{"id":661,"date":"2022-07-03T07:30:00","date_gmt":"2022-07-03T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=661"},"modified":"2022-06-30T20:02:47","modified_gmt":"2022-06-30T23:02:47","slug":"domingo-iv-despues-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/domingo-iv-despues-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"Domingo IV despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Misa-Tridentina-A00.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"333\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Misa-Tridentina-A00.jpg?resize=500%2C333&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-662\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Misa-Tridentina-A00.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Misa-Tridentina-A00.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/bl-Misa-Tridentina-A00.jpg?resize=450%2C300&amp;ssl=1 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Suplic\u00e1moste, Se\u00f1or, hagas que el mundo siga, por orden tuya, un curso pac\u00edfico para nosotros; y que tu Iglesia se alegre con tranquila devoci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol S. Pablo a los Romanos (VIII, 18-23)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hermanos: Creo que las penas de este tiempo no son comparables con la futura gloria que se revelar\u00e1 en nosotros. En efecto, el anhelo de las criaturas espera la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios. Porque las criaturas est\u00e1n sujetas a la vanidad, no de grado, sino por causa de aquel que las someti\u00f3 con la esperanza: pues tambi\u00e9n las mismas criaturas ser\u00e1n redimidas de la esclavitud de la corrupci\u00f3n, y alcanzar\u00e1n la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que todas las criaturas gimen y est\u00e1n como de parto hasta ahora. Y no s\u00f3lo ellas, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del esp\u00edritu, gemimos dentro de nosotros, esperando la adopci\u00f3n de los hijos de Dios, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo: en Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No hay comparaci\u00f3n entre los padecimientos temporales y la gloria eterna. De esta gloria, tan s\u00f3lo queda en perspectiva la manifestaci\u00f3n, pues su realidad ya est\u00e1 constituida desde ahora y no hace m\u00e1s que aumentar en nuestros corazones de d\u00eda en d\u00eda. El archivo de nuestra virtud es nuestra propia alma. Nuestras obras quedan inscritas en \u00e9l en forma de merecimiento y a manera de t\u00edtulo interno a la posesi\u00f3n de Dios. Cuando venga la hora de la recompensa, no nos vendr\u00e1 nuestra gloria del exterior, sino de nuestra propia alma, como manifestaci\u00f3n de lo que la gracia de Dios ha creado en ella silenciosamente, mediante nuestra fidelidad.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Continuaci\u00f3n del santo Evangelio seg\u00fan S. Lucas (V, 1-11)<\/p>\n\n\n\n<p><em>En aquel tiempo, las turbas irrumpieron sobre Jes\u00fas, para o\u00edr la palabra de Dios. Y \u00c9l estaba junto al lago de Genesaret. Y vio dos naves, que estaban cerca del lago: y los pescadores hab\u00edan bajado, y lavaban las redes. Y, subiendo a una de las naves, que era de Sim\u00f3n, rog\u00f3 a \u00e9ste que la apartara un poco de tierra. Y, sent\u00e1ndose, ense\u00f1\u00f3 desde la nave a las turbas. Y, cuando ces\u00f3 de hablar, dijo a Sim\u00f3n: Entra m\u00e1s adentro, y lanzad vuestras redes para pescar. Y, respondiendo Sim\u00f3n, le dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche, y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, lanzar\u00e9 la red. Y, habiendo hecho esto, pescaron una gran cantidad de peces: y se romp\u00eda su red. E hicieron se\u00f1as a los compa\u00f1eros, que estaban en la otra nave, para que vinieran y los ayudaran. Y vinieron, y