{"id":592,"date":"2022-06-11T07:30:00","date_gmt":"2022-06-11T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=592"},"modified":"2022-06-01T19:20:51","modified_gmt":"2022-06-01T22:20:51","slug":"don-de-temor-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/don-de-temor-de-dios\/","title":{"rendered":"Don de Temor de Dios"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Confirmacion-01.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"321\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Confirmacion-01.jpg?resize=321%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-593\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Confirmacion-01.jpg?w=321&amp;ssl=1 321w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Confirmacion-01.jpg?resize=193%2C300&amp;ssl=1 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 321px) 100vw, 321px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El don de temor est\u00e1 en la base de todo el edificio de la perfecci\u00f3n cristiana. Nos establece en la actitud fundamental que conviene a toda criatura frente a la infinita grandeza de Dios: la conciencia de nuestra nada: \u201cYo soy Aquel que soy, t\u00fa eres aquella que no es\u201d, dec\u00eda Dios a Santa Catalina de Siena. Elimina de una vida humana el mayor obst\u00e1culo para la santidad: el orgullo. El alma, penetrada de su total impotencia y olvidada de s\u00ed misma, gu\u00e1rdase bien de sustraer a Dios aun la menor part\u00edcula de gloria. Como la Virgen del Magnificat en medio de los prodigios operados en ella, se deja atr\u00e1s el alma a s\u00ed misma para no cantar sino la efusi\u00f3n de las misericordias divinas: \u201cEl Omnipotente ha hecho en m\u00ed cosas grandes. Y su nombre es Santo\u201d (Lc 1, 49). Dios se complace en colmar, con sus gracias de predilecci\u00f3n, a un alma en la cual est\u00e1 seguro de que todas las mercedes de sus divinas manos redundar\u00e1n en gloria suya.<\/p>\n\n\n\n<p>El don de temor, valioso auxiliar de la templanza, desempe\u00f1a un papel decisivo, m\u00e1s importante todav\u00eda para la econom\u00eda de nuestra vida espiritual, en el florecimiento de la esperanza. Ayudando al alma a acordarse de su fragilidad natural y a no apoyarse en ella misma, la impulsa a refugiarse en Dios, a confiarse en \u00c9l solo. Despojada de todo amor propio, libertada de todo repliegue sobre s\u00ed, el alma cuenta en adelante \u00fanicamente con los m\u00e9ritos de Cristo y con la soberana bondad de Dios. El esp\u00edritu de temor la arroja en una confianza audaz y filial, que muy pronto la conduce al abandono total, forma suprema del amor.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><em>\u201cEn nosotros, el obst\u00e1culo para el bien es el orgullo. Este nos lleva a resistir a Dios, a poner el fin en nosotros mismos; en una palabra, a perdernos. Solamente la humildad puede librarnos de peligro tan grande. \u00bfQui\u00e9n nos dar\u00e1 la humildad?: el Esp\u00edritu Santo, al derramar en nosotros el Don de Temor de Dios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Este sentimiento se asienta en la idea que la fe nos sugiere sobre la majestad de Dios, en cuya presencia somos nada, sobre su santidad infinita ante la cual somos indignidad y miseria, sobre el juicio soberanamente equitativo que debe ejercer sobre nosotros al salir de esta vida y el riesgo de una ca\u00edda siempre posible, si faltamos a la gracia que nunca nos falta, pero a la cual podemos resistir.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La salvaci\u00f3n del hombre se obra, pues, en el temor y en el miedo, como ense\u00f1a el Ap\u00f3stol pero este temor, que es un don del Esp\u00edritu Santo, no es un sentimiento vil que se limitar\u00eda a arrojarnos en el espantoso pensamiento de los castigos eternos. Nos mantiene en la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n, aun cuando nuestros pecados fuesen perdonados hace mucho; nos impide olvidar que somos pecadores, que todo lo debemos a la misericordia divina y que s\u00f3lo somos salvos en esperanza.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Este temor de Dios no es un temor servil; es, por el contrario, la fuente de los m\u00e1s delicados sentimientos. Puede unirse con el amor, porque es un sentimiento filial que detesta el pecado a causa del ultraje hecho a Dios. Inspirado por el respeto a la majestad divina, por el sentimiento de su santidad infinita pone a la criatura en su verdadero lugar, y San Pablo nos ense\u00f1a que, purificado de este modo, contribuye a completar la santificaci\u00f3n. As\u00ed o\u00edmos a este gran Ap\u00f3stol, que hab\u00eda sido arrebatado hasta el tercer cielo, confesar que es riguroso consigo mismo para no ser condenado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El esp\u00edritu de independencia y de falsa libertad que reina actualmente hace poco com\u00fan el temor de Dios, y esa es la plaga de nuestros tiempos. La familiaridad con Dios reemplaza a menudo a esta disposici\u00f3n fundamental de la vida cristiana, y desde entonces todo progreso se detiene, la ilusi\u00f3n se introduce en el alma y los Sacramentos, que en el momento del retorno hacia Dios hab\u00edan obrado con tanto poder, se hacen est\u00e9riles. Es que el Don de Temor de Dios se ha sofocado con la vana complacencia del alma en s\u00ed misma. La humildad se ha extinguido; un orgullo secreto y universal ha paralizado los movimientos de esta alma. Llega, sin saberlo, a no conocer a Dios, por el hecho mismo de que no tiembla en su presencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Conserva en nosotros, Esp\u00edritu divino, el Don de Temor de Dios que nos otorgaste en el bautismo. Este temor asegurar\u00e1 nuestra perseverancia en el fin, deteniendo los progresos del esp\u00edritu del orgullo. Sea como un dardo que atraviese nuestra alma de parte a parte, y quede siempre fijo en ella como nuestra salvaguardia. Abata nuestra soberbia y nos preserve de la molicie, revel\u00e1ndonos sin cesar la grandeza y la santidad del que nos ha creado y nos tiene que juzgar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sabemos, Esp\u00edritu divino, que este feliz temor no ahoga el amor; antes retira los obst\u00e1culos que impedir\u00edan su desarrollo. Las Virtudes celestiales ven y aman al soberano Bien con ardor, est\u00e1n embriagadas de \u00e9l por toda la eternidad; con todo eso, tiemblan ante su tremenda majestad, tremunt Potestates. \u00a1Y nosotros, cubiertos de las cicatrices del pecado, llenos de imperfecci\u00f3n, expuestos a mil ardides, obligados a luchar con tantos enemigos, no hemos de sentir que es necesario estimular por un temor fuerte y filial al mismo tiempo, nuestra voluntad que se duerme tan f\u00e1cilmente, nuestro esp\u00edritu al que rodean tantas tinieblas!, preserva en nosotros tu obra, divino Esp\u00edritu, el precioso don que te has dignado hacernos; ens\u00e9\u00f1anos a conciliar la paz y la alegr\u00eda del coraz\u00f3n con el temor de Dios, seg\u00fan la advertencia del Salmista: Servid al Se\u00f1or con temor, y os estremecer\u00e9is de gozo temblando delante de \u00c9l\u201d&nbsp;<\/em>(Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Cf. Marie Michel Philipon,&nbsp;<em>Los Sacramentos en la vida cristiana<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu El don de temor est\u00e1 en la base de todo el edificio de la perfecci\u00f3n cristiana. 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