{"id":520,"date":"2022-05-20T07:30:00","date_gmt":"2022-05-20T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=520"},"modified":"2022-05-11T20:24:02","modified_gmt":"2022-05-11T23:24:02","slug":"de-la-enciclica-acerbo-nimis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/de-la-enciclica-acerbo-nimis\/","title":{"rendered":"De la Enc\u00edclica Acerbo nimis"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-San-Pio-X-56.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"399\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-San-Pio-X-56.jpg?resize=399%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-521\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-San-Pio-X-56.jpg?w=399&amp;ssl=1 399w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-San-Pio-X-56.jpg?resize=239%2C300&amp;ssl=1 239w\" sizes=\"auto, (max-width: 399px) 100vw, 399px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La doctrina cristiana nos hace conocer a Dios y lo que llamamos sus infinitas perfecciones, harto m\u00e1s hondamente que las fuerzas naturales. Al mismo tiempo nos manda reverenciar a Dios por obligaci\u00f3n de fe, que se refiere a la raz\u00f3n; por deber de esperanza, que se refiere a la voluntad, y por deber de caridad, que se refiere al coraz\u00f3n, con lo cual deja a todo el hombre sometido a Dios, su Creador y moderador. De la misma manera s\u00f3lo la doctrina de Jesucristo pone al hombre en posesi\u00f3n de su verdadera y noble dignidad, como hijo que es del Padre celestial, que est\u00e1 en los cielos, que le hizo a su imagen y semejanza, para vivir con \u00c9l eternamente dichoso. M\u00e1ndanos, asimismo, que nos entreguemos en manos de Dios, que cuida de nosotros; que socorramos al pobre, hagamos bien a nuestros enemigos y prefiramos los bienes eternos del alma a los perecederos del tiempo. Y sin tocar menudamente a todo, \u00bfno es, acaso, doctrina de Cristo la que recomienda y prescribe al hombre soberbio la humildad, origen de la verdadera gloria? Cualquiera que se humillare, \u00e9se ser\u00e1 el mayor en el reino de los cielos. En esta celestial doctrina se nos ense\u00f1a la prudencia del esp\u00edritu, para guardarnos de la prudencia de la carne; la justicia, para dar a cada uno lo suyo; la fortaleza, que nos dispone a sufrir y padecerlo todo generosamente por Dios y por la eterna bienaventuranza; en fin, la templanza, que no s\u00f3lo nos hace amable la pobreza por amor de Dios, sino que en medio de nuestras humillaciones hace que nos gloriemos en la cruz. Luego, gracias a la sabidur\u00eda cristiana, no s\u00f3lo nuestra inteligencia recibe la luz que nos permite alcanzar la verdad, sino que aun la misma voluntad concibe aquel ardor que nos conduce a Dios y nos une a \u00c9l por la pr\u00e1ctica de la virtud.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Lejos estamos de afirmar que la malicia del alma y la corrupci\u00f3n de las costumbres no puedan coexistir con el conocimiento de la religi\u00f3n. Pluguiese a Dios que la experiencia no lo demostrara con tanta frecuencia. Pero entendemos que, cuando al esp\u00edritu envuelven las espesas tinieblas de la ignorancia, ni la voluntad puede ser recta, ni sanas las costumbres. El que camina con los ojos abiertos, podr\u00e1 apartarse, no se niega, de la recta y segura senda; pero el ciego est\u00e1 en peligro cierto de perderse. Adem\u00e1s, cuando no est\u00e1 enteramente apagada la antorcha de la fe, todav\u00eda queda esperanza de que se enmiende la corrupci\u00f3n de costumbres; mas cuando a la depravaci\u00f3n se junta la ignorancia de la fe, ya no queda lugar a remedio, sino abierto el camino de la ruina.<\/p>\n\n\n\n<p>Puesto que de la ignorancia de la religi\u00f3n proceden tantos y tan graves da\u00f1os, y, por otra parte, son tan grandes la necesidad y utilidad de la formaci\u00f3n religiosa, ya que, en vano ser\u00eda esperar que nadie pueda cumplir las obligaciones de cristiano, si no las conoce; conviene averiguar hora a qui\u00e9n compete preservar a las almas de aquella perniciosa ignorancia e instruirlas en ciencia tan indispensable. El principal ministerio de cuantos ejercen de alguna manera el gobierno de la Iglesia consiste en ense\u00f1ar a los fieles en las cosas sagradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto es que Dios alaba grandemente la piedad que nos mueve a procurar el alivio de las humanas miserias: mas, \u00bfqui\u00e9n negar\u00e1 que mayor alabanza merecen el celo y el trabajo consagrados a procurar los bienes celestiales a los hombres, y no ya las transitorias ventajas materiales?<\/p>\n\n\n\n<p>El sacrosanto Concilio de Trento, hablando de los pastores de almas, declara que la primera y mayor de sus obligaciones era la de ense\u00f1ar al pueblo cristiano. Dispone, en consecuencia, que por lo menos los domingos y fiestas solemnes den al pueblo instrucci\u00f3n religiosa, y durante los santos tiempos de Adviento y Cuaresma diariamente, o al menos tres veces por semana. Ni esto s\u00f3lo: porque a\u00f1ade el Concilio que los p\u00e1rrocos est\u00e1n obligados, al menos los domingos y d\u00edas de fiesta, a ense\u00f1ar, por s\u00ed o por otros, a los ni\u00f1os las verdades de fe y la obediencia que deben a Dios y a sus padres. Asimismo manda que, cuando hayan de administrar alg\u00fan sacramento, instruyan, acerca de su naturaleza, a los que van a recibirlo, explic\u00e1ndolo en lengua vulgar e inteligible.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: San P\u00edo X,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Acerbo nimis<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu La doctrina cristiana nos hace conocer a Dios y lo que llamamos sus infinitas perfecciones, harto m\u00e1s hondamente que las fuerzas naturales. 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