Santa Protectora de los niños por nacer

Gianna Beretta Molla alimentó una profunda devoción hacia la Virgen. La referencia a la Virgen es recurrente en las cartas a su novio Pietro y en los años sucesivos de su vida, especialmente cuando fue internada para la extirpación del fibroma, sin poner en peligro a la criatura que llevaba en su seno. Fue precisamente María quien la sostuvo en el extremo sacrificio de la muerte, como confirmación de cuanto ella misma solía repetir siempre: “Sin la ayuda de la Virgen, no se va al Paraíso”.

Queridos hermanos, que estos nuevos santos os ayuden a aprovechar su lección de vida evangélica. Seguid sus pasos e imitad, de modo especial, su devoción filial a la Virgen María, para avanzar siempre, en su escuela, por el camino de la santidad. Con este deseo, que acompaño con la oración, os renuevo a todos vosotros y a vuestros seres queridos la bendición apostólica. (San Juan Pablo II, Discurso del 17 de mayo de 2004 con motivo de la canonización).

Oración

Oh Dios, creador y amante del ser viviente, Tú estuviste al lado de Santa Gianna cuando se encontraba frente al dilema de salvar la propia vida o aquella de la criatura que, como don esperado, llevaba en su seno. Confiando sólo en Ti y recordando tu mandamiento de defender la vida, encontró el coraje de cumplir su deber de madre y decir sí a la nueva vida, sacrificando generosamente la propia, coronando una vida cristiana ejemplar. Por intercesión de María Madre de Jesús y bajo el ejemplo de Santa Gianna, dispón a todas las madres para acoger con amor cada vida que nace. Danos la gracia que esperamos y la alegría de inspirarnos en Santa Gianna como modelo de joven, de esposa, de madre y de médico que, bajo el ejemplo de Jesús, se sacrificó a sí misma por la vida del prójimo. Amén.

Ataques contra la familia, de ayer y de hoy

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De la película ¡Qué bello es vivir!

Realmente, apenas cabe expresar el cúmulo de males que el divorcio lleva consigo. Debido a él, las alianzas conyugales pierden su estabilidad, se debilita la benevolencia mutua, se ofrecen peligrosos incentivos a la infidelidad, se malogra la asistencia y la educación de los hijos, se da pie a la disolución de la sociedad doméstica, se siembran las semillas de la discordia en las familias, se empequeñece y se deprime la dignidad de las mujeres. Y puesto que, para perder a las familias, nada contribuye tanto como la corrupción de las costumbres, fácilmente se verá cuán enemigo es de la prosperidad de las familias y de las naciones el divorcio, que nace de la depravación moral de los pueblos, y, conforme atestigua la experiencia, abre las puertas y lleva a las más relajadas costumbres de la vida privada y pública. (S.S. León XIII, Encíclica Arcanum Divinae Sapientiaesobre la familia)

Por todos los inventos de la ciencia moderna, se conculca y se pone en ridículo la santidad del matrimonio, mientras los divorcios, los adulterios y los vicios más torpes son ensalzados. Estas doctrinas las inculcan a toda clase de hombres, adultos y jóvenes, siendo a éstos principalmente, como más fáciles de seducir, a quienes ponen peores asechanzas.

Todavía hay que recordar, otro crimen gravísimo con el que se atenta contra la vida de la prole cuando aún está encerrada en el seno materno. Unos consideran esto como cosa lícita. Por lo que atañe a la indicación médica y terapéutica, cuánto Nos mueve a compasión el estado de la madre a quien amenaza, por razón del oficio natural, el peligro de perder la salud y aun la vida; pero ¿qué causa podrá excusar jamás de alguna manera la muerte directamente procurada del inocente? Porque, en realidad, no de otra cosa se trata. Ya se cause tal muerte a la madre, ya a la prole, siempre será contra el precepto de Dios y la voz de la naturaleza, que clama: ¡No matarás!

Es, en efecto, igualmente sagrada la vida de ambos y nunca tendrá poder, ni siquiera la autoridad pública, para destruirla. Son muy de alabar aquellos honrados y expertos médicos que trabajan por defender y conservar la vida, tanto de la madre como de la prole; mientras que, por lo contrario, se mostrarían indignos del ilustre nombre y del honor de médicos quienes procurasen la muerte de una o de la otra, so pretexto de medicinar o movidos por una falsa misericordia.

Finalmente, no es lícito que los que gobiernan los pueblos y promulgan las leyes echen en olvido que es obligación de la autoridad pública defender la vida de los inocentes con leyes y penas adecuadas; y esto, tanto más cuanto menos pueden defenderse aquellos cuya vida se ve atacada y está en peligro, entre los cuales, sin duda alguna, tienen el primer lugar los niños todavía encerrados en el seno materno. Y si los gobernantes no sólo no defienden a esos niños, sino que con sus leyes y ordenanzas les abandonan, o prefieren entregarlos en manos de médicos o de otras personas para que los maten, recuerden que Dios es juez y vengador de la sangre inocente, que desde la tierra clama al cielo. (S.S. Pio XI, Encíclica Casti Connubiisobre el matrimonio cristiano)

«¡Gracias, madres heroicas, por vuestro amor invencible!»

