{"id":356,"date":"2022-03-28T07:30:00","date_gmt":"2022-03-28T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=356"},"modified":"2022-03-16T19:59:51","modified_gmt":"2022-03-16T22:59:51","slug":"papas-santos-san-sixto-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/papas-santos-san-sixto-iii\/","title":{"rendered":"Papas Santos &#8211; San Sixto III"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-San-Sixto-III-01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"493\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-San-Sixto-III-01.jpg?resize=500%2C493&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-357\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-San-Sixto-III-01.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-San-Sixto-III-01.jpg?resize=300%2C296&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-San-Sixto-III-01.jpg?resize=304%2C300&amp;ssl=1 304w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">San Sixto, papa, tercero de este nombre, fue romano; naci\u00f3 hacia el fin del siglo cuarto. El celo con que combati\u00f3 las herej\u00edas de su tiempo, aun cuando no era m\u00e1s que presb\u00edtero, y la honra de ser elevado al sacerdocio por los m\u00e9ritos de una notoria virtud, acreditan la que ya ten\u00eda cuando joven, y los progresos que hab\u00eda hecho en la ciencia de los santos. No solamente anatematiz\u00f3 el pelagianismo en presencia de todo el pueblo, sino que refut\u00f3 s\u00f3lidamente en sus ep\u00edstolas los dogmas de aquellos herejes. En una carta, da san Agust\u00edn la enhorabuena a san Sixto de haber sido el primero que conden\u00f3 p\u00fablicamente los errores de Pelagio, cuando todav\u00eda no era m\u00e1s que presb\u00edtero.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Muerto el papa san Celestino, se crey\u00f3 que no pod\u00eda se\u00f1al\u00e1rsele m\u00e1s digno sucesor que a nuestro Sixto. Y as\u00ed fue elevado al pontificado el d\u00eda 26 de abril del a\u00f1o 432, con aplauso tan general del clero y pueblo, que apenas hab\u00eda memoria de otro igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego que se vio en la silla de san Pedro, dedic\u00f3 todos sus desvelos a extirpar las perniciosas herej\u00edas, que no obstante de estar todav\u00eda como en la cuna, hac\u00edan gemir a toda la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s que Juan de Antioqu\u00eda abandon\u00f3 el partido de Nestorio, san Sixto escribi\u00f3 a este y a san Cirilo cartas de congratulaci\u00f3n, exhort\u00e1ndolos a trabajar en la conversi\u00f3n de los herejes, y a recibir con caridad a los que de buena fe se redujesen a la Religi\u00f3n; pero que se mostrasen severos e inexorables con los que perseverasen tercos en sus errores. Fue sin duda despu\u00e9s de estas cartas del santo pont\u00edfice, que obstin\u00e1ndose el infeliz Nestorio en su impiedad, fue sacado de su monasterio, y enviado a destierro, donde muri\u00f3 desgraciadamente sin se\u00f1a alguna de arrepentimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo nuestro santo enemigo tan declarado de los herejes, no era posible estuviese a cubierto de sus acostumbradas calumnias.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil explicar el ardor y el activo celo con que el vigilante pontifice se aplic\u00f3 a sofocar todas esas perniciosas novedades, a resucitar en la Iglesia el primitivo fervor, y a renovar el vigor de la disciplina eclesi\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n<p>La solicitud pastoral con que atend\u00eda a todas las necesidades de la Iglesia, y los inmensos afanes que se daba para proveer a todo, no le impidieron ocuparse en pormenores de magnificencia y liberalidad a favor de las iglesias de Roma; lo que prueba cu\u00e1n grande era su genio y cuan eminente su piedad. Por la tierna devoci\u00f3n que profesaba a la sant\u00edsima Virgen, se movi\u00f3 a reparar la antigua bas\u00edlica de Liberio, consagrada a la Madre de Dios, y que se llam\u00f3 desde entonces Santa Mar\u00eda la Mayor. Son pocas las iglesias antiguas de Roma donde no se conserven grandes monumentos de la munificencia de este gran pont\u00edfice; el cual, despu\u00e9s de haber gobernado con prudencia consumada la silla de san Pedro cerca de ocho a\u00f1os, edificando a la Iglesia con sus heroicas virtudes, con su vasto y fervoroso celo, siendo tan odiado de los herejes como venerado y amado de los cat\u00f3licos, muri\u00f3 en Roma el a\u00f1o 440. Fue enterrado su santo cuerpo en la catacumba de san Lorenzo, sobre el camino de Tivoli, y tuvo por sucesor en el pontificado a san Le\u00f3n el Grande, que hab\u00eda sido como disc\u00edpulo suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: P. Jean Croisset,&nbsp;<em>El a\u00f1o cristiano<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu San Sixto, papa, tercero de este nombre, fue romano; naci\u00f3 hacia el fin del siglo cuarto. 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