Consejos de Don Bosco para conservar la pureza

Alegoria de la Castidad 01 01

Presentamos un extracto de un sueño contado por Don Bosco a sus alumnos en el año 1884. El Santo contemplaba en sueños un bellísimo jardín, cuando he aquí que aparecen dos hermosas jovencitas y comienzan a dialogar sobre la inocencia, de la que eran figura. Del largo relato de Don Bosco, cuya lectura completa recomendamos, presentamos algunas líneas que hacen referencia a la necesidad de la mortificación para conservar dicha virtud.

Es un gran error el de los jóvenes creer que la penitencia la debe practicar solamente quien ha pecado. La penitencia es también necesaria para conservar la inocencia. Si San Luis no hubiese hecho penitencia, habría caído sin duda en pecado mortal. Esto se debería predicar, inculcar, enseñar continuamente a los jóvenes. ¡Cuánto más numerosos serían los que conservarían la inocencia, mientras que ahora son tan pocos!
Dice San Pablo: “Si vivís según la carne, moriréis; si, en cambio, con el espíritu dais muerte a las acciones de la carne, viviréis”.

Por tanto, mortificación para superar el fastidio que sienten en la oración.
Mortificación de la inteligencia mediante la humildad, obedecer a los superiores y a los reglamentos
Mortificación en decir siempre la verdad, en manifestar los propios defectos y los peligros en los cuales puede uno encontrarse. Entonces recibirá siempre consejo, especialmente del confesor.
Mortificación del corazón, frenando sus movimientos desordenados, amando a todos por amor de Dios y apartándonos resueltamente de aquellos que pretenden mancillar nuestra inocencia.
Mortificación en soportar valientemente y con franqueza las burlas del respeto humano.
Vencerán las mofas malignas pensando en las terribles palabras de Jesús: “El que se avergonzare de Mí y de mis palabras, se avergonzará de él el Hijo del Hombre cuando venga con toda su majestad...”

Mortificación de los ojos, al mirar, al leer, apartándose de toda lectura mala e inoportuna. ¡Un punto esencial!
Mortificación del oído y no escuchar malas conversaciones, palabras hirientes o impías. Se lee en el Eclesiástico: “Rodea con un seto de espinas tus oídos y no escuches la mala lengua.”
Mortificación en el hablar: no dejarse vencer por la curiosidad.
Mortificación del gusto: no comer ni beber demasiado.
Mortificarse, en suma, sufriendo cuanto nos sucede a lo largo del día, el frío, el calor, y no buscar nuestras satisfacciones. Mortificad vuestros miembros terrenos, dice San pablo.
Recordad lo que ha dicho Jesús: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.
El camino del inocente tiene sus pruebas, sus sacrificios, pero recibe fuerza en la Comunión, porque quien comulga frecuentemente tiene la vida eterna, está en Jesús y Jesús en él. Y la Santísima Virgen, a quien tanto ama, es su Madre.

Fuente: cf. Don Bosco, sueño “La inocencia”, relatado por Don Lemoyne en sus Memorias Biográficas de Don Juan Bosco. Traducción de Basilio Bustillo.

Vivir con Jesús en su Corazón

Herman Wijns 01 01 Siervo de Dios Herman Wijns

El Siervo de Dios Herman Wijns nació el 15 de marzo de 1931 en Merksen, Bélgica. De sus padres aprendió a rezar cada día, por la mañana y por la noche, a participar en la Santa Misa los domingos y a querer bien a todos. Creció convirtiéndose en un amigo de Jesús. Un día, al volver a casa después de sus juegos, encontró a su padre rezando a la Virgen con el rosario. -"Quiero rezar también contigo", -le dice.

Apenas tiene cinco años, pero es muy inteligente. Sus padres lo inscriben en una escuela regida por buenos religiosos. Cada trimestre las notas son mejores. En el colegio, Herman se apasiona por todo, pero especialmente en conocer más y mejor al Señor, cultivando una cada vez más estrecha amistad con Él.
Es el primero de la clase, pero está siempre pronto a ayudar a todos. Acepta con gusto los pequeños sacrificios del estudio, de la disciplina, del respeto a los demás.

En su parroquia, en la primavera de 1937 empieza a asistir al catecismo para prepararse a la 1ª Comunión. Tiene sólo seis años pero insiste a sus padres y al párroco: "Quiero prepararme también, quiero recibir este año la Primera Comunión". El 14 de julio de 1937 realiza su gran sueño: recibe a Jesús Eucaristía por vez primera. Desde aquel momento asistirá a Misa cada día, siempre con la Comunión, acompañado de una confesión frecuentísima, de la oración y de un intenso compromiso de vida cristiana.
Por la tarde regresaba rápidamente a la iglesia, para agradecer a Jesús por haberlo recibido en su corazón por la mañana, y prometerle que viviría "con Él en su Corazón".
Un día su padre le pregunta: "¿Qué quieres ser de mayor?" La respuesta no se deja esperar: "Primero aprenderé a servir en la Misa, después me haré sacerdote". Le responde el padre: "Tienes que prepararte siendo cada día mejor, ofreciendo a Dios tus sacrificios".

