{"id":440,"date":"2022-04-24T07:30:00","date_gmt":"2022-04-24T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=440"},"modified":"2022-04-20T18:03:12","modified_gmt":"2022-04-20T21:03:12","slug":"domingo-de-quasimodo-o-in-albis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/domingo-de-quasimodo-o-in-albis\/","title":{"rendered":"Domingo de Quasimodo o in Albis"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Misa-Tridentina-87.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"432\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Misa-Tridentina-87.jpg?resize=432%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-441\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Misa-Tridentina-87.jpg?w=432&amp;ssl=1 432w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Misa-Tridentina-87.jpg?resize=259%2C300&amp;ssl=1 259w\" sizes=\"auto, (max-width: 432px) 100vw, 432px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Este d\u00eda es el octavo que celebramos la Pascua. Nos recuerda las alegr\u00edas y grandezas del \u00fanico y solemne Domingo que reuni\u00f3 a toda la cristiandad en un mismo sentimiento de triunfo. Es el d\u00eda de la luz que oscurece al antiguo S\u00e1bado; en adelante el primer d\u00eda de la semana es el d\u00eda sagrado. La Pascua est\u00e1, pues, para siempre fijada en Domingo y todo domingo en adelante ser\u00e1 una Pascua.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro divino resucitado ha querido que su Iglesia comprendiese as\u00ed el misterio; pues, teniendo la intenci\u00f3n de mostrarse por segunda vez a sus disc\u00edpulos reunidos, esper\u00f3, para hacerlo, la vuelta del Domingo. Durante todos los d\u00edas precedentes dej\u00f3 a Tom\u00e1s presa de sus dudas; no quiso hasta hoy venir en su socorro, manifest\u00e1ndose a este Ap\u00f3stol, en presencia de los otros, y oblig\u00e1ndole a renunciar a su incredulidad ante la evidencia m\u00e1s palpable. Hoy, pues, el Domingo recibe de parte de Cristo su \u00faltimo t\u00edtulo de gloria, esperando que el Esp\u00edritu Santo descienda del cielo para venir a iluminarle con sus luces y hacer de este d\u00eda, ya tan favorecido, la era de la fundaci\u00f3n de la Iglesia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>La aparici\u00f3n del Salvador al peque\u00f1o grupo de los once, y la victoria que logr\u00f3 sobre la infidelidad de un disc\u00edpulo, es hoy el objeto especial del culto de la Santa Iglesia. Aqu\u00ed tambi\u00e9n, nuestros pensamientos humanos quedan confundidos a la vista de esa tregua que Jes\u00fas otorga al incr\u00e9dulo, a quien parec\u00eda deb\u00eda haberle curado sin tardanza de su infeliz ceguera o castigarle por su insolencia temeraria. Pero Jes\u00fas es la bondad y sabidur\u00eda infinita; en su sabidur\u00eda, proporciona, por esta lenta comprobaci\u00f3n del hecho de su Resurrecci\u00f3n, un nuevo argumento en favor de la realidad de este hecho; en su bondad, procura al coraz\u00f3n del disc\u00edpulo incr\u00e9dulo la ocasi\u00f3n de retractarse por s\u00ed mismo de su duda con una protesta sublime de dolor, de humildad y de amor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas dice a Tom\u00e1s: \u201cHas cre\u00eddo porque has visto; dichosos los que no vieron pero creyeron\u201d. Palabras llenas de divina autoridad, consejo saludable dado no solamente a Tom\u00e1s, sino a todos los hombres que quieren entrar en relaciones con Dios y salvar sus almas. S\u00ed, Tom\u00e1s era hombre prudente, que no se fiaba demasiado; pod\u00eda servir de modelo a muchos cristianos que juzgan y razonan como \u00e9l en las cosas de la fe. Y con todo eso, \u00a1cu\u00e1n abrumadora, aunque llena de dulzura, es la reprensi\u00f3n de Jes\u00fas! Se dign\u00f3 prestarse, con condescendencia inexplicable, a que se verificase lo que Tom\u00e1s hab\u00eda osado pedir: ahora que el disc\u00edpulo se encuentra ante el maestro resucitado, y que grita con la emoci\u00f3n m\u00e1s sincera: \u201c\u00a1Oh, t\u00fa eres mi Se\u00f1or y mi Dios!