llenaron las dos naves de tal modo, que casi se sumerg\u00edan. Viendo lo cual Sim\u00f3n Pedro, se arroj\u00f3 a las rodillas de Jes\u00fas, diciendo: Ap\u00e1rtate de m\u00ed, Se\u00f1or, porque soy un hombre pecador. Porque el temor se hab\u00eda apoderado de \u00e9l, y de todos los que estaban con \u00e9l, por causa de la pesca de los peces que hab\u00edan capturado: y tambi\u00e9n de Santiago y de Juan hijos del Zebedeo, que eran compa\u00f1eros de Sim\u00f3n. Y dijo Jes\u00fas a Sim\u00f3n: No temas: desde hoy ser\u00e1s ya pescador de hombres Y, conducidas a tierra las naves, dej\u00e1ndolo todo, le siguieron a \u00c9l.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los Evangelistas nos han conservado el recuerdo de dos pescas milagrosas hechas por los Ap\u00f3stoles en presencia de su Maestro. En la primera, que se remonta a la vida mortal del Salvador, la red, lanzada al azar, se rompe por la multitud de peces cogidos, sin que el evangelista se\u00f1ale su n\u00famero, ni otras cualidades; en la segunda, el Se\u00f1or resucitado se\u00f1ala a sus disc\u00edpulos la derecha de la barca ya sin romperse la red, ciento cincuenta y tres peces gruesos llegan a la orilla en que los aguarda Jes\u00fas. Ahora bien los Padres, todos de com\u00fan acuerdo, explican estas dos pescas como figura de la Iglesia: la Iglesia en el tiempo primero, y m\u00e1s tarde en la eternidad. Ahora la Iglesia es multitud; re\u00fane a todos, sin contar los buenos y malos; despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n, s\u00f3lo los buenos formar\u00e1n la Iglesia, y su n\u00famero ser\u00e1 prefijado y se\u00f1alado para siempre. \u201cEl reino de los cielos, dice el Salvador, es semejante a una red lanzada al mar, rebosante de peces de todas las clases; cuando est\u00e1 llena se la retira para elegir los buenos y tirar los malos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201cLos pescadores de hombres han echado sus redes, dice San Agust\u00edn: han cogido esta multitud de cristianos que contemplamos con admiraci\u00f3n; han llenado las dos barcas, figuras de los dos pueblos: el Jud\u00edo y el Gentil. \u00bfPero qu\u00e9 hemos o\u00eddo? La multitud recarga las barcas y las pone en peligro de naufragio; del mismo modo, vemos que la turbamulta confusa de bautizados recarga hoy a la Iglesia. Muchos cristianos viven mal, vacilan y hacen retardarse a los buenos. Pero a\u00fan se portan peor los que rompen las redes con sus cismas y herej\u00edas, peces impacientes que no quieren someterse al yugo de la unidad, que no quieren venir al fest\u00edn de Cristo, y se complacen en s\u00ed mismos, pretextando que no pueden vivir con los malvados, rompen las mallas que los retienen en la estela apost\u00f3lica, y perecen lejos de la ribera. \u00a1En cu\u00e1ntos lugares han roto de este modo la inmensa red de la salvaci\u00f3n! Los Donatistas en \u00c1frica, los Arrianos en Egipto, en Frigia Montano, Manes en Persia, y m\u00e1s tarde \u00a1cu\u00e1ntos otros han sobresalido en esta obra de ruptura! No imitemos su demencia orgullosa. Si la gracia nos hace buenos, llevemos con paciencia la compa\u00f1\u00eda de los malos en las aguas de este siglo. No nos arrastre su vista a vivir como ellos, ni a salir de la Iglesia; cercana est\u00e1 ya la ribera, donde s\u00f3lo los de la derecha, s\u00f3lo los buenos ser\u00e1n admitidos y de donde los malos ser\u00e1n arrojados al abismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Dom Prospero Gu\u00e9ranger,&nbsp;<em>El A\u00f1o Lit\u00fargico<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Suplic\u00e1moste, Se\u00f1or, hagas que el mundo siga, por orden tuya, un curso pac\u00edfico para nosotros; y que tu Iglesia se alegre con tranquila devoci\u00f3n.&nbsp; Lecci\u00f3n de la Ep\u00edstola del Ap\u00f3stol S. 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