{"id":417,"date":"2022-04-17T07:30:00","date_gmt":"2022-04-17T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=417"},"modified":"2022-03-30T12:43:14","modified_gmt":"2022-03-30T15:43:14","slug":"el-santo-dia-de-pascua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/el-santo-dia-de-pascua\/","title":{"rendered":"El Santo D\u00eda de Pascua"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-85.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"346\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-85.jpg?resize=500%2C346&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-418\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-85.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-85.jpg?resize=300%2C208&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bl-Misa-Tridentina-85.jpg?resize=434%2C300&amp;ssl=1 434w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><em>Continuaci\u00f3n del Santo Evangelio seg\u00fan San Marcos&nbsp;<\/em>(XVI, 1-7)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><em>En aquel tiempo Mar\u00eda Magdalena y Mar\u00eda, madre de Santiago, y Salom\u00e9 compraron aromas para ir a ungir a Jes\u00fas. Y muy de ma\u00f1ana, al d\u00eda siguiente del s\u00e1bado, fueron al monumento salido ya el sol. Y dec\u00edan entre s\u00ed: \u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 la piedra de la puerta del sepulcro? Y, mirando, vieron separada la piedra, que era muy grande. Y, entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con traje blanco, y se asustaron. Pero \u00e9l les dijo: No os asust\u00e9is: busc\u00e1is a Jes\u00fas Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no est\u00e1 aqu\u00ed, he ah\u00ed el sitio donde le pusieron. Pero id, decid a sus disc\u00edpulos y a Pedro, que os preceder\u00e1 en Galilea; all\u00ed le ver\u00e9is, como os lo dijo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cResucit\u00f3, ya no est\u00e1 aqu\u00ed\u201d: un muerto que manos piadosas hab\u00edan colocado all\u00ed, sobre aquella losa, en aquella gruta; se ha levantado, y aun sin quitar la piedra que cerraba la entrada, ha resucitado a una vida que ya nunca tendr\u00e1 fin. Nadie le prest\u00f3 ayuda; ning\u00fan profeta, ning\u00fan enviado de Dios se inclin\u00f3 sobre su cad\u00e1ver para volverle a la vida. \u00c9l mismo fue quien, por su propia virtud, se resucit\u00f3. Para \u00c9l la muerte no fue una necesidad; la padeci\u00f3 porque quiso; la aniquil\u00f3 cuando quiso. \u00a1Oh Jes\u00fas, t\u00fa juegas con la muerte, t\u00fa, que eres el Se\u00f1or, Nuestro Dios! Nos postramos de rodillas ante ese sepulcro vac\u00edo, que, por haber t\u00fa morado en \u00e9l algunas horas has hecho sagrado para siempre. \u201cHe ah\u00ed el lugar en que te colocaron\u201d. \u00a1He ah\u00ed los lienzos, las vendas, que no te pudieron retener y dan fe de tu paso voluntario por el yugo de la muerte!<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>El \u00e1ngel dice a las mujeres: \u201cBusc\u00e1is a Jes\u00fas de Nazaret, el crucificado\u201d. \u00a1Recuerdo cargado de l\u00e1grimas! El d\u00eda anterior fueron trasladados a \u00e9l sus despojos maltratados, desgarrados, sangrantes. Aquella gruta, cuya piedra fue violentamente removida por la mano del \u00c1ngel y que ahora est\u00e1 iluminada con claridad deslumbrante por este esp\u00edritu celestial, cobij\u00f3 con su sombra a la m\u00e1s desolada de las madres; hizo eco a los sollozos de Juan y de los dos disc\u00edpulos, y a los lamentos de la Magdalena y de sus compa\u00f1eras; el sol se ocultaba en el horizonte e iba a comenzar el primer d\u00eda de la sepultura de Jes\u00fas. Mas el profeta hab\u00eda predicho: \u201cEn la tarde reinar\u00e1n las l\u00e1grimas; pero por la ma\u00f1ana brillar\u00e1 la alegr\u00eda\u201d&nbsp;<em>(Sal., XXIX, 6).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos en este feliz amanecer; y nuestra alegr\u00eda es grande, oh Redentor, al contemplar que este mismo sepulcro adonde te acompa\u00f1amos con dolor sincero, no es sino el trofeo de tu victoria. Est\u00e1n curadas las llagas que bes\u00e1bamos con amor, reproch\u00e1ndonos el haberlas causado. Vives m\u00e1s glorioso que nunca, inmortal; y porque nosotros quisimos morir a nuestros pecados, mientras t\u00fa mor\u00edas por expiarlos, quieres que vivamos contigo eternamente, que tu victoria sea la nuestra, que la muerte, para Ti y para nosotros, no sea m\u00e1s que un tr\u00e1nsito y que ella nos restituya un d\u00eda intacto y radiante este cuerpo, que la tumba no recibir\u00e1 ya en adelante sino como en dep\u00f3sito. \u00a1Gloria sea, pues, honor y amor a Ti, que te has dignado no solamente morir, sino tambi\u00e9n resucitar para nosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 bendito y&nbsp;glorificado por haber consolado con tu presencia&nbsp;y tu cari\u00f1o el coraz\u00f3n angustiado de tu Madre,&nbsp;que tambi\u00e9n es madre nuestra. S\u00e9 bendito y glorificado, oh Jes\u00fas, por haberte dignado hoy, por medio de tu Santa Iglesia, hacernos participar, despu\u00e9s de tantos siglos, de los goces que gustaron en tal d\u00eda Mar\u00eda, tu Madre, Magdalena con sus compa\u00f1eras, Pedro, los disc\u00edpulos de Ema\u00fas y los Ap\u00f3stoles reunidos. Aqu\u00ed no falta nada; todo est\u00e1 vivo, todo renovado; t\u00fa eres el mismo, y nuestra Pascua de hoy es tambi\u00e9n la misma que aquella que te vio salir del sepulcro. Todos los tiempos son tuyos; y el mundo de las almas vive por tus misterios, como el mundo material se sostiene por tu poder, desde el instante en que te plugo comenzar tu obra creando la luz visible, hasta que palidezca y se eclipse ante la eterna claridad que t\u00fa nos has conquistado en este d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Continuaci\u00f3n del Santo Evangelio seg\u00fan San Marcos&nbsp;(XVI, 1-7) En aquel tiempo Mar\u00eda Magdalena y Mar\u00eda, madre de Santiago, y Salom\u00e9 compraron aromas para ir a ungir a Jes\u00fas. 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