\u201d Jes\u00fas no le perdona la lecci\u00f3n que hab\u00eda merecido. Era preciso castigar aquella osad\u00eda, aquella incredulidad; y el castigo consistir\u00e1 en decirle: \u201cCre\u00edste, Tom\u00e1s, porque viste\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los corazones rectos y dispuestos a la fe no hubieran tenido ninguna duda en rendirse, desde el primer rumor de la desaparici\u00f3n del cuerpo. Juan, nada m\u00e1s entrar en el sepulcro y ver los lienzos, lo comprendi\u00f3 todo y comenz\u00f3 a creer. Pero el hombre pocas veces es sincero; se detiene en el camino como si quisiera obligar a Dios a dar nuevos pasos hacia adelante. Jes\u00fas se dign\u00f3 darlos. Fue preciso que Jes\u00fas viniese en persona a mostrarse a estos hombres rebeldes, a quienes su orgullo hac\u00eda perder la memoria de todo un pasado que hubiese bastado por s\u00ed solo para iluminarles el presente. Decimos su orgullo; pues la fe no tiene otro obst\u00e1culo que ese vicio. Si el hombre fuese humilde, se elevar\u00eda hasta la fe que transporta las monta\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es a\u00fan en nuestros d\u00edas el cristiano infectado de racionalismo. Cree, porque su raz\u00f3n le pone como en la necesidad de creer; con la inteligencia y no con el coraz\u00f3n es como cree. Su fe es una conclusi\u00f3n cient\u00edfica y no una aspiraci\u00f3n hacia Dios y hacia la verdad sobrenatural. Por eso esta fe, \u00a1cu\u00e1n fr\u00eda e impotente es! \u00a1Cu\u00e1n limitada e inquieta!, \u00a1c\u00f3mo teme avanzar creyendo demasiado! Al verla contentarse tan f\u00e1cilmente con verdades&nbsp;<em>disminuidas&nbsp;<\/em>pesadas en la balanza de la raz\u00f3n, en vez de navegar a velas desplegadas como la fe de los santos, se dir\u00eda que se averg\u00fcenza de s\u00ed misma. Habla bajo, teme comprometerse; cuando se muestra, lo hace cubierta de ideas humanas que la sirven de etiqueta. No se expondr\u00e1 a una afrenta por los milagros que juzga in\u00fatiles, y que jam\u00e1s habr\u00eda aconsejado a Dios que obrase. En el pasado como en el presente, lo maravilloso la espanta; \u00bfno ha tenido que hacer ya bastante esfuerzo para admitir a aquel cuya aceptaci\u00f3n la es estrictamente necesaria? La vida de los santos, sus virtudes heroicas, sus sacrificios sublimes, todo eso la inquieta. La acci\u00f3n del cristianismo en la sociedad, en la legislaci\u00f3n, la parece herir los derechos de los que no creen; piensa que debe respetarse la libertad del error y la libertad del mal; y aun no se da cuenta de que la marcha del mundo est\u00e1 entorpecida desde que Jesucristo no es Rey sobre la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Para aquellos cuya fe es tan d\u00e9bil y tan cercana al racionalismo, Jes\u00fas a\u00f1ade a las palabras severas que dirigi\u00f3 a Tom\u00e1s, esta sentencia, que no s\u00f3lo se dirig\u00eda a \u00e9l sino a todos los hombres de todos los siglos: \u201cDichosos los que no vieron y creyeron\u201d. Tom\u00e1s pec\u00f3 por no haber tenido la disposici\u00f3n de creer. Nosotros nos exponemos a pecar como \u00e9l si no alimentamos en nuestra fe esa expansi\u00f3n que la impulsa a mezclarse en todo, y a hacer el progreso, que Dios recompensa con rayos de luz y de alegr\u00eda en el coraz\u00f3n. Una vez entrados en la Iglesia nuestro deber es considerar en adelante todas las cosas a las luces de lo sobrenatural; y no temamos que esta situaci\u00f3n regulada por las ense\u00f1anzas de la autoridad sagrada, nos lleve demasiado lejos. \u201cEl justo vive de la fe\u201d (Rom., I, 17); es su alimento continuo. Reconozcamos, pues, nuestro error con Tom\u00e1s; confesemos con \u00e9l que hasta ahora no hemos cre\u00eddo a\u00fan con fe bastante perfecta. Como \u00e9l digamos a Jes\u00fas: \u201cT\u00fa eres mi Se\u00f1or y mi Dios; y he pensado y obrado frecuentemente como si no fueses en todo mi Se\u00f1or y mi Dios. En adelante creer\u00e9 sin haber visto; pues quiero ser del n\u00famero de los que t\u00fa has llamado dichosos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Este d\u00eda es el octavo que celebramos la Pascua. 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