{"id":664,"date":"2022-07-04T07:30:00","date_gmt":"2022-07-04T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=664"},"modified":"2022-07-01T12:36:44","modified_gmt":"2022-07-01T15:36:44","slug":"sobre-los-problemas-que-atanen-a-la-iglesia-y-a-la-fe-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/sobre-los-problemas-que-atanen-a-la-iglesia-y-a-la-fe-i\/","title":{"rendered":"Sobre los problemas que ata\u00f1en a la Iglesia y a la fe (I)"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Leon-XIII-13.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"489\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Leon-XIII-13.jpg?resize=500%2C489&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-665\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Leon-XIII-13.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Leon-XIII-13.jpg?resize=300%2C293&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Leon-XIII-13.jpg?resize=307%2C300&amp;ssl=1 307w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Desde los primeros d\u00edas de Nuestro Pontificado se nos presenta a la vista el triste espect\u00e1culo de los males que por todas partes afligen al g\u00e9nero humano, esta tan generalmente difundida subversi\u00f3n de las supremas verdades, en las cuales, como en sus fundamentos, se sostiene el orden social; esta arrogancia de los ingenios, que rechaza toda potestad leg\u00edtima; esta perpetua causa de discordias de donde nacen intestinos conflictos y guerras crueles y sangrientas; el desprecio de las leyes que rigen las costumbres y defienden la justicia; la insaciable codicia de bienes caducos y el olvido de los eternos, llevada hasta el loco furor con el que se ve a cada paso a tantos infelices que no temen quitarse la vida; la poca meditada administraci\u00f3n, la prodigalidad, la malversaci\u00f3n de los fondos p\u00fablicos, as\u00ed como la imprudencia de aquellos que, cuanto m\u00e1s se equivocan tanto m\u00e1s trabajan por aparecer defensores de la patria, de la libertad y de todo derecho; esa especie, en fin, de peste mort\u00edfera, que llega hasta lo \u00edntimo de los miembros de la sociedad humana, y que no la deja descansar, anunci\u00e1ndola a su vez nuevos acontecimientos y calamitosos sucesos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquella santa y august\u00edsima autoridad de la Iglesia, que preside al g\u00e9nero humano en nombre de Dios, y que es la garant\u00eda y el apoyo de toda autoridad leg\u00edtima.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Esto lo han comprendido perfectamente los enemigos del orden p\u00fablico, y por eso han pensado que nada era m\u00e1s propio para minar los fundamentos sociales, que el dirigir tenazmente sus agresiones contra la Iglesia de Dios; hacerla odiosa y aborrecible por medio de vergonzosas calumnias, represent\u00e1ndola como enemiga de la verdadera civilizaci\u00f3n; debilitar su fuerza y su autoridad con heridas siempre nuevas, destruir el supremo poder del Pont\u00edfice Romano, que es en la tierra el guardi\u00e1n y defensor de las reglas inmutables de lo bueno y de lo justo. De ah\u00ed es, ciertamente de donde han salido esas leyes que quebrantan la divina constituci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, cuya promulgaci\u00f3n tenemos que deplorar en la mayor parte de los pa\u00edses; de ah\u00ed, el desprecio del poder episcopal; las trabas puestas al ejercicio del ministerio eclesi\u00e1stico, la dispersi\u00f3n de las \u00d3rdenes religiosas y la venta en subasta de los bienes que serv\u00edan para mantener a los ministros de la Iglesia y a los pobres; de ah\u00ed tambi\u00e9n, el que las instituciones p\u00fablicas, consagradas a la caridad y a la beneficencia, se hayan sustra\u00eddo a la saludable direcci\u00f3n de la Iglesia; de ah\u00ed, en fin, esa libertad desenfrenada de ense\u00f1ar y publicar todo lo malo, cuando por el contrario se viola y oprime de todas maneras el derecho de la Iglesia de instruir y educar la juventud.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y si alguno de recta intenci\u00f3n, compara esta misma \u00e9poca en que vivimos, tan hostil a la Religi\u00f3n y a la Iglesia de Jesucristo, con aquellos afortunad\u00edsimos tiempos en los que la Iglesia era respetada como madre, se quedar\u00e1 convencido de que esta \u00e9poca, llena de perturbaci\u00f3n y ruinas, corre en derechura al precipicio; y que al contrario, los tiempos en que m\u00e1s han florecido las mejores instituciones, la tranquilidad y la riqueza y prosperidad p\u00fablicas, han sido aquellos m\u00e1s sumisos al gobierno de la Iglesia, y en el que mejor se han observado sus leyes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antes bien, esa civilizaci\u00f3n que choca de frente con las santas doctrinas y las leyes de la Iglesia, no es sino una falsa civilizaci\u00f3n, y debe consider\u00e1rsela como un nombre vano y vac\u00edo. Y prueba de esto bien manifiesta son los pueblos que no han visto brillar la luz del Evangelio; y en los que se han podido notar a veces falsas apariencias de civilizaci\u00f3n; mas ninguno de sus s\u00f3lidos y verdaderos bienes ha podido arraigarse ni florecer en ellos. En manera alguna, pues, puede considerarse como un progreso de la vida civil, aquel que desprecia osadamente todo poder leg\u00edtimo; ni puede llamarse libertad, la que torpe y miserablemente cunde por la propaganda desenfrenada de los errores, por el libre goce de perversas concupiscencias, la impunidad de cr\u00edmenes y maldades, y la opresi\u00f3n de los buenos ciudadanos, cualquiera que sea la clase a la que pertenecen. Siendo como son estos principios, falsos, err\u00f3neos y perniciosos, seguramente no tienen la virtud de perfeccionar la naturaleza humana y engrandecerla, porque el pecado hace a los hombres desgraciados; sino que es consecuencia absolutamente l\u00f3gica, que, corrompidas las inteligencias y los corazones, por su propio peso precipiten a los pueblos en un pi\u00e9lago de desgracias, debiliten el buen orden de cosas, y de esa manera hagan venir tarde o temprano la p\u00e9rdida de la tranquilidad p\u00fablica y la ruina del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. Le\u00f3n XIII,&nbsp;<em>Enc\u00edclica Inescrutabili Dei Consili&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Desde los primeros d\u00edas de Nuestro Pontificado se nos presenta a la vista el triste espect\u00e1culo de los males que por todas partes afligen al g\u00e9nero humano, esta tan generalmente difundida subversi\u00f3n de las supremas &hellip; <a href=\"https:\/\/arcadei.org\/blog\/sobre-los-problemas-que-atanen-a-la-iglesia-y-a-la-fe-i\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1],"tags":[12,70,45,68,144,117,15,142],"class_list":["post-664","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-celo-santo","tag-combate-espiritual","tag-discernimiento","tag-formacion","tag-magisterio-de-la-iglesia-catolica","tag-pecado","tag-persecucion","tag-sociedad"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pg77Cv-aI","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/664","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=664"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/664\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":666,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/664\/revisions\/666"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=664"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=664"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=664"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}