{"id":526,"date":"2022-05-22T07:30:00","date_gmt":"2022-05-22T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=526"},"modified":"2022-05-12T19:42:30","modified_gmt":"2022-05-12T22:42:30","slug":"quinto-domingo-de-pascua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/quinto-domingo-de-pascua\/","title":{"rendered":"Quinto Domingo de Pascua"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Misa-Tridentina-90.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"333\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Misa-Tridentina-90.jpg?resize=333%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-527\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Misa-Tridentina-90.jpg?w=333&amp;ssl=1 333w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/bl-Misa-Tridentina-90.jpg?resize=200%2C300&amp;ssl=1 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 333px) 100vw, 333px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Oh Dios, de quien proceden todos los bienes: danos, a los que te suplicamos, la gracia de que, con tu inspiraci\u00f3n, pensemos lo que es recto, y de que, con tu direcci\u00f3n, lo hagamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol Santiago<\/p>\n\n\n\n<p><em>Car\u00edsimos: Sed obradores de la palabra, y no s\u00f3lo oidores, enga\u00f1\u00e1ndoos a vosotros mismos. Porque, si alguien es oidor de la palabra, y no obrador, este tal ser\u00e1 comparado a un hombre que contempla en un espejo su rostro natural: se mira, y se va, y al punto se olvida de c\u00f3mo es. Mas, el que contemplare la ley perfecta de la libertad, y perseverare en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de obra, este tal ser\u00e1 bienaventurado en su acci\u00f3n. Y, si alguien cree que es religioso, no refrenando su lengua, sino enga\u00f1ando a su coraz\u00f3n, la religi\u00f3n de ese tal es vana. La religi\u00f3n pura e inmaculada ante Dios y el Padre es \u00e9sta: Visitar a los hu\u00e9rfanos, y a las viudas, en su tribulaci\u00f3n, y conservarse inmaculado de este mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>El Santo Ap\u00f3stol, cuyos consejos acabamos de escuchar, hab\u00eda recibido las ense\u00f1anzas del Salvador resucitado. Santiago el Menor es verdaderamente el Ap\u00f3stol del Tiempo Pascual, en que todo nos habla de la vida nueva que debemos llevar con Cristo resucitado. Es el Ap\u00f3stol de las obras y quien nos ha trasmitido esta m\u00e1xima fundamental del cristianismo, que si la fe es necesaria ante todo para el cristiano, esta virtud, sin las obras, es una fe muerta que no puede salvarle.<\/p>\n\n\n\n<p>Insiste hoy sobre la obligaci\u00f3n que tenemos de cultivar en nosotros mismos la atenci\u00f3n a las verdades que primeramente hemos comprendido y de mantenernos en guardia contra este olvido culpable que causa tantos estragos en las almas inconsideradas. Entre estos en quienes se ha realizado el misterio de la Pascua, algunos no perseverar\u00e1n en \u00e9l; y les suceder\u00e1 esta desdicha porque se entregaron al mundo, en lugar de usar del mundo como si no usasen. Recordemos siempre que debemos caminar en una vida nueva, a imitaci\u00f3n de aquella de Jes\u00fas resucitado que no puede ya morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Continuaci\u00f3n del santo Evangelio seg\u00fan San Juan<\/p>\n\n\n\n<p><em>En aquel tiempo dijo Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos: En verdad, en verdad os digo: Si pidiereis algo al Padre en mi nombre, os lo dar\u00e1. Hasta ahora no le hab\u00e9is pedido nada: Pedid, y recibir\u00e9is, para que vuestro gozo sea pleno. Os he dicho estas cosas en proverbios. Ya llega la hora en que no os hablar\u00e9 en proverbios, sino que os hablar\u00e9 claramente del Padre. En aquel d\u00eda pedir\u00e9is en nombre m\u00edo: y no os digo que yo rogar\u00e9 al Padre por vosotros: porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me hab\u00e9is amado, y hab\u00e9is cre\u00eddo que yo sal\u00ed del Padre. Sal\u00ed del Padre, y vine al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Dij\u00e9ronle sus disc\u00edpulos: He aqu\u00ed que ahora hablas claramente, y no dices ning\u00fan proverbio. Ahora sabemos que lo sabes todo, y no es preciso que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el Salvador, en la \u00faltima Cena, anunci\u00f3 de este modo a sus ap\u00f3stoles su pr\u00f3xima partida, estos estaban a\u00fan lejos de comprender lo que significaba. Con todo; ya cre\u00edan \u201cque hab\u00eda salido de Dios\u201d. Pero esta creencia era vacilante, ya que no deb\u00eda tener una realizaci\u00f3n inmediata. En los d\u00edas en que nos encontramos, rodeando a su Maestro resucitado, iluminados por sus palabras, lo llegan a comprender mejor. Ha llegado el momento \u201cen que no les habla ya en par\u00e1bolas\u201d; hemos visto qu\u00e9 ense\u00f1anzas les da, c\u00f3mo les prepara para ser los doctores del mundo. Ahora pueden decirle: \u201cOh Maestro, verdaderamente has salido de Dios\u201d. Pero por esto mismo comprenden ya la p\u00e9rdida de que son amenazados; tiene la idea del vac\u00edo inmenso que su ausencia les har\u00e1 sentir.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas comienza a recoger el fruto que su divina bondad sembr\u00f3 en ellos y que esper\u00f3 con una paciencia tan inefable. Si en el Cen\u00e1culo el Jueves Santo les felicitaba ya por su fe; ahora que le han visto resucitado, que le han o\u00eddo, merecen sus elogios pero de un modo muy distinto, porque se han hecho m\u00e1s firmes y m\u00e1s fieles. \u201cEl Padre os ama -les dec\u00eda entonces- porque vosotros me am\u00e1is\u201d; \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s debe amarlos el Padre ahora que su amor se ha acrecentado? Estas palabras deben infundirnos tambi\u00e9n a nosotros esperanza. Antes de la Pascua nosotros am\u00e1bamos flojamente al Salvador, est\u00e1bamos vacilantes en su servicio; ahora que hemos sido instruidos por \u00c9l, fortalecidos por sus misterios, podemos esperar que el Padre nos amar\u00e1, porque nosotros amamos m\u00e1s, amamos mejor a su Hijo. Este divino Redentor nos invita a pedir al Padre en su nombre todas nuestras necesidades. La primera de todas es nuestra perseverancia en el esp\u00edritu de la Pascua; insistamos para obtenerla y ofrezcamos a esta intenci\u00f3n la Santa V\u00edctima que ser\u00e1 presentada sobre el altar.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Oh Dios, de quien proceden todos los bienes: danos, a los que te suplicamos, la gracia de que, con tu inspiraci\u00f3n, pensemos lo que es recto, y de que, con tu direcci\u00f3n, lo hagamos. 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