{"id":455,"date":"2022-04-29T07:30:00","date_gmt":"2022-04-29T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=455"},"modified":"2022-04-23T18:24:58","modified_gmt":"2022-04-23T21:24:58","slug":"la-misa-atropellada-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/la-misa-atropellada-iii\/","title":{"rendered":"La Misa atropellada (III)"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Pieta-03.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"322\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Pieta-03.jpg?resize=500%2C322&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-456\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Pieta-03.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Pieta-03.jpg?resize=300%2C193&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/bl-Pieta-03.jpg?resize=466%2C300&amp;ssl=1 466w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Como antes dijimos, la Misa celebrada devotamente inspira devoci\u00f3n a cu\u00e1ntos la oyen, en cambio, cuando se la celebra atropelladamente consigue que se pierda la devoci\u00f3n y casi la fe. Cierto religioso, muy digno de fe, me refiri\u00f3 un caso impresionante a este respecto. Hab\u00eda en Roma un hereje resuelto a abjurar, como lo hab\u00eda prometido al Sumo Pont\u00edfice Clemente XI. Pero despu\u00e9s que vio en cierta iglesia celebrar la Misa sin devoci\u00f3n, se escandaliz\u00f3 hasta el punto de que fue al Papa y le anunci\u00f3 que ya no quer\u00eda abjurar, porque estaba persuadido de que ni los sacerdotes ni el Papa cre\u00edan en los dogmas de la Iglesia Cat\u00f3lica. El Papa le respondi\u00f3 que por la falta de devoci\u00f3n de un sacerdote o de muchos sacerdotes descuidados no se pod\u00edan poner en tela de juicio las verdades de fe ense\u00f1adas por la Iglesia. A lo que respondi\u00f3 el hereje:&nbsp;<em>\u201cSi yo fuese Papa y supiera que hab\u00eda un sacerdote que celebrase con tama\u00f1a irreverencia, lo har\u00eda quemar vivo. Como veo que hay en Roma sacerdotes que celebran tan indignamente, y hasta en presencia del Papa y no se les castiga, me he persuadido de que ni el Papa cree\u201d.&nbsp;<\/em>Y habiendo dicho esto se despidi\u00f3 y permaneci\u00f3 obstinado en la voluntad de no abjurar.<\/p>\n\n\n\n<p>He de a\u00f1adir a este prop\u00f3sito que cierto seglar luego de o\u00edr una Misa celebrada de esta forma, no pudo menos de decir a un compa\u00f1ero de nuestra Congregaci\u00f3n, que me lo ha contado:&nbsp;<em>\u201cA la verdad que estos sacerdotes con tales Misas nos hacen perder la fe\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Escuchemos las quejas que este lamentable esc\u00e1ndalo arranca al piados\u00edsimo Cardenal Belarmino, citado por Benedicto XIV:&nbsp;<em>\u201cOtra cosa muy digna de l\u00e1grimas es la negligencia o perversidad de ciertos sacerdotes cuando celebran con tanta irreverencia. Se dir\u00eda que no creen en la presencia real de la Divina Majestad en la Hostia consagrada. En efecto, hay sacerdotes que celebran sin atenci\u00f3n, si fervor, sin respeto, como si no creyesen que Jesucristo est\u00e1 realmente presente en sus manos o pensasen que no les ve\u201d.&nbsp;<\/em>\u00a1Pobres sacerdotes! El Padre Juan de \u00c1vila, al o\u00edr que cierto sacerdote acababa de morir despu\u00e9s de haber celebrado una sola Misa, exclam\u00f3:&nbsp;<em>\u201c\u00a1Harto habr\u00e1 tenido que responder a Dios por esa Misa!\u201d<\/em>. \u00bfQue no hubiera dicho de los sacerdotes que la celebran durante treinta o cuarenta a\u00f1os escandalosamente?<\/p>\n\n\n\n<p>No acierto a comprender c\u00f3mo los p\u00e1rrocos y a quien esto incumbe se forman la conciencia para permitir la celebraci\u00f3n en sus iglesias a los sacerdotes que lo hacen con tama\u00f1a irreverencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 fuera de duda que los Obispos est\u00e1n obligados a prohibir la celebraci\u00f3n, sin acepci\u00f3n de personas, a semejantes sacerdotes. Lo determina el Concilio de Trento al hablar de la Misa:&nbsp;<em>\u201cDecreta el Santo S\u00ednodo que los Ordinarios de los lugares han de cuidar diligentemente y est\u00e1n obligados a impedir todos estos abusos, resultado de una irreverencia tan rayana en la impiedad que apenas si se puede distinguir de ella\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La causa de todo \u00e9ste mal son los sacerdotes.&nbsp;<em>\u201cA vosotros sacerdotes, menospreciadores de mi Nombre. Pero dir\u00e9is: \u00bfEn qu\u00e9 hemos menospreciado tu Nombre? Ofreciendo sobre mi altar comida mancillada\u201d&nbsp;<\/em>(Malaqu\u00edas 1, 6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto equivale a decir que el poco caso que hacen los fieles de la Misa, nace del poco caso que los sacerdotes hacen de la reverencia que se le debe.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, queridos sacerdotes, procuren celebrar como se debe, sin temor de que por ello se los censure, les basta merecer la aprobaci\u00f3n de Dios y la de los \u00e1ngeles que rodean el altar. Consideremos la gran obra que vamos a ejecutar cuando nos dirigimos a celebrar y el gran tesoro de m\u00e9ritos que adquiriremos al celebrar devotamente. \u00a1Cu\u00e1nto bien reporta al sacerdote una Misa celebrada con devoci\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Si la oraci\u00f3n de los fieles es atendida m\u00e1s pronto por Dios cuando se hace en presencia del sacerdote que celebra, \u00a1con cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n ser\u00e1 o\u00edda la oraci\u00f3n del propio sacerdote cuando celebra con devoci\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Al sacerdote que celebra diariamente con devoci\u00f3n, Dios le dar\u00e1 siempre nuevas luces y nuevas fuerzas. Jesucristo lo iluminar\u00e1 siempre m\u00e1s, lo consolar\u00e1, lo animar\u00e1 y le conceder\u00e1 cuantas gracias deseare.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, hablando del respeto que se debe a Jesucristo que se sacrifica en la Misa, no puedo menos de recordar este mandato del Papa Inocencio III:&nbsp;<em>Ordenamos que los oratorios, los vasos sagrados, los ornamentos sacerdotales, se hallen en buen estado y brillen por su limpieza; pues ser\u00eda absurdo tolerar en el santuario manchas que no se tolerar\u00edan en ninguna otra parte<\/em>. Este Papa ten\u00eda toda la raz\u00f3n del mundo para hablar as\u00ed, porque a la verdad hay sacerdotes que no se averg\u00fcenzan de celebrar o de permitir que otro celebre con corporales, purificadores y c\u00e1lices de los que se avergonzar\u00edan de servirse a la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio,&nbsp;<em>La misa atropellada<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Como antes dijimos, la Misa celebrada devotamente inspira devoci\u00f3n a cu\u00e1ntos la oyen, en cambio, cuando se la celebra atropelladamente consigue que se pierda la devoci\u00f3n y casi la fe. 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