{"id":626,"date":"2022-06-22T07:30:00","date_gmt":"2022-06-22T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=626"},"modified":"2022-06-12T18:16:55","modified_gmt":"2022-06-12T21:16:55","slug":"integridad-del-deposito-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/integridad-del-deposito-de-la-fe\/","title":{"rendered":"Integridad del dep\u00f3sito de la Fe"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Vaticano-06.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"373\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Vaticano-06.jpg?resize=373%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-627\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Vaticano-06.jpg?w=373&amp;ssl=1 373w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Vaticano-06.jpg?resize=224%2C300&amp;ssl=1 224w\" sizes=\"auto, (max-width: 373px) 100vw, 373px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">La Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo c\u00f3mo conservar del modo m\u00e1s perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha lanzado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Los arrianos, los montanistas, los novacianos, los cuartodecimanos, los eutiquianos no abandonaron, seguramente, toda la doctrina cat\u00f3lica, sino solamente tal o cual parte, y, sin embargo, \u00bfqui\u00e9n ignora que fueron declarados herejes y arrojados del seno de la Iglesia? Un juicio semejante ha condenado a todos los fautores de doctrinas err\u00f3neas que fueron apareciendo en las diferentes \u00e9pocas de la historia. \u201cNada es m\u00e1s peligroso que esos heterodoxos que, conservando en lo dem\u00e1s la integridad de la doctrina, con una sola palabra, como gota de veneno, corrompen la pureza y sencillez de la fe que hemos recibido de la tradici\u00f3n dominical, despu\u00e9s apost\u00f3lica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio un\u00e1nime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comuni\u00f3n cat\u00f3lica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo m\u00e1s m\u00ednimo de la doctrina ense\u00f1ada por el magisterio aut\u00e9ntico. San Epifanio, San Agust\u00edn, Teodoreto, han mencionado un gran n\u00famero de herej\u00edas de su tiempo. San Agust\u00edn hace notar que otras clases de herej\u00edas pueden desarrollarse, y que, si alguno se adhiere a una sola de ellas, por ese mismo hecho se separa de la unidad cat\u00f3lica. \u201cDe que alguno diga que no cree en esos errores, no se sigue que deba creerse y decirse cristiano cat\u00f3lico. Pues puede haber y pueden surgir otras herej\u00edas que no est\u00e1n mencionadas en esta obra, y cualquiera que abrazase una sola de ellas cesar\u00eda de ser cristiano cat\u00f3lico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es, pues, incontestable, despu\u00e9s de lo que acabamos de decir, que Jesucristo instituy\u00f3 en la Iglesia un magisterio vivo, aut\u00e9ntico y adem\u00e1s perpetuo, investido de su propia autoridad, revestido del esp\u00edritu de verdad, confirmado por milagros, y quiso, y muy severamente lo orden\u00f3, que las ense\u00f1anzas doctrinales de ese magisterio fuesen recibidas como las suyas propias. Cuantas veces, por lo tanto, declare la palabra de ese magisterio que tal o cual verdad forma parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada cual debe creer con certidumbre que eso es verdad; pues si en cierto modo pudiera ser falso, se seguir\u00eda de ello, lo cual es evidentemente absurdo, que Dios mismo ser\u00eda el autor del error de los hombres. Alejado, pues, todo motivo de duda, \u00bfpuede ser permitido a nadie rechazar alguna de esas verdades sin precipitarse abiertamente en la herej\u00eda, sin separarse de la Iglesia y sin repudiar en conjunto toda la doctrina cristiana?<\/p>\n\n\n\n<p>Pues tal es la naturaleza de la fe, que nada es m\u00e1s imposible que creer esto y dejar de creer aquello. La Iglesia profesa efectivamente que la fe es \u201cuna virtud sobrenatural por la que, bajo la inspiraci\u00f3n y con el auxilio de la gracia de Dios, creemos que lo que nos ha sido revelado por \u00c9l es verdadero; y lo creemos no a causa de la verdad intr\u00ednseca de las cosas, vista con la luz natural de nuestra raz\u00f3n, sino a causa de la autoridad de Dios mismo, que nos revela esas verdades y que no puede enga\u00f1arse ni enga\u00f1arnos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi hay, pues, un punto que haya sido revelado evidentemente por Dios y nos negamos a creerlo, no creemos en nada de la fe divina\u201d. Pues el juicio que emite Santiago respecto de las faltas en el orden moral hay que aplicarlo a los errores de entendimiento en el orden de la fe. \u201cQuien se hace culpado en un solo punto, se hace transgresor de todos\u201d. Esto es a\u00fan m\u00e1s verdadero en los errores del entendimiento. No es, en efecto, en el sentido m\u00e1s propio como pueda llamarse transgresor de toda la ley a quien haya cometido una sola falta moral, pues si puede aparecer despreciando a la majestad de Dios, autor de toda la ley, ese desprecio no aparece sino por una suerte de interpretaci\u00f3n de la voluntad del pecador. Al contrario, quien en un solo punto reh\u00fasa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la fe, pues reh\u00fasa someterse a Dios en cuanto a que es la soberana verdad y el motivo propio de la fe. \u201cEn muchos puntos est\u00e1n conmigo, en otros solamente no est\u00e1n conmigo; pero a causa de esos puntos en los que no est\u00e1n conmigo, de nada les sirve estar conmigo en todo lo dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada es m\u00e1s justo; porque aquellos que no toman de la doctrina cristiana sino lo que quieren, se apoyan en su propio juicio y no en la fe, y al rehusar \u201creducir a servidumbre toda inteligencia bajo la obediencia de Cristo obedecen en realidad a s\u00ed mismos antes que a Dios. \u201cVosotros, que en el Evangelio cre\u00e9is lo que os agrada y os neg\u00e1is a creer lo que os desagrada, cre\u00e9is en vosotros mismos mucho m\u00e1s que en el Evangelio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Padres del concilio Vaticano I nada dictaron de nuevo, pues s\u00f3lo se conformaron con la instituci\u00f3n divina y con la antigua y constante doctrina de la Iglesia y con la naturaleza misma de la fe cuando formularon este decreto: \u201cSe deben creer como de fe divina y cat\u00f3lica todas las verdades que est\u00e1n contenidas en la palabra de Dios escrita o transmitida por la tradici\u00f3n, y que la Iglesia, bien por un juicio solemne o por su magisterio ordinario y universal, propone como divinamente revelada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. Le\u00f3n XIII,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Satis Cognitum<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu La Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo c\u00f3mo conservar del modo m\u00e1s perfecto la integridad de la fe. 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