{"id":523,"date":"2022-05-21T07:30:00","date_gmt":"2022-05-21T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=523"},"modified":"2022-05-11T20:25:15","modified_gmt":"2022-05-11T23:25:15","slug":"frecuentemos-el-catecismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/frecuentemos-el-catecismo\/","title":{"rendered":"Frecuentemos el Catecismo"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Caratula-05.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"369\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Caratula-05.jpg?resize=369%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-524\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Caratula-05.jpg?w=369&amp;ssl=1 369w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Caratula-05.jpg?resize=221%2C300&amp;ssl=1 221w\" sizes=\"auto, (max-width: 369px) 100vw, 369px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">En su constituci\u00f3n&nbsp;<em>Etsi minime<\/em>, Nuestro predecesor Benedicto XIV dispone el doble ministerio, a saber: la predicaci\u00f3n, que habitualmente se llama explicaci\u00f3n del Evangelio, y la ense\u00f1anza de la doctrina cristiana. Acaso no falten sacerdotes que, deseosos de ahorrarse trabajo, crean que con las homil\u00edas satisfacen la obligaci\u00f3n de ense\u00f1ar el Catecismo. Quienquiera que reflexione, descubrir\u00e1 lo err\u00f3neo de esta opini\u00f3n; porque la predicaci\u00f3n del Evangelio est\u00e1 destinada a los que ya poseen los elementos de la fe. Es el pan, que debe darse a los adultos. Mas por lo contrario, la ense\u00f1anza del Catecismo es aquella leche, que el ap\u00f3stol San Pedro quer\u00eda que todos los fieles hab\u00edan de desear sinceramente, como los ni\u00f1os reci\u00e9n nacidos. El oficio, pues, del catequista consiste en elegir alguna verdad relativa a la fe y a las costumbres cristianas, y explicarla en todos sus aspectos. Y, como el fin de la ense\u00f1anza es la perfecci\u00f3n de la vida, el catequista ha de comparar lo que Dios manda obrar y lo que los hombres hacen realmente; despu\u00e9s de lo cual, y sacando oportunamente alg\u00fan ejemplo de la Sagrada Escritura, de la historia de la Iglesia o de las vidas de los Santos, ha de aconsejar a sus oyentes, como si la se\u00f1alara con el dedo, la norma a que deben ajustar la vida, y terminar\u00e1 exhortando a los presentes a huir de los vicios y a practicar la virtud.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>No ignoramos, en verdad, que este m\u00e9todo de ense\u00f1ar la doctrina cristiana no es grato a muchos, que lo estiman en poco y acaso impropio para conseguir alabanza popular; pero Nos declaramos que semejante juicio pertenece a los que se dejan llevar de la ligereza m\u00e1s que de la verdad. Ciertamente no reprobamos a los oradores sagrados que, movidos por sincero deseo de gloria divina, se emplean en la defensa de la fe o en hacer el paneg\u00edrico de los Santos; pero su labor requiere otra preliminar -la de los catequistas- pues, faltando \u00e9sta, no hay fundamento, y en vano se fatigan los que edifican la casa. Harto frecuente es que floridos discursos, recibidos con el aplauso de numeroso auditorio, s\u00f3lo sirvan para halagar el o\u00eddo, no para conmover las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo juicio ha de formarse de aquellos sacerdotes que, por mejor exponer las verdades de la religi\u00f3n, publican eruditos vol\u00famenes; son dignos, ciertamente, de copiosa alabanza. Mas \u00bfcu\u00e1ntos son los que consultan obras de esa \u00edndole y sacan de ellas el fruto correspondiente a la labor y a los deseos de sus autores? Pero la ense\u00f1anza de la doctrina cristiana, bien hecha, jam\u00e1s deja de aprovechar a los que la escuchan.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene repetir -para inflamar el celo de los ministros del Se\u00f1or- que ya es crecid\u00edsimo, y aumenta cada d\u00eda m\u00e1s, el n\u00famero de los que todo lo ignoran en materia de religi\u00f3n, o que s\u00f3lo tienen un conocimiento tan imperfecto de Dios, de la fe cristiana que, en plena luz de verdad cat\u00f3lica, les permite vivir como paganos. \u00a1Ay! Cu\u00e1n grande es el n\u00famero, no diremos de ni\u00f1os, pero de adultos y aun ancianos que ignoran absolutamente los principales misterios de la fe, y que, al o\u00edr el nombre de Cristo, responden: \u00bfQui\u00e9n es&#8230; para que yo crea en \u00e9l? De ah\u00ed el que tengan por l\u00edcito forjar y mantener odios contra el pr\u00f3jimo, hacer contratos inicuos, explotar negocios infames, hacer pr\u00e9stamos usurarios y cometer otras maldades semejantes. De ah\u00ed que, ignorantes de la ley de Cristo -que no s\u00f3lo proh\u00edbe toda acci\u00f3n torpe, sino el pensamiento voluntario y el deseo de ella- muchos que, sea por lo que quiera, casi se abstienen de los placeres vergonzosos, alimentan sus almas, que carecen de principios religiosos, con los pensamientos m\u00e1s perversos, y hacen el n\u00famero de sus iniquidades mayor que el de los cabellos de su cabeza. Y ha de repetirse que estos vicios no se hallan solamente entre la gente pobre del campo y de las clases bajas, sino tambi\u00e9n, y acaso con m\u00e1s frecuencia, entre gentes de superior categor\u00eda, incluso entre los que se envanecen de su saber, y, apoyados en una vana erudici\u00f3n, pretenden burlarse de la religi\u00f3n y blasfemar de todo lo que no conocen.<\/p>\n\n\n\n<p>Si es cosa vana esperar cosecha en tierra no sembrada, \u00bfc\u00f3mo esperar generaciones adornadas de buenas obras, si oportunamente no fueron instruidas en la doctrina cristiana? De donde justamente concluimos que, si la fe languidece en nuestros d\u00edas hasta parecer casi muerta en una gran mayor\u00eda, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligaci\u00f3n de ense\u00f1ar las verdades contenidas en el Catecismo. In\u00fatil ser\u00eda decir, como excusa, que la fe es dada gratuitamente y conferida a cada uno en el bautismo. Porque, ciertamente, los bautizados en Jesucristo, fuimos enriquecidos con el h\u00e1bito de la fe, mas esta divina semilla no llega a crecer y echar grandes ramas, abandonada a s\u00ed misma y como por nativa virtud. Tiene el hombre, desde que nace, facultad de entender; mas esta facultad necesita de la palabra materna para convertirse en acto, como suele decirse. Tambi\u00e9n el hombre cristiano, al renacer por el agua y el Esp\u00edritu Santo, trae como en germen la fe; pero necesita la ense\u00f1anza de la Iglesia para que esa fe pueda nutrirse, crecer y dar fruto.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: San P\u00edo X,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Acerbo nimis<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu En su constituci\u00f3n&nbsp;Etsi minime, Nuestro predecesor Benedicto XIV dispone el doble ministerio, a saber: la predicaci\u00f3n, que habitualmente se llama explicaci\u00f3n del Evangelio, y la ense\u00f1anza de la doctrina cristiana. 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