{"id":275,"date":"2022-03-02T07:30:00","date_gmt":"2022-03-02T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=275"},"modified":"2022-02-19T09:41:05","modified_gmt":"2022-02-19T12:41:05","slug":"miercoles-de-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/miercoles-de-ceniza\/","title":{"rendered":"Mi\u00e9rcoles de Ceniza"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\" id=\"publicado-por-servus-cordis-iesu\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Miercoles-de-Ceniza-05.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"334\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Miercoles-de-Ceniza-05.jpg?resize=500%2C334&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-276\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Miercoles-de-Ceniza-05.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Miercoles-de-Ceniza-05.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Miercoles-de-Ceniza-05.jpg?resize=449%2C300&amp;ssl=1 449w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Ya de madrugada ha resonado a nuestros o\u00eddos la trompeta sagrada de que nos habla el Profeta. Anuncia la solemne apertura del ayuno cuaresmal, el tiempo de expiaci\u00f3n, la proximidad m\u00e1s inminente de los grandes aniversarios de nuestra Redenci\u00f3n. \u00a1Arriba, pues, cristianos, prepar\u00e9monos a combatir las batallas del Se\u00f1or!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Armadura espiritual.&nbsp;<\/strong>En esta lucha, empero, del esp\u00edritu contra la carne, hemos de estar armados, y he aqu\u00ed que la Iglesia nos convoca en sus templos para adiestrarnos en los ejercicios, en la esgrima de la milicia espiritual. San Pablo nos ha dado ya a conocer al pormenor las partes de nuestra defensa: \u201cCe\u00f1idos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la justicia, y calzados los pies prontos para anunciar el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe y la esperanza de salvaros por yelmo que proteja la cabeza\u201d. El Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles viene por su parte a decirnos: \u201cCristo padeci\u00f3 en la carne, arm\u00e1os tambi\u00e9n vosotros del mismo pensamiento\u201d. La Iglesia nos recuerda hoy estas ense\u00f1anzas apost\u00f3licas, pero a\u00f1ade por su parte otra no menos elocuente, haci\u00e9ndonos subir hasta el d\u00eda de la prevaricaci\u00f3n, que hizo necesarios los combates a que nos vamos a entregar, las expiaciones que hemos de pasar.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-social-links aligncenter is-layout-flex wp-block-social-links-is-layout-flex\">\n\n\n\n\n\n<\/ul>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><strong>Enemigos con quienes hemos de luchar.&nbsp;<\/strong>Dos clases de enemigos se nos enfrentan decididos: las pasiones en nuestro coraz\u00f3n y los demonios por de fuera. El orgullo ha acarreado este desorden. El hombre se neg\u00f3 a obedecer a Dios. Dios le ha perdonado, con la dura condici\u00f3n de que ha de morir. Le dijo, pues: \u201cPolvo eres, hombre, y en polvo te volver\u00e1s\u201d. \u00a1Ay! \u00bfc\u00f3mo olvidamos este saludable aviso? Hubiera bastado s\u00f3lo \u00e9l para fortalecernos contra nosotros mismos persuadidos de nuestra nada, no nos hubi\u00e9ramos atrevido a quebrantar la ley de Dios. Si ahora queremos perseverar en el bien, en que la gracia de Dios nos restableci\u00f3, humill\u00e9monos, aceptemos la sentencia y consideremos la vida como sendero m\u00e1s o menos corto que acaba en la tumba. Con esta perspectiva, se renueva todo, todo se explica. La bondad inmensa de Dios que se dign\u00f3 amar a seres condenados a la muerte se nos presenta todav\u00eda m\u00e1s admirable; nuestra insolencia y nuestra ingratitud contra quien desafiamos en los breves instantes de nuestra existencia nos parece cada vez m\u00e1s sentida, y la reparaci\u00f3n que podemos hacer y que Dios se digna aceptar, m\u00e1s puesta en raz\u00f3n y salut\u00edfera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Imposici\u00f3n de la Ceniza.&nbsp;<\/strong>Este es el motivo que decidi\u00f3 a la Iglesia, cuando juzg\u00f3 oportuno anticipar de cuatro d\u00edas el ayuno cuaresmal, a iniciar este santo tiempo, se\u00f1alando con ceniza la frente culpable de sus hijos y repitiendo a cada uno las palabras del Se\u00f1or que nos condenan a muerte. El uso, sin embargo, como signo de humillaci\u00f3n y penitencia, es muy anterior a la presente instituci\u00f3n y la vemos practicada en la antigua alianza. Job mismo, en el seno de la gentilidad, cubr\u00eda de ceniza su carne herida por la mano de Dios, e imploraba de este modo su misericordia. M\u00e1s tarde el salmista en la contrici\u00f3n viva de su coraz\u00f3n, mezclaba ceniza con el pan que com\u00eda y an\u00e1logos ejemplos abundan en los Libros hist\u00f3ricos y en los Profetas del Antiguo Testamento. Y es que vivamente sent\u00edan entonces ya la relaci\u00f3n que hay entre ese polvo de un ser materialmente quemado y el hombre pecador, cuyo cuerpo ha de ser reducido a polvo al fuego de la divina justicia. Para salvar por de pronto al alma, acud\u00eda el pecador a la ceniza y reconociendo su triste fraternidad con ella, se sent\u00eda m\u00e1s a resguardo de la c\u00f3lera de Aquel que resiste a los soberbios y tiene a gala perdonar a los humildes.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Ya de madrugada ha resonado a nuestros o\u00eddos la trompeta sagrada de que nos habla el Profeta. 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