Evitar las malas lecturas


Si deseáis que os manifieste una cosa que me preocupa mucho, os la diré. Tenedlo bien presente: no leáis nunca libros de cuya excelencia no estéis seguros, sin pedir antes consejo a quien os lo pueda dar con recto criterio. Por caridad, no leáis ningún libro malo, y tampoco aquellos que no son convenientes para vuestra edad o para las circunstancias en que os encontrareis, y que por lo tanto pueden resultar peligrosos para vuestras almas. Entregádselos (si los tenéis) a los Superiores, o destruidlos inmediatamente.

Todo lo que se dice de los libros que atacan las buenas costumbres, se aplica también a los que van contra la religión, contra la Iglesia, contra sus ministros, contra las prácticas de piedad; porque no sólo se trata de preservar las buenas costumbres, sino que principalmente es necesario mantener nuestra fe pura e inmaculada; aquella fe sin la cual, dice San Pablo, es imposible agradar a Dios; que es la vida del hombre justo; aquella fe, en cuyo testimonio vertieron su sangre millares de mártires.

Y aun suponiendo que en libros de tal naturaleza pudieran encontrarse ciertas bellezas literarias, yo os pregunto: “¿Beberías vosotros gustosamente un licor que sabéis estar envenenado, sólo porque se os ofrece en copa de oro?” Indudablemente, no. Tanto más, cuanto que entre nosotros, los católicos, sin necesidad de recurrir a tales obras, pueden hallarse otras innumerables -en cualquier ramo de las ciencias divinas y humanas- aptas para distraernos e instruirnos sin peligro alguno, y por el contrario, con inmenso provecho de nuestras almas.

Fuente: San Juan Bosco, La juventud instruida

A la hora de elegir una película


Es necesario tener presente que a través de la televisión se llevan a cabo procesos de reeducación que entran de lleno en el mundo de los valores que se pretenden vivir en la familia. Claro que vivimos en una sociedad donde los medios son fundamentales e irrenunciables pero no por ello debemos conformarnos con “tragarnos” todo lo que emiten y mucho menos con dejar a nuestros hijos en manos de extraños, aunque se llamen Disney.

Las series, las películas, los concursos están diseñados de tal modo que “enganchen” y junto a los contenidos concretos, el modelo contribuye a generar una ciudadanía a la que se le menoscaba la capacidad crítica, se la sumerge poco a poco en el pensamiento único y se la incorpora al mundo del consumo. Las familias, y en concreto los padres, deben ser conscientes de esta situación de menoscabo de su soberanía familiar y de penetración en su relación familiar de pautas dañinas. Es necesario apelar a la vigilancia y al sentido común con el fin de preservar el don incondicional como necesidad y regla básica del quehacer familiar. (Javier Ros, infofamilialibre.com)

Uno puede ser imprudente con las cosas que no apuntan directamente a la emoción sexual sino a la emocional (como es el caso de muchas películas que sin ser eróticas ni pornográficas, producen cierta tristeza del bien o cierta empatía con el mal, presentados no ya de modo abstracto sino encarnados en personajes que producen una honda “resonancia” afectiva). Señalo esto porque, a veces, no nos damos cuenta del daño que hace a nuestros principios el permitir que se nos inculquen principios falsos endulzados con sentimientos seductores. Ésa es la manteca que nos hace pasar por la garganta seca el pedazo de pan duro de las falsas doctrinas. (P. Miguel Ángel Fuentes, Educar los afectos)

A la hora de ver una película en familia, o de recomendarla, antes hay que asegurarse de su contenido. Respecto a los estrenos de cine o alquiler en DVD o series de TV, pueden encontrar información acerca de la calificación moral, tipo de escenas o diálogos; en esta página católica: almudi.org /listado-películas. O también en imdb.com buscando un título, y luego ir a Parents Guide: View content advisory (Guía para padres: asesoramiento del contenido)

Nuestro trabajo y su alcance apostólico

Amados hermanos míos -la voz de San Pablo-, estad firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor, pues que sabéis que vuestro trabajo no quedará sin recompensa delante de Dios. ¿Veis? Es toda una trama de virtudes la que se pone en juego al desempeñar nuestro oficio, con el propósito de santificarlo: la fortaleza, para perseverar en nuestra labor, a pesar de las naturales dificultades y sin dejarse vencer nunca por el agobio; la templanza, para gastarse sin reservas y para superar la comodidad y el egoísmo; la justicia, para cumplir nuestros deberes con Dios, con la sociedad, con la familia, con los colegas; la prudencia, para saber en cada caso qué es lo que conviene hacer, y lanzarnos a la obra sin dilaciones... Y todo, insisto, por Amor, con el sentido vivo e inmediato de la responsabilidad del fruto de nuestro trabajo y de su alcance apostólico.

Obras son amores, y no buenas razones, reza el refrán popular, y pienso que es innecesario añadir nada más.

Señor, concédenos tu gracia. Ábrenos la puerta del taller de Nazaret, con el fin de que aprendamos a contemplarte a Ti, con tu Madre Santa María, y con el Santo Patriarca José -a quien tanto quiero y venero-, dedicados los tres a una vida de trabajo santo. Se removerán nuestros pobres corazones, te buscaremos y te encontraremos en la labor cotidiana, que Tú deseas que convirtamos en obra de Dios, obra de Amor.

Fuente: San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios

Mostrar más publicaciones ...

Suscríbase al Blog de ARCADEI

 ......
Stacks Image 25