Cómo podemos esperar que nuestros hijos sean pacientes y amables con otras personas si primero nosotros mismos no somos ejemplos de ello?

5. Jugad con vuestros hijos
Hoy en día nos tienta la facilidad con la que podemos dejar a los niños delante de una pantalla y a duras penas dedicar tiempo a jugar con ellos. Sin embargo, a veces nuestros hijos necesitan nuestra atención, incluso en el reino de los juegos.
Celina escribió que su madre incluso jugaba con ellas de buena gana, a riesgo de que sus propias labores diarias se alargaran luego hasta medianoche o más. Luis se unía también a los juegos y a menudo elaboraba pequeños juguetes para sus hijas, inventaba juegos y les cantaba canciones.

Fuente: cf. es.aleteia.org

Santidad conyugal - Matrimonio Casesnoves

Manuel y Adela Casesnoves 01 01 Siervos de Dios Manuel y Adela Casesnoves

El Siervo de Dios Manuel Casesnoves nació en Játiva, España, el 30 de junio de 1904. La Sierva de Dios Adela Soldevila nació también en esta ciudad el 5 de mayo de 1906. Manuel y Adela, eran vecinos y amigos, ya que desde niños iban al mismo colegio. Los dos ingresan al Bachiller en el Instituto de Játiva. La amistad entre Manuel y Adela fue creciendo y su amistad desembocó en noviazgo y posterior boda.

“Amar a Dios sobre todas las cosas” fue, desde el día de su boda, el lema de esta nueva familia cristiana, coronada con nueve hijos. Una familia donde el amor a Cristo fue el plato principal de la comida diaria. Cristo es el centro de sus vidas, el invitado principal y el amo de su casa.

En los tiempos difíciles de la persecución religiosa en España (años 1934-1939), el matrimonio sufrió al ver cómo martirizaban a muchos de sus amigos por el mero hecho de ser sacerdotes o seglares católicos. Manuel figuró en la lista de los sospechosos y a punto estuvo de morir como mártir de la fe. Providencialmente la noche en que iban a por el Siervo de Dios, en ese momento farmacéutico, uno de sus trabajadores que se enteró fue al Comité y les dijo sin contemplaciones y bien claro: “Don Manuel y doña Adela hacen mucho por los pobres y por sus trabajadores. Lo que queréis hacer es una barbaridad y estáis cometiendo un gravísimo error, por el que se os pedirá cuenta algún día”.
Le confiscaron la farmacia, desde donde ayudaba a los pobres y necesitados, y también todas sus fincas. Sin embargo, pese a la falta de medios, sacaron adelante la familia con sencillez, entereza y humildad, dando ejemplo de vida cristiana.

Terminada la Guerra Civil, Manuel y Adela tenían una enorme misión por delante: curar heridas, sembrar paz y crear un ambiente religioso por todas partes. Se iniciaba una larga temporada de escasez, no había dinero, los recursos eran muy escasos y resultaba casi imposible lograr lo necesario. El matrimonio ayudó a muchas personas a superar la dura situación de la postguerra y vivieron comprometidos con los distintos movimientos de la Iglesia: Acción Católica, Asociación Católica de Propagandistas, Adoración Nocturna, Cuarenta Horas, Cáritas, Conferencia de San Vicente. A la farmacia acudían todos a pedir medicinas y la caridad de este hombre de Dios era tan abundante que a muchísimas personas que no podían pagar les daba igualmente todo lo que necesitaban.
Manuel falleció el día 24 de mayo de 1958, festividad de María Auxiliadora, a quien él profesaba gran devoción, hasta el punto que todos los meses le rezaba la novena, y Adela el 3 de marzo de 1988.

Fuente: cf. acdp.es

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