{"id":598,"date":"2022-06-13T07:30:00","date_gmt":"2022-06-13T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=598"},"modified":"2022-06-06T18:41:09","modified_gmt":"2022-06-06T21:41:09","slug":"el-doctor-evangelico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/el-doctor-evangelico\/","title":{"rendered":"El Doctor Evang\u00e9lico"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-San-Antonio-de-Padua-27.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"298\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-San-Antonio-de-Padua-27.jpg?resize=298%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-599\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-San-Antonio-de-Padua-27.jpg?w=298&amp;ssl=1 298w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-San-Antonio-de-Padua-27.jpg?resize=179%2C300&amp;ssl=1 179w\" sizes=\"auto, (max-width: 298px) 100vw, 298px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Se dir\u00eda que la Sabidur\u00eda eterna se complac\u00eda en destruir hasta los \u00faltimos momentos todos los planes de San Antonio. De sus veinte a\u00f1os de vida religiosa, pas\u00f3 diez con los can\u00f3nigos regulares, adonde el divino llamamiento dirigi\u00f3 los pasos de su graciosa inocencia cuando contaba quince a\u00f1os. All\u00ed su alma ser\u00e1fica se eleva a las alturas, que la retienen para siempre, al parecer, en el secreto de la paz de Dios, cautivada por los esplendores de la Liturgia, el estudio de las Sagradas Escrituras y el silencio del claustro.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto el Esp\u00edritu divino le invita al martirio: y le vemos abandonar su claustro amado y seguir a los Frailes Menores a playas en las cuales muchos han recibido ya la palma gloriosa. Pero el martirio que le espera, es el del amor; enfermo, reducido a la impotencia antes que su celo haya podido trabajar en el suelo africano, la obediencia le llama a Espa\u00f1a, y he aqu\u00ed que una tempestad le arroja a las costas de Italia. Por entonces San Francisco de As\u00eds reun\u00eda por tercera vez, despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, a toda su admirable familia. Antonio apareci\u00f3 all\u00ed, tan humilde, tan modesto, que nadie se preocup\u00f3 de \u00e9l. El ministro de la provincia de Bolonia fue quien le recogi\u00f3, y, no encontrando en \u00e9l ninguna capacidad para el apostolado, le se\u00f1al\u00f3 como residencia la ermita del monte de San Pablo. Su cargo fue el de ayudar al cocinero y barrer la casa. Durante este tiempo, los can\u00f3nigos de San Agust\u00edn lloraban a aquel que poco antes hab\u00eda sido la gloria de su orden por su nobleza, su ciencia y su santidad.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Pero luego son\u00f3 la hora que la Providencia se hab\u00eda reservado para manifestar al mundo a su siervo Antonio. Una alocuci\u00f3n que inopinadamente tuvo que dirigir a sus hermanos j\u00f3venes, revela tan maravillosa elocuencia, que sus superiores, reconociendo su yerro, en seguida le hacen predicador. Los prodigios continuos, en el orden natural y de la gracia, aureolan los pulpitos en que predica el humilde fraile. En Roma, mereci\u00f3 el glorioso t\u00edtulo de&nbsp;<em>arca del Testamento<\/em>. En Bolonia y en el norte de Italia convirti\u00f3 a multitudes de herejes, y en la \u00faltima cuaresma que predic\u00f3 en Lombard\u00eda, introdujo profundas reformas sociales en favor de los pobres y desgraciados. En Padua, en Verona, le pidieron frecuentemente su intervenci\u00f3n en los negocios temporales. Nos es imposible seguir en todos sus pasos su estela luminosa; pero no podemos olvidar que pertenece a Francia una gran parte de los a\u00f1os de su poderoso ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>San Francisco hab\u00eda deseado ardientemente