Mientras tanto llega una gran desgracia a la familia: el señor Wijns pierde el trabajo. Herman, a la salida del colegio, gana un dinerillo haciendo pequeños recados, contento de poder ayudar en casa.
Continúa fiel a su programa: Oración y penitencia. Se levanta prontísimo, a las cinco de la mañana, corre hacia la iglesia, desgrana su primer rosario, asiste a Misa. Después de comer, el segundo rosario; por la noche, el tercero. Y es solo un niño de 9 años. Con una grandísima fe decide resolver él la triste situación. Empieza una novena a la Virgen, después una segunda, y una tercera... hasta veinticinco novenas. En el último día, después de 25 novenas, su papá encuentra trabajo en el Ministerio. Comenta Herman: "¿Veis cómo cuando se persevera en la oración uno consigue todo de Dios?"

El 24 de mayo de 1941 encuentra por la calle un crucifijo, lo lleva a casa, lo limpia, lo besa, lo cuelga en su habitación diciendo: "Tengo que ofrecerle la vida en reparación por los pecados del mundo, por los llamados al sacerdocio." Al atardecer, jugando con sus amigos, cae y queda herido gravemente en una pierna, perdiendo mucha sangre. En el hospital sufre dos intervenciones muy dolorosas. El 26 de mayo, plenamente consciente, se confiesa, recibe a Jesús Eucaristía en el Viático, y la Extremaunción.
Está tranquilo, con una grande alegría en su rostro, como quien va a una fiesta largamente esperada. El sacerdote que lo asistió le oyó murmurar: "In saecula saeculorum. Amen".
"Papá, mamá, voy a Jesús. Me quedaré con él para siempre". Al instante partía para ver a Dios. Su causa de beatificación fue iniciada en su diócesis natal, en Bélgica.

Fuente: cf. santiebeati.it

La espesura de la Cruz

Exaltacion de la Cruz 03 04

Por más misterios y maravillas que han descubierto lo santos doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van hallando en cada seno nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá.

Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos. En los cuales el alma no puede entrar ni llegar a ellos, si, como habemos dicho, no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque, aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.

¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la Cruz!
Que, por eso, san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones,que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender, con todos los santos, qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.

Fuente: San Juan de la Cruz, Cántico espiritual

La fe da a cada sacrificio su valor

Peregrinos de Nuestra Senora de la Cristiandad en Argentina 01 01 Jóvenes en la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad

Extractos de cartas del Beato Pier Giorgio Frassati:

“Como católicos tenemos un amor que sobrepuja a todos los demás, y que, después del que le debemos a Dios, es inmensamente bello, como bella es nuestra religión. Ese amor es la caridad de la que se hiciera abogado San Pablo, que la predicó diariamente a sus fieles: la caridad sin la cual, dice, nada son las demás virtudes. Sólo ella puede ser la finalidad de toda una vida, sólo ella puede cumplir un programa” 06/03/1925

“Mis afectuosos augurios, mejor diré, uno solo, pero creo que es el único que un verdadero amigo puede hacer a un querido amigo, y es que ¡la paz del Señor sea siempre contigo!, pues si posees cada día la paz serás verdaderamente rico” 10/04/1925

“Doy gracias también por las oraciones que son la mejor prueba de amistad, porque es una exquisita prueba de caridad cristiana rezar por el que lo necesita” 23/04/1925

“Cada día que pasa comprendo mejor lo grande que es la gracia de ser católico. ¡Pobres desgraciados los que no tienen fe! Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, sin sostener, en lucha incesante, la verdad no es vivir sino es ir tirando” 27/02/1925
“En el curso de mis luchas interiores, me formulé a menudo estas preguntas: ¿por qué estar tristes…? ¿Por qué renegar contra el sacrificio? ¿Habré perdido acaso la fe…? No, a Dios gracias, mi fe es aún bastante fuerte. Entonces, aseguremos y fortalezcamos esta fe; es el único gozo que puede satisfacernos en este mundo; sólo ella da a cada sacrificio su valor”.
“Hay que agarrarse con fuerza a la fe; ¿qué sería sin ella toda nuestra vida? Nada, pasaría inútilmente. La fe que me dio el Bautismo me dice con voz segura: solo no harás nada, pero si tienes a Dios por centro de todos tus actos, llegarás hasta el final”. 15/01/1925

