{"id":318,"date":"2022-03-16T07:30:00","date_gmt":"2022-03-16T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=318"},"modified":"2022-03-03T20:16:40","modified_gmt":"2022-03-03T23:16:40","slug":"en-la-santa-misa-nos-unimos-a-la-divina-victima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/en-la-santa-misa-nos-unimos-a-la-divina-victima\/","title":{"rendered":"En la Santa Misa nos unimos a la divina V\u00edctima"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-72.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"455\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-72.jpg?resize=500%2C455&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-319\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-72.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-72.jpg?resize=300%2C273&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-72.jpg?resize=330%2C300&amp;ssl=1 330w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Ten\u00e9is ciertamente que animaros, queridos esposos, pensando que el divino Autor del sacramento del matrimonio, Jesucristo Nuestro Se\u00f1or, lo ha querido enriquecer con la abundancia de sus celestiales favores. El sacramento del matrimonio significa, como vosotros sab\u00e9is, la uni\u00f3n m\u00edstica de Jesucristo con su esposa la Iglesia (en la cual y de la cual deben nacer los hijos adoptivos de Dios, herederos leg\u00edtimos de las promesas divinas). Y de modo que Jesucristo enriqueci\u00f3 sus bodas m\u00edsticas con la Iglesia, con las perlas precios\u00edsimas de la gracia divina, se complace en enriquecer el sacramento del matrimonio de dones inefables.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9stos son especialmente todas aquellas gracias necesarias y \u00fatiles a los esposos para conservar, acrecentar y perfeccionar cada vez m\u00e1s su santo amor rec\u00edproco, para observar la debida fidelidad conyugal, para educar sabiamente, con el ejemplo y con la vigilancia, a sus hijos y para llevar cristianamente las cargas que impone el nuevo estado de vida.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Trae a nuestra memoria aquel episodio tan delicado y al mismo tiempo tan portentoso que leemos en el Santo Evangelio, de las bodas de Can\u00e1 de Galilea. \u00c9l, el buen Maestro, quiso justamente traer con su presencia una particular bendici\u00f3n a aquellos afortunad\u00edsimos esposos, y como santificar y consagrar aquella uni\u00f3n nupcial, de igual modo que al tiempo de la creaci\u00f3n hab\u00eda bendecido el Se\u00f1or a los progenitores del g\u00e9nero humano. En aquel d\u00eda de las bodas de Can\u00e1, Cristo, abarcaba con su mirada divina a los hombres de todos los tiempos por venir y de modo particular a los hijos de su futura Iglesia, y bendec\u00eda sus bodas, y acumulaba aquellos tesoros de gracias que con el sacramento del matrimonio, instituido por \u00c9l, derramar\u00eda con divina largueza sobre los esposos cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos esposos, despu\u00e9s que en la bendici\u00f3n nupcial hab\u00e9is santificado y consagrado vuestro afecto, y hab\u00e9is depositado a los pies del altar la promesa de una vida cada vez m\u00e1s intensamente cristiana, de ahora en adelante deb\u00e9is sentiros doblemente obligados a vivir como verdaderos cristianos: Dios quiere que los esposos sean c\u00f3nyuges cristianos y padres cristianos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ayer hab\u00e9is sido hijos de familia sujetos a los deberes propios de los hijos: pero desde el instante de vuestro matrimonio hab\u00e9is venido a ser fundadores de nuevas familias.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuevas familias destinadas a alimentar la sociedad civil con buenos ciudadanos, que procuren sol\u00edcitamente a la sociedad misma aquella salvaci\u00f3n y aquella seguridad de las que quiz\u00e1s nunca se ha sentido tan necesitada como ahora: destinadas igualmente a alimentar la Iglesia de Jesucristo, porque es de las nuevas familias de donde la Iglesia espera nuevos hijos de Dios, obedientes a sus sant\u00edsimas leyes: destinadas, en fin, a preparar nuevos ciudadanos para la patria celeste, cuando termine esta vida temporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todos estos grandes bienes, que en el nuevo estado de vida est\u00e1is llamados a producir, solamente podr\u00e9is promet\u00e9roslos s\u00ed viv\u00eds como esposos y padres cristianos, si hac\u00e9is que entre vuestros muros dom\u00e9sticos reine Jesucristo, su doctrina, sus ejemplos, sus preceptos, su esp\u00edritu: si Mar\u00eda Sant\u00edsima, a la que invoc\u00e1is, vener\u00e1is y am\u00e1is, es la Reina, la Abogada, la Madre de la nueva familia que est\u00e1is llamados a fundar, y si bajo la benigna mirada de Jes\u00fas y de Mar\u00eda viv\u00eds como esposos cristianos, dignos de tan gran nombre y de tan alta profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivir cristianamente en el matrimonio significa cumplir con fidelidad, adem\u00e1s de todos los deberes comunes a todo cristiano y a todo hijo de la Iglesia Cat\u00f3lica, las obligaciones propias del estado conyugal. El Ap\u00f3stol San Pablo, escribiendo a los primeros esposos cristianos de \u00c9feso, pon\u00eda de relieve sus mutuos deberes, y les exhortaba en\u00e9rgicamente de este modo: \u201cEsposas, estad sujetas a vuestros maridos, como al Se\u00f1or, porque el marido es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia\u201d. \u201cEsposos, amad a vuestras mujeres, como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y dio su vida por ella\u201d. \u201cY vosotros, oh padres\u201d, continuaba el Ap\u00f3stol, \u201cno provoqu\u00e9is a ira a vuestros hijos: antes educadlos en la disciplina y en las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Cf. S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discursos del 26 de abril, 3 y 24 de mayo de 1939&nbsp;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Ten\u00e9is ciertamente que animaros, queridos esposos, pensando que el divino Autor del sacramento del matrimonio, Jesucristo Nuestro Se\u00f1or, lo ha querido enriquecer con la abundancia de sus celestiales favores. 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