{"id":636,"date":"2022-06-25T07:30:00","date_gmt":"2022-06-25T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=636"},"modified":"2022-06-20T18:51:04","modified_gmt":"2022-06-20T21:51:04","slug":"el-amor-divino-de-nuestro-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/el-amor-divino-de-nuestro-senor\/","title":{"rendered":"El Amor Divino de Nuestro Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A72.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"243\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A72.jpg?resize=243%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-637\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A72.jpg?w=243&amp;ssl=1 243w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A72.jpg?resize=146%2C300&amp;ssl=1 146w\" sizes=\"auto, (max-width: 243px) 100vw, 243px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Si el Sagrado Coraz\u00f3n merece por S\u00ed mismo nuestros homenajes, es todav\u00eda m\u00e1s digno de nuestro culto como s\u00edmbolo vivo del inmenso amor que lo llena por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es primeramente s\u00edmbolo del amor hacia su Padre Celestial: \u201cLas principales virtudes que se pretenden honrar en \u00e9l, escrib\u00eda el Bienaventurado Claudio de la Colombi\u00e9re, son: en primer t\u00e9rmino, el ardent\u00edsimo amor hacia Dios, su Padre, unido al m\u00e1s profundo respeto y a la mayor intimidad que ha existido; en segundo lugar, una paciencia infinita en soportar los males, una contrici\u00f3n y un extremado dolor de los pecados que ha cargado sobre sus hombros; la confianza de un hijo tiern\u00edsimo, frente a la confusi\u00f3n de un gran pecador\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Basta hojear los evangelios para encontrar la expresi\u00f3n de este amor, de esta intimidad, de esta confianza del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en su Padre. \u201c\u00bfNo sab\u00edais que debo ocuparme en las cosas de mi Padre&#8230;? Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre que me envi\u00f3&#8230;\u201d \u00a1Qu\u00e9 efusi\u00f3n en las palabras: \u201cPadre, te doy gracias porque te has revelado a los peque\u00f1uelos\u201d! \u00a1Qu\u00e9 autoridad en estas otras: \u201cMi Padre y yo somos uno!\u201d \u00a1Qu\u00e9 confianza cuando le dice en el Cen\u00e1culo \u201c\u00a1Padre, glorifica a tu Hijo!\u201d y en el Calvario: \u201c\u00a1Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu!\u201d. Estas citas, que pudieran multiplicarse, nos revelan a\u00fan m\u00e1s el amor del Coraz\u00f3n del Verbo Encarnado hacia su Padre, y son modelo del que debemos tenerle nosotros.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>El Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es tambi\u00e9n el s\u00edmbolo de su amor a los hombres. \u201cLas virtudes que se pretende honrar en \u00c9l, prosigue el Bienaventurado Claudio de la Colombi\u00e9re, son, en tercer lugar, una compasi\u00f3n sensible de nuestras miserias; un inmenso amor, a pesar de estas mismas miserias. Y este Coraz\u00f3n abriga todav\u00eda en cuanto es posible, los mismos sentimientos y, sobre todo, se abrasa de amor por los hombres, siempre abierto y dispuesto a derramar todo g\u00e9nero de gracias y de bendiciones sobre ellos, cargando siempre con nuestros males.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Como s\u00edmbolo vivo de la caridad, podemos preguntarnos con los te\u00f3logos, si el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas nos recuerda su amor creado, o su amor eterno e increado. Nos lo dice la Iglesia en el Decreto del 4 de abril de 1900: \u201cLa fiesta del Sagrado Coraz\u00f3n es una solemnidad que no s\u00f3lo tiene por objeto la adoraci\u00f3n y glorificaci\u00f3n del Hijo de Dios hecho hombre, sino la de renovar tambi\u00e9n simb\u00f3licamente la memoria del amor divino que ha compelido al Hijo de Dios a tomar la naturaleza humana\u201d. Si, pues, honramos al Sagrado Coraz\u00f3n como \u00f3rgano principal de los afectos sensibles de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, como principio y sede de estos mismos sentimientos y de todas las virtudes, \u201ccomo su \u00f3rgano vital, que ha vivido y sigue viviendo la vida de Jes\u00fas, que ha amado y ama todav\u00eda como hace diez y nueve siglos&#8230;\u201d, le honramos tambi\u00e9n como s\u00edmbolo del amor que \u00c9l nos tiene desde la eternidad. El antiguo Testamento nos hab\u00eda ya informado de este amor divino: \u201cTe am\u00e9 con un amor eterno, y por eso te he atra\u00eddo, compadecido de ti\u201d. Y en los d\u00edas del Evangelio Jes\u00fas subray\u00f3: \u201cTanto am\u00f3 Dios al mundo que le dio a su Hijo \u00fanico\u201d y que \u00c9l, \u201cvino al mundo a traer a la tierra el fuego\u201d de la divina caridad. Esta caridad, dice muy bien el Cardenal Billot, \u201ces la caridad increada que le hizo descender a la tierra, y es tambi\u00e9n la caridad creada, que resplandeciendo desde los primeros instantes de su concepci\u00f3n, le condujo a la cruz\u201d. Este es tambi\u00e9n el pensamiento del R. P. Vermeersch, cuando nos invita a incorporar el amor increado a la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n. \u201cPor su Coraz\u00f3n y por el amor humano de su Coraz\u00f3n, nuestro Se\u00f1or nos revela con el mayor esplendor el amor infinito de Dios hacia los hombres. Por su Coraz\u00f3n y por el amor humano de su Coraz\u00f3n nuestro Se\u00f1or nos obliga del modo m\u00e1s persuasivo a pagar amor con amor. Por el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y por el amor humano de su Coraz\u00f3n recibimos m\u00e1s abundantes las divinas influencias, del amor increado. La vida divina resulta en nosotros de la uni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo con el alma, y la donaci\u00f3n de este Esp\u00edritu divino se nos da \u00fanicamente por la comunicaci\u00f3n del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Al repetir en esta Octava las palabras del Se\u00f1or a Santa Margarita Mar\u00eda, la Iglesia nos dice a todos: \u201c\u00a1He aqu\u00ed este Coraz\u00f3n que tanto os ha amado&#8230; y que en recompensa no recibe de la mayor parte de los hombres, sino ingratitud!\u201d En el himno de Laudes de la fiesta nos pregunta a cada uno de nosotros: \u201c\u00bfQui\u00e9n no amar\u00e1 a quien tanto nos ama? \u00bfQu\u00e9 rescatado no amar\u00e1 a su Redentor? \u00bfQui\u00e9n rehusar\u00e1 establecer en este Coraz\u00f3n su perpetua morada?\u201d No podemos menos de exclamar con el Ap\u00f3stol San Pablo, despu\u00e9s de cerciorarnos de tanto amor: \u201c\u00a1S\u00ed, verdaderamente, la caridad de Cristo nos apremia!\u201d, y que nuestros corazones, que tanto tiempo han permanecido fr\u00edos e indiferentes, pecadores e ingratos, se decidan finalmente a dar a Cristo la respuesta que espera de ellos: la de su agradecimiento y amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Si el Sagrado Coraz\u00f3n merece por S\u00ed mismo nuestros homenajes, es todav\u00eda m\u00e1s digno de nuestro culto como s\u00edmbolo vivo del inmenso amor que lo llena por completo. 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