Malvinas - Oración a Nuestra Señora

8 de mayo en Malvinas

Oh dulce Virgen María, Madre de Dios y nuestra, Reina de la Argentina, Tú que viste nacer nuestra Patria a la sombra de la Cruz y bajo tu cetro real, y que para custodiar su cuerpo y su alma suscitaste tantos héroes, escucha benigna nuestras súplicas por esta porción de la Patria tan dolida y tan amada: nuestras islas Malvinas.

Te pedimos por los caídos, que en la turba o en el fondo del mar siguen de guardia permanente, esperando el relevo de un puesto que nos pertenece, y que son para cada argentino un ejemplo, un estímulo y un reto.

Por los que volvieron, dejando atrás días de gloria. Que su sola presencia entre nosotros sea un reproche a nuestra comodidad. Que tanto unos como otros, que supieron desposarse con el honor, nos recuerden siempre que tenemos para con ellos un compromiso y un deber, y que aún sigue una deuda pendiente: la victoria final. Que su sangre derramada generosamente no sea estéril, sino que sirva para redimir el alma de la Patria de tantos pecados.

Por todos los argentinos, para que jamás nos avergoncemos de aquellas cosas grandes que nos identifican y nos unen como Nación. Que teniendo por delante el ejemplo de los héroes y aquella gesta que ellos comenzaron un glorioso 2 de abril, no perdamos nunca la esperanza. Hasta que tu manto amoroso, nuestra bandera, vuelva a flamear en Malvinas y la Cruz de Cristo quede clavada en sus entrañas. Amén.

Fuente: Oración a Nuestra Señora de Malvinas

Oración para pedir magnanimidad

Beato Carlos y Emperatriz Zita 03 04 Beato Carlos y Zita

Beato Carlos de Austria, ejemplo de corazón magnánimo

El 21 de octubre se celebra la memoria litúrgica del Beato Carlos de Austria. La fecha fue elegida por ser aniversario de su boda con la princesa Zita. En recuerdo de este hombre de alma grande y generosa ofrecemos la siguiente oración para pedir magnanimidad:

Señor Jesucristo, Tú eres mi Rey. Hazme para contigo un noble corazón caballeresco.
Grande en mi vida: escogiendo lo que se eleva y se dilata, y no lo que se arrastra y languidece.
Grande en mi trabajo: viendo en él no la carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.
Grande en mi sufrimiento: soldado verdadero frente a mi cruz, y verdadero Cireneo para las cruces de los demás.
Grande con el mundo: perdonando sus pequeñeces, sin ceder nada a sus engaños.
Grande con los hombres: leal con todos, más servicial con los humildes y pequeños, llevando con afán hacia Ti a aquellos que me aman.
Grande con mis jefes: viendo en su autoridad la belleza de tu rostro fascinante.
Grande conmigo mismo: jamás encerrado en mí, y apoyándome siempre en Ti.
Grande contigo, oh Señor Jesucristo; feliz de vivir para servirte, feliz de morir para verte.
Así sea.

Fuente: P. Ramiro Sáenz, Solo Dios basta

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