{"id":645,"date":"2022-06-28T07:30:00","date_gmt":"2022-06-28T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=645"},"modified":"2022-06-21T19:21:40","modified_gmt":"2022-06-21T22:21:40","slug":"enciclicas-sobre-el-sagrado-corazon-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/enciclicas-sobre-el-sagrado-corazon-ii\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclicas sobre el Sagrado Coraz\u00f3n (II)"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A74.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A74.jpg?resize=500%2C281&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-646\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A74.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Sagrado-Corazon-A74.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Entre todo cuanto propiamente ata\u00f1e al culto del Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n, descuella la piadosa y memorable consagraci\u00f3n con que nos ofrecemos al Coraz\u00f3n divino de Jes\u00fas, con todas nuestras cosas, reconoci\u00e9ndolas como recibidas de la eterna bondad de Dios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si lo primero y principal de la consagraci\u00f3n es que al amor del Creador responda el amor de la criatura, s\u00edguese espont\u00e1neamente otro deber: el de compensar las injurias de alg\u00fan modo inferidas al Amor increado, si fue desde\u00f1ado con el olvido o ultrajado con la ofensa. A este deber llamamos vulgarmente reparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si unas mismas razones nos obligan a lo uno y a lo otro, con m\u00e1s apremiante t\u00edtulo de justicia y amor estamos obligados al deber de reparar y expiar: de, justicia, en cuanto a la expiaci\u00f3n de la ofensa hecha a Dios por nuestras culpas y en cuanto a la reintegraci\u00f3n del orden violado; de amor, en cuanto a padecer con Cristo paciente y \u201csaturado de oprobio\u201d y, seg\u00fan nuestra pobreza, ofrecerle alg\u00fan consuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente en el culto al Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas tiene la primac\u00eda y la parte principal el esp\u00edritu de expiaci\u00f3n y reparaci\u00f3n; ni hay nada m\u00e1s conforme con el origen, \u00edndole, virtud y pr\u00e1cticas propias de esta devoci\u00f3n, como la historia y la tradici\u00f3n, la sagrada liturgia y las actas de los Santos Pont\u00edfices confirman.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Cuando Jesucristo se aparece a Santa Margarita Mar\u00eda, predic\u00e1ndole la infinitud de su caridad, juntamente, como apenado, se queja de tantas injurias como recibe de los hombres por estas palabras que hab\u00edan de grabarse en las almas piadosas de manera que jam\u00e1s se olvidar\u00e1n: \u201cHe aqu\u00ed este Coraz\u00f3n que tanto ha amado a los hombres y de tantos beneficios los ha colmado, y que en pago a su amor infinito no halla gratitud alguna, sino ultrajes, a veces aun de aquellos que est\u00e1n obligados a amarle con especial amor\u201d. Para reparar estas y otras culpas recomend\u00f3 entre otras cosas que los hombres comulgaran con \u00e1nimo de expiar, que es lo que llaman Comuni\u00f3n Reparadora, y las s\u00faplicas y preces durante una hora, que propiamente se llama la Hora Santa; ejercicios de piedad que la Iglesia no s\u00f3lo aprob\u00f3, sino que enriqueci\u00f3 con copiosos favores espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nta sea, especialmente en nuestros tiempos, la necesidad de esta expiaci\u00f3n y reparaci\u00f3n, no se le ocultar\u00e1 a quien vea y contemple este mundo, como dijimos, \u201cen poder del malo\u201d (1 Jn 5,19). De todas partes sube a Nos clamor de pueblos que gimen, cuyos pr\u00edncipes o rectores se congregaron y confabularon a una contra el Se\u00f1or y su Iglesia (2 Pe 2,2). Por esas regiones vemos atropellados todos los derechos divinos y humanos; derribados y destruidos los templos, los religiosos y religiosas expulsados de sus casas, afligidos con ultrajes, tormentos, c\u00e1rceles y hambre; multitudes de ni\u00f1os y ni\u00f1as arrancados del seno de la Madre Iglesia, e inducidos a renegar y blasfemar de Jesucristo y a los m\u00e1s horrendos cr\u00edmenes de la lujuria; todo el pueblo cristiano duramente amenazado y oprimido, puesto en el trance de apostatar de la fe o de padecer muerte crudel\u00edsima. Todo lo cual es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse \u201clos principios de aquellos dolores\u201d que hab\u00edan de preceder \u201cal hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora\u201d (2 Tes 2,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00fan es m\u00e1s triste, venerables hermanos, que entre los mismos fieles, lavados en el bautismo con la sangre del Cordero inmaculado y enriquecidos con la gracia, haya tantos hombres, de todo orden o clase, que con incre\u00edble ignorancia de las cosas divinas, inficionados de doctrinas falsas, viven vida llena de vicios, lejos de la casa del Padre; vida no iluminada por la luz de la fe, ni alentada de la esperanza en la felicidad futura, ni caldeada y fomentada por el calor de la caridad, de manera que verdaderamente parecen sentados en las tinieblas y en la sombra de la muerte. Cunde adem\u00e1s entre los fieles la incuria de la eclesi\u00e1stica disciplina y de aquellas antiguas instituciones en que toda la vida cristiana se funda y con que se rige la sociedad dom\u00e9stica y se defiende la santidad del matrimonio; menospreciada totalmente o depravada con muelles halagos la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, a\u00fan negada a la Iglesia la facultad de educar a la juventud cristiana; el olvido deplorable del pudor cristiano en la vida y principalmente en el vestido de la mujer; la codicia desenfrenada de las cosas perecederas, el ansia desapoderada de aura popular; la difamaci\u00f3n de la autoridad leg\u00edtima, y, finalmente, el menosprecio de la palabra de Dios, con que la fe se destruye o se pone al borde de la ruina.<\/p>\n\n\n\n<p>Forman el c\u00famulo de estos males la pereza y la necedad de los que, durmiendo o huyendo como los disc\u00edpulos, vacilantes en la fe m\u00edseramente desamparan a Cristo, oprimido de angustias o rodeado de los sat\u00e9lites de Satan\u00e1s; no menos que la perfidia de los que, a imitaci\u00f3n del traidor Judas, o temeraria o sacr\u00edlegamente comulgan o se pasan a los campamentos enemigos. Y as\u00ed aun involuntariamente se ofrece la idea de que se acercan los tiempos vaticinados por nuestro Se\u00f1or: \u201cY porque abund\u00f3 la iniquidad, se enfri\u00f3 la caridad de muchos\u201d (Mt 24,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XI,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Miserentissimus Redemptor<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Entre todo cuanto propiamente ata\u00f1e al culto del Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n, descuella la piadosa y memorable consagraci\u00f3n con que nos ofrecemos al Coraz\u00f3n divino de Jes\u00fas, con todas nuestras cosas, reconoci\u00e9ndolas como recibidas de la eterna &hellip; <a href=\"https:\/\/arcadei.org\/blog\/enciclicas-sobre-el-sagrado-corazon-ii\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[162,60,51,144,133,117,15,56,135,119,53],"class_list":["post-645","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-amor-divino","tag-devocion","tag-espiritualidad","tag-magisterio-de-la-iglesia-catolica","tag-ntro-senor-jesucristo","tag-pecado","tag-persecucion","tag-piedad","tag-reparacion","tag-tradicion","tag-union-con-dios"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pg77Cv-ap","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/645","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=645"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/645\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":647,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/645\/revisions\/647"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=645"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=645"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=645"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}