{"id":671,"date":"2022-07-06T07:30:00","date_gmt":"2022-07-06T10:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/arcadei.org\/blog\/?p=671"},"modified":"2022-07-02T19:32:27","modified_gmt":"2022-07-02T22:32:27","slug":"mujer-ejemplar-de-heroismo-y-virtud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcadei.org\/blog\/mujer-ejemplar-de-heroismo-y-virtud\/","title":{"rendered":"Mujer ejemplar de hero\u00edsmo y virtud"},"content":{"rendered":"<div style=\"margin-top: 0px; margin-bottom: 0px;\" class=\"sharethis-inline-share-buttons\" ><\/div>\n<h2 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Publicado por: Servus Cordis Iesu<\/h2>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Maria-Goretti-03.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"346\" height=\"500\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Maria-Goretti-03.jpg?resize=346%2C500&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-672\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Maria-Goretti-03.jpg?w=346&amp;ssl=1 346w, https:\/\/i0.wp.com\/arcadei.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/bl-Santa-Maria-Goretti-03.jpg?resize=208%2C300&amp;ssl=1 208w\" sizes=\"auto, (max-width: 346px) 100vw, 346px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Nada ayuda tanto a orar con confianza, como la experiencia personal de la eficacia de la oraci\u00f3n, a la que la amorosa providencia ha respondido concediendo generosamente, plenamente, lo que se le ped\u00eda. Pero muchas veces nos ha dicho la Providencia que esperemos hasta el tiempo que ella designe. Al ver retardado el cumplimiento de sus plegarias, no pocos sienten que su confianza sufre un golpe considerable, no saben estar tranquilos cuando Dios parece sordo a todas sus s\u00faplicas. No, no perd\u00e1is nunca vuestra confianza en aquel Dios que os ha creado, que os ha amado antes de que vosotros pudierais amarlo y que os ha hecho sus amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Elevad la mente, queridos hijos, y escuchad lo que ense\u00f1a el gran Doctor santo Tom\u00e1s de Aquino cuando explica por qu\u00e9 las oraciones no son siempre acogidas por Dios: \u201cDios oye los deseos de la criatura racional, en cuanto desea el bien. Pero ocurre acaso que lo que se pide no es un bien verdadero, sino aparente, y hasta un verdadero mal. Por eso esta oraci\u00f3n no puede ser o\u00edda de Dios. Porque est\u00e1 escrito: Ped\u00eds y no recib\u00eds, porque ped\u00eds mal\u201d. Vosotros dese\u00e1is, vosotros busc\u00e1is un bien, como os parece a vosotros eso que ped\u00eds; pero Dios ve mucho m\u00e1s lejos que vosotros en aquello que dese\u00e1is. As\u00ed como Dios cumple los deseos que se le exponen en la oraci\u00f3n, por el amor que tiene hacia la criatura racional, no hay que maravillarse si en algunas ocasiones no oye la petici\u00f3n de aquellos que ama de modo particular, para hacer en cambio lo que, en realidad, les ayuda m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Jes\u00fas, Salvador y Maestro como es, conoce el tiempo aceptable y el tiempo de la salud: por lo tanto, hasta cuando pedimos alguna cosa en su Nombre, no la hace siempre inmediatamente que oramos, sino a su hora; y lo que es diferido, no es negado. En nombre de Jes\u00fas elevemos, pues, a Dios nuestra plegaria; porque no se ha dado a los hombres otro nombre sobre la tierra, en el cual podamos salvarnos. Es el nombre que hace v\u00e1lidos y eficaces nuestros anhelos, y hace que los buenos deseos sean causa de lo que Dios, en su providencia, ha dispuesto que obtengamos con la oraci\u00f3n, la cual no cambia el orden inmutable fijado por \u00c9l, sino que lo cumple, en cuanto que en este orden providencial Dios ha coordinado la concesi\u00f3n de lo que pedimos, con la oraci\u00f3n que le dirigimos. Por eso dijo San Alfonso de Ligorio que el que ora se salva, el que no ora se condena.