{"id":309,"date":"2022-03-13T07:30:00","date_gmt":"2022-03-13T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=309"},"modified":"2022-03-02T20:22:22","modified_gmt":"2022-03-02T23:22:22","slug":"segundo-domingo-de-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/segundo-domingo-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"Segundo Domingo de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-71.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-71.jpg?resize=500%2C281&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-310\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-71.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-71.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Oh Dios, que nos ves destituidos de toda fuerza: gu\u00e1rdanos interior y exteriormente; para que seamos protegidos contra toda adversidad en el cuerpo, y seamos purificados de los malos pensamientos en la mente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol S. Pablo a los Tesalonicenses<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hermanos: Os rogamos y exhortamos en el Se\u00f1or Jes\u00fas a que, habiendo aprendido de nosotros la manera c\u00f3mo deb\u00e9is caminar y agradar a Dios, camin\u00e9is de modo que siempre progres\u00e9is m\u00e1s y m\u00e1s. Porque ya sab\u00e9is qu\u00e9 mandamientos os dimos de parte del Se\u00f1or Jes\u00fas. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificaci\u00f3n: que os absteng\u00e1is de la fornicaci\u00f3n: que cada uno de vosotros sepa conservar su vaso con santificaci\u00f3n y honor, y no con afecto de concupiscencia, como los gentiles que ignoran a Dios: que ninguno oprima, ni enga\u00f1e a su hermano porque el Se\u00f1or es vengador de todo esto, como ya os lo hemos dicho y atestiguado. Porque no nos ha llamado Dios a la inmundicia, sino a la santificaci\u00f3n, en Jesucristo, Nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Insiste el Ap\u00f3stol en este paso sobre la santidad de costumbres que debe brillar en el cristiano; y la Iglesia que nos propone estas palabras exhorta a los fieles a aprovechar el tiempo en que estamos para restaurar en ellos la imagen de Dios en la que fueron renovados por la gracia bautismal. El cristiano es un vaso de honor, preparado y embellecido por la mano de Dios; gu\u00e1rdese, pues, de la ignominia que le degradar\u00eda y har\u00eda digno de ser quebrado y arrojado al muladar con las inmundicias. Gloria es del cristianismo el haber hecho part\u00edcipe al cuerpo de la santidad del alma; no obstante nos advierte su doctrina celestial, que esta santidad del alma se empa\u00f1a y pierde por la sordidez del cuerpo. Restauremos, pues, en nosotros al hombre entero con la ayuda de la pr\u00e1ctica de esta santa Cuaresma. Purifiquemos nuestras almas por la confesi\u00f3n de los pecados, por la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n, el amor al Se\u00f1or misericordioso, y rehabilitemos nuestro cuerpo haci\u00e9ndole llevar el yugo de la expiaci\u00f3n a fin de que en adelante sea servidor del alma y su d\u00f3cil instrumento, hasta que, posesion\u00e1ndose esta de la felicidad sin fin y sin medida, vierta sobre aquel la sobreabundancia de delicias en que se ver\u00e1 felizmente anegada.<\/p>\n\n\n\n<p>Continuaci\u00f3n del santo Evangelio seg\u00fan S. Mateo<\/p>\n\n\n\n<p><em>En aquel tiempo tom\u00f3 Jes\u00fas a Pedro, y a Santiago, y a Juan, su hermano, y los llev\u00f3 aparte, a un elevado monte: y se transfigur\u00f3 ante ellos. Y resplandeci\u00f3 su cara como el sol: y sus vestidos se tornaron blancos como la nieve. Y he aqu\u00ed que se les aparecieron Mois\u00e9s y El\u00edas, hablando con El. Y, respondiendo Pedro, dijo a Jes\u00fas: Se\u00f1or, es bueno estarnos aqu\u00ed: si quieres, hagamos aqu\u00ed tres tiendas, una para ti, una para Mois\u00e9s, y una para El\u00edas. Aun hablaba \u00e9l, cuando una nube l\u00facida les envolvi\u00f3. Y he aqu\u00ed una voz de la nube, diciendo: Este es mi amado Hijo, en el que me he complacido bien: o\u00eddle a \u00c9l. Y, al o\u00edrlo los disc\u00edpulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron mucho. Y se acerc\u00f3 Jes\u00fas, y les toc\u00f3, y les dijo: Levantaos, y no tem\u00e1is. Y, alzando sus ojos, no vieron a nadie, sino s\u00f3lo a Jes\u00fas. Y, al descender ellos del monte, les orden\u00f3 Jes\u00fas, diciendo: A nadie dir\u00e9is esta visi\u00f3n, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De este modo acud\u00eda Jes\u00fas en ayuda de sus Ap\u00f3stoles en v\u00edsperas de la prueba, y quer\u00eda estampar profundamente su imagen gloriosa en sus almas, previendo el d\u00eda en que el ojo carnal no ver\u00eda en \u00e9l m\u00e1s que flaqueza e ignominia. \u00a1Oh previsi\u00f3n de la gracia divina, que jam\u00e1s falta al hombre y que justifica siempre la bondad y justicia de Dios! Hemos pecado como los Ap\u00f3stoles, y como ellos hemos desaprovechado la ayuda que el cielo nos deparaba, hemos cerrado voluntariamente los ojos a la luz y olvidado el resplandor que nos hab\u00eda antes extasiado, y hemos ca\u00eddo de bruces. No hemos, pues, sido tentados por encima de nuestras fuerzas y nuestros pecados nos son en verdad cosa propia. Los tres ap\u00f3stoles se vieron expuestos a tentaci\u00f3n violenta el d\u00eda en que su Maestro pareci\u00f3 haber perdido toda su grandeza, les era, no obstante, f\u00e1cil fortalecerse con un recuerdo glorioso y reciente. Olvidados de esto se entregaron al desaliento, y no pensaron en reanimar su fortaleza con la oraci\u00f3n; y los testigos afortunados del Tabor se mostraron cobardes y desleales en el Huerto de los Olivos. No les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que echar mano a la clemencia cuando triunf\u00f3 de sus despreciables enemigos; y lograron el perd\u00f3n del coraz\u00f3n generoso de su Maestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros tambi\u00e9n acudimos a implorar esa misericordia sin tasa. Hemos abusado de la divina gracia; la hicimos est\u00e9ril por nuestra deslealtad. La fuente de esa gracia, fruto de la sangre y de la muerte del Redentor, no se ha agotado para nosotros, mientras vivimos en este suelo; estemos dispuestos cada d\u00eda a acudir a su refrigerio. Nos solicita a la enmienda de nuestra vida, y desciende abundosa a nuestras almas en el tiempo en que nos hallamos; mana abundantemente de los santos ejercicios de Cuaresma. Subamos al monte con Jes\u00fas; en esas alturas no se oye ya la bara\u00fanda de la tierra. Fijemos all\u00ed nuestra tienda durante cuarenta d\u00edas en compa\u00f1\u00eda de Mois\u00e9s y El\u00edas, quienes como nosotros y antes que nosotros santificaron ese n\u00famero con sus ayunos; y cuando el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos, publicaremos los favores con que se dign\u00f3 agraciarnos en el Tabor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Oh Dios, que nos ves destituidos de toda fuerza: gu\u00e1rdanos interior y exteriormente; para que seamos protegidos contra toda adversidad en el cuerpo, y seamos purificados de los malos pensamientos en la mente. 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