“Me preguntas si estoy alegre. ¿Cómo no estarlo mientras la fe me de fuerzas? ¡La tristeza debe ser barrida del alma del católico! El dolor no es la tristeza, la más detestable de todas las enfermedades. Esta enfermedad es casi siempre fruto del ateísmo; pero el fin para el cual hemos sido creados nos señala el camino, sembrado, si se quiere, de muchas espinas, pero de ningún modo triste. Es alegre, incluso a través del dolor” 14/09/1925

“Nuestra vida, por ser cristiana, tiene que ser una constante renuncia, un continuo sacrificio, que no pesa si se considera qué son estos pocos años pasados en el dolor en comparación con la eterna felicidad, donde la alegría no tendrá medida ni fin, donde disfrutaremos de una paz que no se puede imaginar”.

Fuente: Beato Pier Giorgio Frassati, cartas

Dónde se encuentra la verdadera alegría

Transfiguracion 05 08

Considera que es tan natural al hombre el amor a todo lo que es placer; es tanta su inclinación al gusto, al contento, a la paz del corazón, que esta inclinación y este amor son como el general resorte que da movimiento a todas las acciones de la vida. ¡Mas ah, y qué grande es su ilusión cuando busca fuera de Dios esta paz, esta quietud, este contento y esta satisfacción! Sólo en servicio de tan buen amo se encuentran todas esas utilidades.
Estar con Jesús, dice el autor del libro de la imitación de Cristo, es dulce paraíso; pero estar sin Jesús, aunque seas el hombre más feliz del mundo, es un infierno. Asombroso es que, después de tan largas y tan funestas experiencias como los hombres han hecho de esta verdad, todavía no reconozcan su error, descubriendo el vacío y la iniquidad de las falsas alegrías de este mundo. Experimentan toda su amargura; palpan su inestabilidad, y con todo eso, sólo suspiran por ellas.

Si domina la pasión del contento y del consuelo, ¿a qué fin buscarle donde no se halla, y huir de aquella condición donde únicamente se encuentra, que es la de los que sirven a Dios de veras y con fervor? ¿A qué fin arrastrar toda la vida en una mediocridad de virtud, en la cual nunca se gustan las dulzuras de la vida verdaderamente espiritual? La gloria de la majestad de Cristo sólo se descubre en la elevación del monte; en el fondo de la soledad, en lo más silencioso del retiro se dejan percibir los consuelos celestiales.
Por eso el Señor se escogió la cumbre de un monte solitario para la Transfiguración. ¿Por qué no se obraría este dulcísimo misterio sino a la vista de solos tres discípulos? Porque siempre es corto el número de las almas fervorosas. Seamos de este corto número y seremos favorecidos.

Bueno será que nos quedemos aquí, exclama San Pedro. Cuando Dios se comunica a un alma pura, fácilmente se olvidan todos los bienes creados. Los más exquisitos gustos de la tierra parecen insípidos a quien gusta una vez los consuelos espirituales, que son como una prueba de los gozos de la gloria. Luego que Dios se deja sentir en el alma, ninguna fuerza hacen ni esos honores imaginarios, ni esas distinciones pueriles, ni esas quiméricas fortunas con que el mundo apacienta a sus parciales.
Aquella paz interior, que excede todo cuanto se puede imaginar; aquella inexplicable alegría, que es el fruto de los más duros trabajos; aquella alegría pura sin mezcla de tristeza; aquella alegría permanente, que no se acaba cuando se acaba una fiesta pública; aquella alegría constante, sin peligro de producir efecto alguno enfadoso; todo esto sólo se reserva para los buenos.
Compara todas estas ventajas con la turbación y la tiranía de las pasiones; con aquellas inquietudes y con aquellos enfados, que son como la herencia de las almas cobardes, de las almas tibias, y descubrirás el verdadero origen de todos tus disgustos y de todas tus sequedades.

Conozco, Dios mío, que mi infidelidad y mi tibieza me han privado hasta aquí de aquellas señaladas gracias que sólo se reservan para los fervorosos. No os pido, Señor, esos favores extraordinarios que hacen tan fácil y tan dulce la virtud; sólo os pido, por los méritos de mi Señor Jesucristo, me deis gracia para salir de este infeliz estado de tibieza, que me ha hecho tan pesado tu suavísimo yugo. Concededme aquel fervor con que se os debe servir, y la merced de que os sirva de hoy en adelante con la mayor fidelidad.

Fuente: J. Croisset, sj, Año cristiano

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