{"id":297,"date":"2022-03-09T07:30:00","date_gmt":"2022-03-09T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=297"},"modified":"2022-02-27T19:05:43","modified_gmt":"2022-02-27T22:05:43","slug":"santa-francisca-viuda-romana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/santa-francisca-viuda-romana\/","title":{"rendered":"Santa Francisca, Viuda romana"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Santa-Francisca-Romana-04.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"333\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Santa-Francisca-Romana-04.jpg?resize=333%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-298\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Santa-Francisca-Romana-04.jpg?w=333&amp;ssl=1 333w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/bl-Santa-Francisca-Romana-04.jpg?resize=200%2C300&amp;ssl=1 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 333px) 100vw, 333px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Santa Francisca naci\u00f3 en Roma en 1384. Por obedecer a sus padres se uni\u00f3 en matrimonio, en 1405, con Lorenzo Ponziani, mas sigui\u00f3 conservando en su estado el g\u00e9nero de vida austera que se hab\u00eda propuesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por obedecer a su marido, en el acto abandonaba sus ejercicios de devoci\u00f3n,&nbsp;<em>\u201cEs&nbsp;<\/em>\u2013dec\u00eda\u2013<em>&nbsp;dejar a Dios por Dios\u201d<\/em>. En toda Roma era bien conocida esta an\u00e9cdota edificante. Rezaba una vez Francisca el Oficio parvo, que era su devoci\u00f3n favorita, cuando, al empezar una estrofa, oy\u00f3 dos golpes en la puerta. Era un pobre. Ella corri\u00f3, puso unas monedas en las manos del mendigo, y volvi\u00f3 a entrar en su habitaci\u00f3n. Apenas se hab\u00eda arrodillado para empezar de nuevo la estrofa, cuando oy\u00f3 una voz: \u201c\u00a1Francisca, Francisca!\u201d Era su marido, que la llamaba. Nuevamente interrumpi\u00f3 su rezo. Otras dos veces la llamaron a\u00fan, y otras dos veces dej\u00f3 la estrofa sin concluir. Al volver por quinta vez a su cuarto, encontr\u00f3 aquellos versos escritos con letras de oro por un cal\u00edgrafo celestial.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>En 1433 fund\u00f3 la casa de Oblatas de la congregaci\u00f3n del Monte Olivete, bajo la regla de San Benito, donde, una vez muerto su marido, pidi\u00f3 su admisi\u00f3n. Dese\u00f3 vivamente quedar la \u00faltima, consagrarse al bien de los enfermos, practicando las mayores mortificaciones. Ten\u00eda gran devoci\u00f3n a la Pasi\u00f3n y a la Eucarist\u00eda. Tuvo el don de l\u00e1grimas, de hacer milagros y el de profec\u00eda. Finalmente muri\u00f3 en Roma en 1440 y el Papa Paulo V la inscribi\u00f3 en el cat\u00e1logo de los santos en 1608.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia nos presenta hoy la admirable figura de la esposa cristiana, en la persona de una dama romana: Santa Francisca. Despu\u00e9s de haber dado durante cuarenta a\u00f1os ejemplo de todas las virtudes en el estado matrimonial, fue a buscar en el retiro el reposo de su coraz\u00f3n probado por largas tribulaciones; pero no esper\u00f3 a este momento para vivir en el Se\u00f1or. Durante toda su vida, sus obras dignas de la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n fueron objeto de las complacencias del cielo, mientras que las \u00f3ptimas cualidades de su coraz\u00f3n le aseguraban la ternura y admiraci\u00f3n de su esposo y sus hijos, de los grandes de quienes era modelo y de los pobres a quienes serv\u00eda con amor. Para recompensar esta vida tan angelical, Dios permiti\u00f3 que el \u00e1ngel de la guarda se le mostrase casi constantemente visible y la regalase con altas revelaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que m\u00e1s debe llamar la atenci\u00f3n de un modo particular en esta vida, que tanto recuerda a las dos grandes santas Isabel de Hungr\u00eda y Juana Francisca de Chantal, es la renuncia propia de la sierva de Dios. La inocencia de su vida no la dispens\u00f3 de estos santos rigores; y el Se\u00f1or quiso por este ejemplo dado a los fieles, ense\u00f1arles a no murmurar de la obligaci\u00f3n que tenemos de hacer penitencia; tal vez no sea en nosotros tan austera como lo fue en Santa Francisca; sin embargo, tiene que ser real si queremos acercarnos con confianza al Dios de justicia, que perdona f\u00e1cilmente al alma arrepentida, pero que, no obstante eso, exige la satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Francisca, modelo de todas las virtudes, t\u00fa fuiste la gloria de Roma cristiana y el ornato de tu sexo. Fiel a todos tus deberes, no tomaste sino del cielo el motivo de tus virtudes y semejaste a un \u00e1ngel a los ojos de los hombres admirados de tu virtud. La energ\u00eda de tu alma humilde y mortificada te coloc\u00f3 por encima de todas las circunstancias. Llena de ternura para aquellos que Dios uni\u00f3 a ti, de calma y de gozo interior en medio de las pruebas, de expansi\u00f3n y de amor hacia toda criatura, mostraste a las claras que Dios llenaba toda tu alma predestinada. Ya en este mundo, no contento el Se\u00f1or en asegurarte la presencia y conversaci\u00f3n de tu santo \u00e1ngel, descorr\u00eda con frecuencia en tu favor el velo que esconde a nuestra vista los secretos de la vida eterna. Incluso la naturaleza quebrantaba sus propias leyes en tu favor; te trataba como si ya estuvieses libre de las condiciones de la vida presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Te glorificamos por estos dones de Dios, \u00a1oh Francisca! pero api\u00e1date de nosotros que tan lejos estamos todav\u00eda del camino derecho por el que t\u00fa caminaste. Ay\u00fadanos a ser verdaderos cristianos; reprime en nosotros el amor al mundo y a las vanidades, haz que nos sometamos al yugo de la penitencia; recu\u00e9rdanos la humildad, fortal\u00e9cenos en las tentaciones. Tu influencia en el coraz\u00f3n de Dios te otorga el poder de hacer producir racimos en una cepa marchita por las escarchas del invierno; obt\u00e9n para nosotros que Jes\u00fas,&nbsp;<em>la verdadera vi\u00f1a<\/em>, nos refresque pronto con el vino de su amor exprimido bajo la prensa de la Cruz. Ofr\u00e9cele tus m\u00e9ritos en nuestro favor. T\u00fa tambi\u00e9n has sufrido voluntariamente por los pecadores. Ruega por la Roma cristiana; haz que florezca y se afirme la fe, la santidad de las costumbres y la fidelidad a la Iglesia. Vela sobre la gran familia de los fieles; que tus oraciones obtengan su acrecentamiento y renueven en la Iglesia el fervor de sus primeros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Cf. Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Santa Francisca naci\u00f3 en Roma en 1384. 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