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro Se\u00f1or no nos ha prometido en lugar alguno hacernos infaliblemente felices en este mundo; nos ha prometido -como leemos en el Evangelio- o\u00edrnos como el padre que no dar\u00e1 por alimento a su hijo, aunque \u00e9ste se lo pidiese, ni una piedra, ni una serpiente, ni un escorpi\u00f3n, sino el pan, el pez, el huevo, que le nutrir\u00e1n y le har\u00e1n progresar en la vida y en el crecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El Esp\u00edritu Santo, que, con su gracia, obra en nuestras almas y nos inspira nuestros gemidos, sabe darles bien el verdadero sentido y el verdadero valor; y el Padre, que lee en el fondo de los corazones, ve clar\u00edsimamente lo que, a trav\u00e9s de nuestras plegarias y de nuestros deseos, pide su divino Esp\u00edritu para nosotros, y tales peticiones del Esp\u00edritu, profundamente \u00edntimas en nosotros, las oye \u00c9l, sin duda ninguna. Tal debe ser la convicci\u00f3n y la ciencia del cristiano; tal la gu\u00eda, el sost\u00e9n y la luz de vuestra oraci\u00f3n en medio de las oscuridades de la fe. Luz que no han de obscurecer en vuestros corazones, ni la concesi\u00f3n retardada o no conseguida de vuestras s\u00faplicas, ni las desventuras o los afanes de vuestro esp\u00edritu, sino que debe animaros tambi\u00e9n a perseverar en la oraci\u00f3n. Nuestro Se\u00f1or ha dicho y repetido que la oraci\u00f3n perseverante es infaliblemente o\u00edda; porque el perseverar es una insistencia que hace violencia a su Coraz\u00f3n, y triunfa.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n tiene que ser, por lo tanto, un pedir lo que est\u00e1 bien para nuestras almas, un pedirlo con perseverancia; pero tambi\u00e9n un pedirlo piadosamente. No es la oraci\u00f3n hecha de puro sonido de palabras, con la mente y el coraz\u00f3n vagantes, con los ojos desparramados por todas partes; sino la oraci\u00f3n recogida que se anima ante Dios de filial confianza, se ilumina de fe viva, se impregna de amor hacia \u00c9l y hacia los hermanos; es la oraci\u00f3n hecha siempre en gracia de Dios, merecedora siempre de vida eterna, humilde siempre en su misma confianza; es la oraci\u00f3n que, cuando vosotros os arrodill\u00e1is ante el altar, o la imagen del Crucifijo o de la Virgen Sant\u00edsima en vuestra casa, no conoce la arrogancia del fariseo que se enorgullece de ser mejor que los otros hombres, sino que, a semejanza del pobre publicano, os hace sentir en vuestro coraz\u00f3n que todo lo que recibir\u00e9is no ser\u00e1 sino pura misericordia de Dios hacia vosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aun cuando no se os concediera ver en esta vida con vuestros ojos el triunfo de la gracia en las almas por las cuales hab\u00e9is orado y llorado tan largamente, vuestro coraz\u00f3n no deber\u00e1 renunciar a la firme esperanza de que, en aquellos misteriosos instantes en los que, en el silencio de la agon\u00eda de un moribundo el Creador se prepara a llamar a s\u00ed el alma, obra de sus manos, su inmenso amor no haya obtenido al fin, lejos de vuestras miradas, aquella victoria por la que vuestro agradecimiento le bendecir\u00e1 all\u00ed arriba eternamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestro primero y m\u00e1s alto aliento y sost\u00e9n ser\u00e1 la oraci\u00f3n confiada, porque estar\u00e9is siempre seguros del amor de Dios hacia vosotros, sabiendo bien que ninguna de vuestras oraciones ser\u00e1 vana, que Dios las oir\u00e1 todas, sino en la hora y en el modo que hay\u00e1is so\u00f1ado en vuestro deseo e imaginaci\u00f3n, al menos en el tiempo m\u00e1s oportuno para vosotros, de aquel modo infinitamente mejor que la providente sabidur\u00eda y el poder de su ternura saben disponer en favor vuestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: S.S. P\u00edo XII,&nbsp;<em>Discursos del 24 de junio y 9 de julio de 1941<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por: Servus Cordis Iesu Nada ayuda tanto a orar con confianza, como la experiencia personal de la eficacia de la oraci\u00f3n, a la que la amorosa providencia ha respondido concediendo generosamente, plenamente, lo que se le ped\u00eda. 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