Santa Gianna y las Siervas de Dios Cecilia Perrin Maria Cristina Mocellin y Chiara Corbella 01 01

Foto: Santa Gianna y las Siervas de Dios Cecilia Perrín, María Cristina Mocellin y Chiara Corbella que dieron la vida por su hijo. Haga clic en el siguiente enlace para ver un videoque reseña brevemente sus heroicas vidas: Madres heroicas

El domingo 24 de abril de 1994 en el Año de la Familia, S.S. Juan Pablo II beatificó a Gianna Beretta Molla, hoy Santa.
En la Homilía el Pontífice rindió homenaje a todas las madres valerosas, “que se dedican sin reservas a sus familias, que sufren al dar a luz a los hijos, y que después están dispuestas a afrontar cualquier sacrificio para transmitirles lo mejor que tienen”.

Juan Pablo II señaló que hoy el ambiente es hostil a la maternidad: “los modelos de civilización, promovidos por los medios de comunicación, no favorecen la maternidad, en nombre del progreso y de la modernidad se presentan como superados los valores de la fidelidad, la castidad y el sacrificio, en los que se distinguen gran número de esposas y madres cristianas. A menudo, una mujer decidida a ser coherente con sus principios se siente profundamente sola, sola con su amor, que no puede traicionar y al que debe permanecer fiel. Su principio guía es Cristo. Una mujer que cree en Cristo encuentra un poderoso apoyo precisamente en este amor que soporta todo. Es un amor que le permite pensar que todo lo que hace por un hijo concebido, nacido, adolescente o adulto, lo hace al mismo tiempo por un hijo de Dios ¡Gracias, madres heroicas, por vuestro amor invencible!”.

Luego del rezo del Regina Caeli, en la Plaza de San Pero, el Santo Padre volvió a hablar de la defensa de la vida no nacida, que encomendó a la Virgen, “para que rodee con su cuidado maternal a todo ser humano amenazado en el seno materno. Es especialmente importante en estos tiempos, cuando ante la mujer se acumulan todas las amenazas contra la vida que ella está para traer al mundo”.

La vida que defienden los santos

San Juan Pablo II - Santa Teresa de Calcuta 01 01

“Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles'; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida.
(...) María es la palabra viva de consuelo para la Iglesia en su lucha contra la muerte. Mostrándonos a su Hijo, nos asegura que las fuerzas de la muerte han sido ya derrotadas en El: «Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta»” (SS. Juan Pablo II, Evangelium Vitae)

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?
¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela”. (Santa Teresa de Calcuta)

Apasionado por la vida

Ernesto Cofino 01 01 Siervo de Dios Ernesto Cofiño

Ernesto Cofiño nació el 5 de junio de 1899 en la ciudad de Guatemala, donde también cursó sus primeros estudios. En 1919 inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sorbona (Francia) y los concluyó con honores en 1929. En 1933, contrajo matrimonio con Clemencia Samayoa. Fueron padres de cinco hijos. Se dedicó plenamente al ejercicio de su profesión con un admirable espíritu de servicio que lo llevaba, no solamente a ocuparse de la salud física de sus pacientes, sino a hacer suyos sus problemas personales.
Pionero de la investigación pediátrica en Guatemala, ocupó la Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos (USAC), máxima distinción de ese centro universitario. Movido por un gran sentido sobrenatural y un hondo sentido humano fomentó y defendió el derecho y el amor a la vida, promoviendo la creación de iniciativas y realizando él mismo muchas de ellas, con gran caridad, en beneficio de futuras madres, de huérfanos y de niños de la calle. Además, ofreció soluciones concretas a varios problemas públicos. Fundó asilos y centros asistenciales.

De 1951 a 1955 fue director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional); también dirigió la Sociedad Protectora del Niño (1940-1946) y la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945-1946).
Durante los años en que estuvo al frente de Caritas de Guatemala, organizó la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos económicos. En 1956 pasó a formar parte del Opus Dei. A partir de esa fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la misa y comunión diarias, en la confesión frecuente y en otras prácticas de piedad.

Tenía gran devoción a la Madre de Dios y se convirtió en propagador del rezo diario del Rosario. Dedicó tiempo a estudiar y a mejorar su formación doctrinal-religiosa. Intensificó su apostolado, buscando comunicar su alegría y su generosidad a muchísimas personas. Animó a mucha gente a colaborar -con la oración y con medios económicos- en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina social de la Iglesia.
Colaboró heroicamente con organizaciones dedicadas a la educación y capacitación de campesinos, de obreros, de mujeres de muy escasos recursos y en la formación de la juventud universitaria. Este servicio en favor del prójimo lo siguió realizando con abnegación hasta los 92 años.
Murió de cáncer, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad heroicas, el día 17 de octubre de 1991 en la ciudad de Guatemala.

Oración
Oh Dios Padre, fuente de todo bien, que llenaste de gracias a tu hijo Ernesto, médico, para ser fiel servidor de la vida que en Ti comienza y sólo a Ti pertenece; haz que yo sepa también respetar y promover el don de la vida y cumplir con generosidad mis deberes de cada día, por Amor a Jesucristo y a mis hermanos los hombres. Dígnate glorificar a tu siervo Ernesto y concédeme por su intercesión, el favor que te pido...
Así sea.

Fuente: cf. opusdei.org

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