{"id":303,"date":"2022-03-11T07:30:00","date_gmt":"2022-03-11T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=303"},"modified":"2022-03-01T20:20:07","modified_gmt":"2022-03-01T23:20:07","slug":"jamas-existio-dolor-mas-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/jamas-existio-dolor-mas-grande\/","title":{"rendered":"Jam\u00e1s existi\u00f3 Dolor m\u00e1s grande"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Virgen-de-los-Dolores-45.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"326\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Virgen-de-los-Dolores-45.jpg?resize=326%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-304\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Virgen-de-los-Dolores-45.jpg?w=326&amp;ssl=1 326w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Virgen-de-los-Dolores-45.jpg?resize=196%2C300&amp;ssl=1 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 326px) 100vw, 326px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La profundidad de los dolores de Mar\u00eda es un abismo cuyo fondo nadie es capaz de alcanzar. El dolor es una consecuencia del amor, y est\u00e1 siempre en proporci\u00f3n con \u00e9l. Un coraz\u00f3n sufre tanto dolor por la muerte o la p\u00e9rdida de un objeto cuanto mayor es el amor que se le tiene. Por ello, el dolor es el \u00edndice para conocer la magnitud del amor; y el amor es la \u00fanica causa de la profundidad del dolor, que est\u00e1 siempre en proporci\u00f3n con la causa. Por tanto, para conocer la intensidad del dolor de Mar\u00eda, ser\u00eda menester saber cu\u00e1n grande era su amor a Jes\u00fas. Pero, \u00bfqui\u00e9n est\u00e1 en grado de medir el ardor de su amor maternal para con su Hijo y su Dios?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>S\u00f3lo una madre puede conocer c\u00f3mo es el amor de una madre. Podr\u00eda dirigirme a vosotras, madres, e interpelaros a decirme, si pod\u00e9is, cu\u00e1n grande es el amor que ten\u00e9is a vuestros hijos. Por mi parte, me basta saber que cuando Dios quiere darnos a entender la grandeza de su amor hacia nosotros, toma como punto de referencia a la madre, porque sabe bien que no es posible encontrar sobre la tierra un amor m\u00e1s fuerte que el de las madres. Con esto pod\u00e9is haceros una idea del amor de Mar\u00eda. Ella era verdadera Madre de Jes\u00fas: su \u00fanico Hijo, inocente, amable por encima de todo cuanto nos podemos imaginar. Las cualidades afectivas de esta madre, la m\u00e1s tierna, la m\u00e1s amante, y las de este hijo contribuyeron en su conjunto a acrecentar la intensidad, el ardor del amor de Mar\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de las otras madres, en la mayor\u00eda de las veces, es compartido entre muchos hijos. Pero Jes\u00fas era un hijo \u00fanico. El amor de las otras madres, con frecuencia sufre, un enfriamiento a causa de los defectos de las mismas madres, o de las condiciones peores de los hijos. Pero nada de esto suced\u00eda en el amor de Mar\u00eda. Su coraz\u00f3n pose\u00eda todas las buenas cualidades: las m\u00e1s excelentes, las m\u00e1s perfectas. Y su Hijo era digno de todo amor, inocente, perfecto en todo. Lejos de disminuir, este amor crec\u00eda a cada instante: cada mirada que Mar\u00eda dirig\u00eda a su hijo, o de \u00e9ste a su madre, era un nuevo motivo de amor: un nuevo incentivo que hac\u00eda crecer el amor. Dice el Evangelio que Jes\u00fas crec\u00eda en gracia delante de Dios y de los hombres. Pero \u00bfdelante de qu\u00e9 hombres crec\u00eda Jes\u00fas? \u00bfAnte los jud\u00edos? No ciertamente. Pues sabemos que los jud\u00edos le odiaron no poco. Crec\u00eda, por tanto, a los ojos de su Madre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una fuente a\u00fan m\u00e1s grande del amor de Mar\u00eda para con Jes\u00fas era el hecho de que Jes\u00fas no era \u00fanicamente su hijo, sino tambi\u00e9n su Dios. Y esta fuente es tan grande, tan fuerte, tan abundante, que todo el resto no era nada en su comparaci\u00f3n. El coraz\u00f3n de Mar\u00eda amaba tan vivamente, tan ardientemente a Dios, que si todo el amor de las criaturas, de las madres, de los santos, e incluso de los \u00e1ngeles, se concentrara en un solo coraz\u00f3n, no llegar\u00eda \u00e9ste, a mi modo de ver, a la grandeza del amor de Mar\u00eda para con su Dios. Ahora bien, Jes\u00fas era a la vez su Hijo y su Dios. Pensad, por tanto; imaginaos, si pod\u00e9is, la grandeza del amor del coraz\u00f3n de Mar\u00eda para con Jes\u00fas. Este amor estar\u00e1 siempre por encima de todo cuanto nosotros nos podemos figurar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, \u00a1ay!, que la medida del amor se\u00f1alaba la viveza y la profundidad del dolor que sufr\u00eda este coraz\u00f3n tan amable. Cuanto m\u00e1s tiernamente amaba, tanto m\u00e1s profundas eran las heridas del dolor. No es posible encontrar un dolor comparable al dolor de Mar\u00eda, porque no es posible encontrar ni un hijo m\u00e1s amable ni m\u00e1s amado que el hijo de Mar\u00eda. Como escribe san Bernardo: Jam\u00e1s existi\u00f3 dolor m\u00e1s grande, porque nunca ha habido un hijo m\u00e1s amado.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente:&nbsp;<em>De la Meditaci\u00f3n sobre los Dolores de Mar\u00eda del beato Domingo de la Madre de Dios, sacerdote<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Servus Cordis Iesu La profundidad de los dolores de Mar\u00eda es un abismo cuyo fondo nadie es capaz de alcanzar. El dolor es una consecuencia del amor, y est\u00e1 siempre en proporci\u00f3n con \u00e9l. 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