{"id":266,"date":"2022-02-27T07:30:00","date_gmt":"2022-02-27T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=266"},"modified":"2022-02-18T19:51:33","modified_gmt":"2022-02-18T22:51:33","slug":"domingo-de-quincuagesima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/domingo-de-quincuagesima\/","title":{"rendered":"Domingo de Quincuag\u00e9sima"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\" id=\"publicado-por-servus-cordis-iesu\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Misa-Tridentina-69.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"333\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Misa-Tridentina-69.jpg?resize=500%2C333&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-267\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Misa-Tridentina-69.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Misa-Tridentina-69.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Misa-Tridentina-69.jpg?resize=450%2C300&amp;ssl=1 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Suplic\u00e1moste, Se\u00f1or, escuches clemente nuestros ruegos: y, libres de los lazos de los pecados, defi\u00e9ndenos de toda adversidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol S. Pablo a los Corintios<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hermanos: Si hablara las lenguas de los hombres y de los \u00c1ngeles, pero no tuviera caridad, ser\u00eda como un bronce sonoro, o como una campana que reti\u00f1e. Y si tuviera el don de profec\u00eda, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y si tuviera tal fe, que trasladara los montes, pero no tuviera caridad, no ser\u00eda nada. Y si distribuyera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo, para ser quemado, pero no tuviera caridad, de nada me servir\u00eda. La caridad es paciente, es benigna: la caridad no es ambiciosa, no busca sus cosas, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la iniquidad, sino que goza con la verdad: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. La caridad no desaparece nunca, aunque pasen las profec\u00edas, aunque cesen las lenguas, aunque se destruya la ciencia. Porque ahora conocemos s\u00f3lo en parte, y en parte profetizamos; mas, cuando llegue lo perfecto, desaparecer\u00e1 lo parcial. Cuando era ni\u00f1o, hablaba como ni\u00f1o, juzgaba como ni\u00f1o, pensaba como ni\u00f1o. Mas, cuando me hice hombre, abandon\u00e9 las cosas de ni\u00f1o. Ahora vemos por espejo, en obscuridad; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conocer\u00e9 como soy conocido. Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad: la mayor de ellas es la caridad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-social-links aligncenter is-layout-flex wp-block-social-links-is-layout-flex\">\n\n\n\n\n\n<\/ul>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>La Iglesia nos manda leamos hoy el estupendo paneg\u00edrico de la caridad escrito por S. Pablo. Esta virtud, que en s\u00ed encierra el amor de Dios y del pr\u00f3jimo, es la luz de nuestras almas; si \u00e9stas carecen de ella, viven en tinieblas y cuanto hagan es est\u00e9ril. El poder mismo de hacer milagros no es capaz de asegurar la salvaci\u00f3n a quien no tiene Caridad; sin ella, las obras m\u00e1s heroicas en apariencia, no son m\u00e1s que un lazo m\u00e1s. Pidamos al Se\u00f1or esta divina luz; por mucho que aqu\u00ed nos lo conceda en su bondad, nos la guarda sin medida en la eternidad. El d\u00eda m\u00e1s espl\u00e9ndido de que podemos gozar en este mundo, es tiniebla espesa comparado con los resplandores eternos. La fe se eclipsar\u00e1 ante la realidad contemplada para siempre; la esperanza no tendr\u00e1 raz\u00f3n de ser en cuanto entremos en posesi\u00f3n de lo esperado. S\u00f3lo el amor reinar\u00e1 y tal es el motivo de su preeminencia sobre las otras dos virtudes teologales. Continuaci\u00f3n del santo Evangelio seg\u00fan S. Lucas<\/p>\n\n\n\n<p><em>En aquel tiempo tom\u00f3 Jes\u00fas a los Doce, y les dijo: He aqu\u00ed que subimos a Jerusal\u00e9n, y se cumplir\u00e1n todas las cosas que han sido escritas por los Profetas acerca del Hijo del hombre. Porque ser\u00e1 entregado a los gentiles, y escarnecido, y flagelado, y escupido: y, despu\u00e9s de flagelarle, le matar\u00e1n, y al tercer d\u00eda resucitar\u00e1. Y ellos no entendieron nada de esto, y estas palabras fueron para ellos un enigma, y no comprend\u00edan lo que se les dec\u00eda. Y sucedi\u00f3 que, al acercarse a Jeric\u00f3, estaba un ciego sentado junto al camino, mendigando. Y, cuando oy\u00f3 a la turba que pasaba, pregunt\u00f3 qu\u00e9 era aquello. Y le dijeron que pasaba Jes\u00fas el Nazareno. Y clam\u00f3, diciendo: Jes\u00fas, Hijo de David, ten piedad de m\u00ed. Y los que iban delante, le increpaban para que callase. Pero \u00e9l gritaba con m\u00e1s fuerza: Hijo de David, ten piedad de m\u00ed. Y, par\u00e1ndose Jes\u00fas, mand\u00f3 que se lo trajesen. Y, habi\u00e9ndose acercado, le interrog\u00f3, diciendo: \u00bfQu\u00e9 quieres que te haga? Y \u00e9l dijo: Se\u00f1or, que vea. Y Jes\u00fas le dijo: V\u00e9; tu fe te ha salvado. Y al punto vio; y le sigui\u00f3, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alab\u00f3 a Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El paso del Evangelio contiene la predicci\u00f3n hecha por el Salvador a sus Ap\u00f3stoles de la pasi\u00f3n que bien pronto iba a sufrir en Jerusal\u00e9n. Tan solemne anuncio es el preludio de las l\u00fagubres escenas de Semana Santa; recibamos dicha nueva con viva emoci\u00f3n y agradecimiento sincero de nuestros corazones, y los decida a ponerse a la disposici\u00f3n de Dios como estuvo el coraz\u00f3n de Abrah\u00e1n. Los liturgistas antiguos han se\u00f1alado en la curaci\u00f3n del ciego de Jeric\u00f3, un s\u00edmbolo de la ceguera de los pecadores; recobr\u00f3 la vista el ciego, porque reconoci\u00f3 su mal, y deseaba ver; id\u00e9ntico deseo anhela la Iglesia de nosotros; manifest\u00e9moslo y seremos satisfechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Suplic\u00e1moste, Se\u00f1or, escuches clemente nuestros ruegos: y, libres de los lazos de los pecados, defi\u00e9ndenos de toda adversidad. Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol S. 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