evangelizar personalmente a Francia infestada en gran parte por la herej\u00eda; pero, al menos, envi\u00f3 a su hijo m\u00e1s querido, a su imagen viviente. Lo que hab\u00eda sido Santo Domingo en la primera cruzada contra los albigenses, lo fue Antonio en la segunda; y entonces fue cuando mereci\u00f3 el apelativo de martillo de la herej\u00eda. Desde la Provenza a Berry, todas las provincias se ven removidas por su ardiente palabra. Predica en Bourges, en Limoges y Arl\u00e9s. Fue guardi\u00e1n en Lemous\u00edn. Fund\u00f3 el convento de Brive, en el cual se muestran a\u00fan las grutas que habit\u00f3. De todas partes acud\u00edan las multitudes a o\u00edrle. En medio de sus triunfos y sus fatigas, el cielo fortalece con deliciosos favores su alma, que ha permanecido como la de un ni\u00f1o. En una casa solitaria del Limous\u00edn, el Ni\u00f1o Jes\u00fas, radiante con una admirable belleza, descendi\u00f3 un d\u00eda a sus brazos, le prodig\u00f3 sus caricias y le pidi\u00f3 las suyas. Un d\u00eda de la Asunci\u00f3n, que estaba muy triste con ocasi\u00f3n de cierto pasaje del Oficio de aquella \u00e9poca, poco favorable a la subida de Nuestra Se\u00f1ora al cielo en cuerpo y alma, la Virgen fue a consolarle en su pobre celda, le asegur\u00f3 la verdadera doctrina y le dej\u00f3 extasiado por el encanto de su rostro y de su voz melodiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La sencillez de tu alma, glorioso San Antonio, hizo de ti el d\u00f3cil instrumento del Esp\u00edritu del amor. La infancia evang\u00e9lica es el tema del primero de los discursos que dedica a tu alabanza el Doctor ser\u00e1fico; la Sabidur\u00eda, que fue en ti el fruto de esta infancia bendita, forma el tema del segundo. Fuiste prudente, oh Antonio, porque desde tus primeros a\u00f1os procuraste alcanzar la Sabidur\u00eda eterna, y, no queriendo que se alejase de ti, tuviste gran cuidado de encerrar tu amor en el claustro, en presencia de Dios, para saborear sus delicias. No ambicionabas m\u00e1s que el silencio y la obscuridad en su divino trato; y, a\u00fan aqu\u00ed en la tierra, tuvo ella sus delicias en adornarte con toda clase de resplandores. Iba ante ti; t\u00fa la segu\u00edas gozoso, \u00fanicamente por ella sola, sin saber que encontrar\u00edas todos los bienes con su compa\u00f1\u00eda. \u00a1Feliz infancia, a la cual ahora, como en tu tiempo, ha reservado Dios la Sabidur\u00eda y el amor!<\/p>\n\n\n\n<p>Como recompensa a tu sumisi\u00f3n amorosa al Padre celestial, los pueblos te obedecieron, los tiranos m\u00e1s feroces temblaron a tu voz. S\u00f3lo la herej\u00eda se neg\u00f3 una vez a escuchar tu palabra, pero los peces salieron a tu defensa, pues, vinieron en masa, ante las miradas de toda una ciudad, a escuchar la palabra que no quisieron recibir los sectarios. Mas \u00a1ay!, el error, que no acud\u00eda a o\u00edr tu voz, no se contenta ahora con eso; quiere hablar solo. Cambiando de forma, renaciendo siempre, intrigando en todos los pa\u00edses por medio del comunismo ateo y la masoner\u00eda, todo el mundo aspira ese veneno. Oh t\u00fa, que todos los d\u00edas socorres a tus devotos en sus necesidades privadas, t\u00fa que tienes ahora en el cielo el mismo poder que tuviste sobre la tierra, socorre a la Iglesia, al pueblo de Dios y a la sociedad, m\u00e1s universal y profundamente perseguida que nunca. Oh Arca del Testamento, vuelve al estudio de la Sagrada Escritura a nuestra generaci\u00f3n sin fe y sin amor; martillo de la herej\u00eda, hiere con esos golpes que regocijan a los \u00e1ngeles y hacen temblar al infierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Se dir\u00eda que la Sabidur\u00eda eterna se complac\u00eda en destruir hasta los \u00faltimos momentos todos los planes de San Antonio. 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