{"id":162,"date":"2022-01-30T07:30:00","date_gmt":"2022-01-30T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=162"},"modified":"2022-01-18T18:49:45","modified_gmt":"2022-01-18T21:49:45","slug":"cuarto-domingo-despues-de-epifania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/cuarto-domingo-despues-de-epifania\/","title":{"rendered":"Cuarto Domingo despu\u00e9s de Epifan\u00eda"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/bl-Misa-Tridentina-60.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"313\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/bl-Misa-Tridentina-60.jpg?resize=500%2C313&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-163\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/bl-Misa-Tridentina-60.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/bl-Misa-Tridentina-60.jpg?resize=300%2C188&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/bl-Misa-Tridentina-60.jpg?resize=479%2C300&amp;ssl=1 479w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Oraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Oh Dios, que sabes que, a causa de la flaqueza humana, no podemos subsistir entre tantos peligros como nos rodean: danos la salud del alma y del cuerpo; para que, con tu ayuda, venzamos lo que padecemos por nuestros pecados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ep\u00edstola<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol San Pablo, a los Romanos (XIII, 8-10)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hermanos: No deb\u00e1is nada a nadie, sino es el amaros mutuamente; pues, el que ama al pr\u00f3jimo, cumple la Ley. Porque: No adulterar\u00e1s, no matar\u00e1s, no robar\u00e1s, no levantar\u00e1s falso testimonio, no codiciar\u00e1s, y todo otro cualquier mandamiento se encierra en esta sola palabra: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. El amor del pr\u00f3jimo no obra el mal. Por eso, la plenitud de la Ley es el amor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No deja la Santa Iglesia de exhortar a los fieles, por boca del Ap\u00f3stol a la pr\u00e1ctica de la caridad mutua, en este tiempo en que el mismo Hijo de Dios ha dado tan manifiestas pruebas de su amor para con los hombres, tomando su propia naturaleza. El Emmanuel viene a nosotros como Legislador; ahora bien, toda su ley la ha resumido en el amor; ha venido a unir lo que el pecado hab\u00eda desunido. Sintamos como \u00c9l, y cumplamos de coraz\u00f3n la ley que nos impone.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><strong>Evangelio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuaci\u00f3n del santo Evangelio seg\u00fan San Mateo (VIII, 23-27)<\/p>\n\n\n\n<p><em>En aquel tiempo, subiendo Jes\u00fas a la barca, le siguieron sus disc\u00edpulos. Y he aqu\u00ed que un gran movimiento se apoder\u00f3 del mar; tanto, que la barquilla era cubierta por las olas. \u00c9l, sin embargo, dorm\u00eda. Y se acercaron a \u00c9l sus disc\u00edpulos, y le despertaron, diciendo: Se\u00f1or, s\u00e1lvanos, que perecemos. Y les dijo Jes\u00fas: \u00bfPor qu\u00e9 tem\u00e9is, hombres de poca fe? Levant\u00e1ndose entonces, imper\u00f3 a los vientos y al mar, y se hizo una gran tranquilidad. Y los hombres se admiraron diciendo: \u00bfQui\u00e9n es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Adoremos el poder del Emmanuel que ha venido a calmar la tempestad en la que iba a perecer el g\u00e9nero humano. Todas las generaciones hab\u00edan clamado a \u00c9l en su angustia, gritando:&nbsp;<em>\u00a1S\u00e1lvanos, Se\u00f1or; que perecemos!&nbsp;<\/em>Cuando&nbsp;<em>lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos<\/em>, sali\u00f3 \u00c9l de su quietud, y no tuvo m\u00e1s que mandar, para aniquilar la fuerza de nuestros enemigos. La malicia de los demonios, las tinieblas de la idolatr\u00eda, la corrupci\u00f3n pagana, todo cedi\u00f3 ante su presencia. Unos tras otros se fueron convirtiendo a \u00c9l todos los pueblos: desde el fondo de su ceguera y de sus miserias, dijeron: \u00bfQui\u00e9n es ese ante quien ninguna fuerza resiste? Y abrazaron su ley. Con frecuencia aparece en los Anales de la Iglesia, esa fortaleza del Emmanuel que hace desaparecer los obst\u00e1culos, aun en momentos en que los hombres se alarman por su aparente tranquilidad. \u00a1Cu\u00e1ntas veces escogi\u00f3, para salvarlo todo, el momento en que los hombres lo cre\u00edan todo perdido! Lo mismo ocurre en la vida del cristiano. A veces nos perturban las tentaciones, se dir\u00eda que quieren anegarnos las olas y a pesar de todo, nuestra voluntad permanece unida fuertemente a Dios. Es que Jes\u00fas duerme en el fondo de nuestra barquilla, y nos protege con su sue\u00f1o. Cuando le despiertan nuestras s\u00faplicas, es ya para proclamar su triunfo y el nuestro, porque para entonces ha vencido y nosotros con \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Oraci\u00f3n Oh Dios, que sabes que, a causa de la flaqueza humana, no podemos subsistir entre tantos peligros como nos rodean: danos la salud del alma y del cuerpo; para que, con tu ayuda, venzamos &hellip; <a href=\"https:\/\/arcadei.org\/blog\/cuarto-domingo-despues-de-epifania\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[79,86,65,20,103,42,102,104,81,52,53],"class_list":["post-162","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-caridad","tag-confianza-en-dios","tag-evangelio","tag-liturgia","tag-mandamientos","tag-meditacion","tag-n-s-jesucristo","tag-oracion","tag-presencia-de-dios","tag-sagrada-escritura","tag-union-con-dios"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pg77Cv-2C","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=162"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":164,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162\/revisions\/164"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=162"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}